martes, febrero 12, 2019

Guardia de cine: reseña a «El espía»

Título original: «Breach». 2007. EEUU. Drama. Color. 1 h. y 50 min. Dirección: Billy Ray. Guión: Adam Mazer, William L. Rotko y Billy Ray. Elenco: Chris Cooper, Ryan Phillipe, Laura Linney, Caroline Dhavernas, Gary Cole, Dennis Haysbert

«El espía» retrata de forma gris los dos meses previos a la captura del hombre considerado, por entonces, como el traidor más peligroso para los Estados Unidos de América. Recomiendo encarecidamente esta película a quien guste del cine de espías de toda la vida, sin artificios, despropósitos ni guaperas rabiosos

¿Dónde se encuentra el límite entre la confianza y el recelo? ¿Cuándo alguien puede entregarse a una tercera persona con los ojos cerrados? ¿Dónde se separan el patriotismo y la alta traición en la mente de un agente de Inteligencia?

«El espía» intenta retratar de forma gris los dos meses previos a la captura del considerado, por entonces, como el traidor más peligroso para los Estados Unidos de América, quien puso en peligro de muerte, colaborado en la eliminación a cerca de medio centenar de agentes y provocado una quiebra irreparable en la seguridad de la nación: Robert Hansen, un hombre con veinticinco años de servicio en el FBI y una de las figuras clave de la Inteligencia americana durante los últimos estadios de la Guerra Fría. Aunque, claro, no sabemos ahora si seguirá conservando su infame puesto en el cajón tras la entrada en escena de alguien de la talla de Edward Snowden, pues esta trama pertenece a un periodo en el que el mundo era diferente: en el que las Torres Gemelas seguían irguiéndose y dando sombra a la isla de Manhattan.

Hansen era un individuo irritante, irascible, violento y suspicaz sobre el que su aura de ultracatólico le proporcionaba otra de lealtad prácticamente inquebrantable. Si se le trataba de cerca y se superaba con éxito los primeros filtros de agresividad y territorialidad, podría causar admiración. Eso es lo que le sucede a Eric O'Neill, un chaval de contraterrorismo que busca y acepta misiones con tal de ganar su placa de agente del FBI y al que, por lo visto, castigan encasquetándole el trabajo de asistente personal de Hansen, quien está a punto de jubilarse. Eric es el espía del espía: ha de comprobar qué hay de verdad en las acusaciones de abuso y perversión sexual que penden sobre Hansen y que, por el momento, no habían visto la luz pública. Durante las primeras semanas, Eric termina convenciéndose de que su tarea es una arriesgada pérdida de tiempo; una estupidez deshonesta para un protagonista que se deja arrastrar por la fuerte personalidad, atractiva y controladora, de Hansen, hasta el punto de que su jefe trasciende al nivel personal y afecta a la vida conyugal de Eric.

Sin apoyo, Eric se ve abocado a una relación que supera los márgenes de lo que se entiende como normal entre un superior y un subordinado, más aún cuando descubre el objetivo real de la operación en la que él es el anzuelo: Robert Hansen es el enemigo doméstico número 1 de los EEUU, alguien a quien hay que neutralizar y capturar antes de que se vaya de rositas.

La trama que da base a la película la hace merecedora de ser calificada en ciertos sitios web como una de las cien mejores producciones de espionaje de la Historia. Comparto esa opinión pues el argumento clásico es real y carente de cegadoras explosiones, mareantes persecuciones y no menos movidas coreografías de peleas cuerpo a cuerpo, así como del consabido empacho de alta tecnología que han contaminado los modernos argumentos del género. Ambientada en el invierno del recién estrenado año 2001, es una historia de típica labor detectivesca, de agentes en una red de mentiras sin fin y de lealtades que se pagan con moneda falsa; una narración en la que los personajes sufren la tensión de estar en el ojo del huracán, fuertemente anclados, mientras todo a su alrededor sale despedido al cielo y gira hasta quedar destrozado y, con estrépito, es escupido al suelo.

