jueves, julio 21, 2016

«The Clapping Song», Shirley Ellis



No sé si os compraréis un Ford con park assist, pero seguro que esta canción se os ha metido en el coco:

3, 6, 9
The goose drank wine
The monkey chew tobacco on the streetcar line
The line broke, the monkey got choked
And they all went to heaven in a little rowboat

Clap pat - clap pat - clap pat - clap slap
Clap pat! clap your hand...
Pat it on your partner hand... right hand
Clap pat! clap your hand...
Cross it with your left arm
Pat your partner left palm
Clap pat! clap your hand...
Pat your partner right palm
And a right palm again
Clap slap! clap your hand...
Slap your thigh and sing a little song go...

My Mother told me
If I was goody
That she would buy me
A rubber dolly
My Auntie told her
I'd kissed a soldier
Now she won't buy me
A rubber dolly

3, 6, 9
The goose drank wine
The monkey chew tobacco on the streetcar line
The line broke, the monkey got choked
And they all went to heaven in a little rowboat

Clap clap!
Clap your hands and prepare to pat
Clap!
Take your right arm
Pat your partner palm with your right palm

Clap!
Take your hand back and clap
Clap!
Take your right arm
Cross your right arm with your left arm
Pat your partner left palm with your left palm
Clap!
Now back with a clap
Take your hand to your palm and slap your thigh
And watch the fun materialize
As you sing this little song:

My Mother told me
If I was goody
That she would buy me
A rubber dolly
My Auntie told her
I'd kissed a soldier
Now she won't buy me
A rubber dolly

Clap!

Clap pat - clap pat - clap slap
Clap pat!
Clap pat - clap pat - clap slap


Lectura de 21 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 757 (Variable). Altocúmulos. 
  • Termómetro: 23º
  • Higrómetro: 39%

miércoles, julio 20, 2016

Los palacios flotantes de Calígula

Reconstrucción ideal de la galera, considerada de Tiberio, según el arquitecto Raniero Arcaini (publicada en «Ilustración Artística, número de 23 de Diciembre de 1895)
En un mundo en el que todo tiende a hacerse más pequeño y compacto (salvo los móviles y los televisores), nos resulta indiferente cualquier obra magna en dimensiones materiales. En otros tiempos habríamos encauzado nuestras lenguas y teclas para admirar, por ejemplo, la última ampliación del Canal de Panamá; pero estas proezas en la Tierra, como en el Espacio (el último hito con Juno parece haber sido solo causa de delirio entre los frikis y sus padres del Jet Propulsion Laboratory de la NASA), nos dejan un tanto “fríos”. Nos encontramos muy distanciados de aquellos que se maravillaban con los barcos más grandes del mundo (y que enseguida se quedaron ridículamente pequeños junto a los nuevos mastodontes que se botaban), como el SS Great Britain, al que dedicamos un artículo en esta sección y en su momento. El ejemplo más preclaro sería el tristemente célebre RMS Titanic, el cual es una minucia en comparación con los actuales cruceros de pasajeros que hasta quintuplican altura, eslora y manga.

Estos logros de la ingeniería de la era industrial supusieron un adelanto constante para el Hombre, que consideraba que, hasta la fecha, nadie habría podido crear algo semejante, aún cuando tenía bien presente ejemplos en piedra como las moles graníticas de las pirámides de Giza. Lógica es entonces lógica la sorpresa al comprobar que, en el s. I d. C., los constructores navales romanos fueron capaces de botar no uno sino dos galeras cuya eslora rondaba los 70 metros*1 de eslora, atendiendo, al menos, uno de los caprichos del infame Cayo Julio César Augusto Germánico, Calígula*2; buques de los que se perdió toda pista tras declararse por el Senado la damnatio memoriae*3 contra el emperador, una vez confirmada su muerte.

Cabeza de león y mano esculpida («La Hormiga de Oro»,
número de 18 de Abril de 1929)
Las dos galeras-palacios flotantes “rompían las aguas”*4 en las limitadas dimensiones del lago Nemi*5, situado a unos 24 kilómetros al Sur de Roma y rodeado por un bosque entonces consagrado a la diosa romana Diana Nemorensis*6; paraje íntimo bien escogido por los emperadores*7 como refugio de verano. 

Pero, en un momento no concreto de la Historia, ambas naves desaparecieron*8, quedando un poso en la memoria y cultura popular que aseguraba que en el centro del lago se ubicó un templo*9 levantado sobre pontones*10.

Hay constancia de que, durante la Edad Media, los campesinos de los alrededores de Nemi, en determinados días, distinguían un enorme barco reposando en el fondo del lago*11, y los pescadores, recogiendo sus artes, atrapaban pequeños objetos y trozos de madera. Los rumores se extendieron por Italia como la pólvora. 

Data del s. XV*12 el primer proyecto de rescate*13 de los barcos hundidos en Nemi, pero los rudimentarios medios existentes en la época condenaron al proyecto, rápida y lógicamente, al olvido.

Un siglo más tarde, en 1535, el ingeniero francés Francisco de Marchi, al servicio de Bolonia, llevó a cabo una exploración sistemática del fondo del lago con mejores resultados que los vividos hasta entonces, si es que se podía afirmar tal cosa. El 15 de Julio del referido año, de Marchi se sumergió en una especie de campana de buzo diseñada por él*14 y que le cubría la cabeza y el pecho; pasó una hora examinando el pecio y regresó maravillado a la superficie.

Remate de columna con forma de cabeza de lobo y reja,
ambos de bronce («La Esfera», número de 4 de Mayo de 1929)
Y tan embargado estaba de Marchi que llegó a asegurar que el navío que había marcado medía 140 metros de eslora y 70 de manga. Sin duda, no sabía que lo que estaba midiendo en realidad eran dos barcos.

