lunes, septiembre 05, 2016

Crónica de una visita a Ferrol y su Arsenal

Entrada principal del Arsenal: la puerta de diques

La ciudad de Ferrol huele a tierra recién rociada por la lluvia de Historia; a salitre, madera, sangre y granito; pero su aspecto es el de un lujoso manto devorado por la polilla del abandono, hecho jirones por la zarpa infecciosa del urbanismo decadente de los años 1970. Dar un paseo por las calles de su casco antiguo dista mucho de ser agradable: suelos y aceras deformados y hundidos, edificios en ruina por doquier y la pérdida de brillo de un pasado digno en claro contraste con las encaladas paredes de su Arsenal, auténtico faro de la ría y de los tiempos ilustrados que vivieron nuestra nación.

Hacía mucho que deseaba poner pie en este tierra tan al Norte, tan observada por mí a través de catalejos prestados, textos y fotografías de otros; conocer qué esconden sus gruesos muros entre los que uno siente esa corriente especial y electrizante que embarga a cualquier aficionado que le resulten familiares términos tales como maroma, mamparo, sollado o cualquier otro de la amplia jerga marinera.

Atraídos por la puerta del Centro de Herrerías, accedimos a la parte del Arsenal donde se levanta el antiguo cuartel presidio de San Campio y las forjas (edificio Herrerías), que albergan hoy día el museo y biblioteca naval y el museo de la construcción naval “Exponav”, respectivamente, separados por una plaza en la que se emplaza (creo, pues no lo pregunté) el palo del R-11 Príncipe de Asturias.

La colección de anclas nos invitó de forma ordenada a encaminar nuestros pasos, en un primer instante, al museo naval, bajo cuyas bóvedas (y sin ser capaces de pasar por alto las letrinas, que están tal y como cuando eran utilizadas por los inquilinos del presidio), el visitante se sumerge en siglos de Historia; un chapuzón agradable que es el inicio de un trayecto a los largo de diez salas, a cual mejor trazada y cuidada en cuanto a su contenido, aportándose elementos del día a día en un buque de Su Majestad Católica y del desarrollo tecnológico posterior hasta el Presente, con equipos y pertrechos de todo tipo: desde coys, pasando por fusiles, para terminar con ollas de depuración de agua dulce rescatadas del pecio de la fragata Magdalena, con un despliegue de dioramas, maquetas e instrumental científico que en nada ha de envidiar a su hermano mayor madrileño.


Tríptico del Museo Naval de Ferrol


Barridas todas las salas, tratando de no obviar ninguno de sus silenciosos secretos (tarea prácticamente imposible en una sola visita), abandonamos el edificio con pesar, considerándolo como un lugar magnífico para las tardes lluviosas de invierno o cualesquiera otras; tras lo cual enfilamos hacia el edificio Herrerías, aperturado el 10 de Marzo de 2008 tras un tremendo esfuerzo y en el que nos introducimos en el también criptográfico mundo de la construcción naval; sin embargo, permanecer en su interior dista mucho de ser considerado como agradable y no lo digo porque aquí haya que aflojar el bolsillo por una miseria: es oscuro, frío y húmedo (de esto último da buena cuenta el forastero al acumulársele cierta incomodidad creciente entre el pecho y el paladar, signo evidente de que la irritación de garganta está servida o algo peor, a semejanza de lo que ya sufría la amable chica del mostrador, que a punto estuvo de verse en el brete de dirigirse a los visitantes por medio de la mímica).


Tríptico de EXPONAV

Este edificio de Herrerías posee elementos muy interesantes, como parte de la roda y la proa de la fragata Magdalena y la representación de un sollado de un navío del s. XVII y de una moderna fragata FFG, además de múltiples elementos que te transportan al pasado de la construcción naval. Pero, como he dicho, los tres epítetos que nos mereció este lugar nos recomendaron reducir al mínimo la visita y salir al exterior sin mirar atrás.

Hacia las 1230 horas, tras la penuria de encontrar una administración de lotería por el “¿y si toca aquí?”, dio comienzo a nuestra odisea por dar con un lugar donde calmar y colmar nuestros estómagos. Y como suele suceder en estas situaciones, uno encuentra de todo menos lo que busca: como modernos Odiseos, tras dar con nueve farmacias en una sola calle y deambular torpemente durante dos horas por unas calles faltas de cariño institucional, dimos con un restaurante digno a cuarenta metros del primer lugar en el que asaltamos a la amable vecindad local. El problema es que nos mandaron a la otra punta de la ciudad, terminando, tras un amplio giro por esquinas donde ninguna Circe o sirena se dignó en guiñar el ojo, de vuelta a los aledaños de la plaza de la Constitución, en la calle Pardo Baixo, donde se encuentran algunos interesantes restaurantes y precios, que me molesto en recomendar, pues, por primera vez en una visita a una ciudad gallega, nos quedamos satisfechos sin que por ello nos hayamos sentido víctimas de un atraco a mano armada.

Con los estómagos silenciados volvimos al nivel de la larga muralla del Arsenal. Ante la conocida Puerta de los Diques del Arsenal observamos que se iba acumulando gente que para nada parecía personal militar o civil adscrito al perímetro. Se habían subido las barreras para permitir la visita a la fragata buque escuela ARA Libertad, que acababa de echar el amarre, siendo su cubierta invadida por una horda de curiosos sin otra cosa mejor que hacer que estimular la confraternización. Supuso nuestro viaje más “largo”  y corto sin movernos casi del sitio, una teleportación a Argentina con solo subir con agilidad una escala y bajarla con la incomodidad extra creada por la pleamar, tras un cuarto de hora meciéndonos en un mar plano como un espejo; y una buena excusa para ir matando tiempo hasta que diera comienzo a la visita guiada al recinto de la Armada, programada para las 1800 horas (habiendo preferido que la caminata de dos horas se hubiera procedido en un momento concreto entre el café que cerraba la comida y la formación del grupo de visitantes autorizados y no antes).

