miércoles, febrero 20, 2019

Viajar a la luna en el año 1901

La temática de este artículo no casa para nada con la generalidad a la que se dedica este blog, salvo, quizá, en esa línea que abrí en su tiempo y por la que quería tratar diversos aspectos de la conquista del espacio. Pero ni aún así. 

Sin embargo, ¿por qué no hablar un poquito de cómo veían nuestros bisabuelos y tatarabuelos eso de los viajes espaciales, de lo que tenía poca Ciencia y demasiada fantasía? La culpa no es de nuestros ancestros pues, por aquel  entonces, no había pruebas que refutaran certeramente la inexistencia de vida en la Luna o de una vibrante civilización en Marte (o si no, que se lo digan a Percival Lowell).

En el año 1901 se inauguró en Buffalo (Nueva York, Estados Unidos de América) la Feria Pan Americana. Como se precian dicha clase de eventos, pretendió llevar al público a un pequeño mundo, casi en miniatura, recluido en los límites que se había concedido. Dar a conocer maravillas tanto técnicas como antropológicas de los cuatro vientos a los más curiosos, siempre con ese halo de puro espectáculo. Y es en dicha feria donde tendremos una primitiva oportunidad de viajar a la luna, ni más ni menos; no en un proyectil de artillería, como imaginó Verne, sino en un navío de amplias alas capaz de cargar hasta a 50 pasajeros. Dicho vehículo, de nombre Luna, fue una enorme góndola en el considerado como primer tren totalmente eléctrico de atracción, al que uno se podía subir por el precio nada barato de 0,50 $ (unos 16 € de hoy día). Pero la nave no era más que el primer escenario de una obra de ingeniería, atrezzo, vestuario elenco (200 actores) e imaginación casi sin precedentes, pues se pagaba el pasaje y visita del reino de la Luna (que, sin que quepa duda, inspiró el filme “A trip to the Moon”, de 1902), todo ello en un espacio de más de 12.000 m2 de superficie y 25 metros de alto, siendo que el coste de construcción ascendió a 84.000 $.

El mérito de esta atracción se la debemos a Frederick W. Thompson y la sola descripción de la misma puede dejarnos, como poco, alucinados.

Representación artística de la nave Luna
Los espectadores accederían a la nave en turnos de media hora. Su experiencia comienza en la propia cubierta, sentados en sus butacas; cuando un gong da la señal del soltar amarras, una serie de efectos hacía que tuvieran la sensación de estar volando y alejándose del suelo, donde se vería una ciudad haciéndose más y más pequeña, hasta ver el planeta a sus pies. En cambio, la luna se haría más y más grande y, tras superar una tormenta eléctrica considerada espectacular, los pasajeros desembarcarían en un cráter para recibir la bienvenida de los selenitas, que ejercerían de guías por la Ciudad de la Luna, donde abrían sus puertas tiendas de regalos y productos “típicos” de nuestro satélite, pero también ambientaciones de cuevas y salones.

El regreso a la Tierra se hacía a través de una escalera, previo pase por la boca de una enorme criatura de difícil descripción.

Mientras la feria estuvo abierta el público, visitaron la atracción más de 400.000 curiosos, algunos hasta de cierto renombre, incluido el propio presidente de los EEUU, el infame William McKinley, o el no menos censurable, aunque genial por su lado, Thomas Alva Edison.

Los extraños selenitas

En el Palacio del reino de los selenitas

Salida y regreso a la Tierra

Lectura de 20 de Febrero de 2019 a las 1200 horas




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martes, febrero 19, 2019

Guardia de literatura: reseña a «BOWIE. Una biografía», de Fran Ruiz (escritor) y María Hesse (ilustradora)

Primera edición: Abril de 2018
LUMEN (Penguin Random House
Grupo Editorial SAU)
ISBN: 978-84-264-0465-7
165 páginas
«BOWIE» es una obra ligera, sin aspiraciones a libro de consulta. Entre sus páginas podemos hallar el fruto de una ardua labor de investigación, pero también un trabajo ilustrativo de escasa originalidad

Tras el inesperado fallecimiento de David Bowie en Enero de 2016, las librerías sufrieron una especie de virulenta mutación para poder alojar la ingente cantidad de biografías dedicadas al cantante que se publicaron; algunas de ellas de reciente factura, otras, en cambio, recuperadas de entre los fondos descatalogados. Pero solo unas pocas lucían la marca que advertía al lector de que podían ofrecer un producto distinto y singular.

