miércoles, febrero 01, 2017

Lectura de 1 de Febrero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 752 (Variable). Encapotado
  • Termómetro: 12º
  • Higrómetro: 52%

1 de Febrero de 2017





martes, enero 31, 2017

Resumen de publicaciones de Enero 2017

Artículos
-Durante los últimos años del s. XIX y los primeros del siguiente, los platillos flotantes trataron de hacerse un hueco en la defensa naval de diversas potencias. Con este artículo podéis encontrar muchos datos sobre esta “locura” de la ingeniería, propia de la época https://goo.gl/rNQah1
-Con semejante título, «Buffalo Bill contra los españoles», conoceremos un pedazo de la historia de la guerra de 1898 que nos enfrentó a los EEUU, siendo que el coronel Cody y su circo, a poco estuvo de embarcarse a luchar contra nuestros bisabuelos https://goo.gl/Jy3SAm

Ficha de fauna
-Dedicaremos unas palabras al pez ballesta o pejepuerco https://goo.gl/HQ6R2o

Reflexiones a la luz de la bitácora (columna de opinión)
-No son patatas con chorizo servidas al Cid, pero sí otras muchas cosas peliagudas que han servido para que con la adaptación de «Assassin’s Creed» pueda volver a escribir una columna de opinión bajo el título de «Asesinos de Historia» https://goo.gl/YOdsWl
-No siendo habitual en mí, procedo a disertar sobre el Sr. Donald J. Trump y las razones de su victoria, además de sus primeros días como presidente de la nación más poderosa de la Tierra, con un artículo titulado «Hail, Trumpy Prez!». Una disertación que supera ampliamente las 2.000 palabras. https://goo.gl/XJCnsg

Reseñas
-Recensión a la divertidísima novela de crítica social escrita por Robert Louis Stevenson y que en España se tituló como «Las aventuras de un cadáver» https://goo.gl/Yat2pv
-Recensión a la adaptación cinematográfica de «20.000 leguas de viaje submarino» a cargo de la Disney https://goo.gl/OQCecY
-Recensión a la excelente novela gráfica «Patrulla X. No más humanos» https://goo.gl/YQK9eC
-Recensión a la novela de Michael Crichton «Esfera» https://goo.gl/W89nCk
-Recensión a la película de Steven Spielberg «El puente de los espías» https://goo.gl/eXHI4r

Colaboraciones con la publicación Revista General de Marina
-En Noviembre os comenté que la RGM publicó mi artículo titulado “Un capitán Nemo alemán”. Ya se puede leer en abierto en la página de la Armada, enlazándoos directamente al escrito: http://www.armada.mde.es/archivo/rgm/2016/11/rgmnov2016cap02.pdf

Guardia de cine: reseña a «El puente de los espías»

Título original: «Bridge Of Spies». 2015. USA. Thriller histórico. 142 min. Color. Director: Steven Spielberg. Guión: Matt Charmann y los hermanos Coen. Elenco: Tom Hanks, Mark Rylance, Alan Alda

Tom Hanks hace suyo el personaje de James Donovan y se mimetiza con él a medida que la trama se desarrolla; una en la que cada vida humana importa, aún entre los altos muros, construidos con bloques de hormigón y miedo, de la Guerra Fría

Imprescindible filme de Steven Spielberg, quien vuelve a sorprender con su forma de enfocar nuestra Historia reciente a través de un hecho real que adapta a la gran pantalla con seriedad y calidad. Una película que nos lleva en un vagón de primera clase a los años del miedo nuclear y del levantamiento del muro de Berlín; un relato de espías sosegado, sin escenas de artes marciales ni martinis a deshora, cercano a la realidad de esa etapa brumosa de la Humanidad.

