martes, mayo 23, 2017

Guardia de ensayo: reseña a «La Escuadra del almirante Cervera», de Alberto Risco

"Narración documentada del combate
naval de Santiago de Cuba"
Segunda edición (aumentada)
Jiménez y Molina, impresores
Madrid. 1920
Obra profusamente comentada, es una síntesis excelente de los hechos que marcaron el devenir de la España del s. XX, tras una despedida sangrienta a la centuria anterior y al Imperio

El Desastre del ’98 supuso un quebranto en la sociedad e Historia de España. Un hito que se restringe práctica y erróneamente a una única fecha: el 3 de julio de 1898, cuando seis buques de guerra de la Escuadra del almirante Pascual Cervera son cazados como ratones a la salida de su madriguera por alrededor de ciento veinte gatos salvajes y hambrientos, de garras afiladísimas. Un hecho heroico y suicida. Una acción militar que recibió calificativos de todo tipo, más o menos elogiosos y otros tantos peyorativos. Entre estos últimos destacarían aquellos nacidos del magín de los que vieron la contienda desde el otro lado de la barrera de un periódico que transmitiera las noticias recibidas por telegrama y escuchadas por entre los sillones del Congreso; y es que la salida del puerto de Santiago de Cuba, a pleno sol, pasadas las 0930 horas de aquella mañana de julio, obedeció a la necesidad de acallar las constantes críticas de una opinión pública exacerbada que puso al buen almirante y a todos sus hombres a caer de un guindo. También estaba el hecho de la predecible y pronta capitulación de la plaza (que dataría del 17 del mismo mes, cuando las guarniciones contaban con munición suficiente para aguantar un solo día más de combate; guarniciones que, como el Ejército español de Oriente en pleno, mostraron su disconformidad ante semejante «bajada de pantalones»), lo que podría conllevar la deshonrosa captura por el enemigo de la escuadra completa e intacta.

Cervera alcanzó la isla de Cuba cumpliendo el deber impuesto, aún quejándose con ardor y amargor contra paredes de ladrillo ministeriales que esperaban (eso me temo) un nuevo e irremediable Trafalgar con el que la ciudadanía española aceptara a regañadientes, pero lo haría, la pérdida de los últimos territorios de Ultramar. Cuanto antes sucediera, mejor. El almirante abogó por proteger Canarias y la península, a merced de cualquier acción hostil, pero el ministro Bermejo tan solo jugaba con el veterano oficial, haciéndole recorrer el Atlántico y el Caribe como gallinita ciega tras un carbón que se escurría por entre los dedos, con unas dotaciones sin formar y unos pañoles repletos de casquillos defectuosos de la casa Armstrong (¿sabotaje inglés?) que, en combate, producirían tantas bajas como los proyectiles arrojados por los enemigos sobre los buques españoles.

El 3 de julio culminó la gesta española iniciada en 1492, destronando a Castilla y sus herederos como enseña de potencia de primer orden mundial, puesto que apenas rozó gracias al cuestionable acuerdo entre Bush, Blair y Aznar en las Azores. Y Alberto Risco (1873-1937), contemporáneo de los hechos que describe y un verdadero erudito en la materia, escribió con paciencia y buena letra una obra que brilla con luz propia; aunque existen muchos libros y monografías que tratan del asunto, incluso redactados por protagonistas durante la funesta jornada  —como es el caso del comandante del crucero Infanta María Teresa, Víctor Concas—, este «La Escuadra del almirante Cervera» es un estudio comparativo, ideal para todo aquel que se adentre en estas procelosas aguas y quiera explorar acompañado de una guía leal por entre la casi inagotable bibliografía consultada por Risco. Un estudio que se materializa en un libro de poco menos de quinientas páginas, pero que se nutre de fuentes nacionales e internacionales como las actas del Congreso de los Diputados, telegramas ministeriales y de guerra (destaca la obra «Colección», publicada por el propio Cervera y que recoge todas las comunicaciones habidas entre los buques de la Escuadra y entre ésta y loas diferentes autoridades), artículos periodísticos y análisis, así como cartas personales que Risco tuvo la oportunidad de copiar para completar su trabajo. Completa la obra con extractos de opiniones formadas y, también, subjetivas de marinos y políticos, así como de eruditos navales como lo fueron Alfred T. Mahan entre otros, confeccionando una pequeña joya histórica.

Risco parte del momento en el que se redacta la orden de zarpar hacia las Antillas y termina con el instante en el que llega la paz y la liberación de los cautivos; y lo hace con una prosa inflamada y pasional que descarga una ira titánica contra los ineptos que no escucharon o no quisieron escuchar a Cervera, sabedor de antemano del triste destino al que conducía a sus hombres, a merced de las víboras que medraban a la sombra de los leones del Congreso y cuyo pasatiempo más distraído era faltar al respeto a los que empeñaban salud y vida en la encomienda. Pena da que la sociedad española viviera engañada ante el verdadero cariz y signo de la guerra, siendo cuidadosamente preparada para el Trafalgar de finales del s. XIX.

Y tanto ardor patriótico dedica Risco a dicha tarea enmendadora que podría ser considerado como la pega que merece nuestra crítica, pues parece hacer desmerecer su labor de síntesis objetiva; pero, como autor coetáneo a los hechos, estaba en su derecho y yo no soy quién para sentirme ridículamente afectado y, mucho menos, calentarme las manos al fuego de la pusilanimidad y lo políticamente correcto de nuestro 2017, lacra que, incluso, llega a hender con fuerza mi corazón.

La obra que firma Alberto Risco está profusamente comentada mediante notas a pie de página que nos derivan a multitud de obras y a unos interesantísimos apéndices. Trata de identificar a todos los que ponen pie en sus páginas, a cada uno de los protagonistas, sin olvidarse de la sufrida marinería (siempre relegada), revolviéndose como gato panza arriba contra los fariseos que restan mérito a las acciones, decisiones y secuelas físicas y psíquicas de los vencidos, pues fueron mejor recibidos en los EEUU que en la propia España. 

«La Escuadra del almirante Cervera» es una lectura agradable, ilustrada, nada farragosa, sincera y de herida sin cicatrizar; el autor sintetiza datos sin pretender sentar cátedra, pero sí acusar a los ineptos de gabinete, gracias al cual ahondaremos, pasado casi un siglo desde su publicación, en un periodo de nuestra Historia cuyo único denominador común fue una tristeza casi de leyenda para aquellos que fermentan de estupidez dentro del sistema actual.