Como ya se quejó en su día un comprador de esta biografía que voy a reseñar en cierto portal de compra online que no necesita que le haga publicidad, este «BOWIE. Una biografía» no es una obra de consulta. Cierto: no lo es; para nada. 

Su atractivo se centra en la presentación de la vida y obra de Bowie a través de una narración parcialmente fabulada y en primera persona, acompañada de ilustraciones, rompiendo así el marco de que este tipo de libros han de quedar, por narices, custodiados en secciones infantiles.

Fran Ruiz se coloca en el lugar de Bowie y comienza a contarnos un cuento: el cuento de la existencia de David Jones. Al principio desafina bastante y corre el peligro de caer en el cajón de los fracasos absolutos. Ruiz mezcla realidad y ficción (es un cuento para adultos, recordémoslo), aunque de lo último hay lo justo y necesario. No, repito de nuevo, no es una obra de consulta ni al uso, pero, como estudioso que soy de la figura de Bowie, he dado con buena parte de la labor de investigación biográfica realizada por Ruiz asomando por las arenas. Dicho trabajo no ha sido superficial o anecdótico (y no he llegado a esa conclusión ante la recopilación de títulos que cierra el volumen, como bibliografía empleada); y dar con ellos detalles es lo que me ha hecho disfrutar de esta biografía en particular. Ha habido en su redacción entrega y cariño hacia Bowie.

Por otro lado, al ser un libro ilustrado, he de hablar de María Hesse, cuya participación en el proyecto es lo que más se destaca en portada, como si un libro sobre Bowie necesitara del arrastre de trabajos precedentes e independientes, aunque de la misma línea y que se han vendido como churros en el alba de Año Nuevo: la biografía ilustrada de Frida Kahlo, un éxito de ventas quién sabe si gracias a esa reivindicación a destiempo y no sé si leal de su figura por parte de ciertos colectivos autoproclamados feministas.

El libro dedicado a la artista mexicana me resulta ajeno, no lo he tenido nunca entre las manos y me falta ese anclaje a la hora de comparar el trabajo de Hesse, por lo que me limitaré a reseñar lo que veo. Sinceramente, este tipo de dibujo, de estilo en apariencia pobre, nunca me ha gustado por su desgarrada tosquedad. Es una opinión como otra cualquiera, pero que se completa con la comprobación de que la ilustradora se ha limitado a representar con sus pinceles fotografías de promoción, portadas de discos, imágenes públicas, etc., de David Bowie, aportando escasos pasajes de creatividad pura y dura (cuando el joven David es consciente de la grave enfermedad mental de su hermanastro Terry, cuando se evoca ese sueño en el que se materializa Ziggy o el cantante se da cuenta de la separación que había entre él y su hijo Zowie, y nada más), que, a pesar de su rotunda expresividad, considero absurdamente tributarios de la pinacoteca de Kahlo.

«BOWIE» es una obra ligera, sin aspiraciones a libro de texto. Es un cuento sobre una vida real, acerca de alguien que nos llegó bien hondo. Un libro que se lee de una sentada y que se puede disfrutar tantas veces se quiera.

Lectura de 19 de Febrero de 2019 a las 1200 horas




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martes, febrero 12, 2019

Guardia de cine: reseña a «El espía»

Título original: «Breach». 2007. EEUU. Drama. Color. 1 h. y 50 min. Dirección: Billy Ray. Guión: Adam Mazer, William L. Rotko y Billy Ray. Elenco: Chris Cooper, Ryan Phillipe, Laura Linney, Caroline Dhavernas, Gary Cole, Dennis Haysbert

«El espía» retrata de forma gris los dos meses previos a la captura del hombre considerado, por entonces, como el traidor más peligroso para los Estados Unidos de América. Recomiendo encarecidamente esta película a quien guste del cine de espías de toda la vida, sin artificios, despropósitos ni guaperas rabiosos

¿Dónde se encuentra el límite entre la confianza y el recelo? ¿Cuándo alguien puede entregarse a una tercera persona con los ojos cerrados? ¿Dónde se separan el patriotismo y la alta traición en la mente de un agente de Inteligencia?

