miércoles, octubre 28, 2020

El cerdo salvavidas

Disculpad esta tontada, pero es que cuando me 
encontré con la historia, esta imagen se formó
en mi cabeza y no he sido capaz de quitármela
hasta el instante en el que la dibujé el pasado
domingo. Ahí queda :S
Lo que más me apasiona de estudiar Historia es dar de bruces, palabra por palabra, con detalles que la hacen cobrar un sentido especial. Suelen ser acontecimientos anecdóticos, más bien ínfimos, que incluso rallan lo absurdo, pero que forman parte de esta rama del conocimiento, al igual que de nuestra propia existencia.

Por ejemplo, si uno se pasa la tarde leyendo el suplemento del nº 212 de de la Revista española de Defensa, de octubre de 2005, cuando llega al punto en el que se relatan los últimos instantes del navío de línea español Neptuno, ciertamente agónicos, en medio del temporal que siguió a la batalla de Trafalgar (1805), se encuentra con la intervención providencial de un cerdo salvavidas. Por supuesto, yo me quedé con los párpados abiertos, las cejas en el cogote y la boca como para que se me colara alguna alimaña dentro. Necesitaba ahondar un poco más en esta cuestión, comprobando, de paso, que es una pequeña perla bien conocida y divulgada por los guías turísticos de la ciudad gaditana cuando tienen ocasión.

De lo que he ido encontrando en un sitio y en otro, he decidido narrar por mí mismo el acontecimiento:

Rendido ante el Minotaur (1710 horas del 22 de octubre), sin conocimiento de su herido comandante, el desarbolado e ingobernable Neptuno fue apresado y remolcado por el inglés, cuya oficialía ordenó abandonar la empresa durante la madrugada del 23 de octubre ante el mal tiempo que amenazaba con hundir a ambos navíos. Represado el buque por parte de los aliados, tiró de él la fragata francesa Hortense, costándole el cabrestante. El Neptuno acabó fondeando frente a Rota, pero el temporal siguió vapuleándolo hasta que lo encalló en los arrecifes de piedra al oeste del castillo de Santa Catalina del Puerto, tras perder dos anclas, abriéndosele parte del costado de babor.

El Neptuno estaba sentenciado.

Desde el Puerto de Santa María se tomaron varias iniciativas para el salvamento de la tripulación del Neptuno. La primera fue a cargo de unos marineros (identificados como valencianos), que armaron una balsa con forma de plataforma, llamada jangada, con la que pretendían aproximarse al navío; ante su fracaso y el de otros, como los protagonizados por gentes del lugar y tropas del Regimiento de Zaragoza, el capitán de fragata Pedro Cabrera encomendó  al teniente de fragata Francisco Michelena traer una lancha y, con marineros suficientes, echarse a la mar para el rescate, aunque no pudo acercarse mucho más que para que sus gritos fueran escuchados desde la cubierta del condenado cascarón, otrora orgullo de la Real Armada.

La desesperación era total, tan cercanos a la costa y, a la vez, tan vanos todos los esfuerzos por alcanzarla. Entonces, desde la lancha se preguntó a los oficiales supervivientes si contaban abordo con un cerdo vivo. La respuesta fue afirmativa y, por tanto, se les instruyó a los náufragos que echasen al agua al animal con un cabo delgado atado a una pata, que a buen seguro nadaría hasta tierra, donde sería recogido por los marineros en la playa, uniendo el cáñamo a la jangada que esperaba en la orilla y, halándola a través de éste, crearían una suerte de andarivel (en algunas fuentes se indica que el Regimiento de Zaragoza ingenió en andarivel con la ayuda de un barril).

Gracias a tan provechoso gorrino, absolutamente ignorante de su hazaña, el Neptuno pudo ser completamente evacuado durante esa noche y el día siguiente, con tiempo de sobra para que no quedara nadie en cubierta, sollados y pañoles para cuando la mar lo desfondara y terminara por hartarse de él.

