viernes, noviembre 05, 2021

Entrevista a Antonio Gil con motivo del lanzamiento de su obra «Flandes 1566-1573: rebelión y orden» (Cascaborra, 2021)

A nuestro amigo Antonio Gil, cuan Sísifo comiquero, le gusta subir constantemente la montaña. En esta ocasión ha tenido a bien guionizar y dibujar un álbum dedicado a la figura de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, tercer Duque de Alba, y su paso por Flandes («Flandes 1566-1573: rebelión y orden» (Cascaborra, 2021)). Y yo, con la ocasión, he tenido el gusto de poder entrevistarle para todos vosotros, confiando en que os adentréis en su trabajo.

Javier.- Uno, consultando tu bibliografía, percibe (corrígeme si es el caso), que tu área de confort y el de tus plumillas, en esto de la Historia militar, siempre ha sido el s. XX. ¿Qué te ha hecho desplazarte hasta el s. XVI para esta ocasión?

Antonio.- El área de confort mía es todo lo que sea historia, si bien estoy más especializado, por conocimientos y estudios, en la primera mitad del siglo XX. Siempre me ha apasionado (también) lo que va desde la alta edad media hasta  finales del siglo XVII. Lo de saltar al siglo  XVI  ha sido meramente por otra “espinita” que tenía y  que era, ni  más ni menos, que el Duque de Alba: uno de los personajes más complejos en la época más compleja de la Historia de España. Ya no sólo el Duque y sus acciones (agradables o no, es discutible) en Flandes, sino todo el entramado diplomático, geopolítico y lleno de intrigas hiper-difíciles que había ahí. Te aseguro que es mil veces más complejo este comic (entre documentación y eventos que ocurren en una línea de tiempo), que cualquiera de la primera o segunda guerra mundial. A lo mejor di ese salto porque me gusta meterme en berenjenales complicados. Otra cosa es cómo salga yo de ellos, aunque, por ahora, las críticas son excelentes, incluso viniendo desde historiadores  “milimétricos”. 

J.- Con tu respuesta podría tachar la pregunta de por qué escogiste a Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel para centrar tu más reciente obra. Pero, ¿en qué se representa exactamente esa “espinita”?

A.-Pues como he dicho antes, esa época, ese “intríngulis” y, cómo no, dar vida gráfica a este personaje y mostrar lo que realmente fue y pasó, qué hizo y cómo, y aclarar de una forma verosímil (según crónicas y documentos), ese aura de “leyenda negra” que rodeó a Don Fernando, a su hijo Fadrique y todos los personajes que interactuaron en esos años. ¿Fue malo, un monstruo para asustar por las noches a los niños? Hay más de leyenda negra que de realidad. Fue un gran militar.

J.- Tu intención es poner las cartas sobre la mesa y acallar la leyenda negra que nos la hemos tragado los españoles casi sin rechistar en esto y más cosas. Y un cómic como éste podría acercar el conocimiento a más personas. ¿Podrías indicarnos cuáles son los puntos, tanto positivos como negativos, del personaje que has querido subrayar en tu obra?

A.-Es cierto que al menos he querido suavizar esa leyenda negra, muy extendida  gracias a los británicos  y, por supuesto, holandeses y belgas. Y digo suavizar por la sencilla razón de que he querido ser neutral históricamente y ceñirme a los hechos que hay documentados. La historia es como es, y no se puede pretender alterarla ni  por parte de unos ni de otros. Simplemente hay que contarla.

Ahí es donde vienen esos puntos positivos y negativos: poner al Duque de Alba en el lugar que le corresponde, como militar y como ser humano, obedeciendo unas órdenes.

En lo negativo diría su falta de colaboración con Margarita de Parma acaparando todo el poder en Flandes, el no haber tratado de tener algo de más “mano izquierda” con nobles flamencos, el descontrol de sus tropas y el no haber resuelto el tremendo error de las ejecuciones de los Condes de Egmont y Horn.

En lo positivo, su resolución tenaz a pesar de tener tanto poder, sus increíbles dotes como estratega y ese aura de respeto que infundía  su presencia.

No fue un santo, desde luego, pero no “comía niños”, como nos han hecho creer con esas fábulas.

J.- En tu análisis previo y documental del personaje central de tu obra, ¿has encontrado parcialidad o demasiada leyenda negra que rascar?

A.- He encontrado bastante parcialidad. Sobre todo porque  la documentación  y  los  mejores libros para poder ir con fechas y  hechos exactos son obra de docentes extranjeros. Otra cosa en contrastarlos  luego con la documentación que existe en páginas y foros muy especializados.

