lunes, diciembre 11, 2017

Gratis «Kamikaze. Protectores del Reino Central de los Llanos de Juncos»


Entre hoy y el viernes día 15, podréis descargaros a vuestro ereader Kindle o soporte (previa obtención de la app en Amazon si no contáis ya con ella) mi ensayo histórico centrado en la figura y trasfondo de los pilotos suicidas japoneses durante la segunda guerra mundial, «Kamikaze. Protectores del Reino Central de los Llanos de Juncos».

No desaprovechéis la oportunidad.

Aquí os dejo el enlace: https://t.co/1480J3fpqH

Un saludo!

Lectura de 11 de Diciembre de 2017 a las 1200 horas



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martes, diciembre 05, 2017

Guardia de cine: reseña a «El mago de Oz»

Título original: «The Wizard Of Oz». EUU. 1939. 102 minutos. Blanco y negro y color. Musical fantástico. Dirección: Victor Fleming, George Cukor, Mervy LeRoy, Norman Taurog, King Vidor. Guión: Noel Langley, Florence Ryerson y Edgar Allan Woolf, adaptando la obra de L. Frank Baum. Elenco: Judy Garland, Frank Morgan, Ray Bolger, Bert Lahr, Jack Haley, Billie Burke, Margaret Hamilton, Charley Grapevin, Clara Blandick, Pat Walshe, Terry y The Munchkins.

El filme de Fleming muestra con sobresaliente claridad un camino de baldosas amarillas hacia la madurez y el encuentro de la identidad propia

Mítica y temprana adaptación cinematográfica de la obra de L. Frank Baum, considerada como una incursión literaria revolucionaria en cuanto al concepto narrativo; no obstante es el primer cuento  que introducen elementos que lo ubican en un momento cercano en el tiempo para los lectores y en un paraje inicial bien diferente al habitual. Tan solo el hacer que Dorothy (Dorita para aquellos que hemos visto la versión doblada hace al castellano) tenga Kansas por hogar, un territorio de un país nuevo, ya supone el abandonar las tramas envolventes de los cuentos clásicos que nos transportan a parajes de nombres ficticios de una Europa medieval o modernista en el mejor de los casos.

Adoleciendo cierto paralelismo con «Alicia en el país de las Maravillas», «El mago de Oz» se presenta como un periplo en búsqueda de la identidad propia y de la madurez, argumento exprimido hasta las últimas gotas y sin pudor por la Literatura y el Cine que, no por ello, pierde vigencia, pues alguien nos lo ha de recordar una y otra vez por culpa de nuestra errática, insegura y olvidadiza naturaleza. Un viaje a lo largo de un camino de baldosas amarillas donde hallar la fuerza de la amistad y una meta final esperanzadora.

Dorita es una chica que vive en la granja de sus tíos, en Kansas, cuya única preocupación lo representa la señora Gulch (quien en Oz será la bruja del Oeste), terrateniente y mujer fría y desagradable que la tiene tomada con el travieso perrito Totó. Por culpa de estas cuitas y por la amenaza de que todo el peso de la Ley caiga sobre el cuello del can, cercenándoselo de cuajo, Dorita huye de casa con su peludo amigo hasta que da con el doctor Maravilla, quien, con argucias baratas pero bienintencionadas, convence rápidamente a la muchacha de que vuelva a casa, desandando el camino, pero un tornado se lleva a Dorita, Totó y a la granja hasta el país de Oz, dejándoles sobre el cuerpo de la malvada bruja del Este, momento en el que se cruzarán en la vida de nuestra pequeña heroína hadas pomposas, enanos estridentes, espantapájaros que pretenden un cerebro, hombres de hojalata que ansían un corazón y descubrir los sentimientos, leones tras un valor que se hurta de ellos, árboles con muy mal genio… un ejército de monos voladores y una pérfida bruja, además del poderoso mago de Oz.

