miércoles, marzo 03, 2021

Lectura de 3 de marzo de 2021 a las 1200 horas

                                                                           



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martes, marzo 02, 2021

Guardia de cine: reseña a «Nacido el cuatro de julio»

Título original: Born on The Fourth of July. 1989. 145 min. EEUU. Dirección: Oliver Steone. Guión: Oliver Stone, Ron Kovic (autobiografía). Reparto: Tom Cruise, Willem Dafoe, Raymond J. Barry, Caroline Kava, Kyra Sedgwick, Bryan Larkin, Stephen Baldwin, Bruce McVittie, Tom Sizemore, Vivica A. Fox, Frank Whaley, Jerry Levine, Lili Taylor, Tom Berenger, James Legros, William Baldwin, Holly Marie Combs

En esta ocasión, Oliver Stone se alió con Ron Kovic, una de las figuras más representativas del movimiento de veteranos del Vietnam contra la guerra, para, juntos, trasladar las memorias del segundo del papel a la Gran Pantalla

Éste es un salto muy diferente, a nivel expositivo, al dado con «Platoon». Este segundo filme, Stone ofrece la posibilidad de examinar una radiografía social y política de los Estados Unidos a lo largo de casi dos décadas de existencia del protagonista, desde su despreocupada infancia hasta la escena final en la que se dispone a intervenir en la convención del Partido demócrata de 1976 (sigue leyendo)


Lectura de 2 de marzo de 2021 a las 1200 horas

                                                                          



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lunes, marzo 01, 2021

Breve semblanza de John F. Holland: una vida entera dedicada a desentrañar los misterios de la navegación submarina

Aunque nosotros tenemos a Isaac Peral, quien se encontró con un muro de intereses y envidias que condenaron su proyecto submarino al fracaso y, casi, al olvido, en el bando anglosajón hubo un ingeniero coetáneo, interesado por la navegación bajo la superficie y su aplicación a la guerra, que sí triunfó. Hablamos de John Philip Holland.

Nacido en 1841 en la localidad irlandesa de Liscannor, condado de Clare, y bautizado con el nombre de Seán Pilib Ó Huallacháin, desde joven mostró cierta inclinación por la cuestión nacionalista de Irlanda y esperanza con que la ansiada liberación podría producirse durante la década de 1860, una vez finalizada la guerra de Secesión norteamericana, por parte de unidades de veteranos irlandeses que podrían cruzar el Atlántico bajo el estandarte de las barras y las estrellas y combatir al Reino Unido en caso de que las relaciones diplomáticas entre Washington y Londres siguieran deteriorándose por culpa del affaire conocido como “Alabama Claims”.

Holland también tenía claro el problema que supondría el indiscutible dominio naval británico para los buques norteamericanos de transporte de tropas, por lo que entendió que había que buscar remedio para el caso de que la ocasión se presentara. Así es como empezó a estudiar y experimentar con submarinos en 1862.

Una década después, en 1873, Holland emigró a Paterson, Nueva Jersey, con el empleo de profesor de escuela, siendo que continuó con su privada obsesión en sus horas libres, construyendo y botando en 1875 el Holland No. 1, un ingenio con forma de cigarro de 16 pies (4,88 m.) de eslora y dos pies (0,60 m.) de manga, especialmente diseñado para colocarse bajo la quilla del navío enemigo y cargando un torpedo. Esta primera criatura seguía parte de las directrices del fracasado Turtle de David Bushnell (1775), empleando agua como lastre y una propulsión humana; otros elementos recordaban bastante a los trabajos de Alvary Templo (1826).


En 1877 se botó el Holland No. 2, dotado de innovaciones tales como doble casco y un motor de petróleo de cuatro caballos de fuerza. Las pruebas realizadas con este segundo navío le sirvieron al inventor para determinar la mejor posición del timón, pero acumuló accidentes y este No. 2 acabó naufragando y desapareciendo bajo las aguas del río Passaic, vía donde Holland probaría todos sus ingenios.