De Marchi fracasó en su intento por rescatar los bajeles*15, pero popularizó en Europa la existencia de al menos un pecio rebosante de riquezas de los emperadores romanos, ayudando a ello sus hiperbólicas descripciones.

Es hacia las últimas décadas del s. XIX cuando comienzan a producirse nuevos descubrimientos oficiales sondeando el fondo limoso del lago, creyéndose aún en la existencia de un único barco. Pero hubo otros intentos anteriores, a comienzos de dicho siglo, que se limitaron a rescatar algunas piezas y a determinar la posición exacta en el lago de una embarcación que se suponía que era una trirreme. En 1827, un tal Annesio Fusconi, tras bucear por el fondo con una campana de invención del astrónomo y navegante Edmond Halley, ordenó la construcción de un ingenio provisto de garfios con el que extrajo del fondo del lago gran cantidad de objetos como ladrillos cubiertos de bronce, maderos, clavos y otros tantos que fueron depositados en el museo del Vaticano; pero la máquina se convirtió en un insoportable quebradero de cabeza y este voluntarioso emprendedor terminó dándose por vencido, dejando la oportunidad de consagrarse en los libros de Historia y abandonando cualquier proyecto para tiempos mejores y manos más habilidosas*16.

Los últimos compases del s. XIX fueron tiempos en los que ociosos y decadentes caballeros se lanzaron a la aventura arqueológica y al misterio del Continente con más dinero entre las temblorosas manos que seso sobre lo que se alza más allá del cuello. Eliseo Borgui*17, tras obtener licencia por parte del príncipe Orsini, propietario del lago Nemi, comienza a financiar una exploración submarina que le suponía unos 100 francos franceses de la época al día, yendo a parar buena parte del dinero, 60 francos en concreto, al bolsillo de un “experimentado” buzo de Civita Vecchia que trabajaba en exclusiva para este proyecto.

La galera según «Scientific American» y tal y como
se publicó por «Madrid Científico» en su número de
532 de 1906
Fue este buzo quien halló algunos de los objetos más reconocibles de lo que quedó de las dos galeras tras la segunda guerra mundial y que hoy día se conservan: tres cabezas de león y dos de lobo, cuyas fauces se cierran sobre sendas argollas, cuya función varía entre el amarre a la de coronamiento de vigas; y una de Medusa, que se creía que adornaba la proa de una de las embarcaciones.

A estos espectaculares botines se les unieron clavos y una verja de bronce, fragmentos de embaldosado y maderos; siendo que, para obtenerlos, el profesional de la escafandra no tuvo mejor idea que tomar pico y sierra y arrancarlos del fondo cenagoso de mala manera. Ante semejantes destrozos, el ministro de Instrucción pública del reino de Italia, el doctor Guido Bacelli*18 quiso poner coto a las actividades destructivas del buzo, quien debió dar cuenta a un inspector de Policía de los útiles que se llevaba al agua.

El ministro Bacelli trató el asunto ante la cámara baja italiana el 18 de Diciembre de 1895, a preguntas del diputado Beltram. Durante esa sesión se remarcó por parte de Bacelli la importancia del proyecto y su conservación, habiendo trasladado al Ministro de Marina una solicitud para que se enviaran al lago Nemi un buzo experto y un ingeniero de la Regia Marina; pero todo ello recalcando que el lugar no es de propiedad del Estado, sino de la casa Orsini. También fue Bacelli quien confirmó la existencia de dos naves sumergidas (aunque esto último ya lo había anunciado Fusconi en 1828).

En 1896, al coronel Vittorio Malfatti, del cuerpo de ingenieros navales, a petición del gobierno, presentó un informe muy completo en el que daba por insuperables las dificultades que suponían la extracción de los navíos y proyectó la desecación del lago. De su informe podemos extraer que la profundidad máxima del lago se cifraba en 34,50 metros y su fondo estaba cubierto por aluvión y lodo tan ligero que imposibilitaba las labores de buceo por falta de transparencia del agua; así como datos acerca de los dos navíos, estando uno escorado sobre el flanco de estribor y el otro sobre el de babor, partes estas que había quedado a salvo de anteriores pillajes*19. El más grande medía 71 metros de eslora y 24,50 de manga, mientras que el otro era de 64 por 20.

Malfatti se da cuenta de que con los medios de los que disponía nunca podría reflotar los navíos, por lo que, siguiendo con la propuesta que ya realizó Bacelli, defiende la idea de abrir un túnel que conecte el lago con el valle de Ariccia para su desagüe*20, reduciendo el nivel del lago en 22 metros. Una vez conseguido esto, habría que proceder a la reparación de las galeras para su reflotamiento y salvamento.

El mayor obstáculo seguía representándolo una tecnología escasamente desarrollada.

Diagrama con el tubo para desecar el lago Nemi («Alrededor del Mundo, 2 de Julio de 1927)
Y el tema siguió allí, latente, hasta que en 1903 el gobierno italiano desecha todo proyecto de reflotar los bajeles, pues no se presentaba propuesta que compensara los enormes gastos al erario público (ni aún con apoyo privado) ni los inasumibles riesgos de pérdida total de los bienes aún sumergidos; siendo que la llegada del nuevo siglo orientó las miras del Mundo hacia otros problemas más acuciantes que los que representaban las dos galeras de Nemi. Total, llevaban ahí casi dos mil años; porque se tiraran un poco más allí sumergidas, no les pasaría nada. Sin embargo, secas las firmas del tratado de Versalles y llegados los tiempos de las primeras revueltas que alzarían en el poder a gobiernos de ideología totalitarista, la recuperación de los pecios se presentó en Italia como un inaplazable deber*21 de índole nacionalista. Era el año 1924 y “tan solo costaría” cinco millones de liras desecar el lago según el grupo de expertos reunidos a la mesa por Benito Mussolini, a quien previamente había convencido Bacelli, como senador y presidente de la comisión extraordinaria para la provincia de Roma, dándose comienzo a los trabajos el 9 de Abril de 1927*22.