«El espía» intenta retratar de forma gris los dos meses previos a la captura del considerado, por entonces, como el traidor más peligroso para los Estados Unidos de América, quien puso en peligro de muerte, colaborado en la eliminación a cerca de medio centenar de agentes y provocado una quiebra irreparable en la seguridad de la nación: Robert Hansen, un hombre con veinticinco años de servicio en el FBI y una de las figuras clave de la Inteligencia americana durante los últimos estadios de la Guerra Fría. Aunque, claro, no sabemos ahora si seguirá conservando su infame puesto en el cajón tras la entrada en escena de alguien de la talla de Edward Snowden, pues esta trama pertenece a un periodo en el que el mundo era diferente: en el que las Torres Gemelas seguían irguiéndose y dando sombra a la isla de Manhattan.

Hansen era un individuo irritante, irascible, violento y suspicaz sobre el que su aura de ultracatólico le proporcionaba otra de lealtad prácticamente inquebrantable. Si se le trataba de cerca y se superaba con éxito los primeros filtros de agresividad y territorialidad, podría causar admiración. Eso es lo que le sucede a Eric O'Neill, un chaval de contraterrorismo que busca y acepta misiones con tal de ganar su placa de agente del FBI y al que, por lo visto, castigan encasquetándole el trabajo de asistente personal de Hansen, quien está a punto de jubilarse. Eric es el espía del espía: ha de comprobar qué hay de verdad en las acusaciones de abuso y perversión sexual que penden sobre Hansen y que, por el momento, no habían visto la luz pública. Durante las primeras semanas, Eric termina convenciéndose de que su tarea es una arriesgada pérdida de tiempo; una estupidez deshonesta para un protagonista que se deja arrastrar por la fuerte personalidad, atractiva y controladora, de Hansen, hasta el punto de que su jefe trasciende al nivel personal y afecta a la vida conyugal de Eric.

Sin apoyo, Eric se ve abocado a una relación que supera los márgenes de lo que se entiende como normal entre un superior y un subordinado, más aún cuando descubre el objetivo real de la operación en la que él es el anzuelo: Robert Hansen es el enemigo doméstico número 1 de los EEUU, alguien a quien hay que neutralizar y capturar antes de que se vaya de rositas.

La trama que da base a la película la hace merecedora de ser calificada en ciertos sitios web como una de las cien mejores producciones de espionaje de la Historia. Comparto esa opinión pues el argumento clásico es real y carente de cegadoras explosiones, mareantes persecuciones y no menos movidas coreografías de peleas cuerpo a cuerpo, así como del consabido empacho de alta tecnología que han contaminado los modernos argumentos del género. Ambientada en el invierno del recién estrenado año 2001, es una historia de típica labor detectivesca, de agentes en una red de mentiras sin fin y de lealtades que se pagan con moneda falsa; una narración en la que los personajes sufren la tensión de estar en el ojo del huracán, fuertemente anclados, mientras todo a su alrededor sale despedido al cielo y gira hasta quedar destrozado y, con estrépito, es escupido al suelo.

Siendo que la película arranca con una rueda de prensa en la que se da a conocer la detención por alta traición de Robert Hansen, quien va a estar hasta el fin de sus días en una celda de máxima seguridad, no hay obstáculo que nos dificulte saber en qué terminará todo, aún no conociendo nada de este incidente previo al atentado del 11-S; pero tampoco para disfrutar, dejarse seducir por la tensión creciente que despliega el guión gracias a los posos de una personalidad como la de Hansen

El miedo a fracasar en la caza del topo, a no cobrar la pieza que, en el fondo, no dejaría de ser un trofeo para una victoria pírrica, es constante.