Siendo que la película arranca con una rueda de prensa en la que se da a conocer la detención por alta traición de Robert Hansen, quien va a estar hasta el fin de sus días en una celda de máxima seguridad, no hay obstáculo que nos dificulte saber en qué terminará todo, aún no conociendo nada de este incidente previo al atentado del 11-S; pero tampoco para disfrutar, dejarse seducir por la tensión creciente que despliega el guión gracias a los posos de una personalidad como la de Hansen

El miedo a fracasar en la caza del topo, a no cobrar la pieza que, en el fondo, no dejaría de ser un trofeo para una victoria pírrica, es constante.

Por tanto, a quien guste del cine de espías de toda la vida, sin artificios, despropósitos ni arrebatadores guaperas, recomiendo encarecidamente «El espía».

Lectura de 12 de Febrero de 2019 a las 1200 horas




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lunes, febrero 11, 2019

«Las columnas del Imperio», de Sabino Laucirica


Hace tan solo unos días recibí un amable correo electrónico de parte de Sabino Laucirica, plentziatarra, excapitán de la Marino mercante y erudito historiador quien me hacía saber de su última obra «Las columnas del Imperio. (Cuando los vascos conquistaron el mundo para la corona española)» (Ediciones Beta III Milenio), donde dedica 360 páginas a desentrañar la vinculación vasca en la forja del Imperio español, entre 1492 y 1805, para llegar incluso a la batalla del cabo Machichaco, durante la guerra civil 1936-39.

Y como viene siendo costumbre en estas cubiertas, gustosos nos hacemos eco de esta reciente publicación, siendo que os ofrecemos, a continuación, una completísima sinopsis a cargo de su autor.



SINOPSIS

«Las columnas del imperio» es la crónica de un viaje de más de tres siglos por los paisajes de un imperio donde nunca se ponía el sol.  El pueblo vasco no ha sido un pueblo aferrado a su tierra y a sus costumbres sino que se lanzó a la conquista de un mundo desconocido. En este viaje estaremos al lado de muchos de sus protagonistas.  

La reconquista ha terminado en Granada, llevaremos al último rey nazarí Boabdil el Chico de vuelta a Cazaza (Reino de Fez) en el buque del corsario de Lekeitio Iñigo de Artieta, descubriremos poco después el Nuevo Mundo  de la mano de Juan de la Cosa “vizcaíno” navegante y armador de la nao Santa María, escucharemos las palabras de Fray Bartolomé de las Casas “los indios tenían reciente memoria de haber llegado a esta isla Española otros hombres blancos y barbados como nosotros, antes que nosotros no muchos años”. 
  
Pocos años después de la mano de Pascual de Andagoya asistiremos a la fundación de la ciudad de Panamá y veremos por primera vez el Océano Pacífico en los ojos de Vasco Núñez de Balboa, asistiremos al milagro de la Virgen de Guadalupe junto al obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, declararemos la independencia de las tierras del Orinoco junto a Lope de Aguirre, tres siglos antes que Simón Bolivar. 

Veremos cómo es arrojado al mar el cadáver de Juan Sebastián Elcano víctima del escorbuto y luego navegaremos con Andrés de Urdaneta tratando de buscar la ruta del tornaviaje, asistiremos a la fundación de las ciudades de Cebú y Manila junto al Adelantado, Miguel López de Legazpi.

 Veremos la solemnidad de la fundación de las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires junto a Juan de Garay y combatiremos junto a Bruno Mauricio de Zabala contra los portugueses para recuperar la orilla izquierda del Río de la Plata y una vez conseguido fundaremos Montevideo. 

Asistiremos al continuo peregrinar de Yñigo de Loyola en busca de su fe perdida y en la formación del Ejercito de Dios, que tanta ayuda prestará a los indígenas del Nuevo Mundo. 

Navegaremos una y otra vez y hasta diecisiete veces desde La Habana a Sevilla en la nave Capitana de la Carrera de Indias al mando del almirante Tomás de Larráspuru, asistiremos a la conquista de México al lado de Juan de Oñate y avanzaremos al norte del Río Grande junto a su hijo Cristóbal y más tarde fundaremos el Reino de la Nueva Vizcaya junto a Francisco de Ibarra.  Ya de vuelta asistiremos a la audiencia que da el Papa Urbano VIII a Catalina de Erauso, la monja alférez.  

