La singular baliza de la isla de Tambo
En el extremo meridional de la isla de Tambo, en plena ría de Pontevedra, se alza uno de los faros más peculiares de la costa gallega. Situado en la península de Tenlo Chico, este pequeño edificio destaca por su torre troncocónica y, sobre todo, por una escalera helicoidal exterior que asciende hasta la linterna. Sin embargo, antes de detenernos en sus características, conviene conocer la historia de la isla que lo alberga.
Con apenas veintiocho hectáreas de superficie, Tambo conserva vestigios de la presencia humana desde la Edad del Bronce, entre ellos los restos de un castro. Durante la Edad Media fue refugio de ermitaños y monjes benedictinos, hasta que la incursión de Francis Drake en 1589 alteró aquella aparente tranquilidad.
La desamortización de Mendizábal puso fin a su vinculación religiosa y abrió una nueva etapa en la historia de la isla, que pasó a utilizarse como lazareto para la cuarentena de marineros. En 1889, tras el incendio ocurrido dos años antes, sus instalaciones se destinaron a penitenciaría militar.
Décadas después, Tambo quedó vinculada al palacio de Lourizán tras su adquisición por Eugenio Montero Ríos. La relación con la familia no se prolongó demasiado: en 1940, sus descendientes vendieron la isla a la Armada española para su utilización por la Escuela Naval Militar, que la destinó a arsenal.
La importancia militar de Tambo fue decayendo con el paso del tiempo. En 2002, el Ministerio de Defensa dejó de considerarla un enclave estratégico, circunstancia que favoreció el progresivo deterioro de sus instalaciones. La situación cambió en 2022, cuando Defensa cedió la isla al Concello de Poio por un periodo de veinticinco años. Desde entonces, el acceso civil se articula mediante visitas guiadas autorizadas, mientras que el control y la vigilancia continúan en manos de la Escuela Naval Militar.
Es en el extremo sur de este territorio donde se encuentra el faro de Tenlo Chico, construido en 1922 como resultado de la aplicación de la Real Orden del Plan General de Balizamiento de la Ría de Marín, aprobada en julio de 1916.
El proyecto original, firmado por Joaquín González Díaz en 1918, fue posteriormente reformado por el ingeniero de caminos Ramiro Pascual y Lorenzo. La torre, levantada en hormigón armado y revestida de sillería, presenta una forma troncocónica. Su elemento más característico es la escalera helicoidal exterior, que permite alcanzar la linterna, situada a dieciocho metros de altura.
El faro comenzó a funcionar el 30 de noviembre de 1922. En su configuración inicial emitía una luz blanca de ocultaciones equidistantes, con un alcance no inferior a quince millas náuticas. Las reformas efectuadas en 1955 y 1980 modificaron sus instalaciones, hasta las actuales con alimentación mediante paneles solares y una linterna equipada con luces LED. La señal luminosa consiste en tres destellos blancos cada nueve segundos, visibles hasta una distancia de once millas náuticas.
La singularidad de Tenlo Chico se comprende mejor al conocer que no fue una construcción aislada. En Cabezo do Medio, en Bueu, existió una torre gemela que desapareció en 1939, cuando el oleaje de una fuerte tormenta la derribó. Nunca llegó a reconstruirse, por lo que el faro de Tambo quedó como testimonio de aquel diseño compartido. La luz de Cabezo do Medio fue sustituida por la boya de Cabezo de Morrazán.
La torre de Tenlo Chico constituye hoy uno de los elementos más singulares y fotografiados de la isla.





















