martes, marzo 08, 2016

Guardia de literatura: reseña a «El honorable colegial», de John le Carré


Series Colección Esfinge; 51.
Editor: Barcelona: Noguer, imp. 1978
Edición: 3ª ed.
Descripción: 651, 2 h., 2 h. con map. ; 19 cm.
ISBN: 84-279-0058-9.
Apenas adentrado en las primeras páginas de esta obra, el lector se puede dar perfecta cuenta de las razones que explican porqué la trilogía del autor por excelencia del género de espionaje, dedicada al esquivo y peligroso Karla, tan solo se ha quedado, en cuanto a adaptaciones cinematográficas y televisivas, en el primer volumen: «El topo». Con «El honorable colegial» cualquier guionista, bueno o pésimo, se las tendría que ver con una novela de más de 600 páginas, a reventar de palabras, personajes y sentimientos, y que no se quedan quietecitas entre los lindes de Londres, casi sin salir de los muros del Circus, como sucedía hasta entonces, sino que se lanzan con intrépido arrojo a una odisea que recorre buena parte del Sudeste asiático, obligando al lector a dar tumbos tras ese colegial tan honorable como es el periodista y agente británico Jerry Westerby y por las calles de la cosmopolita, nubosa y apestosa Hong-Kong, por los últimos días de la guerra de Vietnam, por la incertidumbre de Camboya y por la calurosa Bangkok. Una carrera de obstáculos con varios personajes detrás del protagonista y que se disputan un puesto en el drama que siguió a la captura del topo infiltrado en la alta cúpula de la Inteligencia británica.

Tras la caída de Bill Haydon, el Circus se encuentra devastado y en ruinas; una imagen muy distinta al aura de positivismo que podemos sentir cuando las adaptaciones de «El topo» llegan a su fin con un mensaje de “traidor cazado y perdices para todos”. El Servicio está en tela de juicio, hay despidos de personal, falta de presupuesto y recursos, inmovilismo y resentimiento desde Whitehall hacia todo aquello que pueda siquiera oler a George Smiley, nuevo director de Inteligencia, y que sigue obcecado con su lucha sin cuartel contra Karla, su alter ego, su grial negro.

En la contraportada, un crítico anónimo que trabajaba en Newsweek hace 35 años afirmó que «El honorable colegial» suponía el refinamiento y recopilación de toda la obra literaria de John le Carré. Una vez terminada la novela de cabo a rabo, por mi parte no puedo estar más de acuerdo con él o ella y con su corto teaser. Podría incluso llegar a asegurar que es una auténtica obra maestra de la narración y un libro de imprescindible lectura para todo aquel que tenga el propósito de aprender el oficio de escritor. Su forma de narrar cada movimiento de los personajes, la descripción de los mismos y de los lugares por donde pululan, hasta sus más superfluos e, incluso, profundos pensamientos, que se cuelan como un maravilloso fresco de Humanidad, conforman una constante lección a la que hay que tomar los debidos apuntes. 

A pesar de la excesiva longitud del texto, que incluso necesita verse dividido en dos partes, su nivel de detalle, claramente inspirado el autor en hombres y mujeres reales como los periodistas con los que trató y alternó en la colonia de Hong-Kong, permite que lleguemos a la convicción de que no le sobra un solo renglón; pero esto no soslaya la verdad: es una obra densa, compleja de seguir, una telaraña que va más allá del objetivo de “sigue el rastro del dinero” para dar con la siguiente pieza de caza. Incluso se podría acusar a le Carré de que se le fue de las manos el asunto, pues solo él sabe dónde se ha de tensar el hilo y si nos perdemos, bien podría ser por nuestra culpa o no.

Si no vamos a prestarle toda la atención debida a la novela, su lectura no resultará agradable, pues nos perderemos en cientos de recovecos en la trama y en los personajes, que siempre quedarán a la sombra entre las seiscientas y pico de páginas; siendo que solo tendremos clara la posición de Jerry Westerby y su particular historia de amor, lealtad y supervivencia en un mundo caótico, en un tablero de ajedrez superpoblado de piezas prescindibles.

(Lee la reseña a «La gente de Smiley»)

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