martes, noviembre 12, 2019

Guardia de cómic: reseña a «Chico! #1», de Pablo Carreiro

Editorial LIBROS.COM
Primera edición: octubre de 2019
ISBN: 978-84-17993-37-5
Pablo Carreiro es culpable de ser sutil y divertido a la hora de presentar, desarrollar y concluir una historia en contadas viñetas, algo que no está al alcance de cualquiera

Llevaba unos días sufriendo los efectos secundarios de la picadura de cierta idea o máxima familiar que reza del siguiente tino: “como no invirtamos en los sueños de los demás, esto se va  la mierda”. En mí también invirtieron en su día, así que algo tenía que hacer; y como bien expresó Pablo Carreiro, el autor de «Chico!#1»: “ambos estamos en el mismo barco”.

No hace tanto que fui un bisoño soñador.

Y fue durante esos días cuando Fernando, de la librería Baroja de Pontevedra, me hizo saber de Pablo Carreiro y su obra, incluso logró mi compromiso de asistir a la presentación de su primer cómic en nuestra ciudad, con la sorpresa de que terminé ejercendo de improvisado camarógrafo. Una previa búsqueda del autor vigués por el Google, de estas fugaces y superficiales a las que estamos tan apegados, apenas me valió de algo salvo para saber que Pablo es el guionista y dibujante del recopilatorio de tiras «Chico! #1», un proyecto que a visto la luz gracias al mecenazgo por Internet.  (SEGUIR LEYENDO)

Lectura de 12 de Noviembre de 2019 a las 1200 horas



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jueves, noviembre 07, 2019

Guardia de cine: reseña «Cuentos de la luna pálida»

Título original: «Ugetsu monogatari». 1953. Japón. 96 min. B/N. Drama. Dirección: Kenki Mizoguchi. Guión: Matsutaro Kawaguchi, Yoshitaka Yoda. Reparto: Machico Kyo, Mitsuko Mito, Minuyo Tanaka, Masayuki Mori, Eitaro Ozawa

Película para sesudos a lo Garci, aunque la obra de Ueda siempre prescindió de la carga intelectual de las historias chinas en las que se basa, absorbiendo solo su moralidad y revistiéndolas de la especial sensibilidad nipona. Un cuento con moraleja ante las consecuencias de una ambición desmedida y  egocéntrica

Las películas japonesas en blanco y negro tienen algo especial; una fuerza que comparten con otras de la época, pero con otro agrado, aunque esa misma ausencia de color nos prive de recrearnos con la vistosidad del vestuario y la Naturaleza que siempre alcanzan la categoría de coprotagonistas, dando pistas de lo que sucede o está por pasar. (SEGUIR LEYENDO)

Lectura de 7 de Noviembre de 2019 a las 1200 horas



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miércoles, noviembre 06, 2019

¿Será culpa de los recortes en educación, de las pellas o de la doctrina estadounidense de la responsabilidad civil?

Internet suele atacarnos con su arma más mortífera: la pérdida de tiempo (no es una frase mía, se lo debemos a los geniales guionistas de «El asombroso mundo de Gumball»). Poco importa la ocasión o la claridad con la que se refleje nuestro rostro de besugo en la pantalla del dispositivo. Así perdemos o matamos las tardes, noches y mañanas, gracias a una esponja con dientes y apetito voraz ancorada en la parte alta del cráneo, que crece con el mero acto de desplazarnos por la barra vertical, como un ludópata lo haría con la palanca de una máquina tragaperras.

Y parafraseando a Bilbo Bolsón (sí, hoy es el día de coger prestadas las ingeniosidades de otros): “es peligroso, Frodo, salir de tu casa; pisas el camino y, si no controlas tus pies, nunca sabes adónde te pueden llevar“, un inocente repaso por tus webs de cabecera puede terminar con tus retinas absorbiendo información sobre la Deep Web y esas extrañas cajas que algún tarado compra a precio de oro para mostrar a la cámara los objetos de incierta procedencia que encierran. Pero también accediendo a páginas que se alejan de todo lo familiar a tu historial de búsquedas. Uno va recorriendo una senda oscura, tirando de un hilo invisible, realizando giros bruscos, caídas sin control y ascensiones vertiginosas.

Un día cualquiera, uno más del calendario y que pasó sin más gloria que el de servir de excusa para escribir este post, fondeé en una página que relacionaba las vastas ventajas de tener relaciones íntimas con una mujer transexual (para el que se pierda estoy hablando del varón que hace la transición a fémina; sé que la observación no es necesaria, pero ahí la dejo). Así de simple y directo (lamento haber borrado el historial de aquel día, pues debió ser algo épico).