Nuestra gran vocación marinera nos hará embarcar sin ningún temor en el puerto de Pasajes a bordo de la nao San Juan y estaremos al lado de nuestros balleneros en la conquista de Terranova y a bordo de la chalupa de Gannis de Sale perseguiremos al terrible monstruo que emerge del fondo marino amenazante, pero es el sustento de nuestros hijos y no cejaremos hasta vencerle. Más tarde defenderemos Placentia de los ataques ingleses a bordo del “Envieux” la fragata de Joannes de Suigaraichipi, “el corsario de Bayona”.  De regreso iremos a bordo del galeón Santa Ana de la escuadra de Vizcaya al mando del almirante Juan Martínez de Recalde a la conquista de Inglaterra y regresando maltrechos a La Coruña viajaremos para defender Cartagena de Indias contra la mayor flota que se ha visto nunca, la inglesa del almirante Vernon, pero lucharemos junto a Blas de Lezo en el castillo de San Felipe y haremos desistir a los ingleses.  

De vuelta a Cádiz, asistiremos impávidos y llorosos a la muerte del Brigadier Cosme Damián Churruca en aguas de la Bahía de Cádiz, ya se lo ha adelantado por carta a su hermano “si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero di que yo he muerto”. La premonición se ha cumplido. Más tarde asistiremos a la cena en Waterloo entre el Duque de Wellington y el General Álava, en una cálida pero lluviosa noche del mes de julio de 1815. Es la víspera de la batalla definitiva.

El camino está llegando a su fin, ha sido un largo viaje y el imperio agoniza víctima de la falta de recursos para mantenerlo y de las nuevas ideas liberalizadoras recogidas por la Constitución de Cádiz de 1812. Sólo queda certificar su defunción y para ello se envía nuevamente a otro vasco Juan Ruiz de Apodaca, que será el último Virrey de la Nueva España, pronto vendrá el libertador de los pueblos indígenas Simón Bolívar, nacido en Caracas, pero que es la quinta generación de Simón Bolívar “el viejo” emigrante de los verdes y húmedos valles de Vizcaya. Jamás pensó que iba a ser un descendiente suyo quien construyera las nuevas naciones americanas. Asistiremos a la toma de posesión de George Washington, presidente de la primera nación americana, junto al embajador español, el bilbaíno Diego de Gardoqui y Arriquíbar.  

Y finalmente estaremos junto a Rafael Menchaca en la Batalla de Machichaco, asistiendo a bordo del bou Bizcaya al desigual combate contra el crucero Canarias.

Ha sido un largo viaje a través de un imperio, que comenzó ilusionante de la mano de una reina buena, Isabel de Castilla y que termina bajo el mandato de un rey incapaz, Fernando VII. Pero su final era imparable, las distancias son enormes, la pólvora ya escasea y las ideas difícilmente se combaten con las armas. Los días del  imperio español habían acabado y también el de los héroes vascos que ayudaron a construirlo. El divorcio  surgido en los últimos tiempos entre los vascos y la corona española  perdura hasta nuestros días.

INDICE DE CAPITULOS 

PROLOGO 

CAPITULO I : LA  CONQUISTA  DEL  NUEVO  MUNDO 
JUAN DE LA COSA    (EL VIZCAINO) 
IÑIGO DE ARTIETA    (EL CORSARIO DE LEKEITIO) 
PASCUAL DE ANDAGOYA   (FUNDADOR DE PANAMA) 
FRAY JUAN DE ZUMARRAGA (PRIMER OBISPO DE MEXICO) 
LOPE DE AGURRRE   (EN BUSCA DE EL DORADO) 
JUAN ORTIZ DE ZARATE (GOBERNADOR DE PARAGUAY Y RIO DE LA PLATA) 
JUAN DE GARAY       (FUNDADOR DE SANTA FE Y BUENOS AIRES) 
CRISTOBAL  DE OÑATE      (FUNDADOR DE ZACATECAS Y GUADALAJARA) 
FRANCISCO DE IBARRA     ( FUNDADOR DEL REINO DE NUEVA VIZCAYA) 
JUAN DE OÑATE       (CONQUISTADOR DE NUEVO MEXICO) 
CATALINA DE ERAUSO (LA MONJA ALFEREZ) 
BRUNO MAURICIO DE ZABALA (FUNDADOR DE MONTEVIDEO)  
BRUNO DE HECETA (MARINO Y CARTOGRAFO DEL PACIFICO NORTE) 
IGNACIO DE LOYOLA (EL CONQUISTADOR DE ALMAS) 
TOMAS DE LARRASPURU (EL ALMIRANTE DE LA CARRERA DE INDIAS) 