El camino que hubo de seguirse no fue precisamente de rosas: seguían estando ahí todos los problemas logísticos y económicos. Los jurídicos fueron solventados en 1917 por Real Decreto de 20 de Diciembre, que declaró la titularidad pública de todos los lagos que aprovisionan Roma (Nemi entre ellos), por lo que ya no había que contar con permisos de los propietarios, pero sí había que compensarles económicamente.

Aún así, la cuestión técnica era, cuanto menos, peliaguda: para llegar al primer pecio había que evacuar 31 millones de metros cúbicos de agua y los sabios de Mussolini calcularon (muy por lo bajo) los costes del proyecto, que en 1927 habían aumentado hasta los 8.110.000 liras, pues había que construir carreteras, barcazas y, por supuesto, un museo que albergaría las dos naves.


En parte, dichos problemas se solventan cuando varias empresas eléctricas se desviven por contentar a Mussolini y que el Estado no se gaste un céntimo en la inversión cultural y arqueológica, formándose una UTE por las entidades Societá Elettricitá e Gas de Roma, Societá Laziale di Elettricitá y Riva; siendo asumida la dirección por los ingenieros Biaggini y Melli. El agua sería evacuada a través de un canal de factura romana que mantenía el nivel del lago, a través de cuatro potentes bombas de achique*23 instaladas durante la primavera de 1928; pero, como en toda obra de ingeniería, hubo errores de cálculo y los trabajos se interrumpieron, fijándose la reanudación para el otoño. El error fue el creer ingenuamente que el canal construido por los antiguos romanos, de 1.650 metros de longitud, podría aguantar la presión de casi cien metros cúbicos de agua por segundo, debiendo las cuadrillas de obreros, durante el verano, dedicarse a reforzar las paredes de la obra de casi dos milenios de antigüedad y construir uno nuevo canal auxiliar.

Acto de izado de la bandera de Italia en el primer pecio que
emerge («La Hormigo de Oro», de 18 de Abril de 1929)
Con el adelanto de los trabajos y el descenso gradual del nivel del lago, los ánimos se caldearon entre los arqueólogos, los curiosos y los amigos de lo ajeno, siendo los bosques patrullados constantemente por dotaciones especiales de carabineros y milicianos fascistas. Más aún cuando Il Duce realizaba alguna de sus regulares visitas al lago, pues se mostraba muy interesado en los avances.

Para el 23 de Marzo de 1929 se reporta la aparición en la superficie de una de las dos galeras, cuya popa se encontraba muy dañada y sin ornamentos; debiendo esperarse hasta el verano 1931 para recuperarla. Su hermana tendría que esperar hasta el otoño de 1932.

Ambos pecios fueron expuestos con la correspondiente pompa del momento en Enero de 1936, en su propio museo; sin embargo, su vida como preciados objetos de exposición que maravillaran los ojos de los visitantes fue corta, pues el 31 de Mayo de 1944 serían pasto de las llamas durante la retirada alemana de la zona ante el empuje aliado*24.

Hoy día se han reproducido, a una escala 1/5, ambas galeras, siendo sus maquetas expuestas en el Museo de Nemi*25, junto a los objetos originales recuperados de las dos embarcaciones perdidas: anclas, tuberías de plomo, mosaicos, pavimentos de mármol, columnas, cerámicas, etc.; pero la historia de estas embarcaciones no se ha detenido aquí, pues este mismo año ha saltado a la palestra una noticia arqueológica bastante interesante: la posibilidad de una tercera galera, aún más grande, y que tendría que estar en una parte no desecada entre 1929 y 1931*26. Es más, según el Ayuntamiento de Nemi, las dos galeras rescatadas hace 80 años serían las encargadas de remolcar al mastodonte que, según el alcalde Alberto Bertucci, aún permanece enterrado en el fondo limoso del lago*27.

La Galera de Calígula según «Historia National Geographic», de Octubre de 2014



Notas al fin
1* Depende de qué fuente consultemos. Según los buzos de Vittorio Malfatti, el más grande tendría unos 76 metros de eslora y 26 de manga, mientras que el segundo unos 65 de eslora por 20 de manga; medidas que coincidirían con la realidad.

2* Sobre la “titularidad” de las galeras hubo una larga y agria discusión. Hubo quien apostó por Tiberio, Trajano e, incluso, Julio César.

Muchos, en su momento, defendieron la tesis de que, al menos, una galera era de Tiberio en exclusiva; la cual no es tan descabellada, pues podría ser la respuesta a la pregunta de por qué hay dos: la más grande la mandaría construir Calígula, en honor a las diosas Diana e Isis, para hacer sombra al emperador que le antecedió.

Entre los objetos grabados se encontraron los nombres de Tiberio y Calígula; de éste último, principalmente, tubos de plomo para conducción de agua a las estancias: C. Caesaris. Aug. Germanici.

3* A pesar de los esfuerzos por desterrar a Calígula de la Historia, es cierto que éste consiguió aquello por lo que luchó, violó y asesinó durante su reinado: hacerse inmortal.

4* Tras muchas discusiones, venció el partido que abogada por la teoría de que los navíos contaban con propulsión y que no eran unos meros pontones. Según algunos estudios, las galeras contaban con cuatrocientos galeotes.

5* Llamado en la antigüedad Lacus Nemorensis, es el cráter de un volcán extinto con una superficie de 1,67 km2.

6* Diana de Nemi. No obstante, poetas como Servius denominaban al lago como speculum dianae (el espejo de Diana).