Lectura de 23 de Mayo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 754,5 (Variable). Despejado
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lunes, mayo 22, 2017

Lectura de 22 de Mayo de 2017 a las 1200 horas



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  • Termómetro: 19º
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22 de Mayo de 2017





martes, mayo 16, 2017

Guardia de cine: reseña a «El halcón maltés»

Título original: «The Maltese Falcon». EEUU. 1941. Film noir. Blanco y negro. 100 min. Director: John Huston. Guión: John Huston, basándose en la novela de Dashiell Hammett. Elenco: Humphrey Bogart, Mary Astor, Gladys George, Peter Lorre, Sidney Greenstreet

«El halcón maltés» de Huston es considerada, por justicia, la primera película del género film noir por derecho propio

Una sola escena, en reluciente blanco y negro, es la clave: un detective, duro y frío, es abordado en su oficina por una turbadora femme fatale. Es la imagen arquetípica y trillada del acervo cinematográfico y cultural dedicado al género negro; incluso aquellos que hemos tratado de jugar en la división literaria de la investigación detectivesca hemos pecado y plagiado, detallando con nuestras absurdas palabras a lo largo de textos vergonzantes, esos dos personajes condenados a encontrarse. Algo tiene; una fuerza hipnótica irresistible; y «El halcón maltés» da comienzo con esa simple escena y no con ninguna otra.

La considerada como la primera película negra seria, es la tercera adaptación al cine de la obra homónima del autor norteamericano Dashiell Hammet, publicada por entregas a finales de 1929 en la revista pulp Black Mask. El relato fascinó al joven hijo de Jacob Wilk, productor de la Warner, quien no dudó a la hora de hacerse con los derechos antes que nadie.

El afirmar que las dos anteriores adaptaciones se inspiraban en la novela de Hammet es decir mucho, pues en nada se parecen en cuanto a argumento y contenido, siendo ambas piezas prescindibles de la serie B; pero no dejaba de ser una historia interesante, sobre todo para el guionista John Huston quien, por contrato, tenía derecho a dirigir una película para la Warner y optó por llevar «El halcón maltés» de nuevo a las salas.

Fiel a la obra literaria, Huston revolucionó a la Warner señoreando el guión y el storyboard, algo nada común en la época. Se creía con el suficiente poder como para ser un pequeño dios en el estudio, tanto como para negarse a aceptar como protagonista a la estrella de la productora que protagonizaba todas las películas de gángsters y criminales: George Raft. Huston no se entendía con Raft y el actor odiaba al novato director, pero no sabemos si tanto como odiaba a Humphrey Bogart, pues logró que lo despidieran pocas semanas antes de correr como la pólvora la novedad de la filmación de «El halcón maltés».

Huston seguía en sus trece y sabía que Raft se negaría a interpretar el papel del detective Sam Spade; y los productores de la Warner, sabiendo que Raft no tardaría mucho en ahorcarse el solito con la soga de su creciente fama, hicieron con él un “intercambio de cromos”, cambiándolo por Henry Fonda, que hasta entonces dormía entre los cojines de la Fox.

Con un problema menos entre las lustrosas manos, Huston hizo que regresara Bogart, sobre todo por el bien de éste último.

La historia de «El halcón maltés» es considerada, como ya hemos adelantado anteriormente, la primera del género film noir o el título con el que arranca la época dorada de este tipo de producciones, que abandonan la ridícula categoría de la serie B o de  puro relleno en las sesiones dobles. Aunque Huston no consiguió un presupuesto que la mereciera el calificativo de superproducción (500.000 $ de entonces), pudo contar con la suficiente libertad económica como para aportar a la gran pantalla las ideas que lo catapultarían al firmamento de los directores de Hollywood, así como a Humphrey Bogart, hasta entonces encasillado en papeles de gris secundario en filmes de gángsteres y vaqueros.

«El halcón maltés» sienta las base del género: un cínico y duro detective privado con una relación amor-odio con la autoridad; una chica bonita que se aferra a las rodillas del tipo duro implorando su ayuda mientras le susurra, entre sollozos, una historia difícil de creer; y un objeto que todos desean y que tiene cierto valor en vidas humanas, en este caso, el dichoso halcón maltés, un tesoro de los caballeros de la orden de San Juan de Malta que se perdió en un viaje hasta las costas españoles durante el s. XVI y que ha ido dando tumbos tan alegre por toda la geografía europea y cambiando continuamente de manos con el paso de los siglos.

Aparte de la ansiedad que nos produce el querer saber cómo se resolverá el embrollo criminal, Bogart aporta a su papel un elemento de cinismo, misoginia y crueldad que nos resultará incluso simpático: al poco de conocerlo sabemos que tiene un affaire amoroso con la esposa de su socio, cuyo cuerpo aún está caliente en la morgue, y veremos cómo dirige su negocio, algo digno de alabanza y aplauso, y se mueve entre pistolas, acusaciones de asesinato y mentiras de las más variopintas, sobreviviendo con una buena dosis de falta de rubor a la hora de ir cogiendo billetes de carteras ajenas.

Los rostros de los actores que rodean a Bogart nos son conocidos y salvo por Ingrid Bergman (que a poco es fichada para ser la femme fatale en «El halcón maltés»), todos repetirían en «Casablanca», siendo que es este filme el que sirve de debut, a sus 61 años, para Sydney Greenstreet, en su papel de Kasper Gutman, con el que obtuvo el Oscar al mejor actor secundario.

Es una excelente película dotada de un rabioso guión, nada que le impidiera ser nominada y merecedora de tres Oscar, pero no podemos apartar la mirada y callarnos la boca respecto a la existencia de escenas descuadradas para el espectador, quien no sabe a qué asirse, no dejándole otra que molestar al paisano de la butaca de al lado: nos encontramos en el escenario del asesinato de Miles Archer y nos atropellan con la noticia de la muerte violenta del tipo al que la supuesta dulce señorita de pueblo ha contratado a Spade y Archer para que lo vigilaran; y cuando el capitán Jacobi, de La Paloma, entra en el despacho de Spade y se desploma muerto con el halcón en las manos, nosotros no sabemos quién es y qué relación tiene con la trama, siendo el propio Spade quien se lo aclara a su secretaria y al público. Con decir que resulta forzado no nos quedaríamos a gusto.

Como cualquier buena película de la época que se precie, descansa en sus diálogos y en la violencia justa, sin fuegos de artificio ni cartón piedra para dotar de fondos a los escenarios y ser alimento de los actores; un filme que le permitió a Bogart ser cabeza de cartel hasta el día de su muerte.

Lectura de 16 de Mayo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 758 (Variable). Estratos
  • Termómetro: 19º
  • Higrómetro: 44%

16 de Mayo de 2017





jueves, mayo 11, 2017

«Look Back In Anger», David Bowie



"You know who I am," he said
The speaker was an angel
He coughed and shook his crumpled wings
Closed his eyes and moved his lips
"It's time we should be going"

(Waiting so long, I've been waiting so, waiting so)
Look back in anger, 
driven by the night
Till you come
(Waiting so long, I've been waiting so, waiting so)
Look back in anger, 
see it in my eyes
Till you come

No one seemed to hear him
So he leafed through a magazine
And, yawning, rubbed the sleep away
Very sane he seemed to me

(Waiting so long, I've been waiting so, waiting so)
Look back in anger, 
driven by the night
Till you come
(Waiting so long, I've been waiting so, waiting so)
Look back in anger, 
feel it in my voice
Till you come

(Waiting so long, ahhh...)
(Waiting so long, I've been waiting so, waiting so) 
[repeat ad inf.]