CAPITULO II :  LA  CONQUISTA  DE  LAS TIERRAS  DE  ORIENTE 
JUAN SEBASTIAN DE ELCANO    (EL CIRCUNNAVEGANTE) 
ANDRES DE URDANETA   (EL NAVEGANTE AGUSTINO) 
MIGUEL LOPEZ DE LEGAZPI   (EL ADELANTADO DE LAS FILIPINAS) 


CAPITULO III :   LA  CONQUISTA   DE  TERRANOVA   
LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS VASCOS
JOANNES DE SUIGARAICHIPI  (EL CORSARIO DE BAYONA)
EL FINAL DE LAS PESQUERIAS

CAPITULO IV :    LA  CONQUISTA  DE  INGLATERRA      
MARTIN DE BERTENDONA (ALMIRANTE DE LA ESCUADRA DE LEVANTE) 
JUAN MARTINEZ RECALDE (ALMIRANTE DE LA ESCUADRA DE BIZKAIA) 
MIGUEL DE OQUENDO (ALMIRANTE DE LA ESCUADRA DE GIPUZKOA) 

CAPITULO V : LOS  HEROES  VASCOS  EN  LAS  BATALLAS  NAVALES  
BLAS DE LEZO (EL HEROE DE CARTAGENA DE INDIAS) 
COSME DAMIAN CHURRUCA (EL HEROE DE TRAFALGAR)   
MIGUEL DE ALAVA Y ESQUIVEL ( EL HEROE DE TRES BATALLAS) 

CAPITULO VI : EL  FIN DE UN IMPERIO,  EL FUERO VASCO Y LA GUERRA 
JUAN JOSE RUIZ DE APODACA Y ELIZA (EL ULTIMO VIRREY DE MEXICO) 
SIMON BOLIVAR   (EL LIBERTADOR)   
DIEGO DE GARDOQUI Y ARRIQUIBAR (PRIMER EMBAJADOR EN EE.UU.)    
 RAFAEL MENCHACA UGALDE (LA BATALLA DE MACHICHACO)
DESDE EL ARBOL MALATO A SABINO ARANA GOIRI 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS   

martes, febrero 05, 2019

Guardia de literatura: reseña a «Matadero cinco», de Kurt Vonnegut

Serie Biblioteca El Mundo
Medios Estratégicos de Información actual SAT
Traducción: Margarita García de Miró
256 páginas
ISBN: 84-96075-34-6
«Matadero Cinco» es un  libro distinto a todo. A pesar de lo absurdo que puede llegar a ser, es tremendamente lógico y atractivo, manteniendo siempre un buen sabor a la hora de ser leído. Vonnegut es capaz de hablar del trauma de haber sobrevivido al bombardeo de Dresde y de acusar con el dedo firme a los oficiales y a la sociedad norteamericana en lasucesión de flashes espacio-temporales que sufre su protagonista

La segunda guerra mundial ha sido, es y será un terreno fértil para el desarrollo cultural, más si cabe para la Literatura. Es un gotear continuo de títulos que nos derivan a sesudos estudios históricos y antropológicos, novelas de puro entretenimiento o biografías de los distintos agentes participantes, desde aquellos que nos suenan a la fuerza a hombres y mujeres más bien anónimos.

El escritor Kurt Vonnegut se encontraba entre estos últimos y fue uno de los pocos que podría atestiguar de primera mano la destrucción completa de la ciudad de Dresde un 13 de Febrero de 1945, un bombardeo aliado con nula base táctica que segó la vida de 135.000 personas en dos días. Vonnegut, como otros tantos soldados estadounidenses capturados y destinados a la bella urbe germana como batallón de trabajo, siguió respirando por la casualidad de encontrarse refugiado en las cámaras subterráneas del matadero municipal, en el edificio número cinco; y siempre anheló escribir acerca de su experiencia, pero no sabía cómo. Quería huir de la glorificación de los actos heroicos, tan comunes del género, pues allí no se vio nada épico, y del morbo despiadado del aniquilamiento. Quería escribir ante todo una novela antibelicista en la que las miserias humanas coparan todo el protagonismo.