Tanto el lago como los bosques se consagraban al culto de esta antiquísima divinidad de la Naturaleza y la fecundidad, habiendo quedado referencia documental y arqueológica de un templo al pie de Monte Cavo, zona excavada entre 1885 y 1886 por lord Savile, quien halló objetos de mármol, barro cocido, vidrio, marfil y oro (máscaras, vasos, vasijas, estatuas, etc.), que fueron enviados al museo de Artes de Nottingham.

Pero la zona, en los tiempos de la Roma imperial, terminó siendo una especie de urbanización veraniega para patricios que hicieron construir allí sus villas. El lugar, además de placentero y agradable en verano, conectaba con la Vía Apia.

Al respecto de Diana, como diosa de la caza y la fecundidad, hemos de decir, en relación a nuestra propia cultura judeo-cristiana, que ha mutado en la Virgen de la Soledad o de los Dolores y que la celebración del 15 de Agosto es una remembranza a las fiestas en honor a Diana, que se celebraban en el propio lago. Además, el 13 de Agosto se celebra la festividad de san Hipólito mártir (Hipólito, el doncel de Diana).

7* Tradición que inició el propio Julio César.

8* Una teoría bastante extendida es la de que se procedió a su hundimiento por orden del Senado, con el objetivo de dejar cuantos menos recuerdos posibles del infame Calígula tras su asesinato.

Otros prefieren dar por válidas teorías que defienden que fueron echadas a pique por orden y mero divertimento de Calígula; que, muerto el tirano, cientos de campesinos las abordaron para saquearlas y, en un movimiento inesperado de éstas, chocaron y se hundieron sin más; o que, debido a las nulas condiciones de navegabilidad de los bajeles y de mantenimiento, el agua fue penetrando en sus bodegas, condenándolos al naufragio.

Los defensores de la primera de estas teorías se sirven de las escasas referencias a las galeras que hay en los textos de autores de la Antigüedad (Suetonio es quien más líneas dedica a las galeras (quince), pero solo para referir sus características). Según estos, Calígula, cansado de este capricho, ordenó desfondar las naves, que se hundieron en dos minutos y tragándose a sus tripulantes, esclavos y lujosos enseres.

Yo, como muchos otros investigadores, considero ésta última tesis es una exageración fruto del rencor justificado contra el emperador.

Hay quien llega a decir que las galeras fueron víctimas de una especie de atentado cometido por afines a una nueva religión que iba ganando adeptos en el Imperio: el Cristianismo. Una especie de protesta contra el paganismo cuya veracidad resulta, cuanto menos por la época, poco creíble, pues no hay prueba o constancia de que ambas galeras estuvieran a flote cuando la nueva religión oriental irrumpió en el todo el orbe romano.

9* Por otra parte, dicho recuerdo no es errado, pues una de las galeras debía tener por única función la de albergar un templo dedicado a Diana.

Podría, por tanto, aseverarse que sí desapareció todo rastro de la otra en la que Calígula organizaba un culto hacia su propia persona y sus orgías. Pero esto también es discutible si ponemos oídos a las últimas teorías por las que aboga el Ayuntamiento de Nemi.

10* Gallegiante.

11* La primera nave rescatada se encontraba a escasa profundidad: su popa estaba sumergida a siete metros de profundidad, mientras que la proa estaba a catorce.

12* Se advierte cierto baile de fechas: 1400 y 1446; así como de promotores de los proyectos.

13* Resulta confusa la información, pues, por ejemplo, el profesor Ginriu nos habla de un arzobispo llamado León Alberti que en 1400 inicia un proyecto; pero también, cuarenta y seis años después, tenemos al cardenal Próspero Colonna, propietario del lago, encargando al arquitecto León Battista Alberti, conocido como el Vitruvio moderno, la exploración del fondo del lago con la ayuda de buceadores genoveses.

Resulta, cuanto menos, curiosa la coincidencia de nombres entre el arzobispo y el ingeniero. ¿Serían la misma persona?

León Battista Alberti creó un ingenio con boyas y contrapesos. Una vez las boyas fueran situadas en el fondo, se amarraban cuerdas a la embarcación sumergida y se soltaban los contrapesos para reflotarla. Aunque ocurrente para la época, este método lo único que consiguió fue partir la galera.

14* En algunos textos se refiere que el inventor fue un tal maestro Guillermo de Lorena, por encargo de de Marchi.

15* Con una idea no muy diferente a la que tuvo Battista Alberti, de Marchi afianzó una de las naves con gruesos cabos, de cuya tracción se encargarían unos grandes cabestrantes situados en las orillas, pero la maroma no aguantó. 

Si los daños que causaría Alberti serían cuantiosos para la estructura, de Marchi se llevó buena parte del maderamen y hasta un fragmento de mosaico.

Los objetos recuperados fueron entregados al Vaticano.

16* También decir que el pobre Fusconi se arruinó y logró salir del trámite vendiendo recuerdos arqueológicos de su propia colección de antigüedades romanas. Fueron famosas sus pitilleras con restos de las cuadernas.

17* Hubo publicaciones que llegaron a confundir a Borghi con el arqueólogo sir John Savile, quien ya estaba realizando excavaciones privadas en los bosques de Nemi durante los años 1885-1886; y hasta damos con referencias a que el propio Borghi fue contratado en 1895 por el gobierno italiano.

Podemos comprender la confusión, pues Borghi participó en las excavaciones privadas de Savile.

La verdad es que este expedicionario fue quien halló los elementos más característicos que hoy se conservan de las galeras como son las cabezas de lobo, león y Medusa. Asimismo, sus buzos midieron las dos naves con meridiana exactitud y rescataron multitud de fragmentos de mosaico, serpentina y pórfido, cristales de color, objetos de bronce (como la mano que se llevaba como talismán en el extremo de un botalón); así como determinaron los materiales de construcción, empleándose para las cubiertas pino blanco, muy abundante en los bosques que rodeaban el lago al momento de la construcción de los navíos, y la teca para los interiores; así como el empleo de clavos de cobre.

