martes, febrero 14, 2017

jueves, febrero 09, 2017

«1984», David Bowie



Someday they won't let you, so now you must agree
The times they are a-telling,
and the changing isn't free
You've read it in the tea leaves, and the tracks are on TV
Beware the savage jaw
Of 1984

They'll split your pretty cranium, and fill it full of air
And tell that you're eighty, but brother, you won't care
You'll be shooting up on anything, tomorrow's neverthere
Beware the savage jaw
Of 1984

[CHORUS]
Come see, come see, remember me?

We played out an all night movie role

You said it would last, but I guess we enrolled

In 1984 (who could ask for more)
1984 (who could ask for mor-or-or-or-ore)
(Mor-or-or-or-ore)

I'm looking for a vehicle, I'm looking for a ride
I'm looking for a party, I'm looking for a side

I'm looking for the treason that I knew in '65

Beware the savage jaw
Of 1984

[CHORUS]

1984 [ad lib]

Lectura de 9 de Febrero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 754,5 (Variable). Estratos
  • Termómetro: 10º
  • Higrómetro: 53,5%

9 de Enero de 2017




martes, febrero 07, 2017

Guardia de cómic: reseña a «Barrio lejano», de Jiro Taniguchi

Serie Nouvelle Manga
PONENT MON. Tarragona. 2003-2006
2 vol.
ISBN 84-933093-1
Taniguchi hace retroceder en el Tiempo a su protagonista para que cambie su destino o lo comprenda. Para que conozca la raíz del secreto familiar que lo ha traumatizado

La relación de imposibles para el ingenio humano se ha ido recudiendo con el paso de los siglos. La aparición de ciertos genios que han ido allanando el camino para satisfacer las aspiraciones que nos acompañan desde que alzamos la mirada por primera vez al firmamento o creábamos el primer arte con ceniza y polvo de arcilla en las cuevas donde la magia lo dominaba absolutamente todo. Imposibles que, hoy día, llegan a ser actos incluso rutinarios, como volar. Sin embargo, hay un anhelo que anida en el corazón de cada hombre y mujer adultos: retroceder en el Tiempo, anticiparse a una fecha y poner remedio a un evento traumático que nos marcará de por vida; a decenas de eventos, decisiones, conversaciones… Mas la vida es como un río que no deja de fluir hasta desembocar en la nada y nosotros somos como una hoja seca, desprendida de la rama del árbol cuando nacemos, arrastrados hasta ese torrente de vivencias.

«Barrio lejano» es la historia de Hiroshi Nakahara, un hombre de 45 años, arquitecto de profesión, casado y con dos hijas, que regresa a casa tras ausentarse un par de días no motivos laborales. En vez de apearse al tren con destino Tokio, inconscientemente se sube al vagón de una línea que lo llevará hasta la localidad donde vivió su infancia y adolescencia. Sin otra cosa que hacer salvo esperar la llegada del tren correcto, Hiroshi vagará por las calles y comparará el estado actual de las mismas con los recuerdos de niñez. Sus pasos lo llevarán hasta el cementerio local, hasta la tumba de su madre. Hacía mucho que no la visitaba e Hiroshi comienza a mortificarse, una vez más, con su padre y la noche de finales de verano de 1963 en la que los abandonó, con el sufrimiento de una mujer que tiene que encargarse de su anciana madre enferma y dos hijos pequeños; del sufrimiento de su hermana y del suyo propio. Ni una explicación, ni una pista sobre su paradero durante más de tres décadas de pequeña y privada tragedia familiar. Hiroshi, desde que contaba 14 años, vivía obsesionado, por debajo de su imperturbable carácter de hombre afable, educado y demasiado experto en licores, con conocer los motivos que impulsaron a su padre a comprar un billete de ida aquella fatídica noche y desaparecer de sus vidas para siempre. A Hiroshi le gustaría incluso impedirlo.

