martes, junio 28, 2016

Guardia de cine: reseña a «Ocho apellidos vascos»

España, 2014. Color. Humor(¿?). 98 min. Dirección a cargo de Emilio Martínez Lázaro. Guión de Borja Cobeaga, Diego San José. Reparto:Dani Rovira, Clara Lago, Carmen Machi, Karra Elejalde, Alfonso Sánchez, Alberto López, Aitor Mazo, Lander Otaola 

No tengo pensado extenderme más de la cuenta con esta reseña en cuestión; todos tenemos cosas que hacer de más provecho. Aún así, no me atrevería, además, a apostar a que ésta va a ser la más breve de entre todas las que podéis encontrar en esta Guardia de Cine del Navegante del Mar de Papel, pues podría equivocarme y no me he molestado en confirmarlo, si quiera; pero ahí van unas pocas palabras sobre un producto excesivamente cacareado a nivel nacional, que ha llegado incluso a vomitar una serie de televisión más agradable de ver (aunque tampoco sea ésta última santo de mi devoción).

Y, para variar, mis palabras llegan a este río de elocuencia o de majadería con cierto retraso (el que da la llegada a cuentagotas de DVDs a las novedades de la biblioteca pública). En frío. No me gusta balar al unísono con ningún rebaño de ovejitas felices.

Como vasco que soy, siempre he seguido, con mayor o menor interés, la trayectoria de “Vaya semanita” ("Euskadi Movie" o como se llame ahora, pues ha sufrido muchos cambios de nomenclatura sin saber yo la razón de ello), y sabiendo de su calidad humorística, bien podría ser que en la gran pantalla pudieran hacer algo digno. Pero ya se sabe: es más fácil hacer una buena película de un mal libro que de uno bueno; y respecto a programas de TV otro tanto, pues la película es gris y a mí, repito, como vasco, no me ha hecho ni puta gracia. Así, con todas las letras y diéresis, si las hubiera: lenta, mediocre, estúpida, insulsa, zafia, vergonzosa y con la misma chispa de un mechero roto (y no sigo porque mi cerebro no da para epítetos más profundos y elaborados (dejemos descansar al diccionario)).

Esta y no otra es mi opinión respecto a una película cuyo éxito a mí se me escapa por completo y eso que no soy un hipster de nariz atrampada con una pinza que se derrite ante cualquier cinta iraní o kazaja. No, por Dios.

En resumen: una lamentable pérdida de tiempo.