«Matadero cinco» es un título que tanto se encuentra reseñado en blogs de Literatura militar como de ciencia-ficción. Por eso siempre me llamó la atención, aunque para escribir estas notas no me he dejado contaminar por las palabras de otros; por eso es posible que obvie algunos aspectos fundamentales de la narración o incida en otros de menor calado, dedicando tiempo a trivialidades; no lo sé: me limito a aseverar que “éstas” son mis impresiones.

Vonnegut encontró la forma de escribir acerca de su Cruzada de niños introduciéndose a sí mismo y a su camarada de armas Bernard V. O’Hare en la narración, como meros figurantes. El protagonista absoluto es Billy Pilgrim (no sé si un recuerdo real del autor o un personaje ficticio), pues ésta es su “biografía” desde 1930 a 1970, en una sucesión de hechos que muchos han calificado de “circular”, con un centro traumático en sus desventuras como soldado capturado y trasladado a Dresde. Y es que Billy Pilgrim puede viajar en el Tiempo o eso le parece a él; una simple acción como levantarse de noche y tantear para dar con el interruptor de la luz del aseo de la habitación donde disfruta de su luna de miel, puede trasladarlo hasta el hospital del campo de prisioneros o a una convención de ópticos o al accidente de avión del que resultará ser el único superviviente; también al viaje vacacional que hizo con sus padres durante la Gran Depresión; o al zoo de Tralfamadore, un planeta alienígena a dónde es llevado para que sirva como atracción para unos extraños seres con un particular sentido del Tiempo y que dotarán de “lógica” a este libro, cuyas páginas he devorado aún cuando es, con diferencia, el más raro que he leído jamás.

Billy Pilgrim, tras su paso por la guerra, un episodio traumático sin parangón —más si cabe en las palabras de Vonnegut, quien lo hace continuo objeto de burla hasta límites de lo grotesco—, es un hombre de éxito, lo cual puede resultar chocante. Se ha casado con una mujer de la que no está realmente enamorado, pero gracias a su enlace se forrará los bolsillos de dólares y, ya en sus últimos estadios, se convertirá en un eminente conferenciante en materia del fenómeno OVNI. Su concepto como personaje es extraño a la par que atractivo; durante su captura y posterior confinamiento no tiene aspecto de soldado, es más, desde la instrucción no había vuelto a portar un arma hasta que no le queda otra tras el infierno de Dresde. Su aspecto general es patético, de niño que no quiere está allí, pero que no hace nada para evitarlo, pues se le impone la visión tralfamadoriana de que todo ha sido, es y será, como si admiráramos durante toda la vida una única estereotipia panorámica imposible de corregir al carboncillo. Durante la paz, Pilgrim se hará seguidor de un fracasado autor de novelas baratas de ciencia-ficción, que no deja de publicar títulos en editoriales que quiebran a los pocos meses y cuya bibliografía será como un salvavidas que explique su capacidad viajera y su abducción.

Kurt Vonnegut critica en «Matadero cinco» a los altos oficiales que consideran a la tropa como peones sin valor y a las acciones como la de Dresde como necesarias y normales dentro del devenir de una guerra; por ello, quizá, lo mejor sea abandonarse en los brazos de los extraterrestres. Otro tanto hace con la sociedad americana, ajena al conflicto mundial y que salió muy bien parada económicamente hablando, dispuesta a solo engordar.

La obra se abre y se cierra con una narración en primera persona del autor. En su primer capítulo nos relata los obstáculos a los que se enfrentó para llevar a feliz término la novela y firma con el deseo de un mundo mejor para los habitantes de un futuro no tan lejano. 

No es un título de ardua digestión, pero es diferente a todo; una visión única de la vida en un instante que lo abarca todo. Como diría Vonnegut: así es.