18* En algunos textos fue Felice Barnabei, director general de Antigüedades de Italia, quien puso el grito en el cielo.

Referir que Bacelli fue el primero en proponer un ambicioso plan para drenar el lago Nemi y rescatar los pecios sin causarles más daños.

19* Extremo éste que se confirmaría en 1929, pues la primera nave en salir a flote estaba prácticamente desmantelada en cuanto a sus elementos exteriores.

20* En aquella, el único que defendía el empleo de bombas de achique fue el profesor Ginria.

21* En Abril de 1927, Il Duce tomó la palabra ante la Societá roamana de’ storia patria y calificó el proyecto como un deber de estado y una deuda de honor hacia la cultura clásica.

22* En algunas publicaciones hemos encontrado una data anterior, fijando la inauguración de los trabajos para el 13 de Marzo. 

23* Estas electroturbinas serían capaces de hacer descender el nivel de agua en un metro cada veinte días.

24* Cerca del museo se había emplazado una batería antiaérea que fue replegada a las 20.00 horas, tras un duro castigo. Dos horas más tarde, se observó un incendio en el museo.

Ningún bombardero aliado causó grandes destrozos en el museo, de aquí la sorpresa por el incendio posterior.

25* El mismo que el régimen de Mussolini construyó originariamente y que fue restaurado y reabierto al público en 1953. Se conservan las salas que ocuparon las galeras originales para dar muestra de su tamaño.

26* Cuando emergió la segunda nave se detuvieron las bombas.

27* No resulta tan descabellado, pues guarda relación con los datos históricos que hemos ido reuniendo y con la tradición oral que hablaba de un hermoso templo sobre pontones dedicado a Diana. ¿Es posible que no se haya descubierto el verdadero templo y que las dos naves, gigantescas de por sí, fueran su lujosa tracción por el lago?

Lectura de 20 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 757 (Variable). Encapotado. 
  • Termómetro: 23º
  • Higrómetro: 39%

martes, julio 19, 2016

Guardia de Literatura: reseña a «Donde aúllan las colinas», de Francisco Narla

«Donde aúllan las colinas»
Editorial Planeta. Barcelona, 2016
Primera edición: Mayo de 2016
ISBN 978-84-08-14101-3
251 páginas
Ligera como una pluma sobre la palma de la mano, aún tatuada la piel de tinta y cubierta su desnudez con tapa dura y guardapolvo. Una novela liviana en páginas (241) que no nos obliga a encorvar las espaldas sobre el texto y a sentir flaquear unos brazos ya de por sí enclenques. Incluso habrá algún tiñoso guasón que la comparará con los dos bestsellers anteriores de Francisco Narla de la siguiente manera: «ésta no sirve para calzar tresillos». 

«Eres lo más, tío», replicaría con irritación al bufón que se carcajea a coro con sus risueños cascabeles.

Ciertamente, tras «Assur» y «Ronin», puede sorprender una historia firmada por Narla tan reducida a nivel espacial que, no por ello, hubo de resultar para el autor más cómoda de llevar al papel (a nivel temporal y de estudio). Uno, que sabe de lo que habla: días interminables de correcciones, frase a frase, creando un mundo compacto, vívido y de parajes agrestes, con sus sonidos y olores. Se encuentra con facilidad las huellas de este hercúleo trabajo, pues escribir no escribe cualquiera, aunque haya una repulsiva mayoría que lo crea así.

Y enfrentarme a esta página del Word, ya menos en blanco, me está costando. Me siento cohibido pues conozco personalmente al autor. Durante la presentación en la librería Cronopios, Francisco me reconoció como un viejo amigo y compañero de armas. Pude compartir minutos con gente a la que admiro y, ahora, terminada la novela, me toca libar el amargo zumo de la crítica. No es lo mismo que dedicarse a desentrañar y despellejar las páginas de un escritor sin rostro. No es lo mismo.

Ruego a los dioses la suficiente lucidez para terminar escribiendo una reseña a la altura de lo que se espera. Así que, tras calmar los nervios con un trago robado del mueblebar, vamos allá.

«Donde aúllan las colinas» es una novela muy esperada por parte de los seguidores de Narla que sufrió una serie de misteriosas dilaciones en su publicación, arrastrando meses y meses de ostracismo y silencio, que terminaron con un lanzamiento tardío. Un retraso, para mí, injustificable pues conozco, por fuentes no oficiales, inoficiosas e inconscientes, ciertos detalles e información que he convertido en inteligencia de consumo propio acerca de ciertos interesados tejemanejes; mas mi voz, ridículamente aguda y prescindible, aquí no tiene nada que decir, salvo que me acuerdo de aquella breve campaña publicitaria inicial que fue silenciada de forma drástica y dramática. No dejó entrever gran cosa acerca del contenido de la obra, lo cual justificó que aquellos parcos renglones en una web hicieran volar mi imaginación hasta erróneas pistas de aterrizaje para desentrañar qué escondía «Donde aúllan las colinas». Acabé con una historia de legionarios perdidos en los montes gallegos que servirían de festín a los lobos. Creo que Liam Neeson protagoniza una película de argumento similar, por lo que mi propuesta chamánica para rellenar el amplio vacío creado por un hype interruptus distaba mucho de ser siquiera original.

Pero, al fin, llegó la primavera para la última obra de Narla y comenzó a sentirse su sombra acechando en revistas y alrededor de las librerías. Una sombra cuyo peso advertí aún cuando le doy la espalda a la sección de novedades o, por lo menos, la aleta. Recibo, en la bandeja de entrada del correo electrónico, rijosos e insistentes newsletters literarios a los que tan solo soy capaz de dedicar una distante y soñolienta mirada antes de pulsar la tecla supr., sin que los titulares y fotografías que los yagan me empujen a hacer ejercicio con el dedo izquierdo y abrir nuevas pestañas con los contenidos de los últimos lanzamientos editoriales y bestsellers no necesitados de marketing ni branding para salir a flote. También, nunca me he fiado de las opiniones de terceros interesados ni de los bobinos que ven estrellas a pleno sol de Agosto.

