Buena comida de un marinero español para decir después que no tenía dinero
Por ello fue detenido en Jerusalén
La pieza, firmada desde Jerusalén y servida por EFE con la sobriedad habitual de la agencia, dice así:
Jerusalén, 14.— El marinero español Antonio Díaz, fue detenido después de haberse bebido dieciséis tragos de whisky y un coñac y de haber comido cuatro raciones de pollo y dos filetes, cuando dijo que no disponía de dinero para pagar lo consumido.
La policía que declaró que Díaz se hallaba en perfecto estado, a pesar del alcohol ingerido, puso en libertad al marinero español cuando sus compañeros pagaron el gasto por él hecho.— Efe.
El relato, como puede apreciarse, no necesita adornos: se sirve solo, con guarnición incluida. Un marinero, una cuenta generosa en líquidos espirituosos, algo de proteína bien despachada y una súbita amnesia financiera de lo más inoportuna.
Para ser estrictamente puristas —y no arruinar la fiesta semántica—, no estamos ante un sablazo en sentido técnico, al menos no dirigido al establecimiento. Y queda en el aire la duda, siempre deliciosa en este tipo de crónicas, de si el tal Antonio Díaz pretendía o no trasladar el problema de caja a sus compañeros de travesía a propio intento.
Sea como fuere, la historia tiene el aroma inconfundible de esas piezas que no envejecen: simplemente reposan. Y por eso merece su rescate en nuestro Navegante del Mar de Papel, donde la hemeroteca a veces navega mejor cuando el sentido común se quedó en puerto.

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