Tom Hanks encarna a James Donovan, un abogado de seguros que ostentó, a pesar de la opinión pública, la defensa de un tal Rudolf Abel, un hombre acusado de espionaje a favor de la URSS. Con la Ley en la mano, Donovan se enfrentará a los destructores de un sistema de garantías democráticas mermadas gracias a la cruzada anticomunista del senador MacCarthy, sufriendo un linchamiento mediático, social e intelectual, tanto en la calle como en las salas de los tribunales, simplemente por cumplir con su deber. Donovan tan solo pretende defender la inviolabilidad del sistema en el que cree y que ampara a todo ciudadano, nacional o extranjero. Además, su experiencia como abogado de seguros le dota de cierta capacidad que muestra a la hora de negociar y torcer ciertas voluntades erráticas, incluso mal formadas, en defensa de la justicia; se involucra tanto que pone al país entero en su contra, pero él sabe que está previendo una contingencia futura: un día cualquiera, los soviéticos capturarán a un espía americano en territorio ruso y nunca está de más contar con una baza en prisión que colgando del cadalso.

Donovan, llegado el momento, será una pieza clave en un juego peligroso encabezado por Washington, Berlín y Moscú, sin cobertura ni reconocimiento, tensando la cuerda hasta casi romperla y enfrentándose con las manos desnudas a simpáticos y peligrosos adversarios. Tan solo contará con su elocuencia y con su ideal de Justicia.

La película podría tacharse de lineal, pero es que la Historia es así y se sirve de elementos lineales sorprendentes, sin pretender ser un mero entretenimiento de usar y tirar; y Tom Hanks hace suyo el personaje de Donovan y se mimetiza con él a medida que la trama humana se desarrolla, una en la que cada vida humana importa frente a la barbarie silenciosa de la Guerra Fría y sus altos muros separadores, construidos con bloques de hormigón y miedo, con dos formas muy diferentes de ver el mundo.

Spielberg y los hermanos Cohen firman una cinta que cierra dejando muy buen sabor de boca en el espectador, descubriéndonos los entresijos de un evento no tan conocido de nuestra Historia, ni siquiera por parte del público estadounidense.

Lectura de 31 de Enero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 752 (Variable). Encapotado
  • Termómetro: 12º
  • Higrómetro: 52%

31 de Enero de 2017



lunes, enero 30, 2017

Hail, Trumpy Prez!

Tened la bondad de permitirme transformar
a Donald Trump en el comandante John.
A lo largo de este texto, encontraréis la 

razón soterrada de semejante chiste gráfico
Comienzo a escribir este artículo de opinión sumido en una profunda e irritante preocupación. Puedo sentir el picor fantasma de la urticaria que me va a causar hablar de política y políticos. Pero todo sea en aras de no ser el último mono en decir algo, pues me veo en molesta tesitura de realizar un pequeño sacrificio, de perder media libra de mi tiempo y pensamiento, por gracia del nuevo dios elevado a los altares del Medio Oeste norteamericano: el señor Donald John Trump, cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América, quien acaba de sentar sus royals en el sillón y golpea inconscientemente con la pierna el maletín de las claves nucleares colocado a su lado, creyendo que es la papelera. Por gracia de éste tipo y de toda la algazara arremolinada a su alrededor. No sé si dedicarle mis palabritas es algo necesario o superfluo, pero quisiera dejar la impronta digital de mis palabras, de mis pensamientos, acerca del triunfo de un modelo populista al más puro estilo de Homer Simpson cuando consigue ser titular del departamento de sanidad de Springfield o, ya puestos, cuando Krusty es votado como congresista. De sus causas también.

Pero, tranquilos, que el Sr. Trump no será el único blanco de mis disertaciones. Habrá palos para muchos y muchas.

Desde que Mr. President Trump firma como tal, es decir, desde el 20 de Enero de 2017, le ha bastado tan solo una semana (sobrándole días) para, a golpe de decretazo, destruir buena parte del escaso legado que Barack Obama ha dejado tras ocho años en la Casa Blanca. En su defensa, al nuevo mandatario no se le puede echar en cara que no cumple con sus promesas electorales. Es más, no creo que haya en los anales de la Humanidad nadie que se haya dado tanta prisa en probar la valía de la palabra dada a gritos en un mitin.

