jueves, diciembre 29, 2011

Primer artículo publicado en la revista ARES ENYALIUS

En ocasiones, quedarse como un pardillo, con los papos contra el cristal de un escaparate, puede regalarnos momentos que nos hacen retroceder en el tiempo, a aquel en el que teníamos los suficientes años como para contarlos únicamente con los dedos de una mano.

Sí, es cierto. Probarlo. Lo mismo se puede aplicar al suelo. No sabéis la de céntimos que se encuentra uno al cabo del año y la de dientes que se salva.

Ahora, en serio. Por esas extrañas conjunciones interplanetarias extravagantes que no aparecen en ningún libro de profecías editado por alguna loca de “Buenos presagios”, en vez de ir por el camino habitual de la sobremesa a través del parque de Campolongo, pues se tiró por la Avenida y, en vez de ir como corderitos a encerrarse durante unas horitas entre unas paredes que conozco mejor que… ¿mi palma de la mano? ¿Es que alguien se queda con el trazado de sus líneas? ¿En serio? Nada, pues mi hermana Mali me empuja, haciendo uso de hocico, es decir, la voz, y acabamos ante el kiosko del mercado municipal que hay en una galería adyacente (es que esta ciudad debería pasar a denominarse “la ciudad del viento, los puentes y las galerías”). El escaparate no es que sea mejor que los de esas casitas verdes que aparecen junto a estaciones de autobús o en zonas donde nadie se lo espera. Entre el desbarajuste, la anarquía periodística y articulista, entre portadas con Paquirrín y chonis, los temas de siempre de las revistas culturetas, etc., siempre hay un huequecito para esas otras de temática más especializada como es la bélica, que siempre parece encontrar compañeros como “Todo loros” o algo por el estilo.

Ahí estaba la revista ARES ENYALIUS, de Historia y Actualidad militar de la editorial GALLAND BOOKS, número 24 (Año 5º), o sea, el primer número de 2012, con sus espectaculares portadas, casi todas obra del excelente pintor Ferrer – Dalmau. El tema de la Primera Guerra Carlista siempre interesa, pero algo me desvió la mirada, más bien tres palabras resaltadas: “pétalos de cerezo”. ¡Cómo no me iban a llamar la atención si estuve trabajando en un artículo que se llamaba “Los últimos pétalos de cerezo que cayeron” durante más semanas de las que puedo recordar!

Es que desde que mandé aquel artículo y todo lo demás, habían pasado semanas y semanas de silencio. Es más, tenía pensado para la primera semana del año entrante preguntar sobre el estado del trabajo, si interesaba realmente, etc. Es que en él me dejé tantas horas y relecturas alocadas y tranquilizadas según el momento, que fue rechazado en su momento, razón por la que lo remití a esta publicación, habían pasado semanas de silencio desde, no solo que me indicaran que estaban interesados, sino del mail por el que me pedían que rebajara el número de páginas acercándome a la mitad del original, que sobrepasaba ampliamente la veintena de folios. Tantas páginas para hablar de algo que me llegó a obsesionar: la bomba Yokosuka MXY-7 Ohka. Una bomba dirigida por un piloto kamikaze.

Me siento orgulloso de que mis desvelos puedan llegar a materializarse, aunque me causen tantas sorpresas. Sin duda es un regalo de cumpleaños anticipado que os invito a disfrutar leyendo, aunque aviso que la revista exige un fuerte desembolso, razón por la que solo la adquiero en aquellos meses en los que los temas me atraigan fuertemente.

En este primer número de 2012 podéis encontrar los siguientes artículos:
  • El Carro de guerra en la Edad del Bronce, de Sergi Vich Sáez.
  • Amado Giménez Escribano: su vida era la División Azul, de Pablo Sagarra y Óscar González.
  • La 1ª Guerra Carlista, de Rafael Tintoré.
  • Regulares de Melilla. Cien años de historia.
  • Pingarrón (1ª parte), de Joaquín Serrano.
  • II Guerra Mundial. Murcia 2011, de Rubén Durán.
  • Un grupo de jinetes: El “Santiago VIII” de la Brilat, de Juan Bustamante.
  • “Los últimos pétalos de cerezo que cayeron”, del que suscribe este post, Javier Yuste González.
¡Todo comienza tomar forma!