Frente a la lápida de su pobre y sacrificada madre, Hiroshi sufre un desvanecimiento y cuando vuelve en sí hay muchas cosas a su alrededor que han cambiado. Para su sorpresa se ha convertido en un niño de 14 años, mas con los recuerdos y la experiencia del hombre de 45. Está de nuevo en 1963, a varias semanas de la terrible fecha. ¿Es un sueño o es realidad? Hiroshi no lo sabe a ciencia cierta, pero el tiempo transcurre con normalidad; incluso ha de asistir a clase, comer, dormir y enfrentarse a la presencia de su padre, un hombre que parece sentirse feliz en compañía de su familia. Hiroshi va a aprovechar, por extraño que pueda parecer todo, la oportunidad que le ha concedido un caprichoso Universo.

El protagonista va desgranando los días y su “nuevo yo”, con los conocimientos y la madurez del hombre adulto, va convirtiéndose en alguien muy diferente a un adolescente normal. En su casa, en el instituto, todos recelan de ese chico. Se le observa más maduro e inteligente, habla sin querer de hechos futuros como si ya hubieran sucedido y hasta influye en la vida de los que le rodean, como en su amigo Shimada. Para terminar, la chica de la que Hiroshi estuvo secretamente enamorado durante la secundaria, Tomoko, se fija en él e inician una amistad que en ocasiones roza en dulce e inocente romance.

Hiroshi disfruta a pleno sol de su nueva adolescencia, a la que sabrá enfrentarse con éxito. Cumple otro sueño propio de la Humanidad que es tener experiencia y, a la par, un cuerpo joven, vigoroso y sano, cuando el precio para obtener la primera es sacrificar el segundo. Disfruta aunque sin desviarse del objetivo de desenmascarar a su padre, de impedir su marcha, de cortar de raíz la razón del sufrimiento familiar que arrastrarán durante treinta años.

La historia que escribe y dibuja Jiro Taniguchi, de quien tuve la oportunidad de referirme cuando reseñé «El viajero de la tundra», llega hasta la última capa del corazón del lector, a través del viaje introspectivo que vive el protagonista principal y narrador. De un hombre que, en el fondo (algo de lo que se da cuenta al final), no es tan distinto de su propio padre, pues se ha ido alejando de su mujer e hijas, del fuego de la felicidad construida a base de momentos compartidos. Ama a su esposa y a las niñas, a pesar de todo, a pesar de ser un calco de su desaparecido padre, por ello teme las consecuencias de su noviazgo con la bella y dulce Tomoko; ¿qué sería lo correcto?, ¿llegaría a sacrificar a su mujer e hijas para saber cómo sería una vida en común con Tomoko? Preguntas todas que se van acumulando mientras Hiroshi es incapaz de frenar el avance del verano.

Las escenas que dibuja Taniguchi recorren una etapa crucial de nuestras vidas, pero desde la óptica del hombre en la cuarentena, sabiendo escoger y cambiar ciertos puntos del pasado conocido. Como nos tiene malacostumbrados, sus viñetas rebosan de detalles del entorno. A Taniguchi no le importa dedicar páginas enteras a un solo hecho o pensamiento, desde diversos ángulos, para captar cada expresión de un atribulado rostro. No importa semejante “derroche” en el que el texto es prácticamente inexistente, con una simple línea de pensamiento, un remordimiento, una idea esperanzadora y una narración amable, que pretende ajustarse a ese imposible de retroceder en el Tiempo para que nuestro Yo adulto corrija a nuestro Yo adolescente o menos maduro.

Bien hilada, sin la sensación de dejarse flecos, su sencillez radica en la elegancia y perfección; solo observándose cierto desajuste en la inclusión de escenas del Presente de la familia del protagonista que en nada nos ubica para saber cómo transcurre el tiempo en el Pasado o en el sueño.

El final es lo más humano que he leído en mucho tiempo. Cuando Hiroshi descubre toda la verdad. Sorprendente, incluso, cuando este viajero del Tiempo regresa a su cuerpo de adulto, ante la lápida de su madre y regresa a casa, donde verá su entorno de diferente forma, con una lección magistral aprendida y recibiendo el regalo más inesperado.

