viernes, noviembre 30, 2018

Relación de publicaciones de Noviembre de 2018

Artículos
—«Brevísima reseña al monitor Puigcerdá» https://goo.gl/VrgEwt

Colaboraciones con Revista General de la Marina

Reseñas
—Reseña a la serie de televisión «Deutschland 83» https://goo.gl/71E3NW
—Reseña al cómic «Como viaja el agua», de Juan Díaz Canales https://goo.gl/pwW4C5
—Reseña a la película «El contable» https://goo.gl/XkEHPv
—Reseña a la novela «Fulgor», de Manel Loureiro https://goo.gl/ZgiBqo

Instancia de Alexis Ren


Lectura de 30 de Noviembre de 2018 a las 1200 horas




  • Barómetro: 756,5 (Variable). Cúmulos
  • Termómetro: 13º
  • Higrómetro: 53%

jueves, noviembre 29, 2018

«Poison», Alice Cooper



Your cruel device,
Your blood like ice.
One look could kill,
My pain, your thrill.

I wanna love you, but I better not touch (don't touch)
I wanna hold you, but my senses tell me to stop
I wanna kiss you, but I want it too much (too much)
I wanna taste you, but your lips are venomous poison

You're poison runnin through my veins
You're poison, I don't wanna break these chains.

Your mouth, so hot
Your web, I'm caught
Your skin, so wet
Black lace on sweat

I hear you callin and it's needles and pins (and pins)
I wanna hurt you just to hear you screaming my name
Don't wanna touch you, but you're under my skin (deep in)
I wanna kiss you, but your lips are venomous poison

You're poison runnin through my veins
You're poison, I don't wanna break these chains
Poison

One look (one look), could kill (could kill),
My pain, your thrill.

I wanna love you, but I better not touch (don't touch)
I wanna hold you, but my senses tell me to stop
I wanna kiss you, but I want it too much (too much)
I wanna taste you, but your lips are venomous poison

You're poison runnin through my veins
You're poison, I don't wanna break these chains
Poison

I wanna love you, but I better not touch (don't touch)
I wanna hold you, but my senses tell me to stop
I wanna kiss you, but I wanna too much (too much)
I wanna taste you, but your lips are venomous poison

Yeah
Well I don't wanna break these chains
Poison

Runnin deep inside my veins
Burnin deep inside my veins
Poison
I don't wanna break these chains

Lectura de 29 de Noviembre de 2018 a las 1200 horas




  • Barómetro: 753,5 (Variable). Cúmulos-lluvia
  • Termómetro: 13º
  • Higrómetro: 53%

martes, noviembre 27, 2018

Guardia de literatura: reseña a «Fulgor», de Manel Loureiro

Editorial PLANETA SA
Barcelona, 2015
Primera edición: Septiembre de 2015
ISBN: 978-84-08-13833-4
483 páginas
Una novela que ha sido vendida con todo el bombo y platillo y que no es más que una imitación de poco vuelo de varias obras del maestro Stephen King, plagada de escenas un tanto reiterativas y con una narración, cuanto menos, mejorable

Éste es un libro que acabó en mi regazo por la simple conjunción de varios elementos, entre ellos el aburrimiento, que me llevaron, de forma inequívoca, a dudar acerca de qué nuevo título escoger. El nombre de Manel Loureiro, a quien conozco de vista, pues hollamos las mismas aceras y estamos adscritos al mismo colegio profesional, aparte de encontrármelo en la terraza del Nox pasando la sobremesa con una envidiable imperturbabilidad, me insinuó una posible solución a mi desaborido dilema: ¿por qué no leer una de sus obras? Fruncí los labios, clavé los ojos en el techo y me encogí de hombros. ¿Por qué no? Y me dio por optar por «Fulgor», su última novela publicada (paso de zombies), aunque cuando salió al mercado y leí la sinopsis de la contraportada, barrunté para mis adentros un hondo quejido, de esos de premio gordo en concurso de cante flamenco, al estilo “¡vaya copiada de «La zona muerta» de Stephen King!» Pero, para mi sediento ánimo y transcurridos no pocos meses, aquel encontronazo y semejante y rápida conclusión no supusieron freno suficiente.

Bien, una vez rematada la empresa, que lo mío me ha costado, amplío mi sentencia. No es que sea una copia de «La zona muerta», es que el despropósito se amplia hasta «El resplandor» y «Doctor Sueño»; incluso, si nos estiramos, toda la narración queda endulzada en exceso por el espíritu creativo noventero de la serie de televisión «Embrujadas», con matices de telefilm de tarde lluviosa.