La historia tiene su aquel. Por supuesto, ninguna crónica apuntó el nombre de tan animoso espécimen, pues cerdos de cuatro patas y soldados no tienen la suerte de afincarse en estas páginas. Una lástima. 

Antes de cerrar, no estaría de más hablar un poco del navío de línea Neptuno (el tercero con dicho nombre en la Armada, aunque bajo la advocación de san Francisco Javier), comandado por el brigadier Cayetano Valdés y de Flores (1767-1834). Dicho buque fue considerado el mejor de su clase en la Real Armada, junto a sus gemelos Argonauta y Montañés. Su construcción se autorizó mediante RO de 6 de noviembre de 1792, disponiéndole, en sus dos cubiertas, de ochenta cañones conforme al sistema de Julián Martín de Retamosa (treinta cañones de 36 libras, treinta y dos de 24 y doce de 12; diez obuses de 36,8, ocho de 24 y ocho de 4; además de una carronada de 10 libras), así como unas dimensiones de 60,9 m. de eslora, 16,4 de manga y 8 de calado.

Su tripulación constaba de 797 entre oficiales, suboficiales, marineros, infantes de marina y pajes.

Su botadura data de 26 de noviembre de 1795, en los astilleros de Esteiro, El Ferrol, y diez años después encontraría su abrupto final en Cádiz, tras la batalla de Trafalgar. Se le colocó, en un principio, como el último en retaguardia de la línea de combate de la flota combinada hispanofrancesa, cosa que varió cuando Villeneuve se dedicó a hacer cambios de última hora a falta de minutos para el inicio del encuentro para que Nelson los cogiera a todos con el paso mal dado; así, el Neptuno pasó a encabezar la vanguardia, debiendo enfrentarse a los ingleses África, Minotaur y Spartiate

La línea quedó de la siguiente manera: Neptuno (español), Scipion (francés), Intrépide (francés), Rayo (español), Formidable (francés), Duguay-Trouin (francés), San Francisco de Asís (español), Mont-Blanc (francés), San Agustín (español), Héros (francés), Santísima Trinidad (español), Bucentaure (francés), Neptune (francés), San Leandro (español), Redoutable (francés), San Justo (español), Indomptable (francés), Santa Ana (español), Fougueux (francés), Monarca (español), Pluton (francés), Bahama (español), Aigle (francés), Montañés (español), Algésiras (francés), Argonauta (español), Swift-Sure (francés), Argonaute (francés), San Ildefonso (español), Achille (francés), Príncipe de Asturias (español), Berwick (francés) y San Juan Nepomuceno (español).

El resto ya lo conocemos.

Lectura de 28 de octubre de 2020 a las 1200 horas

                    



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martes, octubre 27, 2020

Guardia de cine: reseña a «Green book»

Título original: «Green Book». 2018. 130 min. EEUU. Dirección: Peter Farrelly. Guión: Brian Hayes Currie, Peter Farrelly, Nick Vallelonga. Reparto: Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Iqbal Theba, Linda Cardellini, Ricky Muse, David Kallaway, Montrel Miller, Harrison Stone, Mike Young, Jon Michael Davis, Don DiPetta, Mike Hatton, Dimiter D. Marinov, Craig DiFrancia, Gavin Lyle Foley, Randal Gonzalez, Shane Partlow

Una producción que pivota contra las ideas preconcebidas, la segregación social y los comportamientos racistas, pero sin caer en lo fácil, en lo políticamente correcto y en el buenismo de huecas intenciones y palabras grandilocuentes