Lectura de 11 de Mayo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 737 (Viento-Lluvia). Encapotado
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martes, mayo 09, 2017

Guardia de literatura: reseña a «La sombra del águila», de Arturo Pérez-Reverte

Alfaguara Bolsillo
Santillana SA, Madrid. 1996
151 págs.
ISBN: 84-204-2903-1
Con excesiva y reiterativa sorna y guasa (marca de la casa), Pérez Reverte escribe una novela corta, divertida y cruda acerca de la guerra y la condición humana

Nadie como Arturo Pérez-Reverte para escribir una historia tan divertida y cruda sobre la guerra y la condición humana, sin importar siquiera el contexto. Un relato que se publicaría por entregas en el Suplemento de El País, allá en el lejano año 1993, firmado por un autor en activo como reportero y en vísperas de cubrir uno de los conflictos más brutales vividos en la Vieja Europa tras la segunda guerra mundial: el desmembramiento traumático de la Yugoslavia del mariscal Tito en distintos países antagonistas y enfermizamente carcomidos por el odio mutuo y una fe ciega en el genocidio. Con Pérez-Reverte en Bosnia aprendimos que los suelos en las guerras modernas están sembrados de cristales rotos.

Con el colapso de la URSS y el fin declarado de la Guerra Fría, Yugoslavia, probablemente, supuso la última oportunidad para una raza especial de reporteros que se plantaban entre las ruinas recién formadas por un bombardeo y grababan sus crónicas al son de los morteros y la Muerte, siempre presente, siempre desagradable a los sentidos; para aquellos hombres y mujeres que vivían por transmitir la noticia, mostrar el horror de la humanidad a la humanidad entera, los últimos chicos, los últimos locos con pase de prensa de esa extirpe condenada, la de los Miguel de la Cuadra Salcedo y Manu Leguineche.

Arturo Pérez-Reverte, al escribir «La sombra del águila», no imaginó la guerra: la había vivido, sentido y escuchado. Ha sido testigo de lo mejor y lo peor del ser humano en una situación tan límite, desesperada y familiar. Se ha encontrado de frente con el lobo para el hombre, con la violencia como única medida de defensa de la Naturaleza contra nuestros genes, para hacernos frente. El conocimiento de Pérez-Reverte es pleno, pero no solo sabe de guerra, sino también de la Historia, asignatura pendiente de los españoles por culpa de la adormidera que tanto nos gusta, conscientes de que estamos sobrados de capítulos mal entendidos. Por todo ello, nadie como él para taladrar el alma con la relación de hechos del Pasado y sentimientos a través de una herida abierta y purulenta.

«La sombra del águila», con excesiva sorna y guasa, bastante reiterativa pero marca de la casa (el Enano esto, el petit cabrón aquello, Popof por aquí, Popof por allá, etc.), recoge las desventuras del 2º Batallón del 326º Regimiento de Línea del Imperio napoleónico durante la batalla de Sbodonovo (1812). Un batallón compuesto por españoles hechos prisioneros tras el 2 de mayo de 1808 en Dinamarca y a los que no se les dio a elegir otra cosa que chupar presidio en Hamburgo o batir el cobre por la gloria de Francia en la campaña de Rusia. Pocos fueron los que no prefirieron la miseria del soldado en los caminos de Europa al encierro, pero el capitán García y sus hombres tenían sus propios planes, ajenos a la Providencia y a los del Emperador, que, en resumidas cuentas, eran los de desertar y pasarse a los rusos cuando mejor se pusiera la cosa. Para poner en práctica su sesuda evasión no tienen mejor día que en el que acontece la batalla de Sbodonovo, con los cañones zaristas haciendo su flanco picadillo para la merienda. Las granadas caen sobre sus cabezas como gotas de lluvia durante un día de vendaval, pero los españoles no cejan en su avance para regocijo del estado mayor de Napoleón, donde confunden la disimulada deserción bajo un fuego de mil demonios con un acto de estéril y honorable valentía, pues nadie apuesta un chelín por el 2º Bón. del 326º; un acto que incluso llegar a emocionar a Bonaparte.

Sin embargo, el Destino y los dioses antiguos de las obras de Plauto gustan de burlarse de los hombres, se deleitan contrariándolos, enfureciéndolos, mintiéndolos y diezmándolos ante las armas enemigas; por ello, al final, la deserción no se consumará y, a cambio y como chufla final, el batallón serán mencionado en el orden del día y el capitán García recibirá una Legión de Honor en la misma plaza del Kremlin.

La historia es divertida, ágil, como contada al albur de una hoguera o de una cerveza recién servida, pero con abuso de fórmulas humorísticas y “poniendo voces”. Además, el lector se confundirá respecto al narrador, pues salta de la primera persona a la tercera de forma continua, causando altibajos que podrían haberse solucionado habiendo pasado el texto íntegro a una única voz y proporcionando un cabo seguro desde la primera página, sin tener que sufrir un lento periodo de “aprendizaje” con el paso de los capítulos.

Y si hay algo que sobra es el capítulo de Napoleón en Elba. Esto, seguro.

Cómo escritor de épica, Pérez-Reverte es capaz de ponernos la piel de gallina en dos ocasiones bien definidas. La primera es en la calles de Sbodonovo, haciendo frente a la carga de caballería cosaca: la descripción de la humareda de pólvora que va cubriendo caballos, hombres, sables y bayonetas; el automatismo de las órdenes de carga y disparo de los oficiales españoles; todo ello crea un cuadro homérico que nos traslada la desesperación de los protagonistas por salir de aquella ratonera con vida, tragando saliva y cojones. La segunda ya es en el capítulo final, en 1814, cuando unos despojos vagabundos atraviesan la frontera por Irún; son solo unas sombras entre los cientos que combatieron allá en Rusia, unos fantasmas mal cubiertos con andrajos, tanto por fuera como por dentro, que regresan a un hogar que, quizá, ya no les pertenezca.

«La sombra del águila» es una declaración del propio Pérez-Reverte por sobrepasar los libros de texto, aunando Literatura e Historia a pie de calle; un destello primerizo que brota de su mente y bilis y que conservar, a día de hoy, toda su intensidad.

Lectura de 9 de Mayo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 748 (Viento-Lluvia). Encapotado
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lunes, mayo 08, 2017

Mi nuevo libro: «Marcianos. Volumen primero»

Estimad@s amig@s:

No puedo esperar hasta la fecha en la que os suelo remitir el resumen de publicaciones para daros a conocer mi último “hijo”, mi undécima obra publicada, que es una recopilación de cinco relatos de ciencia-ficción con los que trato de homenajear a varios de los grandes del género que brillaron con intensidad durante el pasado s. XX. No he tenido mejor idea que titular una serie de volumen bajo el genérico «Marcianos», como guiño a Ray Bradbury, aunque hay lugar para muchos más.

Confío en que este proyecto, que nació de un momento de bloqueo durante los primeros meses de 2016, sea de vuestro interés y os hagáis eco del mismo.

Gracias y un saludo! 