Lectura de 5 de Febrero de 2019 a las 1200 horas




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martes, enero 29, 2019

Guardia de televisión: reseña a la primera temporada de la serie de animación nipona «Hisone y Masotan»

Título original: «ひそねとまそたん». Japón. Animación de fantasía y ciencia-ficción. 2018. 12 episodios de 30 min. aprox. Creadores: Higuchi Shinji, Okada Mari. Estudio: Bones

«Hisone to Masotan» es una serie de adultos para adultos que ha cosechado alabanzas entre el público y la crítica, a pesar de hacer una enérgica defensa de valores e ideales defenestrados en Occidente. Su principal ingrediente es el desarrollo humano y personal desde la óptica nipona (extrapolable, en muchos aspectos, a nuestra cultura)

Lo más notable de las plataformas digitales de entretenimiento es su casi inabarcable fondo de títulos, capaz de satisfacer todo tipo de gustos y a todo tipo de espectadores. Tan vasta colección no se ha creado para que la “agotemos”, sino para que encontremos allí dentro aquello mismo con lo que disfrutemos de verdad. Por ello no es de extrañar que NETFLIX esté haciendo hueco para las producciones de animación japonesa, como ésta de «Hisone y Masotan», que muchos críticos han interpretado como un resurgimiento del género de “mechas” (véase «Mazinger Z», «Gundam», «Patlabor», «Evangelion», etc.), aunque con un toque de distinción y naturaleza al sustituir al dispositivo mecánico mediante la incorporación de un ente vivo donde se instala el piloto humano: un dragón.

«Hisone y Masotan» posee un argumento demasiado fantasioso, tanto que le hace perder pie en más de una ocasión. La existencia de dragones que estén al cuidado y servicio de las Fuerzas Japonesas de Autodefensa (FJAD), hábilmente enmascarados como aviones de combate, resulta, cuanto menos, chocante y hasta ridícula, pero no menos cierto es que este elemento “natural” y con “personalidad” permite una mayor empatía y cercanía por parte del espectador que con respecto a un inerte amasijo de hierros, como sería el Alphonse de «Patlabor».

Y este secreto de Estado llega a conocimiento de Amakasu Hisone por un guiño del destino. Hisone es una chica tímida, oculta tras una masa de la “normalidad” social entre cuyos engranajes no encuentra su sitio; siempre mete la pata al ser no ser capaz de poner freno a su bocaza, aireando sus pensamientos y opiniones en voz alta y con la sinceridad por bandera, lo cual le acarreará no pocos disgustos al herir a los que la rodean en su orgullo, vanidad, modestia… Tras finalizar los estudios de bachillerato, Hisone confirma que es presa de un temor común a muchos jóvenes en todo el mundo industrializado: ¿qué hacer con su vida, qué senda tomar para el futuro inmediato y el posterior? La soledad social en la que Hisone ha crecido, su incapacidad para formar un sano círculo de relaciones, así como su urgencia por ser y sentirse útil, la animan a alistarse a las FJAD, siendo destinada a tareas administrativas en la base de la Fuerza Aérea de Gifu, hasta que una orden, que no parece interpretar muy bien, la conduce hasta una parte apartada y poco transitada del complejo militar: el hangar 8. Con los niveles de timidez y miedo a un nuevo fracaso por encima de la media, Hisone cruza las puertas de la silenciosa estructura, donde la envuelve una atmósfera más propia de una película de terror. Del fondo de una humeante piscina, emergerá una enorme figura negra, de grandes e implacables ojos y una boca cargada de dientes que la engullirá sin mediar palabra.

Hisone despertará en estado de shock en la unidad médica de la base, donde dos oficiales le explicarán qué le ha sucedido, que no es otra cosa que el haber sido elegida por el organismo volador transformable (OVT) de Gifu para ser su piloto. Y así es como darán comienzo las aventuras de Hisone junto a un ser que luego se nos muestra como adorable y que le permitirá ir avanzando y creciendo a medida que el resto de personajes se van presentando y el propósito principal de ese escuadrón militar se concreta.

A partir del incidente en el hangar 8, Hisone, como protagonista, se desarrolla como persona y encuentra respuesta a todas esas preguntas que la han estado torturando; incluso dará con su propio valor como mujer y soldado, asimilando y exponiendo una visión del sacrificio por amor y no por fanatismo o irresponsabilidad. Hisone modifica sus sentimientos y, con ella, Masotan, un dragón que mantuvo un decálogo inalterable con el paso de las décadas y de sus distintas pilotos.