No voy aquí a cargar tintas sobre los 22.000.000.000 $ (lo pongo en número para que se aprecie mejor su magnitud) que se pretenden destinar a la construcción de ese muro fronterizo con el pérfido, corrupto, católico y demasiado moreno Sur de Norteamérica, deteriorando las relaciones con Méjico a niveles nunca vistos desde el fin de la primera guerra mundial. Esta medida ya la sabíamos todos; era un caballo de batalla durante la campaña electoral. No voy a hablar del muro (ni de la prohibición de entrada a ciudadanos de siete países musulmanes que ha animado los aburridos telediarios del fin de semana pasado) pues no ha sido la primera medida adoptada. Esa fue la de paralizar el ObamaCare, un sistema incipiente de Seguridad Social universal (como la que tenemos en España, que nos quejamos mucho de ella sin saber lo que hay por allá), del que se beneficiaban unos veinte millones de ciudadanos cuya situación laboral y/o económica les impide el pagar a tocateja, como unos machotes, un seguro médico privado. Y dentro de la medida, menos cubierta por los telediarios, está el cierre del grifo a la ayuda federal que se dispensaba durante la administración Obama a las familias con menos recursos y que a duras penas pueden pagar la hipoteca de la vivienda en la que residen.

Y a esto me formulo una pregunta muy tonta… que viene después de la siguiente y prudente elucubración. Las ratas de biblioteca más sesudas —esas mismas que echan mano y entienden de estadísticas y de la funesta psicología que inspira al electorado en un sistema democrático, de esas que mendigan pan y queso por los platós de magazine mañanero y de programa de debate político nocturno—, justifican el triunfo de Trump al haber encandilado a todos (o casi todos) los votantes de esa tierra baldía que hay entre Los Ángeles y Nueva York que es América (me sirvo de una línea de diálogo de Ned Flanders, otro personaje de los Simpson que se cuela hoy entre mis ideas), territorios que han sido desatendidos por Washington y las zonas costeras más pudientes, abandonados a su suerte para sufrir las devastadores consecuencias de esa maravillosa y fatua etapa de los felices años ’90 y ‘2000 del outsourcing a mansalva. Incluso allí se tragaron la fantasía embaucadora de que los blanquitos íbamos a estar trabajando con la manicura hecha y ganando dinero para quemar, mientras los chinitos y los inditos se tiraban dándole a la palanca unas dieciséis horas al día, tragaban mierda y morían de toda la contaminación posible que crea nuestro caprichitos occidentales sin querer mejorar. Y no iba a pasar nada en la tierra de Jauja. Ocho horas de curro de oficinista, ocho horas sobando en el sobre y ocho de jarana total, que para algo el Altísimo nos ha encalado.

Claro, todas estas medidas de los felices años pasados han girado una dolorosa de las de agárrate y no te menees sobre todo a ese Medio Oeste y a los estados tradicionalmente industrializados, como Illinois, que cuenta con ejemplos como Detroit, una ciudad declarada en ruina y censo censo poblacional nos sirve como caja de sorpresas para regocijarnos diariamente y delante de la pantalla con el programa “Empeños a lo bestia”, desplegando un plantel de divas y divos de color, a cada cual más ordinario, soez y patético, engrosando la cola de las rebajas en dignidad.