Por tanto, a quien guste del cine de espías de toda la vida, sin artificios, despropósitos ni arrebatadores guaperas, recomiendo encarecidamente «El espía».

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lunes, febrero 11, 2019

«Las columnas del Imperio», de Sabino Laucirica


Hace tan solo unos días recibí un amable correo electrónico de parte de Sabino Laucirica, plentziatarra, excapitán de la Marino mercante y erudito historiador quien me hacía saber de su última obra «Las columnas del Imperio. (Cuando los vascos conquistaron el mundo para la corona española)» (Ediciones Beta III Milenio), donde dedica 360 páginas a desentrañar la vinculación vasca en la forja del Imperio español, entre 1492 y 1805, para llegar incluso a la batalla del cabo Machichaco, durante la guerra civil 1936-39.

Y como viene siendo costumbre en estas cubiertas, gustosos nos hacemos eco de esta reciente publicación, siendo que os ofrecemos, a continuación, una completísima sinopsis a cargo de su autor.



SINOPSIS

«Las columnas del imperio» es la crónica de un viaje de más de tres siglos por los paisajes de un imperio donde nunca se ponía el sol.  El pueblo vasco no ha sido un pueblo aferrado a su tierra y a sus costumbres sino que se lanzó a la conquista de un mundo desconocido. En este viaje estaremos al lado de muchos de sus protagonistas.  

La reconquista ha terminado en Granada, llevaremos al último rey nazarí Boabdil el Chico de vuelta a Cazaza (Reino de Fez) en el buque del corsario de Lekeitio Iñigo de Artieta, descubriremos poco después el Nuevo Mundo  de la mano de Juan de la Cosa “vizcaíno” navegante y armador de la nao Santa María, escucharemos las palabras de Fray Bartolomé de las Casas “los indios tenían reciente memoria de haber llegado a esta isla Española otros hombres blancos y barbados como nosotros, antes que nosotros no muchos años”. 
  
Pocos años después de la mano de Pascual de Andagoya asistiremos a la fundación de la ciudad de Panamá y veremos por primera vez el Océano Pacífico en los ojos de Vasco Núñez de Balboa, asistiremos al milagro de la Virgen de Guadalupe junto al obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, declararemos la independencia de las tierras del Orinoco junto a Lope de Aguirre, tres siglos antes que Simón Bolivar. 

Veremos cómo es arrojado al mar el cadáver de Juan Sebastián Elcano víctima del escorbuto y luego navegaremos con Andrés de Urdaneta tratando de buscar la ruta del tornaviaje, asistiremos a la fundación de las ciudades de Cebú y Manila junto al Adelantado, Miguel López de Legazpi.

 Veremos la solemnidad de la fundación de las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires junto a Juan de Garay y combatiremos junto a Bruno Mauricio de Zabala contra los portugueses para recuperar la orilla izquierda del Río de la Plata y una vez conseguido fundaremos Montevideo. 

Asistiremos al continuo peregrinar de Yñigo de Loyola en busca de su fe perdida y en la formación del Ejercito de Dios, que tanta ayuda prestará a los indígenas del Nuevo Mundo. 

Navegaremos una y otra vez y hasta diecisiete veces desde La Habana a Sevilla en la nave Capitana de la Carrera de Indias al mando del almirante Tomás de Larráspuru, asistiremos a la conquista de México al lado de Juan de Oñate y avanzaremos al norte del Río Grande junto a su hijo Cristóbal y más tarde fundaremos el Reino de la Nueva Vizcaya junto a Francisco de Ibarra.  Ya de vuelta asistiremos a la audiencia que da el Papa Urbano VIII a Catalina de Erauso, la monja alférez.  