El otro personaje que sufre una metamorfosis positiva es Kaizaki Nao, quien recibe de mala gana a Hisone cuando ésta se incorpora en la unidad dragón. Su comportamiento hacia la novata roza (y supera) el límite del maltrato físico y psicológico, pero es que Nao se ve intimidada por una piloto que compite con ella, por lo que se espera de ella, por lo que se ve incapaz de conseguir; es como si fuera el reflejo de la propia Hisone en un espejo deformado y Nao, solo ella, tiene derecho a estar allí, al contrario que una chica que acaba de alistarse y que nada pinta en el hangar 8. Y es que Nao es hija de una famosa piloto dragón, pero no consigue que Masotan la acepte, mostrando su enfado de forma un tanto infantil cuando el OVT traga a Hisone nada más conocerla. 

Nao se transformará por dentro al darse cuenta que no tiene que vivir a la sombra de los logros de su madre, sino que, como Hisone, ha de saber hacerse útil, algo que es tan necesario en la sociedad nipona como el respirar.

El resto de personajes se ven envueltos en distintos planos de confusión, miedos y cambios durante la preparación y ejecución de la misión por la cual han sido escogidos: un ritual shintoista secreto de cuyo resultado depende el bienestar del país. En este plano es donde se da un salto más allá en el género de “mechas”, al introducir aspectos religiosos y mitológicos, pero que, una vez metidos en harina, rozan menos que la existencia de dragos disfrazados de aviones.

Destaco ahora el personaje de Okonogi Haruto, que es aquel que causa en Hisone unos sentimientos que no tolerará Masotan y que llevará a la piloto al extremo de tener que convertirse en una heroína; pero no menos interesante es Hoshino Ei, una aviadora que  malinterpreta muchas cosas: se muestra atrapada en una unidad que entiende como inútil que está ahogando en el fango sus posibilidades de hacer realidad un sueño de niñez y guerrea contra los hombres, a quienes no ve como compañeros sino como enemigos. También resulta interesante la capitán Kakiyashu, abrumada por la personalidad de Hisone y su aparente debilidad.

El resto de personas son divertidos y hasta kawaii (como en el caso de Mayumi Hitomi), pero son perfilados de forma pobre (sobre todo Satomi Arai), como simples y meros conductores narrativos o elementos cuasicómicos, a excepción de la anciana Hinomoto Sada, que es la contraparte de Hisone en un tiempo y espacios diferentes, una mujer que fue piloto durante la segunda guerra mundial y participante en el anterior ritual, y que no supo dar con una solución que podría haber cambiado muchas vidas setenta años atrás.

Pero dejemos ya a los personajes, tanto principales como secundarios, y pasemos al estilo, bien diferente al que suele ser habitual en el mundo de la animación japonesa. No presenciamos un derroche visual ni gráfico; las líneas que dibujan a los intervinientes y lo que les rodea con cierta simplicidad, apenas son algo más que esbozos sin detalles que redunden en un peso puramente ornamental. Incluso algunos individuos carecen de fosas nasales y, salvo con el OVT gigante que hay que guiar y apaciguar, los colores predominantes son planos, sin apenas brillo, como si se tratara de producir un anime europeizado. Pero, ¿queda mal?, ¿«Hisone y Masotan» necesitaría haber sido regado con más dólares y más mano de pintura? Yo diría que no, pues hay que entender que la historia de «Hisone y Masotan» da peso a los personajes (aunque no con el resultado que habrían deseado sus creadores) y a aquello que les ha llevado a ese instante y en qué se acaban convirtiendo. Los estudios de diseño profundos y el virtuosismo colorista es secundario o terciario, sin apenas valor en el argumento, que reúne tantos y tantos guiños a la cultura nipona, tanto actual como antigua, siempre viva.

No hay que dejarse engañar por la sencillez de trazo o cierto ingrediente de monería e, incluso, histrionismo en los personajes humanos y dragones; tampoco por las suspicacias que pueda causar la forzada relación entre estos extraños “mechas” y su propia e inventada existencia (o la imposibilidad de que nadie los pudiera pilotar de la forma en que se muestra), pues es una serie de adultos para adultos que ha cosechado alabanzas entre el público y la crítica, a pesar de hacer una enérgica defensa de valores e ideales defenestrados en Occidente.

Y, vaya, no me puedo resistir a sellar este artículo con los títulos de crédito finales, con la voz de France Gall y su «Les Temps De La Rentrée» (1966):


Lectura de 29 de Enero de 2019 a las 1200 horas




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