«Barrio lejano» está publicado por la editorial Ponent Mon. Es una historia corta para los estándares del Manga, de fácil y agradable lectura y con un argumento cuya génesis no sea muy original, pero que trata de mostrarnos cómo podría desarrollarse la vida de un hombre que cumple uno de los anhelos de todos los humanos. Y Jiro Taniguchi lo consigue con su natural manera de narrar.

Lectura de 7 de Febrero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 758 (Variable). Estratocúmulos
  • Termómetro: 12,5º
  • Higrómetro: 53%

lunes, febrero 06, 2017

Armando bulla con el bullying

Como si de un deporte de riesgo recién puesto de moda se tratara (como si de un problema nuevo también, ¡ejem!), nos hacemos los modernos y copiamos del anglosajón un termino ing para acuñar uno de los males endémicos de las aulas: el acoso escolar. Como si así prestáramos más atención o mostráramos un mayor interés sobre una triste constante que muchos hemos sufrido y que a muy pocos importa en realidad.

El pasado día 27 de Enero saltó a la palestra periodística y de corrillo de café de escasa catadura una noticia que sacudió las adormiladas redacciones y a los más ociosos del lugar. Un joven de 17 años, taciturno y brillante estudiante, trata de coser a puñaladas, poco certeras, a cinco compañeros de clase en un instituto de Villena (Alicante), ahí, como si esa mañana se hubiera caído en la marmita de la horchata. De poco ha servido que se haya ido desgranando detalle a detalle, dato a dato, su periplo por su particular río Estigia, que hemos vivido unos y viven aquellos para los que nuestra propia naturaleza o educación nos impide replicar a la agresión física y/o verbal de los abusones (siempre en plural) que amargan la existencia durante esos fatídicos años. De poco o nada, pues las autoridades más incompetentes, empezando por la dirección del centro y terminando, a la fuerza, por el equipo psicosocial de turno baten las palmas por colgar al muchacho unos antecedentes penales de escaso vuelo por ser menor de edad (pero que los llevará siempre socialmente y que puede arruinarle más la vida) y por coronarle, gustosos, de informes que lo tildarán de psicópata, perturbado y/o anormal. De alguien a quien excluir de nuestra perfecta y preciosa sociedad de hipócritas de medio pelo y pluma.

—El sufrir acoso escolar no justifica su reacción. Tiene que haber algo más en el plano psicológico —recogió una voz cuasianómima en uno de tantos reportajes emitidos por televisión. Y si sabemos leer entre líneas y por dónde suenan los tiros.

No. Es que eres víctima y eres tonto de capirote. Pero ya sabemos de qué palo van los psicólogos: todo el mundo está tarado menos ellos. ¡Qué suerte la suya!

Este chaval va a pasar, por bondad y preocupación de los estamentos inamovibles de la enseñanza y “educación”, de víctima a monstruo por el simple hecho de haber llegado a su límite. Y quienes le agredían pasarán a formar un coro de plañideras y cocodrilos durante la Vista judicial para, luego, fardar ante sus chavalas de la herida de combate, a la par de que se siguen descojonando del “perfecto estudiante al que se le fue la chota”.

El nuevo anormal será escrutado con repugnancia a la par que sus acosadores serán recogidos y acunados entre almohadones pues, «compréndeles, ellos son así porque habrán sido víctimas de acoso»… probablemente o plausiblemente o imaginariamente o búsquese cualquier excusa más bonita. Pero es que los acosadores se limitan a cumplir una función tan común como plural en la Historia del género humano: eliminar al individuo que no case con la mayoría, ya sea neandertal, judío o extraterrestre, ya puestos. El pájaro solitario o distinto tiene que morir picoteado por sus congéneres, máxima, quizá, darwinista que sobra en un mundo civilizado que ha sufrido demasiados sobresaltos y construido cámaras de gas para aburrir.

La dirección del centro de estudios, por no ser menos que aquellos otros que se han apuntado marcas pintadas de rojo sangre con suicidios y otras delicatesen que no quitan el sueño, clamará y alzará las manos al cielo de la Administración, llamando a la oración de “El Protocolo” o de “No Nos Han Impartido El Curso Correspondiente Para Detectar El Bullying”. Esas dos suras se las saben al dedillo y las entonan sin necesidad de ablución alguna.