Frank “Tony Lip” Vallelonga (a quien algunos recordarán como parte del elenco de «Los Soprano», «Donnie Brasco» y «Goodfellas») fue un superviviente de la jungla de Brooklyn, curtido como matón en cientos de garitos de mayor o menor prestancia repartidos por la zona controlada por la emigración italiana. Un tipo simpático y con labia, pero también rudo, maleducado y provisto de un estómago sin fondo conocido (en más de una ocasión, Viggo Mortensen me recordó a un Homer Simpson con pelo y sin pátina amarilla). También es la única fuente de ingresos en un hogar que lucha por cada centavo, así que el bueno de Tony no hace ascos a trabajos tales como tundar a clientes revoltosos o a ponerse al volante del camión de la basura, pero, ¿será capaz de vencer su animadversión contra la gente de color cuando su nuevo jefe puede ser un negro? Parece que un buen fajo de billetes puede mudar rostros serios en sonrisas y anular los prejuicios, sobre todo si eso ayuda a que haya comida en el plato de sus hijos, por lo que Tony prueba suerte y es aceptado para ser el chófer personal y asistente del estirado concertista de piano Don Shirley, quien va a realizar una gira por los estados del Sur profundo, debiendo seguir las indicaciones de The Negro Motorist Green Book, una guía de viaje para turistas de color por los EEUU, para evitar cualquier problema con unos blancos demasiado quisquillosos (sigue leyendo)

Lectura de 27 de octubre de 2020 a las 1200 horas

                    



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jueves, octubre 22, 2020

Guardia de cine: reseña a «El Imperio contraataca»

Título original: «Star Wars. Episode V: The Empire Strikes Back». 1980. 2 h y 4 min. EEUU. Dirección: Irvin Keshner. Guión: Leigh Brackett, Lawrence Kasdan. Reparto: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Frank Oz, Billy Dee Williams, David Prowse, Alec Guinness, Anthony Daniels, Kenny Baker, Peter Mayhew, Jeremy Bulloch, Kenneth Colley, Bruce Boa, Julian Glover, Denis Lawson, Michael Culver, John Ratzenberger, Michael Sheard

«El Imperio contraataca» es, de las tres “primeras” películas, la que menos recaudó en taquilla, pero es la favorita de la mayoría por cuanto asienta las bases del universo de Lucas y la filosofía del mismo

Tras sufrir el Imperio una derrota tan inesperada como humillante en el sistema Yavin, recibiendo un puñetazo que le dejó con el ojo a la virulé y con una estación espacial de combate menos, éste no escatimará esfuerzos en dar con unos adversarios tan rijosos cuyos nombres resuenan en toda la galaxia (sigue leyendo)


Lectura de 22 de octubre de 2020 a las 1200 horas

                  



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martes, octubre 20, 2020

Guardia de televisión: reseña a «La Saga de Poseidón (Los caballeros del Zodiaco)»

Una saga original del Manga que, en este caso, sobra tras la de Asgard

Sin tiempo para que Atenea y sus defensores se tomaran un merecido kit-kat tras devolver la cordura a la princesa Hilda de Polaris, nuestros héroes y, de paso, toda la Humanidad, volverán a estar en peligro de muerte al desvelarse la identidad del causante de todos los males: Julián Solo, la reencarnación del dios griego Poseidón, quien pretende, entre sus planes a hacer cumplir, “limpiar” la superficie de la Tierra y dominar el planeta sin oposición. Para ello, tras verse truncados sus esfuerzos en Asgard, nada mejor que comenzar con el secuestro de Saori, de quien el joven heredero está no enamorado, pero sí obsesionado, confundiendo el amor con otros sentimientos que se tornan aborrecibles en cuanto llega a saber que la diosa no le corresponde ni comparte sus ansias destructoras. La inamovible postura de Atenea, contraria a Poseidón, llevará a su aparente frágil figura a quedar encerrada en el interior del pilar central del Santuario submarino, donde se sacrificará soportando el agua que el emperador de los mares tenía reservada para arrasar a la Humanidad.