El camino de madurez que emprende Dorita se vislumbra con claridad, como el hecho de que sus tres amigos de fatigas ya atesoraban en su interior aquello mismo por lo que iban a rogar al mago que se les concediera; tan solo necesitaban darse cuenta de ello, para lo cual hace falta un inocente truco mental.

Pasados más de 75 años desde su estreno, es posible que «El mago de Oz» nos abrume con su profusión de canciones y bailes (es un musical, amigos míos); que nos resulte pesada y carente del suficiente dinamismo, pero las cosas son las que son y es una obra que ha maravillado a varias generaciones por su calidad, sobre todo a nivel plástico con un maquillaje, vestuario y efectos especiales fastuosos, con una especial dedicación a cada uno de los aspectos del fondo y con derroche de grandes dosis de imaginación.

En cuanto a las interpretaciones destaca Judy Garland en su papel de Dorita, aunque más bien en el aspecto musical (siendo ella la única a la que se le puede seguir en las canciones sin la ayuda de los subtítulos), siendo que sus tres compañeros en Oz dotan a sus respectivos personajes con una profusión de detalles de movimiento y personalidad únicos.

Historia con moraleja que, en cualquiera de sus formatos, sigue cautivando por su sencillez y por ser una puerta a un mundo diferente y fantástico que se anuncia como cercano, al otro lado de un tornado, realmente único; razón por la que las adaptaciones son incontables en el cine, la televisión y el cómic.

Lectura de 5 de Diciembre de 2017 a las 1200 horas



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jueves, noviembre 30, 2017

Resumen de publicaciones de Noviembre de 2017

Colaboraciones con HRM
—Artículo «Los US Camel Corps. Camellos y dromedarios en la expansión hacia el Oeste» http://www.hrmediciones.com/index.php/blog-rei/87-contemporanea/165-los-us-camel-corps
—Artículo «Breve semblanza de la Brigada de Carabineros Reales (1730-1823)» http://www.hrmediciones.com/index.php/blog-rei/88-moderna/168-brigada-de-carabineros-reales-javier-yuste

Reflexiones a la luz de la bitácora (opinión)
—Nada del otro “El Jueves” https://goo.gl/XxKsR1

Reseñas
—Reseña a la película dirigida y coguionizada por Billy Wilder «Uno, Dos, Tres» https://goo.gl/scLpp3
—Reseña a la novela de Michel Houellebecq «Sumisión» https://goo.gl/kvRwUi
—Reseña al film «Aliados», protagonizado por Brad Pitt y Marion Cotillard https://goo.gl/nQUwmW
—Reseña a la novela de John Steinbeck «La Perla» https://goo.gl/bn48tB

Lectura de 30 de Noviembre de 2017 a las 1200 horas



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martes, noviembre 28, 2017

Guardia de literatura: reseña a «La perla», de John Steinbeck

Luis de Caralt Editor SA, Barcelona
Séptima edición: julio de 1986
126 págs.
ISBN: 84-217-3134-3
Un recorrido inalterable por el alma humana gracias a unos personajes que flotan ante las retinas del lector y en los que se dan citan virtudes y pecados

Las parábolas son historias que nos llevan acompañando desde la más tierna infancia, desde el origen de los tiempos, dotando a nuestro intelecto de la conciencia de un término que, cuanto menos, suena bastante raro; tanto como para que lo aprendamos sin dificultad. Las parábolas son enseñanzas extraídas del vagabundeo de nuestra especie, narraciones que pretenden erigirse como señales de advertencia, con independencia de la edad de la persona que servirá de recipiente de las mismas una vez escuchadas o leídas. Y una parábola moderna es la que escribió John Steinbeck con «La perla».