Es por estos años cuando Holland retomó contacto con las corrientes ideológicas nacionalistas irlandesas, a través de la organización secreta de la Hermandad Feniana, ante cuyos miembros expuso su proyecto con la intención de obtener fondos, pero diversas disputas internas llevó a que el ingenio acabase en un almacén. Por si fuera poco, las aguas se calmaron entre los EEUU y el Imperio británico, llevando al abatimiento de la causa republicana y nacionalista irlandesa en América.

La Marina de guerra de los EEUU mostró entonces cierto interés en los desvelos de Holland en los tiempos en los que el proyecto rondó las salas de la Hermandad Feniana, como es el hecho de que el almirante Philip Hichborn, jefe de ingeniería naval, destacara ciertos puntos técnicos de los Holland No. 1 y No. 2, como era su capacidad de inmersión y emersión en plano horizontal, empleando el motor de petróleo para controlar el lastre. Aunque los dos navíos podrían considerarse como un fracaso, no lo era el hecho de que, para Hichborn, Holland había dado con los principios básicos aplicables a la navegación submarina.

En 1888, el secretario de Marina William Collins Whitney se convenció de la necesidad de alentar cuantas más investigaciones en navegación submarina mejor (como otros entenderían en la siguiente década con la navegación aérea), por lo que convocó un concurso al que concurrieron los diseños de Holland y de Nordenfeldt, siendo los del irlandés los vencedores; sin embargo, la Administración cambió de color y dejó de interesarle esta novedosa experimentación, por lo que Holland siguió hacia adelante a costa de su patrimonio y del de amigos y parientes, hasta que apostó fuerte constituyendo la Holland Torpedo-boat Company y el Congreso de los EEUU convocó en 1893 otro nuevo concurso que también ganó.

Bajo el ala del Tío Sam, Holland inició la construcción del Plunger, un novedoso navío que se propulsaba por la fuerza del vapor en superficie y mediante baterías eléctricas en inmersión (sistema doble ya empleado en 1863 en Alabama). Botado en 1897, este navío nunca fue completado ni entregado por los defectos constructivos y de diseño de los que adolecía.


El submarino que sería totalmente operativo sería el No. 9, de 16 metros de eslora y construido en los astilleros de Lewis Nixon, en Elizabethport, Nueva Jersey. Fue botado en la primavera de 1898, noticia que pasó desapercibida por la de la voladura del crucero USS Maine en el puerto de La Habana. Ante este nuevo panorama Holland se mostraba exultante, proponiendo a Washington probar su ingenio en combate, atacando la flota del almirante Cervera, fondeada en Santiago de Cuba durante el verano, pero nadie osó apoyarle (decir aquí que muchos en los despachos de Marina de Madrid se llevaron las manos a la cabeza por haber hecho todo lo posible para ningunear a Isaac Peral y su prototipo de 1888, el cual podría haber inclinado la balanza en la guerra hispanoamericana, y esto no lo decimos nosotros, sino el propio almirante norteamericano Dewey: “If they (the Spaniards) had had two of these things at Manila, I could not have held it”).

El Holland No. 9 fue adquirido el 11 de abril de 1900 por el Gobierno de los EEUU por el importe de 150.000 $, lo cual no cubría los costes, que se cifraron en 236.615,43 $. Ya como USS Holland, entró en servicio el 13 de octubre de 1900, bajo el mando del teniente de navío Harry H. Caldwell. Se lo dotó de un motor de gasolina de cincuenta caballos de fuerza, alcanzando un radio de acción de 1.500 millas náuticas (2.778 km.) a una velocidad de siete nudos (12 km./h.) en superficie; bajo las aguas se impulsaba por baterías eléctricas, siendo que Holland se las ingenió para que ambos sistemas funcionasen sin problema aparente. 

Curiosamente, el USS Holland carecía de periscopio por considerarse un instrumento aún necesitado de perfeccionamiento, por lo que fijar el blanco era harto complicado, necesitando primero determinarse en superficie y sumergirse al de unos segundos. Para la época no suponía mayor problema, más si cabe porque, durante los ejercicios navales de 1900, los vigías de los dos blancos, Kearsarge y New York, no llegaron a detectar el navío submarino.