«Donde aúllan las colinas» no es una obra coral y de múltiples tramas, sino un cuento (así nos atrevemos a asegurar) acerca del enfrentamiento entre el Hombre y la Naturaleza, ésta última encarnada en un lobo. Prometía valer la pena pues, el día de la víspera de su presentación en Pontevedra, me maravillé al saber que, en parte, la novela se inspira en una historia real que le relató a Narla un anciano torturado por la artritis, encogido sobre un platillo de orujo: una que aconteció durante la posguerra, cuando aquel agostado hombre se ganaba el pan ejerciendo el oficio de alimañero, limpiando las lindes de los bosques de todo tipo de depredadores que acecharan las cabezas de ganado que lograron conservar las gentes al finalizar la contienda fratricida; una de un lobo enorme y astuto que siguió a la partida de alimañeros hasta que éstos le devolvieron la piel de la hembra que fue su compañera (todos los detalles los expuso Francisco, aclarándolos con pasión y emoción, y con los que hechizó al público durante el acto en Cronopios). Pero el autor ha decidido darle una vuelta a la historia y ambientarla en los tiempos de Julio César, preparando el tablero para una partida con dos contendientes: la fiera Naturaleza y la codicia (no menos fiera) del ser humano.

La lectura de «Donde aúllan las colinas» es una declaración de amor de Francisco hacia la Naturaleza, hasta el punto de crear un personaje principal que no habla, pero que se expresa, habiendo el autor, para ello, estudiado casi todo lo que podía acerca de los lobos. Y el llevar la historia al s. I a. C. es una prueba más de su pasión por la Historia con mayúsculas.

¿He disfrutado de la lectura de «Donde aúllan las colinas», aún a pesar de los pajaritos negros que chocan contra las paredes de mi cavidad craneal (y que describiré a continuación)? Pues sí, y mucho. Es una propuesta original que pretende reconciliarnos con esa cosa verde y viva que crece como puede a las afueras de nuestras ciudades; y, Francisco, te creo cuando afirmas que no ha habido otra obra en la que hayas empeñado más esfuerzos y horas. Es una verdadera filigrana de palabras.

Pero algo malo tendré que decir de lo que he leído, ¿no? La primera pega la pongo respecto a la corta duración de la novela. Aún con sus recursos y pasajes, se advierte una falta de concreción y fondo en la historia, con escenas eliminadas o simplemente resumidas, incluso mezcladas; lo cual provoca en el lector cierta sensación de desorientación (cosas mías, quizá). Se han abandonado los cruceros en tochotes, a los que pueden sobrarles decenas de páginas, para subir a bordo de una enclenque dorna de exagerada liviandad.

Otro pero lo encuentro en la traslación de la raíz de la idea. La historia del viejiño era de miedo, según el propio Narla percibió al escrutar aquellos cansados y arrugados ojos. Sin embargo, no hay rastro de inquietud en la línea que siguen los protagonistas humanos. Ni el rumor de la tensión, y eso que Narla es reconocido seguidor del Maestro de Bangor. Aún con el personaje de Cainos, no lo siento.

Por último, a pesar del buen arte de Francisco, encuentro cierta redundancia en los recursos, sobre todo al referirse a Julio César, que llegan a agotar al lector.

Y ahí lo dejo. Quizá mis peros no sean más que un reducido grupúsculo de sandeces enflaquecidas por la situación a la que me enfrento como crítico (y a una lectura complicada por la alergia tardoprimaveral), sin ser capaz, por ello, de dar una lectura y reseña lo más objetiva posible, pero...

La novela no decepcionará a aquellos que han seguido la estela de Francisco y que, aún así, esperaban algo diferente.

Lectura de 19 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 756,5 (Variable). Encapotado. 
  • Termómetro: 24º
  • Higrómetro: 38%

martes, julio 12, 2016

Entrevista para HRM a Jesús A. Rojo Pinilla, autor de «Los invencibles de América»

Jesús A. Rojo Pinilla es uno de tantos nombres que van engrosando las filas de los investigadores históricos que tratan de liberarnos de la espesa pátina de polvo negruzco que nos obliga a encorvarnos y a avergonzarnos sin causa de nuestro pasado como nación.

En su última obra, «Los invencibles de América», Jesús hace lo propio con la conquista del Nuevo Mundo, arrojando luz que espanten las sombras de la tétrica e interesada Leyenda Negra que alimentaron durante siglos ingleses y holandeses y que, a día de hoy, se revuelve con idéntica fuerza a la de antaño.

Un ensayo histórico realizado con mimo y con calidad, aportando al texto la elegancia de algunos óleos de Augusto Ferrer-Dalmau.

Por ello, he tenido a bien entrevistarlo, pudiendo leer sus respuestas en el siguiente enlace que os llevará a un artículo dentro de la web de Historia Rei Militaris.