Reseña de la obra

Una primera recopilación de cinco relatos de ciencia-ficción con las que el autor Javier Yuste pretende homenajear a varios de los escritores más afamados del género durante el s. XX

Un exiliado en Marte rememora el último sábado que pasó en la Tierra. Dos niños son los custodios de un tesoro de incalculable valor escondido en la trastienda de una librería abandonada. Una visión distópica para un planeta olvidado, a merced de la voluntad de uno de sus escasos e inconscientes habitantes. La primera novela escrita por un marciano que se edita en la Tierra contiene extraños mensajes que mutan según quién los lea. Una informal entrevista entre un abogado y un nazi que cambiará el rumbo de la carrera espacial. 

Estas son las historias escritas por Javier Yuste que contiene Marcianos en su primer volumen recopilatorio, abriendo la puerta a una ucronía en la que el Ser humano ha llegado a la Luna en 1955 y la Guerra Fría amenaza con perturbar la Colonia internacional de Marte. Relatos de los que germinarán otros que poblarán futuras compilaciones y que homenajean a los grandes autores de la ciencia-ficción del s. XX, algunos de los cuales se cuelan incluso entre las páginas de este libro adoptando el rol de personajes secundarios. Bienvenidos a un Pasado diferente.

Detalles de la obra
Tapa blanda: 220 páginas
Editor: Createspace Independent Publishing Platform; Edición: Primera (5 de mayo de 2017)
Colección: Marcianos
Idioma: Español
ISBN-10: 1544050380
ISBN-13: 978-1544050386

Enlaces a AMAZON:
http://amzn.eu/86hloGS (Formato papel)
http://amzn.eu/8kKM6dB (Formato ebook)

Lectura de 8 de Mayo de 2017 a las 1200 horas



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miércoles, mayo 03, 2017

El ministro de Marina y el fondo de reptiles

La coña marinera y terrestre de los casos de corrupción que asolan el país proveen a nuestra vida de una chispa de entretenimiento sin precio, si no, que se lo digan a los que presentan exquisitos platos de gourmet en los carnavales de Cádiz con el asunto. Es sintonizar un noticiario y montarse en un carrusel digno de una casa del terror accionadas por resorte.

Pero si dejamos de lado los airados, compungidos y embusteros golpes que nos aporreamos en el pecho descubierto y de preguntarnos por los ceros que han ido a parar de una cuenta bancaria a otra de tal y cual político, constructor y otros tahúres e iluminados de las cuentas de esta nueva edad de oro de la que se nos ha privado del correspondiente Quevedo; si nos apeamos sin caernos de mala forma de esa nube irreal y de papel que nos hemos montado como sociedad aficionada a la más intrincada papiroflexia, donde pretendemos cumplir (o eso creemos) el deseo ancestral de volar por encima de toda la mierda, como estúpidos, puros, virginales e inmaculados. Si hacemos ese mínimo esfuerzo y orientamos los pabellones auditivos, debidamente encerados o no, a cazar al vuelo las pequeñas curiosidades y jocosidades que salen al paso, hace tiempo que debería habernos sorprendido un término que no es utilizado muy correctamente, pero que ahí está, enfermizamente enquistado en nuestra psique. El caso ERE en Andalucía, EREscándalo o EREgate, la trama de corrupción en Mercasevilla, también conocido como “el caso del fondo de reptiles”, título más propio de una serie de novelas baratas de investigación policíaca de los años ’50.

Fondo de reptiles… ¿A qué narices se están refiriendo en la tele con eso de un fondo (de dinero, obviamente) para animales escamosos? Es instintivo girar la cabeza hacia aquellos bochornosos tiempos de los fondos reservados, pero no es nada de eso y merece la pena saciar nuestra curiosidad y desbrozar el término, algo arruinado por los orines del pasado y la impericia informativa. El asunto, damas y caballeros, tiene su guasa y bata de cola. 

Hay quien da por cierto que se lo debemos al genio y figura del canciller Otto von Bismarck al referirse a la partida presupuestaria en negro que había que separar año tras año para comprar y mantener lealtades, además de enmudecer a monedazo limpio a los plumillas, fueran partidarios del partido de gobierno o del de enfrente. Para von Bismarck la prensa, cada uno de sus miembros, era un reptil que se colaba por los despachos y al que había que echar un pedazo de carne o papel moneda para saciarlo y mantenerlo gordo y estéril.

La verdad que el magín del canciller tenía su retranca y el concepto debió calar en aquella Europa y hasta es posible que los reptiles mutaran hacia otras odiosas formas de vida para los gobiernos de turno; formas de vida que nacieron con otros fines, pero que se pudrieron por dentro, pues una organización que sea subvencionada termina siendo comprada.

Yo desde que escuché eso de “fondo de reptiles” me estuve haciendo la velada pregunta, pero sin llegar a hacer una búsqueda en Google. Supongo que, a fin de cuentas, la curiosidad que despertaba en mí no llegaba a ser, siquiera, una incomodidad. Pero resulta que estudiando la vida del ilustre don Pascual Cervera y Topete  —almirante de la Marina de guerra española allá por el 3 de Julio de 1898, al mando de una de las dos Escuadras supervivientes hasta tal fecha, haciendo realidad la profecía de Cánovas del Castillo de que España solo se desprendería de las Antillas y del resto de su Imperio de Ultramar mediante otro Trafalgar—, en su época como ministro de Marina (14 de Diciembre de 1892-23 de Marzo de 1893) tuvo su particular affaire con el dichoso fondo y los más dichosos aún reptiles.

Don Pascual era un hombre de ciencia y números y durante toda su vida militar tuvo que enfrentarse con las matemáticas, no solo en números de toneladas de desplazamiento, de carbón, provisiones o millas a recorrer. Como máximo responsable del Ministerio de Marina, repasando las cuentas a mano, sin ayuda de plantilla Excell ni Contaplus alguno, Cervera topó con una serie de partidas que iban desangrando poco a poco a la institución. Parecía una tontería, pero había dado con un pequeño fondo de reptiles con el que el Ministerio mantenía muchos estómagos llenos y sonrisas abiertas y el nuevo ministro no estaba por la labor de perpetuar tan malsana costumbre. Y esto lo sé yo tras hacer un curioso análisis de la obra de Alberto Risco «Apuntes Biográficos del Excmo. Sr. D. Pascual Cervera y Topete» (1920), habiendo dado con el dato en la página 177, correspondiente al capítulo XIII, a modo de coletilla a las reformas incómodas que encabezaba el nuevo ministro, como fue la creación de una Subsecretaría de Marina, que recayó sobre los hombros del contralmirante don Luis Martínez de Arce. Ambos altos oficiales compartieron largas horas de despacho y quebraderos de cabeza, pero mejor dejemos que sea Alberto Risco quien, con su pluma, nos ilustre:

«El primer hallazgo de ambos, al buscar ahorros por el Ministerio, fue de los que dejan en éxtasis al hombre más despreocupado y bonachón.

»—Don Pascual —le dijo una vez (el contralmirante Martínez de Arce)—, he encontrado un renglón por donde puedo pasar el lápiz rojo.

»—¡Hola!, ¡hola! ¡Venga ese rengloncito que en la mano tengo el lápiz! —contestó el ministro con cara sonriente.

»—Es un rengloncito muy corto, no tiene más que dos palabras: ¡La Prensa!

