viernes, mayo 20, 2022

Lectura de 20 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                                 



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jueves, mayo 19, 2022

Guardia de cine: reseña a «Sin tiempo para morir» (2021)

Título original: «No Time to Die». 2021. 163 min. RU. Dirección: Cary Joji Fukunaga. Guión: Neal Purvis, Robert Wade, Cary Joji Fukunaga, Phoebe Waller-Bridge. Personajes: Ian Fleming. Historia: Neal Purvis, Robert Wade, Cary Joji Fukunaga. Reparto: Daniel Craig, Léa Seydoux, Rami Malek, Lashana Lynch, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Christoph Waltz, Ben Whishaw, Ana de Armas, Jeffrey Wright, Rory Kinnear, Dali Benssalah, Billy Magnussen, David Dencik, Julian Ferro, Toby Sauerback, Ty Hurley, Paul O'Kelly, Lampros Kalfuntzos, Ahmed Bakare, Pio Amato

No me parece una buena película, pero es que, desde «Casino Royale», ninguna nos parece buena

Acercarse a los foros de opinión es como hacerlo a un campo de minas. Esta reseña puede que acabe siendo una mina en sí, pero todos somos ya mayorcitos.

Cuando llegué al visionado de esta «Sin tiempo para morir» lo hice bien tocado de babor por las malas críticas que se cebaban con ella, tachando a Bond de flojo, débil y políticamente correcto. Y mi ánimo amenazaba con no mejorar, pero soy fan de la saga y me expongo a lo que sea y, si es necesario, en taparrabos (sigue leyendo)


Lectura de 19 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                                



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miércoles, mayo 18, 2022

Lectura de 18 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                               



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viernes, mayo 13, 2022

Lectura de 13 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                              



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jueves, mayo 12, 2022

Guardia de cine: reseña a «Las hijas de Drácula» (1974)

Título original: «Vampyres». 1974. 109 min. RU. Dirección: José Ramón Larraz. Guión: D. Daubeney. Reparto: Marianne Morris, Anulka Dziubinska, Murray Brown, Brian Deacon, Sally Faulkner, Michael Byrne, Karl Lanchbury, Margaret Heald

Tetas por doquier, escenas lésbicas, sexo y mucha sangre en los ataques, muy en la onda de la filmografía del barcelonés José Ramón Larraz

Aún sin reparar en el poco sutil cartel de la película, la primera escena en la que dos jóvenes amantes, totalmente desnudas, se están dando el lote es señal más que suficiente de que esta película de terror está más cerca del género erótico (y festivo) que de otra cosa. Las tetas, los culos y las rozaduras serán exhibidas con una generosidad exponencial y matemática.

Esas bellas mujeres de la que habló serán asesinadas a punta de pistola sin agotar el primer minuto de metraje y encarnarán a las vampiresas de este pequeño cuento en el que se dejan muchos interrogantes en el aire, (sigue leyendo)


Lectura de 12 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                             



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miércoles, mayo 11, 2022

Sedna, la diosa inuit del mar

Una estatuilla representativa de Sedna que sirvió
para la emisión de sellos del Canadá de 17 
centavos en el año 1980
Si existe una cultura que destaque por su vinculación exclusiva con el medio marino y que habite una de las áreas más hostiles de nuestro planeta es, sin duda, la inuit, la cual no necesita presentación.

Pero quizá sí su particular deidad marina, una adolescente que habita el inframundo y cuyo ánimo inquieta a estos habitantes de las regiones polares. 

Para la ocasión he tenido a bien traducir y adaptar al castellano un texto, escrito a modo de cuento, contenido en el libro «Stories from Canada», de Edward W. Dolch y Marguerite P. Dolch, Garrard Publishing Co, Champaign, Illinois (1964), pág. 118-125, y que nos sirve a la perfección:


Erase una vez, hace mucho tiempo… Un hombre viejo que vivía solo junto con su hija. Ella era una chica muy agraciada y muchos buenos mozos querían casarse con ella. Pero Sedna no quería casarse con ninguno de ellos.

