Título original: Smiley's people Traducción: Horacio González Trejo 2ª Edición. Noviembre de 1984 Ed. Bruguera SA. Barcelona ISBN 84-02-08341-2 |
La trama se desarrolla en las calles de París, Londres, Hamburgo, Berna y Berlín, de mayor a menor importancia (pero no por este orden), siendo el pistoletazo de salida el asesinato de un antiguo agente de Smiley, un desertor de alto rango del Ejército Rojo, todo un general, y amigo de causas perdidas que no interesan a nadie por ser de otro tiempo y de otra vida, y con quien ha contactado una emigrada rusa en la capital gala. Esta mujer, la señora Ostrakova, hace saber de sus temores al viejo agente tras ser abordada por un desagradable miembro de la Inteligencia soviética, quien trata de hacerla creer que van a trasladar a Francia a la hija que tuvo con un disidente judío y que abandonó en la URSS dos décadas atrás. La señora, al ver la fotografía de su supuesta hija —un elemento subversivo del que Moscú quiere deshacerse por medio de un programa de reencuentro entre familiares, con el pretexto de obtener mejor publicidad y prensa internacional para el régimen comunista—, no reconoce en ella ni un solo detalle familiar, por lo que sospecha que pueda ser una espía que tratan de infiltrar en Occidente.
Y la señora Ostrakova hace bien en sospechar y en llamar la atención de los remanentes del Circus, pues la identidad real de la muchacha supondrá un regocijante cataclismo en los férreos estamentos de la Inteligencia británica y la posibilidad para George Smiley de jugar una última partida con su eterno rival: Karla. Ahora, el anciano y obeso espía conoce una debilidad, quizá la única, de su enemigo más mortal: no es un fanático, pues, tras su inmaculada fachada de soberano absolutista de la Dirección Decimotercera del Centro de Moscú, se esconde un hombre medroso y con sentimientos.
A lo largo de la investigación detectivesca que, luego y por fuerza, se muda en operación de Inteligencia, George Smiley va repasando a su gente, alcanzando un clímax de despedida de una época del que no se libra ni Connie Sachs. Quizá, como ya hemos apuntado anteriormente, John le Carré se lo debía a sus personajes.
Pero Smiley se hunde en el barro de su propio proyecto de vida profesional. Por mucho que le pese, Connie tiene razón: no es tan diferente a Karla y el retrato que tenía de éste en su despacho bien podría ser un espejo en el que Smiley se viera reflejado por mucho lo negara a gritos y puñetazos.
La lectura de «La gente de Smiley» no es más ligera que la de «El honorable colegial», pero el volumen de la novela en sensiblemente inferior, acortándose muchas escenas a modo “documental” o “clase magistral en Sarrat” de los pasos que da el equipo de Smiley. Pero también es más angustiosa y oscura, como un festín de guerra fía y con una narración en la que el patetismo de las intervenciones está acentuado hasta el vómito, para terminar con una rúbrica que cierra el círculo con un momento muy similar al vivido años atrás con las primeras páginas de «El espía que surgió del frío».
1 comentario:
Muy bueno el blog y tus análisis de la trilogía de Karla que me han traído hasta él. Mi más sincera enhorabuena y mi agradecimiento por ese encomiable trabajo. Aquí tienes un nuevo seguidor de este blog.
Un saludo!
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