martes, enero 27, 2015

Buscando una explicación para la enigmática expresión española “me cago en ros”

Nuestro verbo es rico en expresiones bastante originales y malsonantes. Por desgracia, muchas de ellas son de tinte blasfemo sin necesidad, pudiéndose expresar nuestro enfado y frustración de otras formas más decorosas. Por suerte, hay quien ha sabido conjugar una expresión malsonante y blasfema y convertirla en algo más suavizado, sin tener que mentar a Dios ni ofender a aquellos que sean más creyentes.

Probablemente, la de "mecagontó" sea la más popular, pero hay una expresión que siempre me hizo especial gracia y que es “me cago en ros”. 

¿De dónde procede este curioso "me cago en ros"?

La explicación puede bien deberse a que se mute Dios por ros, pero todas estas formulas tienen una génesis a la que le gusta jugar a la confusión. No tiene que ser tan simple.

En nuestro día a día hay decenas de expresiones militares que se han colado en el lenguaje común, algunas de ellas datadas en el s. XVII como el “vete a la porra” o “me importa menos que un pito”; así que ésta también puede ser una de ellas.

Ros, según el Diccionario militar escrito por el capitán retirado J. D’W. M. y publicado en 1863, “es una especie de morrión de fieltro, muy ligero y de poco peso, inventado en 1855 por el general Ros de Olano”, quien le da nombre y lo introdujo como prenda del uniforme regular ese mismo año de 1855, siendo este general el director general de Infantería.

Grabado del general Ros de Olano

Otras definiciones más concretas de ros son las siguientes:

"Gorro militar, especie de chacó pequeño, con visera de forma cilíndrica de fieltro con tapa charolada y más alto por delante que por detrás".

"[...] cubrecabezas que más se acerca al programa de cualidades asignadas a las prendas de cabeza. Es ligero, no embaraza al soldado en cualquier posición que se coloque, es bastante resistente dada la protección contra los golpes que con otras condiciones esenciales puede aunarse, y estable hasta el punto de caer heridos los que lo llevan sin que por ello se separe de la cabeza; pero aun con todo esto tiene pecados capitales, cuales son 1º que la imperial, de charol negro, en cuanto los rayos del sol la hieren, absorbe y transmite a la cabeza intolerable calor, por estar en contacto con ella muchas veces y demasiado próxima siempre, y 2º que no puede por sí solo impedir que el agua llovediza, ya directamente, ya después de haber resbalado por su superficie, se introduzca por el cuello y moje la espalda y las prendas interiores" (Calonge).

El ros es visto por primera vez en las testas de los miembros del batallón de cazadores de Madrid Nº 2 y el diseño fue inmediatamente adoptado por la Infantería, Artillería, Caballería ligera, Infantería de marina y el Cuerpo de carabineros del Reino.


Cuadro titulado "Descanso en la marcha", de Gil José Benlliure. El óleo retrata un alto en el camino de una unidad de soldados gubernamentales durante un momento dado de la tercera guerra carlista. Se puede apreciar su particular ros, cubierto por tela blanca y con cubrecuellos, lo cual lo asimila en gran parte al kèpi blanc francés.

Si uno se molesta en bucear en los archivos gráficos de la franja histórica marcada a partir de mediados del s. XIX, verá que allá donde haya soldados habrá un ros en cada cabeza, prenda que se conserva únicamente y a día de hoy como parte del uniforme de gala básico de la Guardia real, ya que fue suprimido por Orden Circular de 14 de Enero de 1933 y sustituido para todo el Ejército y de forma reglamentaria por el casco de acero propuesto por la fábrica de armas de Trubia, que servirá de cubrecabezas para la Tropa en gala, campaña y maniobras.

Asimismo, mentar que debe mucho al ros la actual gorra de la Guardia civil así como la de uniforme que adoptó el Ejército de Tierra desde 1958.

Pero volvamos al improperio en sí, cuya cuestión no es simple.

Siendo que el ros era una prenda de cabeza, la frustración de aquel que lance al éter tal expresión bien puede traducirse como la de que está tan jodido que ya haría sus deposiciones en su mismo morrión o en el del vecino.

¿O puede ser una referencia expresa al general Antonio Ros de Olano y Perpinyà, abogado y escritor del romanticismo español además de hombre de armas?

Su biografía militar es un contrasentido constante. Primero estuvo a las órdenes del militar y guerrillero Martín Xavier Mina Larrea (patriota en 1808 y traidor en 1816) en la primera guerra carlista y confabula para la caída en desgracia de Baldomero Espartero, pero asciende al generalato isabelino y la propia monarca le concede el título nobiliario de conde Almina.

Ros de Olano se distinguirá en la guerra de África (1859-1860), conflicto en el que se verá que vascongados y catalanes quieren demostrar que son más españoles que nadie.

Luego, en 1868 y tras amasar dos títulos nobiliarios más, toma partido en el éxito de la Revolución Gloriosa, aunque baja las orejas durante la Restauración borbónica, alineándose con Práxedes Mateo Sagasta.

Yo, en mi humilde opinión de fugaz estudioso, creo que la expresión “me cago en ros” tiene más que ver con la prenda militar o su inventor que con Dios.

Y Vds., ¿qué creen?

Oficial abanderado del cuerpo de Cazadores de Infantería hacia 1860. Uniforme de gala (Jesús Bartolomé)


1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo... me cago en ROS!!!