A ello sumamos chorradas del tipos concentraciones de un minuto, pancartitas y toda esa parafernalia de bazar de suburbio. Y no olvidemos la nueva máxima: «Esto, o sea, se arregla hablando. Juntamos a agredido y agresor, se dan la manito y un par de besitos» y al primero que se dé la vuelta le dan por el culo.

Soluciones reales, por favor. Nada de protocolillos que terminan siempre con el agredido marginado y expulsado del centro como premio de consolación.

No atesoro gratos recuerdos de mi paso por la EGB y el Bachillerato simplemente porque sufrí acoso y derribo. La cosa no llegó a causar sangre. Cierto es que lo sufrí en un nivel casi superficial comparado con el caso de este chaval y otros tantos de hoy día. Vamos, infinitesimal. Creo que ni tengo derecho a quejarme al compararme. Risas, burlas y humillaciones por todo y en todos lados. No hubo ápice de mi ser físico o mental que no sirviera de cálido entorno para su regocijo e inventiva. De estudiar y demás, no estaban muy puestos, pero más de uno podría mandar el currículo a El Club de la Comedia del Gilipollas, que empleo encontraba seguro.

Y lo reconozco. Aún hoy me gustaría devolver el golpe a algún y alguna de aquella etapa y creedme que la única forma se soy capaz de imaginarlo es infligiendo dolor físico, como tan solo ha sido capaz, en grado de tentativa frustrada y por falta de verdadero intención homicida, este chaval de Villena (sí, soy un monstruo enfermo suelto por la calle, ¡sacad las horcas!). Pero lo que más me viene a la cabeza (y duele) es tener la constancia, fría y calculada gracias al Tiempo transcurrido, de que te rodeaba gente que podría haberte ayudado y que no movió un solo dedo. Que no hicieran nada tus amigos llega a tener incluso justificación, pues también velaban por su integridad en un acto egoísta de supervivencia e, incluso, sufrían acoso esporádico por parte de los mismos imbéciles de turno, por los mismos hijos de la gran puta. Pero que algunos profesores, adultos que debían protegerte, se limitaran a ser meros testigos de las agresiones y humillaciones que se llegaban a perpetrar en mitad de la clase… Para ellos no tengo etiquetas. Sabían, miraban para otro lado y hasta se reían, pues la ocurrencia les llegaba a hacer gracia, a la par que pasaban del tema. Y no digamos ya cuando algo se removía en tu interior y llegabas a reaccionar. En mi caso, un buen día estallé y empleé nuestro rico castellano con unos de estos bravos risueños, pero con tan mala fortuna que llegó a los oídos, atentos según  para qué, del profesor de turno con el siguiente resultado:

—No me esperaba algo así de ti, Javier —me amonestó el susodicho adulto, manifestación a la que siguió el cloqueo generalizado y liderado por el bully que recibió mis groseras palabras, pronunciadas con una leve tartamudez, y con las que se chupó los dedos. 

Y hoy sigue siendo la misma historia. Incluso esos bastardos seguirán siendo los ojitos derechos de estos profesores. Unos chicos y chicas palurdos que no saben ni contar dos y dos, pero que mantienen a raya a los panolis que conforman toda la clase. ¿O no hemos pensado y dicho abiertamente esto, queridos profesores de mis recuerdos?

Empatizo con este muchacho que ha tenido el valor o la desesperanza mayúscula de tener que responder al estímulo de la única forma que ha sido capaz; a quien han obligado a armarse con un cuchillo y asestar unas poco certeras puñaladas para dar a entender que no iba a consentir ni una burla más, ni una colleja más. Empatizo y me solidarizo ahora, más que nunca, pues va a convertirse en el paria al que todos señalarán y musitarán un “pobrecito loco” a su paso, entre pena fingida y placer sádico en la sonrisa por parte de alumnos hideputas, cierto profesorado cómplice y buhoneros licenciados por la Facultad de Psicología de la Sublime Estupidez... Y con una Justicia que corre con los pantalones a la altura de los tobillos.