Una primavera, una gran ave marina llamada Fulmar voló hasta el refugio donde Sedna y su padre vivían. El Fulmar le dijo a Sedna,

“Ven conmigo. Ven conmigo. ¡Ven a la isla donde habitan los pájaros!”

Sedna ofreció a la gran ave algo de comida y el Fulmar la urgió:

“¡Ven conmigo! Tendrás ropas hechas con preciosas plumas. Tendrás una tienda hecha con pieles. Y siempre tendrás carne para comer.

Al final, Sedna se fue al mar junto con el Fulmar. Se fue a la isla de los pájaros.

Sedna muy pronto se dio cuenta que la isla de los pájaros no era un buen lugar para ella. El viento y la nieve arreciaban alrededor de su tienda. Siempre tenía frío dado que sus ropas hechas de plumas no podían calentarla. Y no tenía otra cosa que comer que el pescado que le traían las aves. Ella quería regresar al refugio de su padre.

Transcurrió un año. Durante la primavera el anciano fue a visitar a su hija a la isla de los pájaros. Sedna estaba muy contenta de ver a su padre y le pidió que la llevara con él a casa.

Cuando los pájaros salieron a pescar, el viejo llevó a Sedna hasta su canoa y juntos se echaron al mar.

Al regresar los pájaros, estos se dieron cuenta de que Sedna se había marchado y volaron hasta encontrar la canoa.

Los fulmares golpearon la superficie del mar con sus alas y levantaron enormes olas. El viejo temía que su canoa acabase en el fondo del mar.

Las grandes aves gritaban,

“¡Debemos recuperar a Sedna! ¡Debemos recuperar a Sedna!”

Las olas se hicieron más y más altas. El viejo, aterrorizado, arrojó a su hija al mar. Los fulmares creyeron que Sedna se había ahogado, retornaron a la isla de los pájaros y el mar se encalmó.

Pero Sedna no se había ahogado. Se había agarrado a una banda de la canoa, mas su padre no la dejaba subir. Ella estaba casi muerta cuando el viejo regresó al refugio.

Sedna, furiosa con su padre, lanzó a los perros contra él y estos lo mataron.

De pronto, la superficie se abrió y se tragó a Sedna, al viejo y a los perros, llevándolos a todos al centro de la Tierra.

Ahora Sedna gobierna el inframundo y a los animales que habitan la Tierra.

Cuando la gente no tiene comida, Sedna abandona su hogar en el inframundo, se calza sus botas y sube a las colinas. Hace salir de sus botas a los venados, pero se asusta de ellos y los patea, rompiéndoles las colas. Por eso los venados tienen colas pequeñas (en realidad, se está refiriendo a los caribús)

Entonces Sedna regresa al mar. Arroja su chaqueta y crea a las morsas. A ella le encantan las morsas y siempre hay de esta carne en su casa del inframundo. Pero Sedna nunca come carne de venado.

Los esquimales nunca quieren hacer enfadar a Sedna. Por eso nunca comen carne de venado y de morsa el mismo día (otras versiones afirman que su plato favorito es la foca)

A veces Sedna encierra en el inframundo a todas las morsas y a todos los venados. Los cazadores no encuentran comida y todo el mundo pasa hambre.

Los esquimales temen que Sedna los agreda. Temen que se lleve lejos a los venados y a las morsas. Por eso, cada otoño, cuando comienzan a llegar las tormentas, celebran un festín en honor de Sedna. Cantan y bailan y los chamanes practican su gran magia.


Hay otras variantes aún más crudas de este cuento casi infantil adaptado a gustos occidentales. En esas lecturas, el elemento disruptivo del Fulmar es sustituido por un chamán disfrazado de cazador y capaz de transformarse en diversos animales (principalmente, un cuervo), venido en un gran barco, lo cual nos hace pensar que quizá estemos ante un elemento introducido tras los primeros contactos con los navegantes europeos. También existe un relato en el que el padre, al que se le da el nombre de Anguta, corta con un hacha o un cuchillo savik los dedos o las manos de Sedna cuando trata de subirse a la canoa. De su sangre o de sus dedos comienzan a surgir todas las criaturas marinas (focas, morsas y ballenas), lo cual concuerda con su acepción de madre de las bestias acuáticas.