El 25 de agosto de 1900, la Holland Torpedo-boat Company recibió el encargo del Gobierno federal de construir otros seis navíos submarinos y, lo que me llama poderosamente la atención por el pasado nacionalista de Holland, es que ese mismo año, aunque no se hiciera público hasta 1901, el Almirantazgo británico, a través de la Vickers y la Maxim, ordenó la adquisición de otros cinco buques de la misma clase. El mundo entero mostraba su interés por la patente de Holland, pagando con gusto el precio económico reclamado, como fue el caso de Japón (otros cinco) y Alemania.

Holland se retiró de la dirección de la Holland Torpedo-boat Company en 1904 y falleció en Newark el 12 de agosto de 1914 tras toda una vida empeñada en desentrañar el misterio de la navegación submarina, haciendo fortuna de paso.


Lectura de 1 de marzo de 2021 a las 1200 horas

                                                                         



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domingo, febrero 28, 2021

Relación de publicaciones de febrero de 2021

 

Otro mes del 2021 que hemos quemado y otro en el que he intentado mantenerme activo en cuanto a publicaciones y que también he destinado para que se enfríe mi ensayo sobre la oleada de los airships, a la espera de empezar con lo más duro: la revisión.

Este febrero lo he dedicado a hablar de Alonso de Ercilla, un hombre destacado del linaje más renombrado de la villa en la que crecí, así como a la doctrina del cancelacionismo en mi columna de opinión. Por supuesto, ha habido sitio para las reseñas, que las hay para todos los gustos: fantasía, ciencia ficción, bélico, etc.

¡Que os sea de provecho!


Artículos

—Alonso de Ercilla, gentilhombre de Felipe II y autor de «La Araucana» https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2021/02/alonso-de-ercilla-gentilhombre-de.html


Reflexiones a la luz de la bitácora (opinión)

—Ver, oír y callar https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2021/02/ver-oir-y-callar.html


Reseñas

—Reseña a la novela «Harry Potter y el prisionero de Azkaban» https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2021/02/guardia-de-literatura-resena-harry.html

—Reseña a la película «Naves misteriosas» (1972) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2021/02/guardia-de-cine-resena-naves-misteriosas.html

—Reseña al cómic «La Aguja», de Simon Spurrier, Jeff Stokely y André May https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2021/02/guardia-de-comic-resena-al-comic-la.html

—Reseña a la película «Platoon» (1986), de Oliver Stone https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2021/02/guardia-de-cine-resena-platoon.html

—Reseña a «Hacer cómics: secretos narrativos del cómic, el manga y la novela gráfica», de Scott McCloud  https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2021/02/guardia-de-ensayo-resena-hacer-comics.html

—Reseña a la película «Érase una vez en Hollywood» (2019) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2021/02/guardia-de-cine-resena-la-pelicula.html

—Reseña al recopilatorio de relatos «Bajo dos banderas. Relatos de España en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos» (2018) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2021/02/guardia-de-literatura-resena-bajo-dos.html

—Reseña a la película «El despertar de la Fuerza», Episodio VII de Star Wars (2015) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2021/02/guardia-de-cine-resena-el-despertar-de.html


jueves, febrero 25, 2021

Guardia de cine: reseña a «El despertar de la Fuerza»

Título original: «Star Wars. Episode VII: The Force Awakens». 2015. 135 min. EEUU. Dirección: J. J. Abrams. Guión: J.J. Abrams, Lawrence Kasdan, Michael Arndt (Personajes: George Lucas). Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Adam Driver, Oscar Isaac, Carrie Fisher, Peter Mayhew, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Gwendoline Christie, Lupita Nyong'o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Mark Hamill, Greg Grunberg, Kenny Baker, Simon Pegg, Christina Chong, Miltos Yerolemou, Ken Leung, Thomas Brodie-Sangster, Harriet Walter, Iko Uwais, Yayan Ruhian, Warwick Davis, Jessica Henwick, Daniel Craig, Billie Lourd, Judah Friedlander, Liang Yang