J.- El estudio previo documental es clave, por cuanto en los detalles más nimios se esconde la calidad final de una obra. Y observando que has tenido que ir picando de aquí y allá, y hasta los historiadores más milimétricos te han dado su bendición (cosa harto difícil), ¿cómo de ardua ha sido la preparación? ¿Esperaste a tener todo listo o comenzaste a guionizar y dibujar tu historia a medida que estudiabas?

A.- Primero: organizar los eventos por fechas, para ir en línea temporal. Una vez estructurados, comenzar a estudiar a fondo  cada  uno  de ellos y cotejarlos, tanto los hechos históricos como cada personaje. A partir de ahí, hacer el story y escribirlo sobre la marcha. Sé que es algo caótico, pero para mí funciona.

J.- Dentro del caos siempre hay cierto orden, pero, ¿te viste en la obligación de cambiar algo sobre la marcha? No sé a ti, pero a mí siempre me asalta un montón de datos cuando creo que todo está terminado.

A.- Sí, señor. A veces, pero pocas. Algunas cosas fui cambiando, bien por acortar o alargar (me está pasando ahora mismo con el juicio al Conde de Egmont). Tampoco se puede abarcar  todo el conflicto de Flandes de una forma milimétrica (sería aburrido), pero algunas cosas que saltan de repente trato de  entremeterlas, bien como un comentario o una frase de diálogo de pasada.  Así, todos contentos: la historia, el lector y yo.

J.- Un exceso de datos siempre ralentiza un medio ágil como es el cómic. Sin embargo, a pesar de todo y de los trucos, no te habrá sido fácil cribar, pues los autores siempre sentimos apego por los detalles que marcan la personalidad de los intervinientes, aunque sin necesidad de llegar al punto de Vladimir Nabókov. ¿Crees que podrías haber cambiado algo ahora que está terminado el cómic? 

A.- La verdad es que no. Yo me siento satisfecho. Me gusta como ha quedado.

J.- Pues si tú has quedado satisfecho y los escrupulosos historiadores con los que te has cruzado también, ¿cómo está siendo la respuesta del público ante un volumen que se sale de los estándares más comunes de los que podemos encontrar en las librerías, por su extensión y temática?

A.- Por ahora va bien. No a todos les gustará, y alguien ya ha dicho que sigue siendo “leyenda negra”, pero ni he querido, ni he podido, ni lo que nunca haré será  tergiversar o endulzar unos hechos que para nosotros, los españoles, forman parte de un episodio lleno de errores y fue nefasto. La respuesta, como antes he dicho, está siendo buena y las críticas bastante mejor.  Seguiré cruzando los dedos.

J.- Últimamente se habla mucho del cómic español, como si estuviera en una especie de resurgimiento y legitimación. ¿Crees que tu obra ha venido al mundo en un momento mejor que hace, por ejemplo, unos meses?

A.- No, no creo. Ya llevo unos años  en esto y, como bien sabes cuando trabajamos juntos, ya habíamos cosechado algún éxito. Poco a poco va resurgiendo el comic en España,  aunque sigo opinando que  fuera se trabaja mejor.

J.- ¿Qué pregunta te hubiera gustado que te hiciera y cómo la responderías?

A.-Uf… Ahí me pillas.  Podría ser si me molaría “cambiar de tercio” y  hacer cosas diferentes a la historia. Te respondería que estoy experimentando cosas, a ver si damos otro saltito.  Eso se irá viendo.


Sinopsis de «Flandes 1566-1573: rebelión y orden»

Verano de 1566. Una crisis sin precedentes se desata en los dominios de la Corona española en el norte de Europa. La nobleza flamenca intenta por todos los medios que se le permita a la población de Flandes el culto calvinista y solicita la abolición de la Inquisición. La regente Margarita de Parma trata de intermediar, pero se ve envuelta en un caos de rebelión y pide ayuda al rey Felipe II. En esos días, comenzará la iconoclasia o ataque a las imágenes en distintos lugares sagrados de Flandes. Una peligrosa revuelta que la Corte española, tras muchas deliberaciones e intrigas diplomáticas, atajará con el envío de un poderoso ejército desde el norte de Italia hacia Flandes al mando de Fernando Álvarez de Toledo, el duque de Alba. Así comienza la leyenda de este militar español, admirado y odiado a la vez, que atravesó Europa en el famoso Camino Español para ir a restablecer el orden en aquellas revueltas con mano de hierro.

Nº de páginas: 64

Editorial: CASCABOORA

Encuadernación: tapa dura

ISBN: 9788409335060

Precio: 15,20 €

Minibiografía: Antonio Gil es ilustrador y autor de cómic especialista histórico-militar. Ha trabajado para muchas editoriales especializadas en temática histórica con más de 100 publicaciones en los últimos años, aunque ahora está más enfocado en el cómic. Sus trabajos recientes han sido publicados en España y en Estados Unidos: “Stalingrado Cartas desde el Volga” y “El flautista de Gerderland” (dibujante y guionista)


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