También debemos tener en cuenta apuntes como la irritación que Sedna causaba a su padre al no contraer matrimonio y ser una carga o aquellas composiciones en las que la chica ruega que su padre la rescate del hogar de su extraño marido, pero éste se niega y es ella la que ha de saltar al kayak.

Pero lo más desagradable de esta tradición está en las composiciones en las que el padre de Sedna abusaba sexualmente de su hija durante los años anteriores a su conversión en diosa, lo cual la afectó psicológicamente y la hizo incapaz para alcanzar el orgasmo.

No he llegado a comprenderlo muy bien, dado que otros textos que he consultado aportan detalles mágicos y oníricos muy vagos, pero parece que los chamanes del reino ártico (angaguk) han de entrar en una suerte de trance y “viajar” hasta el hogar submarino de Sedna, enfrentarse a sus perros (los que atacaron al padre), y tener relaciones sexuales con la deidad cuando se vive una situación de hambruna generalizada por falta de caza (en otros textos basta con peinarla para que su gesto sea más amable, pues ella no puede al haber sido privada de manos). Ésta última no es una tarea muy agradable, porque las descripciones físicas de Sedna distan mucho de ser equiparables a la chica humana que una vez fue (una mujer algo monstruosa, con cola de pez y larga melena de algas), y a que no hay chamán capaz de anular su impotencia sexual, quedando Sedna aún más triste y desconsolada en la alcoba cuando el hombre mágico abandona el lecho.

El orgasmo, en cambio, parece que Sedna lo alcanza en una especie de trance/unión con Andes, un dios marino. Un éxtasis sexual que conlleva que Sedna emane fluidos y cree vida en los océanos.

Hay pueblos inuit que atribuyen la creación de la Tierra y el cielo a Sedna y a su padre Anguta, otros a un divino Cuervo (animal en el que gustaba convertirse el marido de Sedna). Pero todos coinciden en que, tras cada pieza cobrada (y cada comida), hay que darle las gracias a la diosa y al espíritu del animal capturado por su generosidad

Lectura de 11 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                            



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martes, mayo 10, 2022

Guardia de cine: reseña a «Atmósfera cero» (1981)

Título original: «Outland». 1981. 109 min. RU. Dirección: Peter Hyams. Guión: Peter Hyams. Reparto: Sean Connery, Peter Boyle, Frances Sternhagen, Steven Berkoff, James B. Sikking, Clarke Peters, Kika Markham, Pat Starr, John Ratzenberger, Hal Galili, Nicholas Barnes, Manning Redwood, Angus MacInnes, Stuart Milligan, Eugene Lipinski, Norman Chancer, Ron Travis, Anni Domingo, Bill Bailey, Marc Boyle, James Berwick, Gary Olsen, Isabelle Lucas, Sharon Duce, P.H. Moriarty, Jude Alderson, Rayner Bourton, Doug Robinson, Brenda Hughes

«Atmósfera cero» mantiene un fuerte eco por lo tenebroso de su ambientación y por el planteamiento, al que el guión se ajusta como un guante

Tras el ocaso final de la época dorada del western, con independencia de la calidad de cada producción individual, quedaron muchas ideas (no pocas de ellas trilladas), a la espera de mejores tiempos o de la posibilidad de ser recicladas. Algo parecido le tuvo que suceder al guión de «Atmósfera cero», cuyo aroma a far west se advierte en cada esquina, en cada detalle nimio, por mucho que la acción se desarrolle en una colonia minera de la luna de Io y la ambientación sea de pura ciencia-ficción industrial. (sigue leyendo)


Lectura de 10 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                           



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lunes, mayo 09, 2022

Lectura de 9 de mayo de 2022

                                                                                          



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jueves, mayo 05, 2022

Guardia de cómic: reseña a «My broken Mariko», de Waka Hirako (2020)

Milky Way Ediciones, Colombres
2020
Traducción: Marc Bernabé
ISBN: 978-84-18788-52-9
194 páginas