Nuestra gran vocación marinera nos hará embarcar sin ningún temor en el puerto de Pasajes a bordo de la nao San Juan y estaremos al lado de nuestros balleneros en la conquista de Terranova y a bordo de la chalupa de Gannis de Sale perseguiremos al terrible monstruo que emerge del fondo marino amenazante, pero es el sustento de nuestros hijos y no cejaremos hasta vencerle. Más tarde defenderemos Placentia de los ataques ingleses a bordo del “Envieux” la fragata de Joannes de Suigaraichipi, “el corsario de Bayona”.  De regreso iremos a bordo del galeón Santa Ana de la escuadra de Vizcaya al mando del almirante Juan Martínez de Recalde a la conquista de Inglaterra y regresando maltrechos a La Coruña viajaremos para defender Cartagena de Indias contra la mayor flota que se ha visto nunca, la inglesa del almirante Vernon, pero lucharemos junto a Blas de Lezo en el castillo de San Felipe y haremos desistir a los ingleses.  

De vuelta a Cádiz, asistiremos impávidos y llorosos a la muerte del Brigadier Cosme Damián Churruca en aguas de la Bahía de Cádiz, ya se lo ha adelantado por carta a su hermano “si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero di que yo he muerto”. La premonición se ha cumplido. Más tarde asistiremos a la cena en Waterloo entre el Duque de Wellington y el General Álava, en una cálida pero lluviosa noche del mes de julio de 1815. Es la víspera de la batalla definitiva.

El camino está llegando a su fin, ha sido un largo viaje y el imperio agoniza víctima de la falta de recursos para mantenerlo y de las nuevas ideas liberalizadoras recogidas por la Constitución de Cádiz de 1812. Sólo queda certificar su defunción y para ello se envía nuevamente a otro vasco Juan Ruiz de Apodaca, que será el último Virrey de la Nueva España, pronto vendrá el libertador de los pueblos indígenas Simón Bolívar, nacido en Caracas, pero que es la quinta generación de Simón Bolívar “el viejo” emigrante de los verdes y húmedos valles de Vizcaya. Jamás pensó que iba a ser un descendiente suyo quien construyera las nuevas naciones americanas. Asistiremos a la toma de posesión de George Washington, presidente de la primera nación americana, junto al embajador español, el bilbaíno Diego de Gardoqui y Arriquíbar.  

Y finalmente estaremos junto a Rafael Menchaca en la Batalla de Machichaco, asistiendo a bordo del bou Bizcaya al desigual combate contra el crucero Canarias.

Ha sido un largo viaje a través de un imperio, que comenzó ilusionante de la mano de una reina buena, Isabel de Castilla y que termina bajo el mandato de un rey incapaz, Fernando VII. Pero su final era imparable, las distancias son enormes, la pólvora ya escasea y las ideas difícilmente se combaten con las armas. Los días del  imperio español habían acabado y también el de los héroes vascos que ayudaron a construirlo. El divorcio  surgido en los últimos tiempos entre los vascos y la corona española  perdura hasta nuestros días.

INDICE DE CAPITULOS 

PROLOGO 

CAPITULO I : LA  CONQUISTA  DEL  NUEVO  MUNDO 
JUAN DE LA COSA    (EL VIZCAINO) 
IÑIGO DE ARTIETA    (EL CORSARIO DE LEKEITIO) 
PASCUAL DE ANDAGOYA   (FUNDADOR DE PANAMA) 
FRAY JUAN DE ZUMARRAGA (PRIMER OBISPO DE MEXICO) 
LOPE DE AGURRRE   (EN BUSCA DE EL DORADO) 
JUAN ORTIZ DE ZARATE (GOBERNADOR DE PARAGUAY Y RIO DE LA PLATA) 
JUAN DE GARAY       (FUNDADOR DE SANTA FE Y BUENOS AIRES) 
CRISTOBAL  DE OÑATE      (FUNDADOR DE ZACATECAS Y GUADALAJARA) 
FRANCISCO DE IBARRA     ( FUNDADOR DEL REINO DE NUEVA VIZCAYA) 
JUAN DE OÑATE       (CONQUISTADOR DE NUEVO MEXICO) 
CATALINA DE ERAUSO (LA MONJA ALFEREZ) 
BRUNO MAURICIO DE ZABALA (FUNDADOR DE MONTEVIDEO)  
BRUNO DE HECETA (MARINO Y CARTOGRAFO DEL PACIFICO NORTE) 
IGNACIO DE LOYOLA (EL CONQUISTADOR DE ALMAS) 
TOMAS DE LARRASPURU (EL ALMIRANTE DE LA CARRERA DE INDIAS) 