Un arranque a una nueva trilogía que anunciaba a la perfección el poso de decepción que nos dejaría

El avance promocional de la película «El despertar de la Fuerza» nos dejó sin aliento (otro tanto sucedió, en su día, con el de «La amenaza fantasma» y la decepción fue mayúscula, aunque, eso sí, el Episodio I ha ido ganando prestancia con el paso de los años). Valía la pena darle al replay un millón de veces para que esos contados segundos bien montados nos dejaran boquiabiertos con las maniobras del Halcón Milenario perseguido por varios cazas TIE entre los pecios de una flota estelar; incluso para ver de refilón al gran Chewbacca (sigue leyendo)


Lectura de 25 de febrero de 2021 a las 1200 horas

                                                                        



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miércoles, febrero 24, 2021

Lectura de 24 de febrero de 2021 a las 1200 horas

                                                                       



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martes, febrero 23, 2021

Guardia de literatura: reseña a «Bajo dos banderas. Relatos de España en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos», VVAA

ZENDA-Ruritania Editores SL
Primera edición: abril de 2018
Depósito legal: A 131-2018
203 páginas (incluyendo hitos
históricos del conflicto y bio-
grafía de los autores)
Recopilatorio digno de aplauso por la intención, aunque muy pobre de contenido, con escasos momentos de brillantez y mucho autor que se limita a cumplir con un compromiso

A quien no le suene, ZENDA es un proyecto editorial de reivindicación literaria e histórica de España, encabezado por Arturo Pérez-Reverte, capitán de un Tercio poblado de nombres propios de la cultura nacional (me remito expresamente a las plumas que se sumaron al recopilatorio que aquí reseño, quienes no necesitan presentación). Pecando de pedante, ZENDA bien podría conformar una especie de faro en un mar tenebroso de ignorancia, ineptitud y radicalidad en el que muchos nadan tan a gustito.

Entre otros muchos personajes del Pasado, en 2018 se quiso alisar las arrugas de la memoria (tomo prestadas estas bellas palabras al prologuista de la recopilación, Ignacio S. Galán) con respecto a don Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana y quien aportó el granito de arena y los litros de sangre a favor de la causa de George Washington en la guerra de independencia (la cuestión era joder al rey Jorge). Sobradamente conocido en los EEUU, contando hasta con una ciudad con su nombre en el estado de Texas (Galveston), su figura siempre pasó desapercibida por estos lares peninsulares, como tantos otros que fueron a las Indias a batir el cobre y más.

La plataforma, con el apoyo de IBERDROLA, convocó a doce autores para que, con pequeñas salvas, a modo de relatos breves, ficcionaran episodios vinculados con Gálvez y la guerra de independencia e los Estados Unidos, conformando el título «Bajo dos banderas» (sigue leyendo)

Lectura de 23 de febrero de 2021 a las 1200 horas

                                                                      



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lunes, febrero 22, 2021

Lectura de 22 de febrero de 2021 a las 1200 horas

                                                                      



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viernes, febrero 19, 2021

Lectura de 19 de febrero de 2021 a las 1200 horas

                                                                     



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jueves, febrero 18, 2021

Guardia de cine: reseña a «Erase una vez en Hollywood»

Título original: «Once Upon A Time In... Hollywood». 2019. 165 min. EEUU. Dirección: Quentin Tarantino. Guión: Quentin Tarantino. Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Damian Lewis, Luke Perry, Lorenza Izzo, Michael Madsen, Zoe Bell, Clifton Collins Jr., Scoot McNairy, Damon Herriman, Nicholas Hammond, Keith Jefferson, Spencer Garrett, Mike Moh, Clu Gulager, Martin Kove, James Remar, Lena Dunham, Austin Butler, Leslie Bega, Maya Hawke, Brenda Vaccaro, Penelope Kapudija, Rumer Willis, Dreama Walker, Madisen Beaty, Sydney Sweeney, Costa Ronin, Rafal Zawierucha, Julia Butters, Bridie Latona, HaleyRae Christian Cannell