Lectura de 12 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 756 (Variable). Despejado. 
  • Termómetro: 22º
  • Higrómetro: 41%

jueves, julio 07, 2016

«Keep Yourself Alive», Queen


I was told a million times
Of all the troubles in my way
How I had to keep on trying
Little better ev'ry day
But if I crossed a million rivers
And I rode a million miles
Then I'd still be where I started
Bread and butter for a smile
Well I sold a million mirrors
In a shop in Alley Way
But I never saw my face
In any window any day
Well they say your folks are telling you
To be a super star
But I tell you just be satisfied
To stay right where you are

Keep yourself alive keep yourself alive
It'll take you all your time and a money
Honey you'll survive

Well I've loved a million women
In a belladonic haze
And I ate a million dinners
Brought to me on silver trays
Give me ev'rything I need
To feed my body and my soul
And I'll grow a little bigger
Maybe that can be my goal
I was told a million times
Of all the people in my way
How I had to keep on trying
And get better ev'ry day
But if I crossed a million rivers
And I rode a million miles
Then I'd still be where I started
Still be where I started

Keep yourself alive keep yourself alive
It'll take you all your time and money honey
You'll survive

Keep yourself alive
Keep yourself alive
It'll take you all your time and money
To keep me satisfied
Do you think you're better ev'ry day
No I just think I'm two steps nearer to my grave
Keep yourself alive
Keep yourself alive mm
You take your time and take your money
Keep yourself alive
Keep yourself alive
Keep yourself alive
All you people keep yourself alive
Keep yourself alive
Keep yourself alive
It'll take you all your time and a money
To keep me satisfied
Keep yourself alive
Keep yourself alive
All you people keep yourself alive
Take you all your time and money honey
You will survive

Keep you satisfied
Keep you satisfied

Lectura de 7 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 755,5 (Variable). Cirros. 
  • Termómetro: 24º
  • Higrómetro: 41%

miércoles, julio 06, 2016

¿Por qué se llama así el mar Rojo?

Feudo en su tiempo de navegantes egipcios, griegos, fenicios y persas, el mar Rojo, junto al Mediterráneo, fue fuente inagotable para el desarrollo humano; una vía de contacto cultural y comercial entre Europa, África, la India y Catay ya en el s. IV a. de C. pues, no obstante, formaba parte principal de lo que, en el s. XIX, Freihar von Richtofen denominaría “La ruta de la seda”.

Pero la pregunta que nos hacemos hoy es la razón de semejante nombre: Rojo.

Existen varias teorías: cuatro en concreto que vamos a desgranar muy por encima para este artículo.

La referencia más renombrada al mar Rojo (por lo que es de recibo posicionarla como principal en nuestra exposición) la encontramos en el libro del Éxodo: una masa de agua que el profeta Moisés dividió para que el pueblo de Israel huyera de la esclavitud, adentrándose en la península del Sinaí. 

Detalle del Derrotero del Mediterráneo y la costa Atlántica,
de Plácido Caloiro y Oliva en el que observamos el mar Rojo
tintado de tal color y referenciado como «mare Russo»
En la actualidad contamos con suficientes argumentos como para desterrar la creencia tradicional que da por cierta que los israelitas tomaron una vía de escape que los lanzó al propio mar, ubicándola, por el contrario, en una zona de marismas que se secarían con la bajamar. Esto último entronca con lo afirmado en los propios textos sagrados primitivos: La Torah nombra a ese espacio acuático que divide Moisés como «mar de Juncos», afianzando así la teoría de que el paso se consumó por una zona de tierras húmedas (riberas, marismas y pantanos) donde medran este tipo de espigadas plantas.

Detalle del mapamundi
de Battista Agnese (1544)
Pero en la Biblia que tenemos en casa no dice mar de Juncos, sino mar Rojo, ¿por qué? Es pacífica la convicción de que es un error de traducción del arameo a lenguas europeas; desliz que se achaca a Martín Lutero (1483-1546), quien perpetuó, en la publicación de su propia transcripción del Antiguo testamento (1534), otro anterior cometido por un reformista inglés (lo tradujo como rede (rojo)), lo cual podría justificar que en el portulano de Battista Agnese de 1544 (diez años después de la publicación de Lutero) o del Derrotero del Mediterráneo y la costa Atlántica, realizado en un momento indeterminado del s. XVII por Plácido Caloiro y Oliva (cartógrafo perteneciente a la familia mallorquina Olives y que sirvió en la ciudad siciliana de Mesina), el mar Rojo sobresalga en dicho color. Según explicaciones de los expertos de la Biblioteca Nacional de España a respecto de la carta de Caloiro y Oliva, se debe a influencia judía; pero no compartimos tal apostilla, pues consideramos que la misma se ha visto contaminada, igualmente, por la pésima traducción del clérigo inglés, a no ser que los antiguos hebreos hubieran adoptado el código arábigo y persa de colores para identificar los puntos cardinales: el negro para referirse al Norte (de ahí el mar Negro) o el rojo para el Sur.

Detalle del plano de Angelino Dulcert de 1339
El historiador griego Heródoto (485-425 a. de C. aprox.) solía denominar «mar Rojo» al golfo Pérsico (también «mar del Sur»). Dicho color lo emplea también para denominar las aguas que actualmente se conocen como mar Rojo (también lo menciona como mar Eritreo); y contamos con mapas muy anteriores a los ya referenciados que tintan las riberas de Egipto, Eritrea y la península Arábiga de rojo, como son los realizados por Angelino Dulcert en 1339, muchísimo antes de la metedura de pata con los juncos y el arameo antiguo, con un portulano considerado como el primer ejemplar de la conocida Escuela mallorquina.

Podríamos pensar que no podríamos retroceder aún más en el tiempo, pero estaríamos equivocados, pues también es representado de rojo este mar en otros portulanos como el contenido en la obra de san Beato de Liébana (s. VIII), la carta del códex que recoge las etimologías de san Isidoro de Sevilla (s. XII), el minúsculo Mapamundi de Salterio de la Abadía de Westminster (1265) o el de Hereford, de 1290, en el que parece apreciarse la península Arábiga y el golfo Pérsico (en carmesí).