»Cervera se quedó con el lápiz en alto, apuntando con él al techo; o no comprendía la palabra prensa o esperaba que bajase del techo el enemigo para ensartarle. Don Luis prosiguió:

»—¿Quiere otra frase más larga? Pues ahí va. El fondo de reptiles.

»—¡Canastos! ¡El fondo de…! —Y el lápiz rojo apunto a la alfombra, como si de sus orillas, ribeteadas de paño, comenzase a salir un enjambre de aquellos ofidios.

»—Enristre el lápiz y verá salir reptiles.

»Entonces comenzó el subsecretario a leer cuentas de suscripciones a periódicos que o no venían al Ministerio o venían dos ejemplares, pagándose de ellos las suscripciones a docenas. Cervera veía visiones. Aquello era un despilfarro o, mejor dicho, un timo.

»El fondo de reptiles quedó tapado, pero estos no tardaron en asomar por otro boquete la cabeza, pidiendo su ración.

»Pocos días después de darse de baja el Ministerio a multitud de inútiles suscripciones, se presentó el directo de uno de ellos, de uno de los de cuarto orden, que vivían de la basura recogida entre las heces sociales, queriendo hablar con el Ministro. Arce quiso ahorrarle a su jefe el mal rato y contestó que no estaba visible; que tratase el asunto con él.

»—Vengo solamente a manifestarle al señor ministro los perjuicios que me ocasiona la supresión de las suscripciones del Ministerio (eran unos cinco duros mensuales) y a rogarle que…

»—¡Ah, vamos! Pues ese negocio es de mi incumbencia y se ha dicho por convenir así; de modo que…

»—¡Fíjese, señor general, que mi periódico ha estado siempre a la devoción del Ministro y…

»—Lo cual es esta a la devoción de la justicia y…

»—Y es que, si me priva de esa subvención, me veré obligado a cambiar de táctica.

»—Haga lo que guste; pero el señor ministro de Marina necesita ese dinero para comprar barcos que defiendan la Patria. Así que si no dese más…

»El director del periódico salió echando venablos y, al día siguiente y al otro y al otro, se desató en infamias y calumnias contra todos los que tenían que ver algo en el Ministerio de Marina.

Huelga decir que los siguientes proyectos de Cervera como ministro fueron convenientemente torpedeados por los reptiles, quienes no le abandonaron cuanto duró su carrera profesional, pues fueron los mismos que en Junio de 1898 pintaban al almirante de risible gallina, clueca y cobarde, de senil uniformado, de incapaz, por no atreverse a salir del puerto de Santiago de Cuba a puerta gayola, esperándole de frente sesenta navíos enemigos, erizados de cañones de mayor calibre que los españoles, pues “con la enseña patria en los mástiles, no se puede salir derrotado”. Es así de triste, pensar que la guerra hispano-americana fue fraguada en los fogones de tinta e imprenta, al igual que su triste final, pues Cervera recibió la orden de salida inmediata por parte del general Blanco oficialmente ante la inminente capitulación de Santiago de Cuba, con el peligro de que la escuadra intacta fuera capturada y extraoficialmente por la opinión pública caldeada por ciertos periodistas que hacían astillas con el mástil patrio y los sillones del Congreso de los Diputados.

Lectura de 3 de Mayo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 753,5 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 15º
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martes, mayo 02, 2017

Guardia de cine: reseña a «Spectre»

Título original: «Spectre». 2015. Acción, thriller. RU-EEUU. 148 min. Dirección a cargo de Sam Mendes. Guión de John Logan, Neal Purvis, Robert Wade y Jez Butterworth. Elenco: Daniel Craig, Christoph Waltz, Léa Seydoux, Ralph Fiennes, Mónica Bellucci

Historia y guión muy trabajados para presentar a un Bond más complejo, serio y oscuro; una digna producción de cine de espías ,sin renunciar a los elementos propios de la saga 007

James Bond, letal e incontrolable, escapa nuevamente de la órbita del M16, cumpliendo una misión especial de la anterior responsable en el cargo de “M”. 007 se ha desplazado a México D. F. para asesinar, para tirar del hilo y comprobar que los hechos que se relatan en la magnífica «Casino Royale», la subestimada «Quantum Of Solace» y la prescindible por horrorosa «Skyfall» están íntimamente interrelacionados. No son hitos ni películas independientes y el Bond de Daniel Craig se verá envuelto en una maraña de muertes y recuerdos que se resuelve en «Spectre», descubriéndose por fin la terrible amenaza que se cierne sobre el orden mundial.

Esta última producción de Craig como protagonista, vestido de esmoquin y vaciando cargadores de su Walter PPK, es, en mi humilde y criticable opinión, la mejor de las cuatro (aunque IMDB no esté de mi lado). Aquí vemos con claridad al Bond asesino, hosco y desagradable, pero protector; atormentado y de porte militar. Quizá Craig sea el actor que mejor dote físicamente al personaje de Ian Fleming, aparte de Timothy Dalton. 

«Spectre» brilla por sus diálogos y por la creciente tensión que se va acumulando en un frágil dique que no es otro que nuestra butaca, condenada a reventar, obligando al espectador a lamerse los labios ante esta obra cumbre de la saga Bond.

Como acabo de apuntar, destacan sus diálogos, duros y propios de toda producción de cine de espionaje que se precie, cargados de cinismo, nihilismo y un extraño ánimo suicida, pero también impregnados de las terribles ganas de los personajes por seguir viviendo, de seguir respirando cuando apenas sacan la cabeza del agua. Diálogos que muestran hombres y mujeres con mayor fondo y juego, como en el caso de Money Penny y Q, que ya era hora que dejaran de ser meras comparsas para pasar a formar parte de la acción.

Al contrario que sucedió con «Skyfall», que no es más que un cajón desastre de recuerdos de los Bond anteriores metidos con calzador y sin orden ni concierto, «Spectre» recoge el testigo de la saga y la revitaliza sin olvidarse de un coche espectacular, de paisajes de ensueño, tanto naturales como femeninos; de un terrible asesino, de estatura gigantesca y prácticamente invulnerable, que nos recuerda al simpático Tiburón, pero que no agrada en este caso;  de viajar en un tren que termina destrozado durante una pelea o combate (no sé cómo a Bond se le sigue ocurriendo la mala idea de viajar en ferrocarril); y de retratar la preocupación del momento durante su filmación. Me tomo la libertad de extenderme respecto a esta última nota puesm si en «Solo se vive dos veces» encontramos el temor a la guerra termonuclear provocada por un tercero, si en «El hombre de la pistola de oro» damos con la crisis energética de la década de 1970, si en «Licencia para matar» el argumento se centra en el crecimiento incontrolado del mercado de la droga procedente de Iberoamérica hacia los EEUU o si en «El mañana nunca muere» hace lo propio con el peligro de una manipulación de la verdad por parte de los nuevos medios de comunicación, en «Spectre» el guión señala el uso de la información obtenida por redes de vigilancia global gracias a todo tipo de dispositivos y de los que no tenemos conciencia, con fines criminales (nos rasgamos las vestiduras cuando el Sr. Assange emerge de su cueva y usa el balcón de la embajada ecuatoriana en Londres como púlpito barato para decir esto y aquello sobre la CIA y su ciberespionaje, pero todo el mundo calla tan feliz ignorando a donde van a parar los miles de billones de datos que recaban diariamente empresas privadas dispuestas a vender su producto al mejor postor, importando bien poco si es adquirido por una empresa de lencería o por DAESH).