No me pidáis explicaciones de cómo sucedió.

Digamos que, enganchado el tobillo por los tentáculos de una curiosidad morbosa no tan inconfesable, acabé leyendo el listado, pero solo me quedé con una línea en concreto que me causó tal sacudida que pasé a ser un fugaz secundario en un anuncio de Nespresso: “really, George?” La cosa iba del siguiente tenor: “si la relación con la transexual en concreto ofrece las suficientes garantías como para que los intervinientes no se vayan contagiar entre sí enfermedades de transmisión sexual, puedes follártela sin condón porque el riesgo de embarazo es nulo”. 

¡Vaya, gracias, Sherlock! Se le debió quedar la cabeza temblando al colega. Yo, por mi parte, a poco me caí de la silla.

Volví a repasar el texto por si habían sido imaginaciones mías. Ya sabéis que hay un alto índice de datos que no leemos ni vemos, sino que es interpretado y rellenado por nuestro cerebro, muchas veces de forma errónea. Necesitaba, como diría aquel, garantías. Y no, no me había equivocado; había leído bien: riesgo nulo de llevarse el premio gordo de la tómbola.

El artículo daba la oportunidad de dejar comentarios a quien quisiera. Yo preferí no dejar constancia de mi paso más allá de lo necesario con las dichosas cookies, pero me entretuve otro rato leyendo aportaciones de lo más variopintas que no merecen comentario. Pero me asaltó, ya desde entonces, la duda entre si la elucubración en formato esquemático del lumbreras éste fue debida a la influencia directa de la doctrina desarrolladora de la figura de la responsabilidad civil en los EEUU —donde se ha de advertir al consumidor de si te das con un martillo en el dedo puede que te duela o recomendarte no montar una bicicleta sin el sillín puesto (aquí no he querido hacer un chiste fácil, pues es un caso verídico de la jurisprudencia yanqui)—, o es el producto de los recortes en educación de Rajoy, Zapatero, Carlos III o los reyes visigodos, o de las pellas en clase de biología cuando explicaron la polinización de las flores.

Éste es un ejemplo bruto, lo sé, pero es una tónica que uno está observando: el del tonto que se cree que todos los demás somos tontos y viceversa.

Si alguien tiene la respuesta, que me la dé, por favor.

Lectura de 6 de Noviembre de 2019 a las 1200 horas



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martes, noviembre 05, 2019

Guardia de cine: reseña a «El ataque de los clones»

Título original: «Star War. Episode II: Attack of the Clones». 2002. EEUU. 136 min. Ciencia-ficción. Dirección: George Lucas. Guión: George Lucas, Jonathan Hales. Reparto: Hayden Christensen, Ewan McGregor, Natalie Portman, Ian McDiarmid, Samuel L. Jackson, Christopher Lee, Temuera Morrison, Anthoy Daniels, Kenny Baker, Frank Oz

Episodio dirigido a la acción más pura, pero que resulta un tanto plano, sin aristas interesantes, más allá de confirmar el empujoncito a Anakin Skywalker para que caiga en el Lado Oscuro

Para la ocasión, el bueno de George dejó meter baza a extraños y el guión contempla más firmas que la suya, noticia que podría ser un consuelo, pues se tenía la certeza de que cuando este hombre está abierto a colaboraciones el producto final mejora (véase Episodio V). Sin embargo, ¿esto supuso producir una película más potable que la anterior para la creciente legión de recalcitrantes fans enojados y defraudados? La verdad es que no, pues este desvío hacia las guerras clon es liviano y pobre, aún cuando contiene escenas vitales de la biografía del jedi Anakin Skywalker y de su incipiente caída en el reverso tenebroso al verse presa de los sentimientos: el dolor y la ira tras la muerte de su madre, y el amor adulto hacia Padmé Amidala, afloramientos lógicos en una rémora de indisciplina que resulta embarazosa desde el minuto uno. (SEGUIR LEYENDO)

Lectura de 5 de Noviembre de 2019 a las 1200 horas



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jueves, octubre 31, 2019

Guardia de cine: reseña a «Coco»

Título original: «Coco». 2017. 109 min. EEUU. Animación, fantástico, comedia, drama. Dirección: Lee Unkrich, Adrián Molina. Guión: Adrián Molin, Matthew Aldrich

Visionar «Coco» es una delicia de principio a fin, con ese mundo de los muertos rebosante de colores y “vida”, en el que nada está colocado al azar. Una película en la que el aporte musical no es un elemento de guía, pero tampoco de relleno

Sea bienvenido cualquier intento por barrer la ignorancia, sobre todo si es para espantar la pesada sombra de décadas, cuando no siglos, que cubre una cultura tan rica y vibrante como es la mejicana, siempre vista con aire despectivo desde el norte de la frontera.