Trump ha sido muy listo. No ha presentado una campaña política, sino una de marketing. Con su populismo asequible ha guiñado el ojo y levantado faldas prometiendo el oro y el moro y hasta el loro. Y el populismo, hoy, ayer y siempre, ha sido plato del gusto de muchos. Entra muy bien. ¿Por qué? Porque es una solución fácil y barata. Da igual que lo barato termine saliendo caro, carísimo. Pero es una solución, a fin de cuentas. En un chasquear de dedos, ¡chas!, obligamos a la Ford a construir en los EEUU, ¡chas!, ponemos freno a la entrada de productos extranjeros, ¡chas!, nos ponemos a perseguir y a retirar de las calles a esos supuestos usurpadores de puestos de trabajo. ¡Chas! ¡Chas! ¡Chas! Y la cosa sigue.

Y a esto me pregunto yo, necio de mí, si toda esa supuesta revolución laboral que el Sr. Trump piensa generar va a encandilar al americano medio. Porque igual pasa como en los también tiempos felices pasados españoles previos a la actual crisis económica. Me pregunto si abrirán fábricas, reactivando el tejido industrial de EEUU, y habrá ríos de americanitos para pedir un trabajo o pasarán del tema, porque son de nariz demasiado fina. ¿Habrá hordas de parados neoyorkinos partiendo a las tierras de cultivo? ¿Ensuciarán sus traseros con grasa de motor?

A lo que sumo, como adelanté, que la primera medida fue suspender el ObamaCare y retirar las ayudas al pago de hipotecas. Y esto me parece la mar océana de curioso pues, si el Medio Oeste americano es el que ha dado el triunfo por delegados a Donald Trump, un área castigada por el desempleo y la precariedad económica, me imagino que allí residirán el 99,99% (bueno, rebajemoslo al 80% por no pasarnos del Precio Justo) de los beneficiarios de la Sanidad Pública creada por Obama y del subsidio con el que ir pagando cuotas de amortización de préstamos hipotecarios, ¿no? Si no tengo trabajo, no tengo seguro médico ni puedo pagar al banco, ¿o me equivoco? Quizá es que yo sea un poco idiota y no me entero, que puede ser. Como hombre, comprender a las mujeres me resulta complicado, pues nunca acierto, pero al Ser humano es tarea por la que no merece el esfuerzo. Sarna con gusto no pica.

Pero no hay que ir con el dedo acusador donde esos amiguitos del Medio Oeste, esos mismos que hoy se desfogan en Twitter, con lágrimas de regocijo y otros fluidos, ensalzando al nuevo presidente. He llegado a ver hasta montajes fotodigitales de Trump firmando un decreto guiado por la mano de Jesucristo, ambos rodeados de delicados y rubicundos querubines. No es broma. Si Jehová escogió a los judíos como el pueblo elegido, Jesús de Nazaret ha debido de hacer lo propio con los yanquis, o eso piensas los predicadores evangelistas de púlpito blanco y frente sudorosa, de traje sastre dominical y satanización diaria. Mas, como he dicho, la culpa (toda) no la tienen estos blanquitos considerados por los pijos de la costa como el deleznable fruto de la endogamia y la soledad del interior del país. Entre estos idólatras no solo está Clint Eastwood y los de la Asociación Nacional del Rifle. Vas a las Redes Sociales y encuentras mensajes y fotografías de hombres y mujeres afroamericanos y chicanos con toda la parafernalia pro-Trump posible hasta las cejas y las trancas. ¡Qué me dices! No, que no nos vendan la moto de lo contrario. Si hay chanergos encabezando las manifestaciones independentistas nacionalistas catalanas, con la estelada en un puño, la cabeza alta y el ano apretado, coreando consignas a favor de la creación de una república libre de la lacra y enfermedades endogámicas de los puercos castellanos, de supremacía blanca sobre los blancos, a quienes acompañan moritos, negritos y sudamericanitos bien subvencionados, en los EEUU pasa otro tanto de lo mismo. Para no ser menos o quedarse atrás.