Tarantino homenajea a ese periodo del Cine que le chifla, a los westerns y las producciones italianas, también al instante histórico-social, y lo hace con un cariño que el espectador agradece y degusta con deleite; aunque he de reconocer que aburre a veces

Dicen que el brutal asesinato de Sharon Tate, la esposa del director Roman Polanski, embarazada de ocho meses,  junto a Voytek Frykowski, Abigail Folger, Jay Sebring y Steven Parent (este último, sin relación con los otros), en su casa del 10050 de Cielo drive, Beverly Hills, —crimen instigado por el perturbado Charles Manson y perpetrado por varios de sus no menos desequilibrados integrantes de su “Familia”—, supuso el comienzo del fin de la Era dorada de Hollywood, así como del movimiento Hippie. Un “minúsculo” hecho traumático sucedido un 9 de agosto de 1969 fue el punto de inflexión para unos tiempos tan interesantes como los que se vivían en la segunda mitad de la década de las libertades, los mismos que Quentin Tarantino admiró con ojos infantiles y trasladó, mucho después, a la gran pantalla a través de este cuento en el que juega con la realidad histórica, alterándola a su gusto, tal y como ya hizo en «Malditos bastardos», haciendo que la noche de autos diera pie a un desenlace radicalmente distinto de aquel que acabó copando las portadas de los periódicos y los archivos policiales (sigue leyendo)


Lectura de 18 de febrero de 2021 a las 1200 horas

                                                                    



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martes, febrero 16, 2021

Guardia de ensayo: reseña a «Hacer cómics: secretos narrativos del cómic, el manga y la novela gráfica», de Scott McCloud

Título original: «Making comics.
Storytelling secrets of comics,
manga and graphic novels»
ASTIBERRI, Bilbao
Primera edición: septiembre de 
2007
ISBN: 978-84-96815-14-8
26 páginas

Scott McCloud, movido por un ánimo tan ingenuo como es ayudar a los novatos, acabó publicando un libro de cabecera

Muchos han sido los autores que han intentado “el asalto a la fortaleza” desde que el cómic se popularizó. Algunos lo hicieron guiados por la honesta intención de abrir las puertas a otros más tímidos que dudaban a la hora de ponerse frente a la hoja en blanco; otros, por presumir de conocimientos, pero la mayoría, quizá el 99,99%, se limitaron con publicar sus notas, debidamente reunidas y encuadernadas, en las que era fácil perderse ante la profusión lenta de palabras. Un medio dinámico ha de ser explicado de un modo dinámico, cosa que no es fácil de entender cuando se trata de ensayos.

Scott McCloud, dentro de ese 0,01%, triunfó donde otros mellaron sus espadas. Este «Hacer cómics» es un ensayo a corazón abierto, escrito y dibujado tras dos décadas de experiencia en el sector que le otorgan a McCloud el título legítimo de guía del desfiladero maldito al que se enfrenta con una genial obviedad: hablar de los secretos del cómic a través de un cómic, y es que «Hacer cómics» lo componen 264 páginas profusamente ilustradas, con algún corto apartado de notas y ejercicios, que desgranan cada paso, desde ir creando una historia en viñetas desde la nada.

Finalizada la lectura de «Hacer cómics» puedo afirmar que muchas cosas de las que McCloud trata ya las conocía por mi labor de escritor y guionista, como reducir el número de imágenes y texto al mínimo comprensible, sin pecar de excesos invalidantes que solo aportan farragosidad, lentitud y falta de claridad. Otras cosas las debía saber o intuir, pero nunca había reparado en ellas, como es el flujo… Con todo ello, me ha gustado mucho que McCloud no trate de cerrar caminos a nadie; para él no existen formas erróneas de componer, solo diferentes; otra cosa es que el aspirante en ciernes quiera hacerle todo el caso o prefiera saltarse algunos pasos, costumbre muy arraigada en mi persona que, luego, me hace perder más tiempo (sigue leyendo)