CAPITULO II :  LA  CONQUISTA  DE  LAS TIERRAS  DE  ORIENTE 
JUAN SEBASTIAN DE ELCANO    (EL CIRCUNNAVEGANTE) 
ANDRES DE URDANETA   (EL NAVEGANTE AGUSTINO) 
MIGUEL LOPEZ DE LEGAZPI   (EL ADELANTADO DE LAS FILIPINAS) 


CAPITULO III :   LA  CONQUISTA   DE  TERRANOVA   
LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS VASCOS
JOANNES DE SUIGARAICHIPI  (EL CORSARIO DE BAYONA)
EL FINAL DE LAS PESQUERIAS

CAPITULO IV :    LA  CONQUISTA  DE  INGLATERRA      
MARTIN DE BERTENDONA (ALMIRANTE DE LA ESCUADRA DE LEVANTE) 
JUAN MARTINEZ RECALDE (ALMIRANTE DE LA ESCUADRA DE BIZKAIA) 
MIGUEL DE OQUENDO (ALMIRANTE DE LA ESCUADRA DE GIPUZKOA) 

CAPITULO V : LOS  HEROES  VASCOS  EN  LAS  BATALLAS  NAVALES  
BLAS DE LEZO (EL HEROE DE CARTAGENA DE INDIAS) 
COSME DAMIAN CHURRUCA (EL HEROE DE TRAFALGAR)   
MIGUEL DE ALAVA Y ESQUIVEL ( EL HEROE DE TRES BATALLAS) 

CAPITULO VI : EL  FIN DE UN IMPERIO,  EL FUERO VASCO Y LA GUERRA 
JUAN JOSE RUIZ DE APODACA Y ELIZA (EL ULTIMO VIRREY DE MEXICO) 
SIMON BOLIVAR   (EL LIBERTADOR)   
DIEGO DE GARDOQUI Y ARRIQUIBAR (PRIMER EMBAJADOR EN EE.UU.)    
 RAFAEL MENCHACA UGALDE (LA BATALLA DE MACHICHACO)
DESDE EL ARBOL MALATO A SABINO ARANA GOIRI 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS   

martes, febrero 05, 2019

Guardia de literatura: reseña a «Matadero cinco», de Kurt Vonnegut

Serie Biblioteca El Mundo
Medios Estratégicos de Información actual SAT
Traducción: Margarita García de Miró
256 páginas
ISBN: 84-96075-34-6
«Matadero Cinco» es un  libro distinto a todo. A pesar de lo absurdo que puede llegar a ser, es tremendamente lógico y atractivo, manteniendo siempre un buen sabor a la hora de ser leído. Vonnegut es capaz de hablar del trauma de haber sobrevivido al bombardeo de Dresde y de acusar con el dedo firme a los oficiales y a la sociedad norteamericana en lasucesión de flashes espacio-temporales que sufre su protagonista

La segunda guerra mundial ha sido, es y será un terreno fértil para el desarrollo cultural, más si cabe para la Literatura. Es un gotear continuo de títulos que nos derivan a sesudos estudios históricos y antropológicos, novelas de puro entretenimiento o biografías de los distintos agentes participantes, desde aquellos que nos suenan a la fuerza a hombres y mujeres más bien anónimos.

El escritor Kurt Vonnegut se encontraba entre estos últimos y fue uno de los pocos que podría atestiguar de primera mano la destrucción completa de la ciudad de Dresde un 13 de Febrero de 1945, un bombardeo aliado con nula base táctica que segó la vida de 135.000 personas en dos días. Vonnegut, como otros tantos soldados estadounidenses capturados y destinados a la bella urbe germana como batallón de trabajo, siguió respirando por la casualidad de encontrarse refugiado en las cámaras subterráneas del matadero municipal, en el edificio número cinco; y siempre anheló escribir acerca de su experiencia, pero no sabía cómo. Quería huir de la glorificación de los actos heroicos, tan comunes del género, pues allí no se vio nada épico, y del morbo despiadado del aniquilamiento. Quería escribir ante todo una novela antibelicista en la que las miserias humanas coparan todo el protagonismo.