Lo más sangrante del asunto, por encima de esa patética y recién organizada resistencia anti-Trump, adalides y defensores de bella armadura de una Democracia que bastardizan al grito de “protesto porque ha sido elegido el que yo no quiero”, es que nadie se preocupa de subrayar y enfatizar la razón principal (o única) por la que Hillary Clinton no ha ganado la presidencia de la nación más poderosa de la Tierra. Y es curioso, pues Barack Obama ha finalizado su mandato con un récord de popularidad y, como agradecimiento popular, la peña ha votado al primero que va a descojonar todo su trabajo. Bailecitos cogidos de la mano, flores en el pelo, caras pintadas de chillones colores y todo a la mierda. 

Si tiramos de hemeroteca televisiva, de reportajes que los enviados especiales remitían a sus redacciones, siguiendo a trompicones la estela de los extenuantes tours de los candidatos por el país, además de cubrir los colegios electorales durante el Día D, nos encontraremos, en entrevista a salto de mata a votantes de las minorías, con comentarios del estilo: “La política de los Clinton siempre nos ha perjudicado” (siendo un negro quien lo dijo, me imagino que también le molestaría que Obama no erradicara la lacra blanca de los puestos de arriba y pusiera a los rostro-pálidos a recoger algodón, supongo (¡uy!, qué racista me ha salido esto, pero es la puta verdad)), “votar a Hillary será votar el mal menor”, y muchos más, que hay para analizar, sobar, escoger y hasta comprar.

Pero no nos engañemos, no. Hillary Clinton, alguien a quien yo también preferiría ver sentada tras la mesa en el despacho oval, ha fracasado. ¿Por qué? Pues porque es mujer. Sí. Da igual que sea del Partido Demócrata que del Republicano, pues otro tanto le pasó a Sarah Palin, que se tuvo que conformar con su Tea Party de discurso radical incalificable y con admirar cómo una doble, profesional del cine de “adultos” (de nombre Lisa Ann por si hay alguien que quiera volver a bañar sus retinas con semejante “información”), se tragaba miembros bien dotados, del tamaño de su cabeza, por todos los orificios de su cuerpo, salvo orejas y nariz, en unas cuantas pelís porno que hicieron las delicias de maduritos y no tan entrados en años y canas que descubrían, entre pañuelos de papel y cheetos, el voluptuoso mundo de las MILFs. 

América ha preferido poner a un hombre antes que a una mujer al frente de su gobierno, importando bien poco su populismo y su retahíla constante de jocosidades y barbaridades televisadas o tuiteadas. Trump ha gastado saliva con comentarios violentos, sediciosos, fascistas, racistas, sexistas, indecorosos… Cogemos el Delorean de Doc y nos vamos para la Alemania de 1933. No pasa nada. ¿Qué importará que el venerable Kirk Douglas, al ser preguntado acerca de la victoria de Trump, dijera que él (y otros) no había combatido en la segunda guerra mundial para esto?

El nuevo presidente se lleva a matar con colectivos que parten desde la CIA hasta las organizaciones femeninas, pasando por lobbys industriales tradicionales. Ha llegado hasta a faltar el respecto a la familia de un soldado estadounidense, muerto en combate, por el simple hecho de que era musulmán. Pero, repito, no pasa nada, my friend, no pasa nada. 

Es lo que tiene jugar con fuego: que acabas quemándote. Pero sigues jugando.

Como no podría ser de otro modo, ahora los miembros del circo de payasos democratizadores de dentro y fuera de los EEUU, tanto a un lado como al otro del mundo, estamos tirándonos de los pelos pues una panda de paletos de pantalones subidos hasta el sobaco no sabe cómo rellenar una papeleta de voto. «Es que son tan tontos que no han votado al candidato correcto, oiga. Si es que no se os puede dejar la Democracia. Vosotros votad lo que nosotros digamos. Gran Hermano éticamente correcto vela por vosotros». 