El malo-maloso, el líder de Spectre, no podía ser otro mejor que Christoph Waltz, quien brilla gracias a su natural encanto perverso, aunque no se le permite desarrollarse. Su personaje apenas luce en el metraje, ¿quizá porque se quiera hacer uso para futuras producciones? No sería descabellado, además, no muere (algo que en pocas ocasiones sucede a lo largo de la saga, pues solo recuerdo semejante supervivencia en «Al servicio de Su Majestad»). Sería todo un puntazo que Waltz volviera a ser la Némesis de Bond, importando poco el aire de despedida que Craig da a la cinta.

Como punto negativo, constante en la práctica totalidad de las películas de Bond, es la obsesión por doblar a las chicas con esos acentos extranjeros, insufribles y prescindibles en castellano, que obligan al espectador a enchufarse el “sonotone” o activar el menú de subtítulos pues no se les entiende cinco de cada diez palabras. Es curioso que solo ocurra con las mujeres. ¿Cuándo aprenderemos por estos pagos?

«Spectre» es digna, desprovista de bravatas y fantasmadas; seria y de acción que, aunque maree hasta la náusea al comienzo, merece ser aupada hasta los primeros puestos de la serie 007.

Lectura de 2 de Mayo de 2017 a las 1200 horas



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miércoles, abril 26, 2017

Ficha de fauna: Frailecillo del Atlántico






Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Aves
Orden: Charadriiformes
Familia: Alcidae
Género: Fratercula



En esta ficha de fauna vamos a prestar nuestra atención al frailecillo del Atlántico (Fratercula arctica), harto conocido entre los de su tipo y el único que habita en las aguas del océano Atlántico.

Esta simpática avecilla comparte muchas de las características propias de las especies aladas de las regiones polares, respecto a colores de plumaje y capacidad natatoria en un desarrollo adactativo-evolutivo extraordinario. Lo que destaca a primera vista del frailecillo es su colorido pico durante la época de apareamiento, que recuerda mucho a aves propias del Trópico por sus tonos anaranjados, azulados y amarillos, pero en cuyo interior se encuentra una lengua bien rasposa que le permite capturar y mantener prisioneros a más de diez pececillos de cada zambullida.

Como muchas aves de estos inhóspitos lugares, el frailecillo es otro de tantos que solo vuelven a tierra tan solo para reproducirse. En vuelo puede generar una velocidad de 88 km./h., es extremadamente rápido, siendo que su musculatura alar (y su diseño) le permite bucear con un control envidiable hasta los treinta metros de profundidad, sirviéndose de sus patas como timones. Es capaz de mantenerse en inmersión y sin tomar aire durante los 30 segundos, estando a la altura de los pingüinos (aunque no es la única similitud que guardan con los “estirados del frac”).

La cría es anual, poniendo bajo tierra un huevo por pareja que es incubado durante 40-42 días. Una vez que eclosiona, el polluelo superará un duro trance en la colonia hasta que, a las 7-8 semanas, ya se ve lo suficientemente fuerte como para echar a volar. Una cría tarda tres años en ser sexualmente madura, momento en el que volverá a la colonia para continuar con el ciclo reproductivo.

Aparte de este tipo de frailecillo del Atlántico, existen las siguientes especies y subespecies:

Especies
  • Frailecillo cornudo
  • Frailecillo Copetudo
  • Auklet Rinoceronte
Subespecies:

  • Fratercula arctica arctica
  • Fratercula arctica grabae
  • Fratercula arctica naumanni

Lectura de 26 de Abril de 2017 a las 1200 horas



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martes, abril 25, 2017

Guardia de literatura: reseña a «El resplandor», de Stephen King

Título original: «The Shining»
Random House Mondadori. Barcelona
Colección Biblioteca de Stephen King.
DeBOLS!LLO
Cuarta edición: febrero de 2009
ISBN: 978-84-9759-380-9
652 págs.
King, a lo largo de más de seiscientas páginas y mediante la revelación velada de su terrible situación familiar hacia mediados de la década de 1970, demuestra ser un maestro de las letras, desmontando, capa a capa, el corazón y alma de sus personajes

El filme «El resplandor» es uno de tantos condenados a la reposición en bucle en el canal de TDT de la Paramount, junto con la trilogía de «El padrino», las otras tantas secuelas de «Desaparecido en combate» y todas las cintas protagonizadas por Bruce Lee; por ello, soy uno de tantos que han visionado el comienzo y el final de la película más veces de las que puede recordar, pero ni un solo segundo de su parte intermedia. Esto supone para mí una excelente excusa para poder adentrarme lo más virgen y puro posible entre las páginas escritas por Stephen King allá a finales de la década de 1970, aun cuando he tenido que luchar como un jabato para apartar de mi imaginación el desquiciante rostro demente que siempre ha lucido Jack Nicholson y la careta de sapo histérico de Shelley Duvall (así como el doblaje al castellano de Verónica Forqué).

«El resplandor» no es la primera ni será la última obra firmada por King a la que traslada ciertos episodios de su azarosa vida. Cuando trabajaba en el cuerpo de esta novela, King se hallaba inmerso en uno de los momentos más difíciles y delicados como marido y padre de familia. Su fama de novelista le permitió dar un mejor futuro a los suyos, pudiendo incluso dejar de sentir el ahogo producido por las estrecheces económicas y el confinamiento dentro de una caravana; pero también había traído el alcoholismo, la drogadicción y hasta una afición descontrolada por el enjuague bucal. King estaba sumido en las tinieblas en su día a día, llegando incluso a no recordar detalle alguno de la fase de preparación y redacción de la novela «Cujo».

Con el acompañamiento de la fiel máquina de escribir, King se alejó de Maine y de sus adicciones recluyéndose en un hotel donde sucedían hechos de difícil explicación y que fueron nutriendo al ficticio, gigantesco y oscuro Overlook, la dosis terrorífica de la novela, la cual tiene, no obstante, su eje principal situado en torno a la familia y su degradación, conservándose la dualidad entre el padre y marido amado y el monstruo hecho a imagen y semejanza del Overlook.

El de Bangor es Jack Torrance, no hay duda; un hombre que ama y es amado, pero cuya adicción al alcohol le ha conducido a la violencia y desesperación dentro del seno familiar. King-Torrance contaba con el apoyo de sus seres queridos, a los que había llegado a causar daño físico, y quiere enmendarse; pero es más fácil decirlo que hacerlo.