Y nadie se acuerda de él en los medios, por ahora.

Lectura de 6 de Febrero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 757 (Variable). Estratocúmulos
  • Termómetro: 12º
  • Higrómetro: 53%

6 de Febrero de 2017



miércoles, febrero 01, 2017

¿Vikingos como primeros Señores de Vizcaya?

El recuerdo que se tiene de los vikingos en la Europa meridional no puede ser más negativo. Para las infelices gentes de las pequeñas poblaciones repartidas por la costa atlántica y, luego, mediterránea, que recibieron su desagradable visita, los hombres del Norte eran verdaderos demonios procedentes de un infierno frío. Mentarles siquiera infundía pavor en los corazones más aguerridos y los dragones que lucían en las proas de sus drakares eran el presagio de la muerte y el fuego. Tal es así que no pocas políticas defensivas se llevaron a cabo en la península ibérica para poner freno a sus violentas razzias. En Galicia tenemos aún los restos de las torres de Oeste (Catoira) y en Andalucía el registro en los anales de la creación de la marina de guerra del califato de Córdoba, allá en el s. IX, por orden de Abderramán II, modificando la opinión de arma prescindible que la naval tenía hasta la fecha. El ataque a las poblaciones de Cádiz y la toma de Sevilla por unos bárbaros paganos les hizo cambiar de idea, viéndose impotentes ante aquellos buques tan particulares (aunque el primer cometido de esta flota de nuevo cuño fue asaltar Mallorca, en 849, tras negarse la isla a pagar tributo, teniéndose que esperar diez años para enfrentarla a los vikingos en aguas andaluzas).

Sin embargo, no siempre la presencia de estos nórdicos supuso guerra y saqueo constante y “vuelta para los fiordos”. Según cuentan las crónicas de Alí Ibn al-Athir, un ejército convocado por el emir de al-Ándalus Abu al-Walid Hisham al-Rida (Hixem I) hacia el año 795, con el firme propósito de atacar al rey Alfonso II el Casto (792-842), se enfrentó a unos vikingos asentados en el Norte de la península. El monarca cristiano reclutó tropas a lo largo y ancho de su amplio reino de Asturias, que abarcaba la actual Comunidad asturiana, Cantabria, Bardulia (Castilla condal) y Galicia. Entre aquellos hombres de armas  destacaron los vascones y unos mercenarios paganos (al-magus), vecinos próximos de los anteriores.

En diferentes crónicas musulmanas, los al-magus se identifican con vikingos asentados en la costa y el interior de la Gascuña. Aunque el primer ataque escandinavo data de 844*1, esto no quiere decir que no hubiera asentamientos estables y pacíficos hacia el 795 que sirvieran de lanzadera para crear lazos comerciales. Siendo que el Cristianismo convivía con las anteriores deidades del credo de los vascos, alejados estos de la influencia gubernamental asturiana y castellana, es perfectamente plausible la existencia de estos asentamientos vikingos.

Abu Marwán Hayyán Ibn Jalaf Ibn Hayyan vuelve a mentar a estos paganos como aliados de Alfonso II el Casto durante el combate del río Orón (año 816), sirviéndose de ellos en anteriores y posteriores enfrentamientos que afianzaron su reinado.

En el año 825 da comienzo una campaña de castigo del califato cordobés contra el norte cristiano, contra Álava, perteneciente a Qastilya, el país de los castillos. Ibn-Hayyan relata una batalla en la Djabal al-Madjus, o Montaña de los Paganos*2. Según el historiador bermeano Antón Erkoreka, dicha montaña no sería otra que el monte Sollube, cercano a la boca de la ría de Mundaka y donde, por lo visto, se levantó un asentamiento danés hacia el s. IX, reducido a cenizas por Olaf II*3 de Noruega en el s. XI. Bien podría ser que Olaf destruyera el asentamiento durante una razzia pirática, pero bien podría ser una acción violenta de erradicación de la religión nórdica pagana tras abrazar el monarca la religión de Cristo e instaurarla como única fe en Noruega, bajo pena de muerte. El rey nórdico difundió la fe y la ley por sus dominios. ¿Quién sabe si no se paseó también entonces por nuestras costas?