Cuando Shii se entera que Mariko, su mejor amiga de toda la vida, se ha suicidado, no solo los recuerdos, muchos de ellos desagradables, comienzan a agolparse tras un continuo torrente de lágrimas, sino también el germen de un reproche contra la difunta por no mandarla una última carta, ella, a la que tanto le gustaba escribir y enviar sus pensamientos a Shii durante la adolescencia y la primera juventud. Una carta de despedida; una explicación. Pero este sentimiento aflorará a medida que la trama, alocada y desesperada, obligue a Shii a robar las cenizas de Mariko de la casa de su padre, un hombre que la sometía, bajo la influencia del alcohol, a la violencia física más extrema, incluyendo la sexual 

Lo que sucedía de puertas de casa para dentro marcó la vida de Mariko, formando en su mente la falsa idea de que era poco más que un montón de basura al que los hombres con los que se relacionaba podían moler a palos y a patadas. Lo mismo daba si era su padre que la larga lista de violentas parejas de las que hasta Shii tuvo que defenderla con su propio cuerpo en más de una ocasión. Y de puertas hacia fuera estaba Shii, la única persona que aportaba un poco de felicidad a Mariko, hasta el punto de generar una dependencia malsana. (sigue leyendo)


Lectura de 5 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                        



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miércoles, mayo 04, 2022

Hastío en la granja: un domingo de mayo

Soy muy poco competitivo. Es una tara o una virtud que reconozco sin ambages ni teatralizadas inflamaciones. Nunca me han llamado la atención los podios y las medallas. Y será porque existen pocas carreras en las que puedo despuntar con varios cuerpos de distancia sobre mis contrincantes. Una de esas es la de dormir. Es como si siempre tuviera sueño y nunca me opusiera a la posibilidad de hacerme uno con un colchón y unas sábanas. Incluso con menos. Mas, ¿existen este tipo de olimpiadas?

Este domingo pasado salí del ovillo hacia las diez de la mañana, luego me eché una siesta de una hora larga por la tarde y, a la noche, me fui al catre con el mismo amodorramiento con el que me levanté a la mañana siguiente ante la perspectiva de un otro lunes más de rutina y ordenanza. 

Este domingo, haciendo ganas de comer, cimbreé hasta una tapia, la escalé y me arrebujé al sol. Ignorando efemérides, mi tranquilidad se vio perturbada y la pompa cristalina se hizo polvo finísimo, de ese que se te cuela en el ojo y escuece que no veas. En mi pupila vertical se materializaron unas raquíticas masas de lana y pancartas, cada una discurriendo por una calle distinta a pesar de que todas salieron de la misma granja de donde los humanos fueron expulsados en teoría. Si solo fuera el efecto visual… Pero les precedía la bofetada sónica: los balidos que aspiraban a guarridos. Eran las ovejas que no producen lana para esquilar, pero que entienden, a fuerza de asentir, a las demás ovinas aún sin haberse puesto nunca en su puesto y lugar. E iban sin perro pastor, pero sí con gallo negro.

Sus balidos astillaron mis barreras sin piedad.

Lo que vociferaban me resultaba apenas comprensible, aunque solo había que tirar de memoria. Quejas, mofas y bonitas promesas vacías y repetidas que pintaban al óleo un mundo de fábula regido por sus ideas delirantes de secta del LSD, donde la primavera brotaría dos veces por año garantizado, como si del seguro de sol en Tenerife se tratara. Solo hay que cambiar el color con el que se ven las cosas, pero no me voy a cambiar de ojos, ni de orejas ni de recuerdos, pues sé que estas ovejas solo me quisieron para que las llevara pasto o echara las cuatro zarpas en una mudanza. Los demás sudan y ellas se abanican. Tonto el que no se una y también el que sí, pues estas ovejas guerreras hace años que perdieron el filo en las muelas, de cuando no recibían la sopa boba de los directores de la granja.

Las cortas masas confluían, se enredaban y reverberaban como un órgano de iglesia desafinado, tocado por un ejército de ratones beodos tras confundir el aguardiente blanco con el agua sagrada, cosa del todo comprensible. Tantos tubos como bocas en una comunión a fuerza de megáfono adquirido en un bazar chino.