Mapamundis del Beato de Liébana, san Isidoro de Sevilla, Salterio de Westminster y Hereford. En aquel entonces
Jerusalén se señalaba como el centro de la Tierra, de ahí la extraña configuración de estos mapas, situándose el mar Rojo
en lo que para nosotros, ahora, es el Noreste, según estudiamos una carta o portulano
Las otras dos teorías que restan, inferiores en peso argumentativo, se centran en una relación física y directa entre la masa de agua y el color rojo. La primera de ellas razona que al alba la superficie va tomando un tono carmesí intenso, el cual, en nuestra opinión, se acentuará gracias a las riberas desérticas que abrazan al mar; pero no nos convence, pues el descenso en el espectro visible es común a todo el globo, al igual que tampoco lo hace la tesis que achaca tal denominación a la existencia de colonias de microorganismos que tiñen el agua de escarlata (la llamada marea roja viene provocada por una excesiva proliferación de dinoflagelados (microalgas rojas), muy común en muchos puntos de la Tierra, como las rías gallegas, provocando alta toxicidad en los productos del mar que se cultivan en viveros flotantes (bateas)).

Aún así, tras nuestra somera exposición, hay que pensar qué provocó que este mar, según se tiene constancia documental, en el s. VIII ya se indicara como Rojo en un mapa que cubría el Mundo Conocido. ¿Fueron las palabras de Herodoto suficientes para esta denominación? ¿Pudo haber sucedido en la Antigüedad un fenómeno de marea roja de tales magnitudes que hubiera quedado grabado en la memoria de los pueblos asentados en sus riberas y cuyo recuerdo fue transmitido a cartógrafos europeos a través de Grecia? ¿Simplemente es el Sur rojo? 

Cada cual que elija la teoría que más le guste y conteste a las preguntas que se haya formulado.

Lectura de 6 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 755 (Variable). Cirros. 
  • Termómetro: 24º
  • Higrómetro: 40%

martes, julio 05, 2016

Guardia de Literatura: reseña a «El viejo y el mar», de Ernest Hemingway

Título original: «The old man
and the sea»
Debate. Random House
Mondadori. Barcelona, 2003
Primera edición.
ISBN 84-8306-530.4
157 páginas
Obra tardía, que no de madurez, nacida tras un largo periodo de improductividad que podría sintetizarse, según mis absurdos devaneos estivales, como una autobiografía escrita durante esos precisos y frustrantes momentos de desorientación, de deambular sin rumbo por las callejuelas de una máquina de escribir. Una lucha por recuperar lo que una vez fue.

«El viejo y el mar» representa una obra escrita al rumor de las olas lamiendo el costado de un bote, sintiendo la presión de la vida en el sedal, tostándose al sol caribeño y con un sabor demasiado dulzón cristalizándose en los labios del espectador. Santiago, el viejo, es un pescador cubano que lleva prácticamente tres meses sin capturar un solo pez. Compara su mala suerte, decrepitud y dolor con la de Joe Di Maggio en las Ligas Mayores de Béisbol (MLB), un jugador al que el viejo sigue con interés con periódicos atrasados que le servirán de colchón para dormir. Y Santiago es Hemingway a las teclas de una máquina con tripas oxidadas, pero también mucho más: un hombre en estado de derrota, pero sin haber sido dominado.

El autor norteamericano se jactaba de ser un experto en pesca y un simple aficionado en escritura, por lo que el planteamiento de esta obra, su ambientación, ya supera lo poco que podemos apreciar tras rascar su última capa de pintura: es un escenario vivo enmarcado por la rabiosa naturaleza del mar. Y la historia en sí es la de un combate entre iguales, entre el hombre y un majestuoso pez espada que le costará al primero tres días llevarlo hasta la superficie, sin ayuda y prácticamente alimento, pero sí con demasiado dolor, soledad y pensamientos. Una lucha de la que el hombre, a pesar de capturar el pez, a quien considera un igual, un hermano, sale derrotado.

Al escribirla como una novela corta, Hemingway ofrece un cofre con objetos en los que muchos prologistas, en su atrevimiento por cubrir unos contados párrafos cerrados y almibarados al comienzo de la edición, no han reparado. Esa es la verdad. Quizá Hemingway ya estuviera cansado de pelear contra ese mar en blanco, pero se negaba aún a tirar la toalla, a tomar una decisión cobarde. Al igual que Santiago, tan solo soñaría con una playa de África habitada por leones, a los que contemplaría con nostalgia onírica desde la lejanía de un recuerdo mil veces reproducido durante las largas noches.

O, al menos para mí, muestra unos primeros avisos de lo que iba a acontecer en poco menos de una década, en 1961.

Mi opinión acerca de este libro —que fue un éxito de ventas aún después de ser publicado por entregas en la revista LIFE, y que le reportó a su autor el premio Pulitzer— puede ser considerada como errónea, blasfema, enclenque o desinformada con respecto a un clásico de la Literatura. Podría decir en mi defensa, pretendiendo quedar libre de la picota, que cuando lo estuve leyendo me encontraba inmerso en un periodo álgido de alergia primaveral tardía (del que aún no he salido) o que la lectura me resultó desazonadora debido a la pobre labor de traducción y revisión del texto en castellano que me tocó trasegar. Cuesta mucho creer que una obra de reconocido valor y prestigio en el mundo de las Letras estuviera escrita de forma tan floja, reiterativa y falta de sentimientos y lirismo.

Por lo que me aferro a estas dos razones colgadas de una cuerda para tender ropa para justificar mi opinión y confesar que no he me ha gustado «El viejo y el mar»; al menos, en su parte media, pues sí me ha resultado grata la lectura del tercio final porque había superado la zona de calma chicha y me adentraba en el clímax de la historia tras una larga lucha silenciosa que, a buen seguro, para otros será la mejor parte de la novela.

«El viejo y el mar» me ha susurrado ciertos aspectos vitales del autor que, quizá, compruebe en un futuro y me obligue a repasar sus páginas en un futuro, con una edición cuya traducción resulte menos vulgar.

Lectura de 5 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 755,5 (Variable). Estratos. 
  • Termómetro: 23º
  • Higrómetro: 40,5%