Me encanta Manel Loureiro cuando colabora en Cuarto Milenio. Como sucede con Javier Sierra, me gusta escucharle, pero esta novela…  que semejante x@#! de argumento haya atraído a tantas mentes preclaras del mundo editorial a este lado y al otro del Atlántico… No sé; se me debe de estar escapando algo. Sobre lo que sí no albergo dudas es que es una lectura que exige una paciencia infinita, con unas reiteraciones aborrecibles y aberrantes, con unas descripciones pedantes y absurdas. He llegado incluso a saltarme una cara entera pues, de nuevo, estaba leyendo lo mismo. He perdido la cuenta de los párrafos “tachados” y obviados…

Reconozco que no me esperaba mucho más. Aquel encontronazo con la contraportada había dejado su huella, con esa protagonista, Casandra Arlaz, que obtiene unos poderes extraordinarios tras un accidente de tráfico y blablabla. King; hay muchos recursos de King por todos lados, pero uno siempre lleva la mosca pegada a la oreja: es una imitación, y no precisamente en plan Bachman; sus escenas son risibles, como la de la capacidad de manipular a la suerte o de una estupidez policial que se merecería una rápida degradación en el escalafón… Dios, es que no sé ni qué decir.

Siento ser así de duro, pero es la consecuencia lógica de que éste título se haya colado entre otros cuya lectura ha sido una verdadera gozada.

Lectura de 27 de Noviembre de 2018 a las 1200 horas




  • Barómetro: 756 (Variable). Cúmulos
  • Termómetro: 11º
  • Higrómetro: 53%

jueves, noviembre 22, 2018

«Jungle Love», Steve Miller Band



I met you on somebody's island
You thought you had known me before
I brought you a crate of papaya
They waited all night by your door
You probably wouldn't remember
I probably couldn't forget
Jungle love in the surf in the pouring rain
Everything's better when wet

Jungle love it's drivin' me mad
It's makin' me crazy
Jungle love it's drivin' me mad
It's makin' me crazy

But lately you live in the jungle
I never see you alone
But we need some definite answers
So I thought I would write you a poem
The question to everyone's answer
Is usually asked from within
But the patterns of the rain
And the truth they contain
Have written my life on your skin

Jungle love it's drivin' me mad
It's makin' me crazy
Jungle love it's drivin' me mad
It's makin' me crazy

You treat me like I was your ocean
You swim in my blood when it's warm
My cycles of circular motion
Protect you and keep you from harm
You live in a world of illusion
Where everything's peaches and cream
We all face a scarlet conclusion
But we spend our time in a dream

Jungle love it's drivin' me mad
It's makin' me crazy
Jungle love it's drivin' me mad
It's makin' me crazy

Jungle love it's drivin' me mad
It's makin' me crazy
Jungle love it's drivin' me mad
It's makin' me crazy

Lectura de 22 de Noviembre de 2018 a las 1200 horas




  • Barómetro: 746 (Viento-Lluvia). Cúmulos
  • Termómetro: 14º
  • Higrómetro: 53%

martes, noviembre 20, 2018

Guardia de cine: reseña a «El contable»


Título original: «The Accountant». 2016, EEUU. 2h. y 8 min. Color. Thriller. Dirección: Gavin O’Connor. Guión: Bill Dubuque. Elenco: Ben Affleck, Anna Kendrick, J. K. Simmons

Un thriller de acción protagonizado por una persona con síndrome de Asperger y que no es un cliché cinematográfico. Una película que se anuncia con una trama excelente, pero que habría ganado enteros si hubiera sido dotada de una mayor oscuridad

De un tiempo a ahora, distintas películas y series de televisión se han obsesionado con introducir, aquí y acullá, incontables personajes que sufren trastornos de la personalidad o del desarrollo cognitivo. Aunque Sheldon Cooper no sea el primero, sí es el más representativo en esta reciente batalla visual que no sé si en realidad persigue el hacer a estos colectivos “más visibles”, tal y como se viene diciendo no sin cierta pedantería y hasta hipocresía. No soy el único que considera que esta fiebre de guión por meter a calzador entes con estas especialidades solo sirve a los escritores más incompetentes para crear personajes supuestamente interesantes y con fondo, pero que terminan sus días arrinconados en labores artificiales y superfluas; individuos más planos que una plancha de parquet cuando ellos mismos resultan, paradójicamente, ser el eje de la ficción dramática o un engranaje principal (léase, «The Bridge»). Es como si los trastornos fueran lo único a destacar, enlodando a los espectadores en una visión siempre superficial y hasta embustera: da el pego y vende.

La cuestión a tratar no es tan simple, pues a todos los colectivos hay que darles presencia, pero no por medios ni formas torcidas y torticeras. Cada ser humano (y, por tanto, cada personaje) es único y tiene su propio mundo; no es un muñeco maquillado.

¿Ha caído «El contable» en dicho error?