Lectura de 16 de febrero de 2021 a las 1200 horas

                                                                   



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lunes, febrero 15, 2021

Ver, oír y callar

Llevo tiempo queriendo escribir un
post con este título y hoy es un buen día para ello. Los Hados no han sido cicateros a la hora de brindarme las oportunidades para entonar un aforismo que es aplicable a una generación coetánea de «Monitos Sabios», mas siempre hay que esperar a que un determinado resorte, con independencia de su tamaño o naturaleza, te empuje a abrirte la cabeza como si de un melón se tratase.

«Ver, oír y callar» parece ser el mejor consejo que te pueden dar hoy, el mejor cuento a aplicar, si no, que se lo pregunten a la luchadora y actriz Gina Carano, quien interpretaba a la saltadora rebelde Cara Dune en «The Mandalorian» y que ha sido despedida y vetada de la franquicia Star Wars por haber estado vertiendo opiniones de esas llamadas políticamente incorrectas, tras sufrir una campaña de acoso y derribo en RRSS con el hashtag #FireGinaCarano.

Tras leer la noticia, en esa sección tan sobrante que es la de comentarios, tras haber jugado con la barra de desplazamiento de la ventana del navegador de Internet a modo de palanca de tragaperras, me fijé en una nota firmada por alguien cuyo nombre preferí no conservar que me impactó más que todo lo anterior: “Qué pena. Ha arruinado su carrera por no estar callada”. Solo faltaba haber puesto un “Calladita estás más guapa” y, así, se cerraría el asunto con un broche de oro.

Siendo que está de por medio la Disney, podría haberme puesto a divagar sobre el revisionismo idiotizante que llega a afectar a los Aristogatos a o a Dumbo, películas que vi de niño y por las que no he salido un neonazi que quema cruces en el patio de atrás. Provoca poca risa que a nuestros hijos les resulte más fácil descargar porno duro que ver una película infantil de dibujos animados en su tablet porque algún enfermo se inventa lo que “hay” entre líneas. 

Quizá otro día.

Pero, ¿qué dijo Carano para armar tanto ruido? Dijo muchas cosas, unas pocas acertadas y otras no. Se mofó de cierto detalle en RRSS sobre una cuestión transgénero, por desconocimiento y pidió perdón, y siguió hacia adelante. Pero la gota que colmó el vaso (o la excusa perfecta para deshacerse de ella) fue que se manifestara a favor de la teoría de la conspiración trumpista de que las elecciones de 2020 han sido un fraude orquestado por los Demócratas, que habrían manipulado el sistema de voto por correo: que si había que parar el conteo, filmarlo, etc. Donald Trump es, para mí, el hombre más peligroso que se haya podido sentar jamás en el Despacho Oval; ríete tú de Greg Stillson en «La zona muerta»; pero cada uno tiene su opinión y debería ser libre de exponerla sin temer a las represalias, en teoría.

Sin embargo, para este post mío quiero copiar y pegar una de las primeras manifestaciones, supuestamente controvertidas de Carano, que he encontrado traducida al castellano en Infobae.com: “Los judíos fueron golpeados en las calles, no por los soldados nazis, sino por sus vecinos… incluso por niños. Debido a que la historia se edita, la mayoría de la gente hoy en día no se da cuenta de que para llegar al punto en que los soldados nazis pudieran arrestar fácilmente a miles de judíos, el Gobierno primero hizo que sus propios vecinos los odiaran simplemente por ser judíos. ¿En qué se diferencia eso de odiar a alguien por sus opiniones políticas?” 

¿Qué decís vosotros que veis y oís como yo? Yo no leo aquí ninguna barbaridad, más bien, una verdad incómoda.