«Matadero cinco» es un título que tanto se encuentra reseñado en blogs de Literatura militar como de ciencia-ficción. Por eso siempre me llamó la atención, aunque para escribir estas notas no me he dejado contaminar por las palabras de otros; por eso es posible que obvie algunos aspectos fundamentales de la narración o incida en otros de menor calado, dedicando tiempo a trivialidades; no lo sé: me limito a aseverar que “éstas” son mis impresiones.

Vonnegut encontró la forma de escribir acerca de su Cruzada de niños introduciéndose a sí mismo y a su camarada de armas Bernard V. O’Hare en la narración, como meros figurantes. El protagonista absoluto es Billy Pilgrim (no sé si un recuerdo real del autor o un personaje ficticio), pues ésta es su “biografía” desde 1930 a 1970, en una sucesión de hechos que muchos han calificado de “circular”, con un centro traumático en sus desventuras como soldado capturado y trasladado a Dresde. Y es que Billy Pilgrim puede viajar en el Tiempo o eso le parece a él; una simple acción como levantarse de noche y tantear para dar con el interruptor de la luz del aseo de la habitación donde disfruta de su luna de miel, puede trasladarlo hasta el hospital del campo de prisioneros o a una convención de ópticos o al accidente de avión del que resultará ser el único superviviente; también al viaje vacacional que hizo con sus padres durante la Gran Depresión; o al zoo de Tralfamadore, un planeta alienígena a dónde es llevado para que sirva como atracción para unos extraños seres con un particular sentido del Tiempo y que dotarán de “lógica” a este libro, cuyas páginas he devorado aún cuando es, con diferencia, el más raro que he leído jamás.

Billy Pilgrim, tras su paso por la guerra, un episodio traumático sin parangón —más si cabe en las palabras de Vonnegut, quien lo hace continuo objeto de burla hasta límites de lo grotesco—, es un hombre de éxito, lo cual puede resultar chocante. Se ha casado con una mujer de la que no está realmente enamorado, pero gracias a su enlace se forrará los bolsillos de dólares y, ya en sus últimos estadios, se convertirá en un eminente conferenciante en materia del fenómeno OVNI. Su concepto como personaje es extraño a la par que atractivo; durante su captura y posterior confinamiento no tiene aspecto de soldado, es más, desde la instrucción no había vuelto a portar un arma hasta que no le queda otra tras el infierno de Dresde. Su aspecto general es patético, de niño que no quiere está allí, pero que no hace nada para evitarlo, pues se le impone la visión tralfamadoriana de que todo ha sido, es y será, como si admiráramos durante toda la vida una única estereotipia panorámica imposible de corregir al carboncillo. Durante la paz, Pilgrim se hará seguidor de un fracasado autor de novelas baratas de ciencia-ficción, que no deja de publicar títulos en editoriales que quiebran a los pocos meses y cuya bibliografía será como un salvavidas que explique su capacidad viajera y su abducción.

Kurt Vonnegut critica en «Matadero cinco» a los altos oficiales que consideran a la tropa como peones sin valor y a las acciones como la de Dresde como necesarias y normales dentro del devenir de una guerra; por ello, quizá, lo mejor sea abandonarse en los brazos de los extraterrestres. Otro tanto hace con la sociedad americana, ajena al conflicto mundial y que salió muy bien parada económicamente hablando, dispuesta a solo engordar.

La obra se abre y se cierra con una narración en primera persona del autor. En su primer capítulo nos relata los obstáculos a los que se enfrentó para llevar a feliz término la novela y firma con el deseo de un mundo mejor para los habitantes de un futuro no tan lejano. 

No es un título de ardua digestión, pero es diferente a todo; una visión única de la vida en un instante que lo abarca todo. Como diría Vonnegut: así es.

Lectura de 5 de Febrero de 2019 a las 1200 horas




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