King, a lo largo de más de seiscientas páginas, demuestra ser un maestro de las letras, desmontando, capa a capa, el corazón y alma de sus personajes; se recrea en la descripción de la relación entre marido y mujer, esa abrupta montaña rusa de constantes altibajos entre el amor y el odio, el entendimiento y los celos, entre el respeto y la humillación, que no solo afecta a la pareja, sino también a los niños, los grandes olvidados. Estos no necesitan de poderes extraordinarios o de esplendor alguno para entender el significado de los gritos ensordecedores o murmullos recriminatorios que se filtran a través de las finas paredes o por debajo de la puerta del dormitorio. King convierte a Danny Torrance en protagonista, pero también en temeroso testigo, quien sufre lo indecible ante un posible divorcio de sus padres y la desmembración de su familia. Pero, a la hora de adaptar la obra al cine, Stanley Kubrick obvió buena parte de la trama familiar, algo que contrarió a King, quien formuló todas las protestas posibles a un guión cuya faceta oscura y de terror supera a la del libro.

Los tres personajes principales están bien trazados y se enfrentan a la pesadilla del Overlook de distintas formas, como sucedería ante la destrucción familiar por parte de King; sin embargo, el desarrollo terrorífico de «El resplandor», como novela, deja bastante de qué desear pues yo anhelaba toparme con ese par de inquietantes gemelas, con la sangre irrumpiendo en el pasillo… Pero solo he sentido la inquietud en un par de momentos, siendo uno de ellos, necesariamente, cuando Danny se mete en los túneles de cemento del área infantil del hotel; siendo que los setos con formas de animales pasan de ser un excelente recurso en el primer encuentro con Jack a un absurdo a medida que el Overlook gana poder.

Lo que menos me ha convencido es el final de la pesadilla en sí, pues me cuesta creer que lo que anida en el hotel pueda abrir la puerta de la despensa en la que Jack permanece encerrado, pero necesita de este hombre convertido en monigote para bajar la presión de la caldera de gas y, así, evitar que explote; como tampoco me convence el regreso de Dick Hallorann (King repetiría misma línea con la esposa del protagonista de «Cementerio de animales»); elementos ambos que le sirven a King de excusa para salvar a Wendy y a Danny del golpe mortal con el que Jack los haría papilla bajo la maza de roqué (que no hacha).

Es una novela de larga duración que se lee con gusto, sacándose uno tiempo de donde sea para pasar al siguiente capítulo, como sucede con todo lo que escribe el señor King; bien trazada a nivel humano, permite adentrarse en un pasaje oscuro del pasado del autor (y sospechar hasta del nivel de delirio al que pudo llegar), siendo su epílogo correcto dentro de lo que cabe, en clara alusión a Tabita y a sus hijos, aquellos por los que King consiguió burlar a sus demonios, aquellos mismos que lo convertían en un monstruo sin rostro.

Lectura de 25 de Abril de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 754,5 (Variable). Nimbostratos
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jueves, abril 20, 2017

«Past The Point Of Rescue», Dixie Chicks



Last night I dreamed you were back again
Larger than life again, holding me tight again
Placing those same kisses on my brow
Sweeter than ever now, Lord, I remember how
Couldn't get enough of kissing
Do you know how much I'm missing?
No you don't, but I do
Days like a slow train trickle by
Even the words that I write, refuse to fly
All that I can hear is your song haunting me
Can't get the melody out of my head you see
Distractions I've been using
Do you know how much you're losing?
No you don't, but I do
I do And I wonder if I'm past the point of rescue
Is no word from you at all the best that you can do?
I never meant to push or shove you
Do you know how much I love you?
No you don't, but I do

Lectura de 20 de Abril de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 754 (Variable). Cúmulos
  • Termómetro: 18º
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martes, abril 18, 2017

Guardia de cine: «Lawrence de Arabia»

Título original: «Lawrence of Arabia». 1962. RU-EEUU. Biopic. 3 h y 36 min. Director: David Lean. Guion: Robert Bolt sobre la obra de T. E. Lawrence. Elenco: Peter O'Toole, Alec Guinness, Anthony Quinn, Omar Sharif

Un filme épico, pasional donde la Naturaleza y el Hombre convergen en la guerra, desnudando las almas de los combatientes. Una adaptación cinematográfica de la vida de Lawrence imposible de igualar

El comandante T. E. Lawrence, un hombre de apariencia física frágil y anodina, fue pieza fundamental en la contienda contra el Imperio otomano durante la primera guerra mundial, unificando a las diferentes tribus arábigas. El artífice de buena parte de lo que hoy se denomina Oriente medio. Un oficial que podría haberse contentado con el anonimato pero que escribió su propio destino entre las páginas de la Historia, quizá con algo de arrogancia, producto de su propia inseguridad, quizá con la vanidad de alguien demasiado honesto y arrojado.

Lawrence protagoniza una vida de leyenda no apreciada en su justa medida por sus contemporáneos. Por ello fue de Justicia que ese retazo biográfico quedara inmortalizado en una de las películas más grandiosas de Hollywood, con un Peter O´Toole magnífico, a quien acompañan actores de la talla de Omar Sharif, Alec Guinness y Anthony Quinn. Un filme titánico e innovador que arrastra al espectador, que se entrega sin resistencia, por las arenas durante más de tres horas de proyección. Y ha sido esto lo que me ha conquistado de esta producción: a pesar de su desmesurado metraje, no cansa y le mantiene a uno en la butaca, frente a la pantalla, importando bien poco la omnipresencia del silencio tan solo roto por el rumor del viento transportando toneladas de arena, a medida que el héroe sucumbe a los efectos de la guerra, la violencia y la crueldad. A pesar de que cualquier guionista y productor hubiera gustado tergiversar la historia y al hombre para trasladar a los carteles a un héroe más arquetípico y artificial, el Lawrence de la película retrata al hombre ajeno a lo bélico, que le repugnaba la sangre derramada, que cae en una espiral de irracionalidad que se desencadena, no cuando es torturado por los turcos, sino cuando ha de ejecutar, con su propio revólver de ordenanza, al soldado que salvó de perecer en el desierto, poniendo en riesgo más que su propia vida. Una espiral de locura que alcanza su punto de álgido con el salvaje e innecesario ataque a una columna de rezagados turcos; una matanza que llega a desagradar al sheriff Alí. Aunque Lawrence dará cuenta del horror en Damasco, cuando visita de incógnito el hospital militar donde se hacinaban dos mil soldados enemigos.

La grandiosidad del desierto se rebaja con un examen de la condición humana y la vileza de la guerra, único medio entre lobos de imponer la Ley, fundar imperios o  forjar libertades en un mundo ajeno a toda perfección o sublimidad

Más de tres horas de cine de primera clase, aumentadas con 17 minutos extra en la versión que he visionado; minutos no incluidos en la cinta original estrenada en España en la década de 1960. Y esto es lo que me ha disgustado, pues esos 1.020 segundos, desperdigados en secuencias previas, intermedias o de cierre de diversas escenas, no sobraban. Es más, eran necesarios para comprender en toda su dimensión lo que estaba sucediendo y al personaje central, así como las opiniones que de él tenían aquellos que le admiraban y seguían y aquellos otros que lo envidiaban y detractaban. No hablamos de escenas cortadas por cuestiones de censura. Aunque las han incluido en versión original, es de agradecer una versión tan completa.