Steinbeck fue un autor norteamericano que trasladó a sus textos vivencias propias y ajenas, desde las que confluyen en un triste y pobre poblado de pescadores hasta las calles desiertas de la Gran Depresión, pasando por los claros abiertos en la jungla de Vietnam. Y siempre lo hizo con una prosa elegante, inquieta e inquietante, retratando una realidad incontestable, carnal y desnuda; la máquina de escribir hería el folio en blanco transmitiendo un escenario compuesto por sentimientos, sensaciones y un trágico desenlace.

«La perla» es claro ejemplo plasmado de los esfuerzos de John Steinbeck por formar un universo de denuncia social y brutalidad sin respuesta justa. Un recorrido inalterable por el alma humana gracias a unos personajes que flotan ante las retinas del lector y en los que se dan citan virtudes y pecados. Kino es el hombre que quiere ser libre, que luchará por no perpetuar la pobreza en su familia, en Coyotito, su hijo; Juana, la esposa de Kino, es la encarnación del sosiego maternal y de la lealtad mal entendida hasta que la tragedia la quebrante y deje de caminar tras su esposo para comenzar a hacerlo a su misma altura; Coyotito, no más que un bebé, es el elemento aglutinador de una desgracia que puede trastocarse en oportunidad ante el encuentro de una perla fabulosa el mismo día que es picado por un escorpión: una perla que dará la oportunidad a Kino de torcer el futuro y burlar al Destino. A estos personajes se les unirán otros en una larga galería de rostros casi sin nombre propio en los que recalarán todos los pecados imaginables y muy pocas virtudes, acrecentando la distancia yerma que separa los pobres de los ricos. John Steinbeck no se limita a los pescadores de perlas, sino que pretende abarcar a toda una ciudad, sobre todo cuando describe las marchas de curiosos en busca del corrupto doctor, cuando Coyotito es picado por el escorpión, o cuando Kino se dispone a vender la Perla del Mundo, un granito de arena rodeado de secreciones de ostra que fascinará a los más humildes y a los más avaros; algo perfecto en apariencia que será el agujero negro que atraerá a la maldad, desfigurando a los hombres, alimentando su gula e ira homicida. Con razón Juana asegurará que la perla está maldita cuando ruega a su marido que se deshaga de ella; pero Kino es testarudo y quiere salir victorioso, desviarse del curso de agua apático en el que su raza lleva atrapada largos siglos. La perla es su clavo ardiendo y la sangre fluirá por las heridas abiertas por un cuchillo y una bala de plomo.

John Steinbeck no traza una historia de fácil digestión. Cuando abrí las tapas del libro por primera vez una sensación nauseabunda anegó mi espíritu, obligándome a aparcar la lectura. Algo rezumaba aquel libro en cuestión, pero dejó clavada en mi “agenda” un aviso, pues debía regresar a él, importando poco los meses que transcurrieran; hasta que me viera con fuerzas para ello. Y, al fin, el hijo pródigo se dejó ver y retomé «La perla», disfrutando de su corta duración en las que los paisajes naturales y humanos se deshacen como un ovillo de lana, creando una composición de fresca belleza y simplicidad, de ternura y desasosiego indescriptibles ante la injusticia que se cebra siempre en los pobres y en los trabajadores. Ni siquiera la luz les mira con buenos ojos y Kino pagará alto precio por su osadía, al pretender cambiar el rumbo de sus días, tomando la senda del mal.

Lectura de 28 de Noviembre de 2017 a las 1200 horas



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miércoles, noviembre 22, 2017

martes, noviembre 21, 2017

Guardia de cine: reseña a «Aliados»

Título original: «Allied». 2016. 124 min. RU, EEUU. Acción, drama y romance. Dirección: Robert Zemeckis. Guión: Steven Knight. Elenco: Brad Pitt, Marion Cotillard, Jared Harris.