Comentando el asunto del despido de Carano con un colega, no pude más que recuperar estas tres acciones fusionadas en una corta frase. «Ver, oír y callar» era la regla tácita que aprendimos pronto a hacer nuestra aquellos que, aunque naciéramos al norte del Árbol Malato, vivimos y crecimos en los Años de Plomo en Euskadi, cuando la ETA tenía la máquina de picar carne en función turbo, ya fuera como maketos, coreanos, txakurrak o, parece que peor, hijos de aquellos mismos. Era una consigna para poder vivir “tranquilo” (y lo sigue siendo a fecha de hoy, por mucho que quieran echar capas de polvo de maquillaje encima).

Pura supervivencia: miradas al suelo, nudillos blanqueados y labios sellados, incluso ante los más cobardes de todos: aquellos que comulgaban con la idea supremacista vasca, pero que no pasaban a traspasar la línea de someter y humillar de lengua.

Tanto yo como mi compadre, ambos vascos, coincidimos en lo acertado de mi comparativa histórica y es que la situación a la que hemos llegado se puede asimilar con la vida a la sombra del terrorismo. Un ejemplo muy claro y global de lo que quiero decir lo tenemos con el día después del 11 de septiembre de 2001, cuando el pánico saturó los EEUU y el mundo porque el nuevo enemigo no tenía bandera, uniforme ni rostro; y la nueva y violentísima Inquisición actual ha nacido de los troncos apilados que consume el fuego de conceptos jurídicos tan indeterminados como la libertad de expresión frente a la censura que siempre estuvo personificada en el Estado, la Iglesia, las fuerzas vivas locales… Una Inquisición que no tiene cara ni número fijo; cualquiera puede ser denunciante, general cazabrujas, juez, Torquemada, verdugo y comentarista de gallinero, dando lo mismo que sean peones dirigidos en una campaña o guerra sin cuartel de desprestigio. Estamos sometidos a una represión ideológica brutal a través de unos medios que habían nacido con la intención, quién sabe si falsa desde la fuente, de hacernos libres. Todos los días son buenos para otra Noche  de los Cristales Rotos. O estás con la corriente o no lo estás, y ya sabemos lo que les pasó a los Neandertales por no estar en sintonía con los Sapiens.

Ahora vegetamos ante el peligro de dar motivos para que nos planten la boca del cañón de una 9 mm. Parabellum social en la nuca. Ya sabéis: se combate y no se razona, pues el nazismo social no pierde el tiempo en convencer con medios que no sean el esputo peyorativo, como tampoco en disimular uniformes e insignias.

«Ver, oír y callar» y el Mal se revuelve victorioso. Encima, son días en los que algunos payasos hacen carreras por los pasillos del Congreso de los diputados para recibir la medalla de oro en la categoría de presentar en el registro la “mejor” propuesta para despenalizar ciertos delitos y “fomentar” la libertad de expresión, todo sea para que patanes sin talento alguno, como Pablo Hasel, instrumentos del futurible sistema totalitario y represivo en formación, sigan a lo suyo, preparándose para un golpe a dos manos. Los mismos que se les llena la boca con “democracia” y “libertad”, son justo aquellos que te dan una palmadita a la espalda, a la espera de poder darte un par de hostias bien dadas.

Y es que el fascismo será llamado antifascismo, como dijo aquel.

Considero que un profesional, más si es reconocido, debería dedicar su perfil público a cuestiones que le afecten profesionalmente y por las que le pagan; no por manifestarse en extremos que ya rayan el puro exhibicionismo personal, pero yo no soy quién para imponer nada.

Como sabéis, hace ya meses que abandoné las RRSS y, desde entonces, vivo más sosegado. Sin embargo, todas esas purulencias hace también un rato que saltaron de la Red a la interacción social de carne y hueso. Es una guerra civil sin bandos ciertos ni bombas; solo de acusaciones cruzadas; de carroñeros y hienas sonrientes.

Ya sabéis, «ver, oír y callar», aunque yo seguiré hablando desde este rinconcito en el que aún puedo ser libre, quizá porque no pasáis de unas decenas aquellos que leéis estas Reflexiones a la luz de la bitácora.


Lectura de 15 de febrero de 2021 a las 1200 horas

                                                                  



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