No, por favor. Ahora no estemos con bobadas de resistencias antireptilianos, porque no nos pega nada. Sobre todo a esos que el Día de la Inauguración se pasearon con bandera anarquista de un lado y cóctel molotov del otro. No creo que vosotros hayáis pasado por la cabina de voto. Y por nuestra ínsula Barataria, pues contamos con esa panda de lloricas, entre los que me incluiré cuando dé punto al presente artículo (no vaya a ser que demuestre escasez de hipocresía), que están machacando al personal, soldados a un tornillo sinfín. Me resta saber que mi mensaje en nada se deja alterar por determinada ideología política de salón, patio o asamblea de panolis

Que cada uno sea feliz tocando su son de flauta.

Considero al sistema democrático como un absurdo. Otra tara de una sociedad que no ha crecido como se esperaba. El cuerpo se ha hecho adulto, pero la mente sigue siendo púber y sin pelos en los huevos, y retrocediendo como Benjamin Button. Mi madre, miembro de la mesa en las primeras elecciones democráticas del 15 de Junio de 1977, sacaba la bilis por la boca cada vez que se me ocurría la brillante idea de negarme a acudir a las urnas y ejercer el derecho ciudadano. Ella me reprochaba sabiamente que, si hubiera vivido el Franquismo, seguro que sería uno de tantos protestando contra el régimen y la falta de libertades; que me comería las uñas y los dedos por poder echar un sobrecito en una caja transparente. También me dijo que si no voto, aunque sea en blanco, qué derecho tengo yo de quejarme contra el gobierno, los grupos con representación en la cámara o cualquier otra cosa.

Cuatro años se pasan volando… O no. Pues cada vez que Mr. Trumpy Prez se ventee un pedo, entonando el “America First”, lo cataremos el resto del planeta.

“America First”, “the world, ya se verá”.

Termino este artículo, me examino la piel y no encuentro rojeces. Los dedos no me pican. ¡Genial!

Lectura de 30 de Enero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 754 (Variable). Encapotado
  • Termómetro: 11º
  • Higrómetro: 52%

30 de Enero de 2017



jueves, enero 26, 2017

«What's The Frequency, Kenneth?», R.E.M.



"What's the frequency, Kenneth?" is your Benzedrine, uh-huh
I was brain-dead, locked out, numb, not up to speed
I thought I'd pegged you an idiot's dream
Tunnel vision from the outsider's screen
I never understood the frequency, uh-huh
You wore our expectations like an armored suit, uh-huh 

I'd studied your cartoons, radio, music, TV, movies, magazines
Richard said, "Withdrawal in disgust is not the same as apathy"
A smile like the cartoon, tooth for a tooth
You said that irony was the shackles of youth
You wore a shirt of violent green, uh-huh
I never understood the frequency, uh-huh 

"What's the frequency, Kenneth?" is your Benzedrine, uh-huh
Butterfly decal, rear-view mirror, dogging the scene
You smile like the cartoon, tooth for a tooth
You said that irony was the shackles of youth
You wore a shirt of violent green, uh-huh
I never understood the frequency, uh-huh 

You wore our expectations like an armored suit, uh-huh
I couldn't understand
You said that irony was the shackles of youth, uh-huh
I couldn't understand
You wore a shirt of violent green, uh-huh
I couldn't understand
I never understood, don't fuck with me, uh-huh

Lectura de 26 de Enero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 747 (Viento-Lluvia). Lloviendo
  • Termómetro: 8º
  • Higrómetro: 51,5%

miércoles, enero 25, 2017

Ficha de fauna: pez ballesta


Pez ballesta titán


Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Actinopterygii
Orden: Tetraodontiformes
Familia: Balistidae
Género: Rhinecanthus

Con sus cuarenta especies catalogadas, el pez ballesta o pejepuerco es un habitante del mar bastante conocido. Cada especie comparte unas características físicas comunes, pero discrepan en cuanto a su colorido: es un pez ovalado de prominente cabeza y labios carnosos que esconden unos dientes que recuerdan demasiado a los humanos y de los que se sirve para picar en rocas y coral devorando pequeñas algas; aún así, no le hace ascos a crustáceos, mariscos y peces, siendo los erizos y cangrejos una delicia para su paladar. Su voracidad también es su perdición a manos de pescadores deportivos.