La brusquedad del inicio del drama será continuada por el propio devenir de la saga, con una estructura harto conocida pero acelerada. El planeta de nuevo tiembla ante los enemigos de Atenea, y Seiya y los suyos se lanzan directos por las entradas secretas al mundo submarino de Poseidón, donde Tetis la sirena pronto les informará (qué manía tienen estos esbirros de allanar el camino a los buenos y darles a saber cómo vencer), que los caballeros del Zodiaco tendrán que derribar los pilares que sostienen los siete mares para poder hacer mella en el central y salvar a Saori. (sigue leyendo)

Lectura de 20 de octubre de 2020 a las 1200 horas

                 



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jueves, octubre 15, 2020

Guardia de cine: reseña a «Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald»

Título original: «Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald». 2018. 134 min. RU. Dirección: David Yates. Guión: J. K. Rowling. Reparto: Eddie Redmayne, Jude Law, Katherine Waterston, Johnny Depp, Zöe Kravitz, Ezra Miller, Alison Sudol, Callum Turner, Dan Fogler, Claudia Kim, Ólafur Darri Ólafsson, Kevin Guthrie, Derek Riddell, Ingvar Eggert Sigurdsson, William Nadylam, David Sakurai, Brontis Jodorowsky

Las aventuras de Newt Scamander caen en la tiniebla a una velocidad acelerada y no con la mejor de las órbitas

Siempre me he sentido cómodo en el universo de Harry Potter, más cuando él no sale a la palestra (cosa difícil) y, aún saliendo, cuanto más oscura y tenebrosa es la historia.

Cuando se estrenó «Animales fantásticos y dónde encontrarlos», aquellos que nos hicimos mayores mientras se colgaba la larga serie de carteles con cada una de las adaptaciones a la obra de J. K. Rowling, soñábamos con ese infinito mundo de bronce bruñido y largas bufandas desde una óptica madura, con protagonistas adultos y aventuras que no terminaran de forma cíclica en la enfermería de Hogwarts. Y la primera entrega de las aventuras del magizoólogo Newt Scamander rápidamente se aupó como mi película favorita de entre todo este batiburrillo surgido de la mente y necesidad de una mujer en apuros económicos, por lo que esperaba con cierta impaciencia, que no desespero, esta segunda parte, aún con la certeza de que, comúnmente, segundas partes nunca fueron buenas (sigue leyendo)


Lectura de 15 de octubre de 2020 a las 1200 horas

              



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jueves, octubre 08, 2020

Guardia de literatura: reseña a «Cujo», de Stephen King


RBA Coleccionables SL, Barcelona
2007
ISBN: 94-473-3478-3
416 páginas
Una novela brilla con luz propia y no por el hecho de que King se deshiciera de gran parte de los “habituales” en sus tramas

Éste es uno de los títulos que sobresalen de entre la bibliografía y biografía de Stephen King. La razón para ello puede considerarse como un tanto morbosa, pues, si tomamos al pie de la letra las declaraciones del autor, éste no guarda recuerdo alguno del proceso de preparación y redacción de la historia de lo colocado que iba tras la mesa de madera labrada en la que se parapetó durante años, un enorme mueble que no era otra cosa que el capricho de un hombre que había sido “atropellado” por la fama, el dinero y las adicciones; aunque sí guarda en la memoria la imagen que dio pie al proyecto y que responde a un encontronazo con un san bernardo con muy malas pulgas.

Debido a estas simples y hasta, quizá, exageradas notas, la novela brilla con luz propia y no por el hecho de que King se deshiciera de gran parte de los “habituales” en sus tramas, importando poco que la ambientase en la conocida localidad de Castle Rock. Aquí no nos saldrán al paso chicas amargadas dotadas de poderes psíquicos, obstinados vampiros a lo Bram Stoker o extraterrestres cabezones y con ojos almendrados de viles intenciones. El monstruo, como se preocupa King en dar a entender desde el primer párrafo, es muy simple y real; pavorosamente real. Tras hacer un esfuerzo retrospectivo con Frank Dodd, el policía psicópata a cuyo reino de terror dio fin John Smith («La zona muerta»), una especie de coco o sacamantecas para niños revoltosos, King nos enseña que la Muerte puede adoptar el rostro de un simpático titán canino cuyo comportamiento y mentalidad mutan hacia la oscuridad por la mordedura fortuita de un murciélago rabioso, contrayendo una enfermedad a la que se expone porque sus dueños no habían considerado necesario vacunarlo, ahorrándose, de paso, nueve dólares (seguir leyendo)

Lectura de 8 de octubre de 2020 a las 1200 horas

            



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