El ruido me resultaba excesivamente molesto y, dando por sentado que las ovejitas no se recogerían en la granja hasta mucho después, me encasqueté la resignación, ericé los bigotes y mis propios bufidos me acompañaron como banda sonora privada. Me colé entre huertas abandonadas y escombros cubiertos de matorral, poniendo distancia entre los balidos que se confundían con los chillidos de los directores de la granja (cuando no aullidos), y la punta de mi cola. Deambulé sin rumbo fijo pero sin desviarme de los caminos conocidos, hasta que llegué a un espacio abierto, un redil intramuros, donde las ovejas aspirantes a cerdos se habían arremolinado. Era un lugar maravilloso, protegido del sol por la generosidad sin límite del ramaje de unos contados árboles, donde aquellas trabajadoras ovejitas por un día estaban dándole al pasto de recompensa de una manera que era un gusto admirarlas, congratulándose entre ellas del esfuerzo realizado mientras rumiaban. Se habían puesto incluso de pie sobre sus pezuñas traseras. 

A su alrededor pululaban unos pobres borricos con bozal, no fuera que rebuznaran rompiendo la bucólica estampa y recibieran, por castigo, un mordisco en las orejas. Las ovejas aspirantes a más habían trabajado y producido lana un domingo; ya era suficiente para el mundo, demasiado. Sin embargo, los burros seguían a lo suyo, para lo que habían nacido, para servir y trabajar los siete días de la semana, pues unos tienen derecho a balar, pues ya balan por todos, y otros ni lo tienen a rebuznar.

Ya nos sabemos de memoria eso de que «todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros». Hay que mantener la fantasía en ciernes y la esperanza de papel mojado.

Pero estas son las ovejitas listas. El resto estaban paciendo en sus mesas de terraza, con los ojos vidriosos, con la convicción de que el sol seguirá saliendo por el mismo sitio o por Antequera si es necesario. 

Este cuadro se me olvidó regresando al hogar, colándome hasta la cocina donde hundí el hocico y las orejas en la comida. Me olvidé hasta ahora, cuando me ha entrado otro bostezo de esos que retan a la mandíbula a que no se desencaje componiendo en mi rostro un reflejo de mofa a la realidad.


Lectura de 4 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                       



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martes, mayo 03, 2022

Guardia de televisión: reseña a «Stargate Origins: Catherine» (2018)

Título original: «Stargate Origins: Catherine». 2018. 104 min. EEUU. Dirección: Mercedes Bryce Morgan. Guión: Mark Ilvedson, Justin Michael Terry. Reparto: Ellie Gall, Connor Trinneer, Aylam Orian, Philip Alexander, Shvan Aladdin, Sarah Navratil, Salome Azizi, Lincoln Hoppe, Daniel Rashid, Justin Michael Terry, Michelle Jubilee Gonzalez, Tonatiuh Elizarraraz, Derek Chariton, Kelly Vint Castro, Esteban Cueto

La patada en la entrepierna que se hace a la película original y a «Stargate: SG-1» es tal que solo puedes poner los ojos en blanco

No sé si hago bien en dedicar mi tiempo a la hora de reseñar esta serie compuesta de diez microcapítulos de 8-10 minutos que, reunidos, apenas cubren el metraje de una película de duración normal. Un producto olvidable y que tiene poco de bueno que contar.

«Stargate». Solo esa palabra nos sirve para que hagamos volar la imaginación hasta 1994, tan solo llevados de la mano de la teoría de los alienígenas ancestrales que Roland Emmerich exprimió para crear una de las películas "recientes" de ciencia-ficción más recordadas, aunque lo mejor siempre me pareció que se quedaba a este lado de la puerta estelar. Luego vinieron muchos productos y subproductos de distinto pelaje (yo diría que siempre yendo en picado), hasta este Origins, centrado en la figura de Catherine Langford, la hija del descubridor de la puerta (sigue leyendo)


Lectura de 3 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                      



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lunes, mayo 02, 2022

Lectura de 2 de mayo de 2022 a las 1200 horas

                                                                                     



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