Mientras se alimentan, los peces ballesta no son. lo que se dice ser, muy decorosos y en su ansia pierden mucha carne de sus presas, que van a parar a otros pececillos que, si bien no son parásitos, no se despegan de ellos.

Se encuentran principalmente en zonas tropicales. Sin embargo, hay una especie propia de nuestras aguas peninsulares, que se puede encontrar tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico.

A simple vista, por su colorido y movimientos lánguidos (por lo que son muy cotizados en los acuarios), pueden ser confundidos por unos peces tranquilos, de los que pasan de todo. Sin embargo, son tremendamente territoriales y hostiles a cualquier invasión, por pacífica que ésta sea. Se llevan la palma las hembras, que se enfrentan a otros peces, sea cual sea su tamaño, e, incluso, a los buzos que se topen con ellas.

Además de la territorialidad, el ballesta macho es un pez polígamo y mantiene relaciones a la vez con hasta diez hembras, que desovan en la parcela de su ardiente amante, en un nido, compartiendo, tanto padre como madre, las labores de cuidado de la guardería, aunque las futuras mamás son las más enconadas en tal cometido, que tan solo dura 2-3 días. Se ha llegado a reportar la existencia de parcelas propias de hembras en el territorio del macho.


Lectura de 25 de Enero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 758 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 8º
  • Higrómetro: 51,5%

martes, enero 24, 2017

Guardia de literatura: reseña a «Esfera», de Michael Crichton

Plaza & Janés, Barcelona. 1998
Primera edición
442 páginas
ISBN 84-01-32721-0
Aunque de planteamiento interesante, «Esfera» se desvía hasta salirse de la vía, con un Crichton que juega al autoplagio

Al escribir la recensión de «La amenaza de Andrómeda», compartí con todos vosotros la urgencia que me impulsó a rebuscar por entre las estanterías de la biblioteca el título «Esfera»; y que, al final, me conformé (buenas son tortas) con una de las primeras novelas de Crichton por no cargar con otra cosa para casa. Entonces poco podía yo sospechar que aquella lectura casi forzada me serviría para profundizar en este artículo que hoy nos ocupa, pues Michael Crichton hace, con «Esfera» (1987, la novela anterior a «Parque Jurásico»), una ejercicio nada disimulado de autoplagio unas décadas más tarde: un grupo dispar de expertos son reunidos con nocturnidad y alevosía para analizar la forma de contrarrestar una amenaza procedente del espacio exterior, siendo uno de los miembros más importes del reducido grupo una persona que nunca se tomó muy en serio la iniciativa gubernamental; más bien se lo tomó como un pasatiempo anecdótico hasta el instante en el que recibe la visita de unos uniformados, en un sedán de la Marina de guerra de los EEUU, y es llevado a Dios sabe dónde, en mitad de la nada.

Aún con esta clamoroso autoplagio, tan evidente como alarmante, Michael Crichton ha aprendido a dotar al argumento de unos elementos únicos y exóticos, como es el descubrimiento, a trescientos metros de profundidad bajo la superficie del océano Pacífico, de una nave espacial sobre la que ha crecido el coral y que, según los estudios más sesudos, su llegada a la Tierra dataría de hace tres siglos. El ambiente submarino, muy cercano a Jacques Cousteau, y ese gigantesco artefacto son mieles que atraen nuestra atención sobre el libro y que nos anima a seguir leyendo, página tras página; más aún cuando el vehículo resulta proceder de un futuro cercano y construido por humanos, siendo que en una de sus bodegas se guarda la misteriosa esfera de marras.