Este último dato me afecta pues yo crecí bien cerca de dicho monte Sollube y durante años circulé por la carretera que lo marca como una zigzagueante cicatriz de asfalto. Viví en Bermeo, una villa con mucha Historia pero de la que muchos se han olvidado a golpe de martillazo nacionalista, pues se llegó a afirmar que allí nunca hubo contacto con romanos ni musulmanes, en una jactancia petulante de orgullo racista decimonónico. Idea absurda y totalmente falsa por cuanto el propio Sollube cuenta con el yacimiento de Tribisburu de una necrópolis romana de incineración, que data de entre los s. I y III d. C. (a lo que hay que sumar los restos bien visibles en Sukarrieta y Forua y otras poblaciones).

Pero lo que quiero subrayar es ese supuesto asentamiento danés en el Sollube o alrededores (más bien hacia la ría de Urdaibai) y relacionarlo con la propia mítica de la fundación de la casa de los Señores de Vizcaya. Según la leyenda, una princesa escocesa arribó a la ría de Mundaka, quien fue prendada por el dragón Herensuge, un terrible y diabólico ser, hijo del gran dragón Maju el Culebro, esposo de Mari, la deidad principal del folclore vasco*4. De tal unión nació Lope Fortún, Jaun Suria*5, el primer señor de Vizcaya, allá por el s. IX.

Una mujer procedente del Norte. Un hombre que se le confunde con un dragón o serpiente sobrenatural. ¿Vikingos ambos dos? No sería la primera vez que un atributo llega a suplantar a una persona real. ¿Podría ser el dragón de la proa de un drakar hacer pasar a los reales Herensuge o a su padre, Maju, unos vikingos, como terribles reptiles de leyenda? Además, coinciden con las fechas señaladas por los cronistas musulmanes acerca de los al-madjus aliados del rey astur.

El historiador Antón Erkoreka profundiza en las raíces vikingas de los asentamientos en la comarca del Busturialdea y trae a colación la posible presencia de un rey de Dublín en el área: Ívarr in beinlausi, Ívarr el Deshuesado o el Culebro, quien participaría de la expedición de rapiña datada en 859. ¡Vaya! Maju e Ívarr comparten sobrenombre...

Ívarr, al contrario de Olafr el Blanco, también rey de Dublín, fue un gran enemigo de los cristianos (rex paganissimus en fuentes anglosajonas). Sin embargo, en el seno de ambas nobles familias nace el germen del Cristianismo en el Norte europeo, creyéndose que una descendiente de Olafr podría ser esa princesa que llega a la ría de Mundaka. Para el historiador Jon Bilbao, la factoría o asentamiento en la ría se relaciona directamente con estos reyes de Dublín. ¿Es posible que un hijo de Ívarr (o el propio Ívarr) contrajera nupcias con una descendiente de Olafr en tierras del Cantábrico, fundando la casa de los Señores de Vizcaya? ¿Es Maju, el gran dragón vasco, una derivación del término árabe al-madjus para referirse a los vikingos?

La presencia de un Jaun Zuria vikingo en la comarca es evidente. Se asegura en los textos que los primeros señores de Vizcaya eran considerados poco menos que brujos y que realizaban extrañas ofrendas de sacrificio a los dioses muy similares a las que el embajador del califato de Bagdag, Ahmad ibn Fadlān ibn al-Abbās ibn Rāšid ibn Hammād*6, describe que presenció hacia el 922 en una factoría nórdica del Volga. A esto hemos de sumar que la convocatoria y funcionamiento sagrada de la reunión o batzarra bajo el árbol de Guernica es prácticamente idéntica a una asamblea vikinga.

Estos datos, que son nuevos para mí, derriban todas las ideas preconcebidas que tenía sobre el pasado de mi tierra y de todo el Norte peninsular.