«Coco» cuenta la historia de Miguel Rivera y de buena parte de su familia (Coco es su bisabuela), dedicada a la fabricación de zapatos desde los tiempos de la tatarabuela, la cual fue abandonada por su marido, músico, provocando que todo lo relacionado con el tema sea tabú durante generaciones. Pero el niño Miguel siente una especial conexión con ese pasado prohibido, sobre todo con una institución nacional como es la de Ernesto de la Cruz, artista reverenciado y llorado por su pronta y trágica muerte. Miguel, oculto a toda mirada, aprenderá a tocar la guitarra por imitación, siendo que su secreto se desvelará ante toda la familia el día de los Muertos. El dolor y la rabia de Miguel hacia los suyos le arrastrarán hasta el mausoleo de Ernesto de la Cruz y, de ahí, sin saber cómo, al mundo de los muertos, donde conocerá a sus antepasados y a Héctor, un alma que solo anhela regresar ese día al plano de los vivos para ver a su hija, necesitado de que alguien le recuerde para no ser incluso desterrado de toda existencia. (SEGUIR LEYENDO)

Lectura de 31 de Octubre de 2019 a las 1200 horas



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martes, octubre 29, 2019

Guardia de cine: reseña a «Serpico»

Título original: «Serpico». 1973. EEUU. 130 min. Biopic. Dirección: Sidney Lumet. Guión: Waldo Salt, Norman Wexler (basado en la obra de Peter Maas). Reparto: Al Pacino, John Randolph, Jack Kehoe, Tony Roberts, Biff McGuire, Cornelia Sharpe

Título estrella de la década de 1970 que es difícil de seguir si antes no te has leído la biografía que firmó el periodista Peter Maas

Ésta es una película que va a renglón seguido de otras como «Todos los hombres del Presidente». La adaptación de un escándalo, otro más, vivido durante la incipiente década de 1970, cuando los thrillers políticos vendían más palomitas que el resto de géneros. Poco importaba que el público estuviera curtido a base de artículos periodísticos y telediarios; incluso se hubiera leído los libros que profesionales del Washington Post o el New York Times eran capaces de poner a disposición de las editoriales en un tiempo récord. Y puede que fuera lo mejor, pues el «Serpico» de Lumet es difícil de seguir si uno antes no ha leído la biografía que escribió Peter Maas (a la que dediqué una reseña que podéis leer aquí).

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Lectura de 29 de Octubre de 2019 a las 1200 horas



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jueves, octubre 24, 2019

Guardia de biografía: reseña a «Serpico», de Peter Maas

EDICIONES GRIJALBO SA, Barcelona
Traducción: Joana Hansen
Cuarta edición, 1976
ISBN: 84-253-0642-6
394 páginas
Un libro intenso, de labor periodística y narrativa, que relata unos hechos biográficos de un hombre que se impuso hacer lo correcto hasta sus últimas consecuencias

¿Cuál es el precio a pagar por hacer lo correcto? Según en qué lugar y momento, puede ser más alto de lo que se podría imaginar y sobrellevar. ¿Y si eres un agente de policía que lucha contra la corrupción del Departamento, entre agentes deshonestos y otros que prefieren mirar para otro lado y vivir tranquilos?

Frank Serpico se hizo célebre a comienzos de la década de 1970 al denunciar en The New York Times la corruptela imperante entre sus compañeros de la División 7 de policías secretas del South Bronx, Nueva York, quienes ejercían más de mafiosos extorsionadores que de agentes del orden. Serpico llevaba años frustrado y apático, con los puños ensangrentados de tanto golpear altos muros de hormigón y afónico por gritar a los sordos y silentes oficiales del estado mayor del NYPD, sentados cómodamente y con las piernas balanceándose sobre el vacío. El escándalo se materializó ante la constatación de Serpico de que un Departamento, al que estaban adscritos 35.000 agentes, nunca sería capaz de lavar y airear sus trapos sucios en la intimidad; que los respetados jefes, “intocables” a lo Elliot Ness, desechaban las denuncias de Serpico por “faltas de fundamento” y mostraban una abracadabrante desidia a la hora de hundir las manos en la mierda institucionalizada. (SEGUIR LEYENDO)

Lectura de 24 de Octubre de 2019 a las 1200 horas



  • Barómetro: 764 (Variable)
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