La visita al Arsenal dio inicio a las 1800 horas, encabezada por Isabel y su paraguas amarillo, volviendo (por nuestra parte) a acceder por la Puerta de Diques y ante la mirada extrañada de uno de los infantes de la Policía Naval. A la sombra del monumento esperamos a que el oficial de guardia diera el visto bueno y nos hiciera compañía con paso lánguido y cara de tener mejores cosas que hacer, pero las órdenes no se cuestionan, se cumplen.


Fuimos haciendo un recorrido de Oeste a Este, pasando por el interior de la impresionante Sala de Armas y ante la batería de retaguardia del baluarte de San Juan, así como a la sombra proyectada por las fragatas F-100 en sus amarres, “enfriándose” para pasar un tranquilo fin de semana ferrolano. Una visita de hora y media que resultó apasionante y cargada de detalles, aunque nosotros nos encontrábamos particularmente saturados de barcos por aquel día o abrumados por las agujetas post-búsqueda de pitanza que amenazaban con colarse en nuestras vidas sin autorización, o las casi dos horas en la AP-9 que nos separaban de casa y los consabidos rifirrafes sobre el asfalto a los que parezco condenado con conductores de vehículos alemanes, cuya potencia teutona les vuelve gilipollas o algo por el estilo; por lo que, de vuelta al exterior, nuestras mentes y cuerpos se escaquearon de los últimos segundos de visita, lo cual espero que no se haya tomado a mal por parte de nadie.

Navantia, el cuartel de los Dolores y los castillos de San Felipe y La Palma, puntos 6, 7 y 8 que cierran la Ruta de la Construcción Naval de Ferrol y el edificio de la Capitanía tendrán que esperar a otra ocasión, que esperamos no se retrase mucho en el tiempo; de todos modos, ese día de primeros de Agosto de 2016 lo guardaré cálido en la memoria gracias a mi pasión por la cultura naval.

A continuación, os dejo un completo reportaje fotográfico que registró aquella visita:

Lectura de 5 de Septiembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 758 (Variable). Despejado. 
  • Termómetro: 22º
  • Higrómetro: 40%

jueves, septiembre 01, 2016

¡Comienza el crucero 2016-2017!


El periodo graciosamente concedido para disfrutar y apurar nuestro corto verano ha tocado, como es irremediable, a su fin, habiendo llegado también el momento en el que debemos zarpar para nuestro crucero 2016-2017, al que estáis invitados todos y cada uno de vosotros.

Mientras las calderas van tomando calor (y yo también, pues creo que va a ser más duro de lo acostumbrado), es decir, durante las dos próximas semanas y para abrir boca, seré vuestro guía a través de un amplio reportaje fotográfico con el que accederéis al Museo Naval de Ferrol y a Exponav, en el centro Herrerías de Ferrol, así como subiréis a bordo de la fragata buque-escuela Libertad, de la República Argentina y visitaréis el Arsenal de Ferrol, destacando el Salón de Armas.

Y, como siempre, seguiréis contando con actualizaciones diarias del estado del blog, alimentando nuestro conocimiento con secretos del pasado, así como con las secciones clásicas del mismo.

¡Os espero abordo!

Lectura de 1 de Septiembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 757 (Variable). Despejado. 
  • Termómetro: 23º
  • Higrómetro: 39%

viernes, julio 29, 2016

Hasta Septiembre



Cuando llegan los últimos días de Julio, estas viejas cuadernas comienzan a quejarse y al casco le cuesta moverse por las aguas como un alma en pena.

Son los momentos de poner proa a la base y, al abrigo de sus brazos de piedra, descansar cuerpo y mente lejos de toda obligación para con el Navegante del Mar de Papel; por lo que os emplazo para Septiembre, mes en el que volveremos a surcar los mares de la Historia, la Imaginación y aquellos a los que nos empujen los caprichosos céfiros.

Lectura de 29 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 756 (Variable). Despejado. 
  • Termómetro: 25º
  • Higrómetro: 37%

jueves, julio 28, 2016

«Dancing Queen», ABBA



You can dance, you can jive, having the time of your life
See that girl, watch that scene, diggin' the Dancing Queen

Friday night and the lights are low
Looking out for the place to go
Where they play the right music, getting in the swing
You come in to look for a king
Anybody could be that guy
Night is young and the music's high
With a bit of rock music, everything is fine
You're in the mood for a dance
And when you get the chance

You are the Dancing Queen, young and sweet, only seventeen
Dancing Queen, feel the beat from the tambourine
You can dance, you can jive, having the time of your life
See that girl, watch that scene, diggin' the Dancing Queen

You're a teaser, you turn 'em on
Leave them burning and then you're gone
Looking out for another, anyone will do
You're in the mood for a dance
And when you get the chance

You are the Dancing Queen, young and sweet, only seventeen
Dancing Queen, feel the beat from the tambourine
You can dance, you can jive, having the time of your life
See that girl, watch that scene, diggin' the Dancing Queen

Lectura de 28 de Julio de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 757 (Variable). Despejado. 
  • Termómetro: 24º
  • Higrómetro: 36%