El planteamiento es más que interesante, pero chirría en algunos puntos por culpa, principalmente, de los personajes. Muchos de ellos son arrogantes y estúpidos (como Barnes y Harry Adams (aún con su elevada inteligencia matemática)), otros son maniquíes con algo de voz pregrabada (las suboficiales de la Marina que operan el hábitat DH-7). El protagonista, Norman Johnson, como buen psicólogo, no hace más que analizar a sus compañeros, creyendo por ello ser inmune a la situación extrema en la que se encuentra sin comerlo ni beberlo; un tipo que realizó en su momento un informe y listado de personal para un posible contacto con entes biológicos extraterrestres, de un modo un tanto chapucero y nada acertado, simplemente para pasar el trámite, por cuanto designa un grupo un tanto desequilibrado y fastidioso.

Resulta destacable el personaje de Harry, el Ian Malcolm de «Parque Jurásico» bajo el mar, carente de gracia y atractivo, y con una capacidad de deducción que raya el paroxismo para un incrédulo lector. Es capaz de saber lo que ocurre como si fuera una especie de deus ex machina de bajos fondos y, por ello, poco redondo.

Pero el personaje más interesante en esta corte de infelices es, sin duda, Beth Halpern, una mujer que se deja vencer en todos los campos vitales y profesionales, escudándose o construyendo a su alrededor un muro de ladrillos, fabricados con autocompasión y culturismo.

La trama se desarrolla de forma irregular y con escenas que resultan, técnicamente, un poco estúpidas, sobre todo cuando han de quedarse en los habitáculos porque un tifón está arrasando la superficie o por la extraña capacidad de los integrantes de la misión de andar “Como Pedro por su casa” por el fondo marino, sin que por ello les afecte estar bajo trescientos metros (con sus toneladas) de agua salada (como si la explicación que se le da al arponero Ned Land en «20.000 leguas de viaje submarino» entre la diferencia entre estar bajo el aire y el agua cayera en saco roto para Crichton). Una cosa es sacrificar la realidad por el buen parto de la ficción y otra es pasarse literalmente de gracioso.

La tensión, por su parte, está excelentemente reflejada cuando hace falta, a pesar de las carencias de ciertas escenas, siendo la peor de todas la que cierra la novela: “nos limitamos a olvidar y punto pelota”. El broche no puede ser más débil e inseguro.

A pesar de la excelente semilla, el autoplagio y la desazón imposibilitan la consecución de una novela de categoría; de una historia más digna de Michael Crichton.

Lectura de 24 de Enero de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 759 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 8º
  • Higrómetro: 51%

jueves, enero 19, 2017

«One Vision», Queen



One man, one goal,
One mission.
One heart, one soul,
Just one solution.
One flash of light, yeah,
One god, one vision.

One flesh, one bone,
One true religion.
One voice, one hope,
One real decision.
Wowowowo, gimme one vision, yeah.

No wrong, no right.
I'm gonna tell you there's no black and no white.
No blood, no stain.
All we need is one worldwide vision.

One flesh, one bone,
One true religion.
One voice, one hope,
One real decision.
Wowowowowo, oh, yeah, oh, yeah, oh, yeah!

I had a dream when I was young,
A dream of sweet illusion,
A glimpse of hope and unity,
And visions of one sweet union.

But a cold wind blows,
And a dark rain falls,
And in my heart it shows.
Look what they've done to my dream, yeah.

One vision!

So give me your hands,
Give me your hearts.
I'm ready.
There's only one direction.
One world, one nation,
Yeah, one vision.

No hate, no fight,
Just excitation,
All through the night,
It's a celebration, wowowowo, yeah.

One [echo]

(One vision)

One flesh, one bone,
One true religion.
One voice, one hope,
One real decision.

Gimme one night, yeah.
Gimme one hope, hey.
Just gimme, ah.
One man, one man,
One bar, one night,
One day, hey, hey.
Just gimme gimme, gimme, gimme
Fried chicken.
Vision [fading]