Del amor a la traición solo hay una delgada línea. Quizá sean conceptos entremezclados en una película de espías bastante frustrante con Brad Pitt y Marion Cotillard a la cabeza

Convivir a diario con una persona no supone que la conozcamos, ni siquiera cuando se comparte con ella lecho y descendencia. ¿Podría ser una completa desconocida? ¿Puede existir en una unión así algo más que amor, recelos, compañerismo y enojos? ¿Secretos de guerra? Este y no otro es el argumento de «Aliados», un filme basado de puntillas en una historia real y que pretendió devolver a las salas algo del perdido glamour vital del cine de espías de época, de la mano de un Brad Pitt lineal y de una Marion Cotillard de escaso brillo.

Max Vatan es un miembro de la Inteligencia de la Royal Canadian Air Force que se infiltra en Casablanca con la misión de atentar contra el embajador alemán en la ciudad, trabajando codo con codo con Marianne Beauséjour, una célebre miembro de la Resistencia francesa, huida tras caer toda su red en Europa. Obligados ambos personajes a interpretar el papel de marido y mujer, se da pistoletazo a la parte quizá más tediosa del filme que se fatiga subrayando la necesidad del infiltrado en conocer hasta el más recóndito recoveco de los lugares y personas que frecuenta, metido hasta la médula en territorio enemigo; una primera mitad en la que la hostilidad inicial de Marianne hacia Max se va rebajando hasta el punto de que ambos se enamoran o eso es lo que parece, pero todavía no hemos llegado al momento en el que la sospecha asoma el hocico al otro lado de la mesa.

La segunda mitad del film transcurre en la húmeda Inglaterra, con Max y Marianne felizmente casados y como padres de una niña. Y si durante la etapa en el Norte de África se apreciaba cierta obsesión erudita, ahora caminamos entre cristales por culpa de la ingente cantidad de despropósitos históricos e incoherencias de guión que te obligan a intercambiar con tu compañero de filas no pocos chistes cortos y mordaces, pues la película pierde toda su seriedad, hasta el punto de tener que soportar una nueva y forzada inclusión de la escena lésbica de marras que es del todo prescindible. A mí también me pone ver dos tías morreándose e ir más allá, pero, señores… Por favor.

Es durante estas escenas dignas de reproche cuando un alto mando susurra al oído de Max que Marianne puede que no sea quien dice ser, pues los informes de Inteligencia dan a entender que la verdadera Marianne falleció antes de que diera comienzo la misión en el África francesa. La tumefacción de la duda comienza a socavar a Max, pero ama con locura a su mujer y, desobedeciendo órdenes, tratará de hallar pruebas que demuestren su inocencia; que no es una impostora.

La búsqueda desesperada de la verdad durante los últimos compases le insufla vida a la cinta, la cual había ido arrastrándonos por el tedio (una vez más) desde el atentado en la embajada alemana. La vuelta a la tortilla que destila (o debería destilar) a excelente trama de espías se producirá cuando Max duda ciertamente respecto a la lealtad de Marianne, pero toma la determinación de traicionar a su país para salvar a su familia de un destino que se les escapa de las manos con cada bombardeo.

Brad Pitt interpreta su papel de forma no muy entusiasta; es que no aporta nada que no hayamos visto hasta la saciedad en otros filmes: nada, lo cual es una pena pues, en el fondo, lo considero un buen actor. Por su parte, Marion Cotillard se zampa al amigo Pitt en cada secuencia, pero dista mucho de brillar, quizá por ser incapaz de salvar la bipolaridad de chica dura y amante esposa y madre, no pegándole ni con Loctite el sarcasmo tan descarnado del guión.

La película puede tener su interés por el fondo, por tratar de un matrimonio de espías en el que uno de ellos puede ser un agente enemigo; porque es una historia de amor en tiempos en los que se bebía la vida hasta la última gota, hasta el último poso de la botella, hasta la extenuación sexual. Pero cuenta con un final que a nadie coge por sorpresa y que carga con su chispa lacrimógena; se podría haber escrito y filmado algo mucho más digno en términos generales; aún así, podemos decir que el argumento es de esos que perduran, pero que esta producción es del todo prescindible.