«Lawrence de Arabia» es épica pura, una producción que supera las expectativas del más receloso. Se puso toda la carne en el asador y a cientos de extras sobre camellos y caballos en desiertos asiáticos y españoles, con toda la problemática técnica que esto suponía. Una producción de valientes para retratar una biografía que ya rondaba por el Hollywood de la década de 1930. Un retazo de vida que olvida referenciar al Lawrence de después de la Gran Guerra, como profesor y agitador. Se limita acertadamente a los hechos que le hicieron mundialmente reconocido, a unir el momento de su muerte, que abre la película, con el final del metraje.

Lectura de 18 de Abril de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 755,5 (Variable). Nimbostratos
  • Termómetro: 17,5º
  • Higrómetro: 43%

18 de Abril de 2017




miércoles, abril 12, 2017

Hasta el lunes

Si estos días los vais a vivir en constricción y emoción, dando los oportunos pasos por las autopistas y autovías rumbo al sol, la arena y las aglomeraciones, o ni una ni la otra, desde este blog, os deseo lo mejor y el próximo lunes, ya os aviso, ¡pasaremos lista!

Lectura de 12 de Abril de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 756,5 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 18º
  • Higrómetro: 44%

12 de Abril de 2017



martes, abril 11, 2017

Guardia de Literatura: reseña a «Kafka en la orilla», de Haruki Murakami

Serie Andanzas (Tusquets), nº 618
Tusquets, Barcelona. 2006
584 págs.
ISBN: 84-8310-356-7
Un argumento chocante, plagado de referencias oníricas que impiden una plena comprensión; provisto de cierto hálito lorquiano y hasta jungiano, que se funde con la sombra del propio Franz Kafka. Aún así, no puedes dejar de leer esta novela

La primera vez que tomé contacto con este autor nipón fue por medio del vetusto blog de Héctor García, Kirai. Uno de sus artículos reseñaba brevemente una de sus últimas obras de Murakami publicadas por aquel entonces, «1Q84». 

La segunda no sucedió hace tanto (aunque soy incapaz de precisar más) y fue a medio de una columna contenida en una revista especializada cuyo redactor pretendía hacer sangre de los hipsters, esa falsa y chorra última esperanza para un mundo chorra, de aquellos que creen que sus picudas y enlacadas barbas sirven de dientes de engranaje para que la Tierra siga girando sobre su propio eje. En esa columna en cuestión se arrojaba luz sobre la última y perversa tendencia de aquellos que quieren dar a entender al resto, sin ningún tipo de rubor pero con sobrada pedantería, que leen. El jocoso autor lamentaba que Gabriel García Márquez hubiera sido destronado por Haruki Murakami en este oficio de adornar las mesitas de las terrazas y los pechopaloma abiertos con la portada de alguno de estos libros perfectamente orientada hacia el transeúnte o forzoso compañero de al lado. “Mira, observa, contempla, espíame a hurtadillas o no. Abre la boca e inclínate ante mí para recoger el desperdicio de mi orgasmo. Yo… YO LEO”.

La tercera vez ha sido hace nada. Recibí un mail, como sucede cada jueves, de una web que vocifera novedades y ebooks en oferta. Y entre tanto título desazonador, se coló «Kafka en la orilla». Le dediqué un segundo a la sinopsis, a conocer superficialmente la historia de un tal Kafka Tamura, un chico de quince años que se escapa de casa, atormentado ante la profecía que le repite constantemente su padre: está destinado a compartir el destino trágico de Edipo. Y junto la de Tamura, corre paralela la vida de Satoru Nakata, un sexagenario que, durante la segunda guerra mundial, sufrió los efectos de un incidente que podría calificarse a priori como OVNI, por cuya culpa regresó del coma como una hoja en blanco, sin recordar una sola palabra, ni su nombre, quedándose en un estado rayano a la deficiencia mental, aunque acabase aprendiendo a comunicarse con los gatos. Ambos personajes terminarán por converger en una biblioteca muy especial.

Por alguna razón, llamémoslo X, me interesó el argumento y fui en busca de «Kafka en la orilla» a la biblioteca pública con la sana intención de cargar hasta casa con un desvencijado volumen, víctima del maltrato perpetrado por los usuarios que me precedieron, escasamente respetuosos con la propiedad común.

La historia que trata de transmitirnos Murakami se divide, a su vez, en dos, siendo que la protagonizada por Kafka Tamura está narrada en primera persona y la de Satoru Nakata en tercera u omnisciente. El argumento es chocante en sí mismo, plagado de referencias oníricas que impiden una plena comprensión (perdón por mis escasas luces) de lo que el autor ha querido dar a entender; no solo por la vinculación de las escenas con la tragedia del rey de Tebas, sino por cierto hálito lorquiano y hasta jungiano que se funde con la sombra del propio Franz Kafka, escritor éste del que en la vida he sido capaz de leer un libro entero. Aún así, no puedes dejar de leer «Kafka en la orilla», una historia en la que los propios protagonistas, extraños de por sí, se encuentran con sus alter ego imaginarios, incluso con forma de cuervo, y cuyas vidas se ven cruzadas por la inclusión de carta personales e informes militares, o la aparición de seres de otras dimensiones, gatos que hablan o lluvias de caballas y sanguijuelas, a lo que hay que sumar un plantel bastante único de personajes secundarios (o no tanto) que aportan su granito de arena en el casi quijotesco deambular por Japón de Kafka y Nakata, como son Sakura, Ôshima, la señora Saeki u Hoshino.

Si Kafka ha de luchar contra su destino y la profecía que lo compara con Edipo —la cual cree que se está cumpliendo cuando una noche se despierta cubierto de sangre, a cientos de kilómetros de casa y del cuerpo muerto de su padre, asesinado, o mantiene relaciones sexuales con la señora Saeki, de quien sospecha que podría ser su madre desaparecida once años atrás—; Nakata presencia cómo su apacible vida se desmorona al tener plena conciencia de que las secuelas del incidente en el que se vio envuelto de niño durante los últimos meses de la segunda guerra mundial le privó de algo más que de la memoria y de la facultad de leer y estudiar, arrinconándolo a una condición cercana a la deficiencia mental: le privó de la mitad de su sombra y su especial percepción le condena a enfrentarse a un desagradable ente al que hay que destruir.

Como he dicho en su momento, es una novela que tiene su aquel, pues no la apartas un momento de ti y sigues y sigues leyendo hasta alcanzar la última página, importando poco que te rodeen las sombras burlonas de la incomprensión. Quizá el lenguaje empleado por Murakami, bastante llano y divertido en bocas como la de Hoshino, permite capear la mar picada cuando nos planta en la cara alguna perorata intelectual y filosófica. Pero el formarse una opinión razonada y fundamentada de esta novela se me antoja como una tarea ardua, hercúlea, aún con mi experiencia en estos lances y duelos. No sé qué deciros, qué idea exponeros a pecho descubierto, salvo que me parece, al final, una novela incompleta. 

«Kafka en la orilla» es una inmersión en la vida de unos personajes muy extraños, entre los que fluctúa un mundo real y otro onírico o, incluso, paralelo; hombres y mujeres en el borde del mundo, como diría el gato llamado Toro

Lo mejor será que, si tenéis ánimo y espíritu (y os interesa), leáis «Kafka en la orilla» y os forméis vuestra propia opinión.