martes, febrero 07, 2017

Guardia de cómic: reseña a «Barrio lejano», de Jiro Taniguchi

Serie Nouvelle Manga
PONENT MON. Tarragona. 2003-2006
2 vol.
ISBN 84-933093-1
Taniguchi hace retroceder en el Tiempo a su protagonista para que cambie su destino o lo comprenda. Para que conozca la raíz del secreto familiar que lo ha traumatizado

La relación de imposibles para el ingenio humano se ha ido recudiendo con el paso de los siglos. La aparición de ciertos genios que han ido allanando el camino para satisfacer las aspiraciones que nos acompañan desde que alzamos la mirada por primera vez al firmamento o creábamos el primer arte con ceniza y polvo de arcilla en las cuevas donde la magia lo dominaba absolutamente todo. Imposibles que, hoy día, llegan a ser actos incluso rutinarios, como volar. Sin embargo, hay un anhelo que anida en el corazón de cada hombre y mujer adultos: retroceder en el Tiempo, anticiparse a una fecha y poner remedio a un evento traumático que nos marcará de por vida; a decenas de eventos, decisiones, conversaciones… Mas la vida es como un río que no deja de fluir hasta desembocar en la nada y nosotros somos como una hoja seca, desprendida de la rama del árbol cuando nacemos, arrastrados hasta ese torrente de vivencias.

«Barrio lejano» es la historia de Hiroshi Nakahara, un hombre de 45 años, arquitecto de profesión, casado y con dos hijas, que regresa a casa tras ausentarse un par de días no motivos laborales. En vez de apearse al tren con destino Tokio, inconscientemente se sube al vagón de una línea que lo llevará hasta la localidad donde vivió su infancia y adolescencia. Sin otra cosa que hacer salvo esperar la llegada del tren correcto, Hiroshi vagará por las calles y comparará el estado actual de las mismas con los recuerdos de niñez. Sus pasos lo llevarán hasta el cementerio local, hasta la tumba de su madre. Hacía mucho que no la visitaba e Hiroshi comienza a mortificarse, una vez más, con su padre y la noche de finales de verano de 1963 en la que los abandonó, con el sufrimiento de una mujer que tiene que encargarse de su anciana madre enferma y dos hijos pequeños; del sufrimiento de su hermana y del suyo propio. Ni una explicación, ni una pista sobre su paradero durante más de tres décadas de pequeña y privada tragedia familiar. Hiroshi, desde que contaba 14 años, vivía obsesionado, por debajo de su imperturbable carácter de hombre afable, educado y demasiado experto en licores, con conocer los motivos que impulsaron a su padre a comprar un billete de ida aquella fatídica noche y desaparecer de sus vidas para siempre. A Hiroshi le gustaría incluso impedirlo.

Frente a la lápida de su pobre y sacrificada madre, Hiroshi sufre un desvanecimiento y cuando vuelve en sí hay muchas cosas a su alrededor que han cambiado. Para su sorpresa se ha convertido en un niño de 14 años, mas con los recuerdos y la experiencia del hombre de 45. Está de nuevo en 1963, a varias semanas de la terrible fecha. ¿Es un sueño o es realidad? Hiroshi no lo sabe a ciencia cierta, pero el tiempo transcurre con normalidad; incluso ha de asistir a clase, comer, dormir y enfrentarse a la presencia de su padre, un hombre que parece sentirse feliz en compañía de su familia. Hiroshi va a aprovechar, por extraño que pueda parecer todo, la oportunidad que le ha concedido un caprichoso Universo.

El protagonista va desgranando los días y su “nuevo yo”, con los conocimientos y la madurez del hombre adulto, va convirtiéndose en alguien muy diferente a un adolescente normal. En su casa, en el instituto, todos recelan de ese chico. Se le observa más maduro e inteligente, habla sin querer de hechos futuros como si ya hubieran sucedido y hasta influye en la vida de los que le rodean, como en su amigo Shimada. Para terminar, la chica de la que Hiroshi estuvo secretamente enamorado durante la secundaria, Tomoko, se fija en él e inician una amistad que en ocasiones roza en dulce e inocente romance.

Hiroshi disfruta a pleno sol de su nueva adolescencia, a la que sabrá enfrentarse con éxito. Cumple otro sueño propio de la Humanidad que es tener experiencia y, a la par, un cuerpo joven, vigoroso y sano, cuando el precio para obtener la primera es sacrificar el segundo. Disfruta aunque sin desviarse del objetivo de desenmascarar a su padre, de impedir su marcha, de cortar de raíz la razón del sufrimiento familiar que arrastrarán durante treinta años.

La historia que escribe y dibuja Jiro Taniguchi, de quien tuve la oportunidad de referirme cuando reseñé «El viajero de la tundra», llega hasta la última capa del corazón del lector, a través del viaje introspectivo que vive el protagonista principal y narrador. De un hombre que, en el fondo (algo de lo que se da cuenta al final), no es tan distinto de su propio padre, pues se ha ido alejando de su mujer e hijas, del fuego de la felicidad construida a base de momentos compartidos. Ama a su esposa y a las niñas, a pesar de todo, a pesar de ser un calco de su desaparecido padre, por ello teme las consecuencias de su noviazgo con la bella y dulce Tomoko; ¿qué sería lo correcto?, ¿llegaría a sacrificar a su mujer e hijas para saber cómo sería una vida en común con Tomoko? Preguntas todas que se van acumulando mientras Hiroshi es incapaz de frenar el avance del verano.

Las escenas que dibuja Taniguchi recorren una etapa crucial de nuestras vidas, pero desde la óptica del hombre en la cuarentena, sabiendo escoger y cambiar ciertos puntos del pasado conocido. Como nos tiene malacostumbrados, sus viñetas rebosan de detalles del entorno. A Taniguchi no le importa dedicar páginas enteras a un solo hecho o pensamiento, desde diversos ángulos, para captar cada expresión de un atribulado rostro. No importa semejante “derroche” en el que el texto es prácticamente inexistente, con una simple línea de pensamiento, un remordimiento, una idea esperanzadora y una narración amable, que pretende ajustarse a ese imposible de retroceder en el Tiempo para que nuestro Yo adulto corrija a nuestro Yo adolescente o menos maduro.

Bien hilada, sin la sensación de dejarse flecos, su sencillez radica en la elegancia y perfección; solo observándose cierto desajuste en la inclusión de escenas del Presente de la familia del protagonista que en nada nos ubica para saber cómo transcurre el tiempo en el Pasado o en el sueño.

El final es lo más humano que he leído en mucho tiempo. Cuando Hiroshi descubre toda la verdad. Sorprendente, incluso, cuando este viajero del Tiempo regresa a su cuerpo de adulto, ante la lápida de su madre y regresa a casa, donde verá su entorno de diferente forma, con una lección magistral aprendida y recibiendo el regalo más inesperado.

«Barrio lejano» está publicado por la editorial Ponent Mon. Es una historia corta para los estándares del Manga, de fácil y agradable lectura y con un argumento cuya génesis no sea muy original, pero que trata de mostrarnos cómo podría desarrollarse la vida de un hombre que cumple uno de los anhelos de todos los humanos. Y Jiro Taniguchi lo consigue con su natural manera de narrar.