Esta película, que me ha parecido magnífica aunque no nos libre de algún charco de barro a lo largo del metraje y que será objeto de disertación, se vertebra en la persona de Chris Wolf, un anodino contable que esconde con maestría un síndrome de Asperger y un pasado que se va rebelando con el paso de las escenas. La vida de Chris, o como quiera llamarse en realidad, pasa delante de nuestros ojos a través de flashbacks que nos llevan a diferentes momentos claves de la infancia y juventud del protagonista, a saber: cuando es diagnosticado, cuando su madre les abandona a él, a su padre y a su hermano, o cuando se convence de que su trastorno no tiene que convertirle en víctima en un mundo salvaje.

Las secuencias de introspección de Chris son consustanciales, dotándole de forma tridimensional. Por fin, desde Rainman, tenemos delante un personaje con un síndrome que es una persona y no un cliché; aunque reconozco que su pasado militar y criminal le dotan de elementos sobrados para que lo sigamos con interés.

Lo más imperecedero de esta trama de un contable que trabaja para las mafias y los cárteles, de un asesino con ética, son los momentos tête a tête, en un sofá o en el suelo, en los que dos personajes comparten unos minutos para sincerarse. Incido en el que escenifican Ray King y Marybeth Medina en el salón de la casa de Chris, cuando se da conocer la razón que justifica la obsesión del veterano agente del Tesoro por el escurridizo contable; un momento espeso que pasa por nuestras gargantas con todo su dramatismo. 

De mi gusto también fue la confesión de la contable Dana Cummings en la habitación del hotel, de los profundos anhelos de aceptación que perseguimos la mayoría.

La trama pretende ser un thriller sembrado de detonaciones, protagonizado por un individuo que es solo un contable, pero que, a la vez, es un experto en artes marciales y armamento y que, por lo que se entrevé, un exmiembro bastante incontrolable de las Fuerzas y Grupos de Operaciones Especiales del Ejército de los Estados Unidos. Arranca muy bien, pero cuando Chris salva a la contable de Living Robotics me puse a temblar temiéndome un plagio de «El caso Bourne», con un Matt Damon con la jeta de su colega de juergas y guiones, Ben Affleck. Recé para no tener que ver una vez más lo mismo y, por suerte, Chris siguió su camino solitario y no cargó con la chica como si de una incómoda mochila se tratara.

Quizá resulte descafeinado el reencuentro de Chris con su hermano Braxton, más aún cómo se “cierra” el trabajo, siempre buscando un guiño fraternal y hasta humorístico que, aunque deje buen sabor, hace rechinar los engranajes, faltos de lubricación al guión.

Lo que es una auténtica mamarrachada es lo de las fotografías de seguimiento de varios gerifaltes criminales y terroristas en los que aparece siempre el contable de espaldas y nunca de frente. Es una soberana tontería para aquellos que sabemos mínimamente cómo es una vigilancia.

Otra de igual calibre es cuando la agente Marybeth es capaz de captar un sonido con su laptop doméstico de la grabación del asalto perpetrado por un posible positivo del contable a una guardia mafiosa. Mi ordenador no sería capaz de echar tanto humo con semejante jactancia.

Ben Affleck es un actor limitado que ha sufrido altibajos. Últimamente, y salvo por determinado héroe enmascarado, lo está haciendo bastante bien; pero no le ha costado mucho meterse en el personaje gracias a su eterno semblante, tímido y frío, siempre abstraído. Lo ha hecho bien y no se ha pasado de rosca, como Diane Kruger (de nuevo, «El puente»), ni ha tratado de copiar apáticamente a Sheldon Cooper; pero es un clon de cualquiera de las identidades que encarna en algunas de sus últimas y buenas películas.

J.K. Simmons, encarnando al veterano agente del Tesoro, un tipo sin escrúpulos a la hora de extorsionar a Marybeth, es el que mejor lo hace. Su personaje desviste su alma de forma brutal. Es un papel digno de la talla de Simmons, siendo que deja en paños menores al resto de actores, a los que no vamos a detenernos por ser huecos salvo por unas pinceladas, siendo que enamora un poco el del asesino guasón.

Así llegaremos a los títulos de crédito con demasiadas preguntas sobre ciertos pasajes vitales de Chris (no así sobre quién es la misteriosa mujer que colabora con él); un final demasiado positivo y blanco en términos generales. Si Chris hubiera hecho alguna barbaridad tampoco se lo echaríamos en cara; no habría dejado de caernos bien. Se echa en falta una mayor oscuridad en una trama que se anuncia como excelente. Con un poco más de tinieblas, habría sido notable.

Lectura de 20 de Noviembre de 2018 a las 1200 horas



  • Barómetro: 743(Viento-Lluvia). Encapotado, amenaza lluvia
  • Termómetro: 15º
  • Higrómetro: 53%