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lunes, septiembre 09, 2024

Libro de poemas «El mar derretido y otros poemas de agosto de 2024»


Durante el mes de agosto me puse a escribir poesía de estilo libre como un desquiciado. Es un vicio que comencé a practicar semanas atrás y que, aún hoy, me mantengo en mis trece.

Por raro que parezca, me gusta. Es una forma de sondearme. De comprobar qué se revuelve por entre mis entrañas. De saber qué soy capaz de escribir y, en su caso, de transmitir.

Buena culpa la tiene el haber leído una antología de Leopoldo María Panero, un crack y un auténtico demente en el cuadro clínico y sobre los folios en los que quedaron atrapados sus poemas más profundos y crípticos. También la inquietud que me produce acudir a textos de Pizarnik, Villalta o Rimbaud pusieron su granito de arena en este desierto.

Poco más de treinta poemas que brotaron con violencia del compostero que es mi cerebro que he reunido en este «El mar derretido y otros poemas de agosto de 2024», un libro que podéis leer, si queréis, y de forma gratuita en el siguiente enlace:

https://archive.org/details/2-el-mar-derretido-y-otros-poemas-de-agosto-de-2024/

martes, julio 13, 2010

Unas palabras sobre Sartine y la guerra de los guaraníes

Mediado ya el nuevo libro de mi amigo Juan Granados, ya va siendo hora de ir escribiendo algo sobre las impresiones que su lectura está generando en mi interior, impresiones que, sea dicho de paso, no están completas ya que no he finiquitado aún la labor y no he llegado a la última página.

Gracioso ha sido su comienzo, siempre con algún malentendido, o no tanto, que causa cierta confusión y diversión en esta aventura en la que hay mucho en juego con el tratado de 1750 entre España y Portugal y las ansias de éstos últimos por hacerse con los territorios de los Siete Pueblos guaraníes, las famosas reducciones jesuíticas donde se trató de lograr una especie de utopía teocrática. Algo que es conocido, aunque sea de oídas, por casi todos.

Como historia paralela que al principio no sabes a qué viene, pero que poco a poco se va acercando al Paraguay, corre ese proyecto de la reconstrucción del Templo de Salomón conforme a la interpretación del padre Villalpando de las Profecías de Ezequiel, interpretaciones quizás, demasiado desorbitadas, escandalosas y pretensiosas. Pasadas las hojas, te vas dando cuenta que dicho proyecto pueda ser una realidad bien lejos de Jerusalén.

La lectura de la narración de Juan es interesante y agradable, con un Sartine que quiere liberarse de sus viejos demonios y de una sombra jesuítica que se alarga demasiado. Interesante porque ha creado en mí la misma sensación que la primera parte de las aventuras de este particular intendente de la Marina española, la cual me arrancaba minutos por doquier para continuar devorando páginas (cierto que en esta ocasión estoy menos sobrado de tiempo).

Es un libro lleno de curiosidades que se van enlazando, también de acción y relajación, por supuesto, pero que supone que en cada página pase algo nuevo. Me llama la atención en sobremanera debido a mi educación superior en un centro jesuita.

martes, marzo 24, 2009

Motín en la Bounty

Sirva el presente como adelanto o aperitivo para una posible y futura nueva colaboración con el blog de literatura histórica Novilis y es que os voy a hablar del libro que, en estos momentos, está entre mis manos y con el que, desde el primer momento, he estado y estoy disfrutando.

No soy amigo de dejarme llevar por los éxitos repentinos de los best sellers y, en esta ocasión, no estamos ante la confirmación de la regla por excepción. El libro que tengo entre las manos es "Motín en la Bounty" la nueva obra de John Boyne, el autor de "El niño con el pijama de rayas" (el cual no he tenido la posibilidad ni de ojear, tanto novela como adaptación cinematográfica) y ha acabado en mi poder como regalo de cumpleaños de parte de mi capitán.

La temática es naval y totalmente contraria a la obra que le ha dado fama mundial al autor, aún así parece dejarse arrastrar por dicho éxito, ya que en el guardapolvo han puesto una pegatina dirigida a que el humilde visitante de librerías se fije y se haga con la novela. En cuanto a marketin, me parece genial, pero desde el primer momento no me ha parecido que haga falta llegar a tales "tretas" para vender esta obra ya que me parece muy buena. Al menos esa es mi opinión y lo que pasa con ejemplar que me han regalado.

Está escrita en primera persona por John Jacob Turnstile, un marino de carrera que rememora desde el primer día en el que su vida quedó atada a la historia de la Bounty. Desde esos días previos a la Navidad en la que, paseándose con 14 años por los mercados de Porstmouth, busca a algún pardillo que robar y sufragar así su cena celebrando el nacimiento de nuestro Señor. A pesar de esa primera premisa, ,el de ser un relato contado por un adulto curtido en la mar, todo está escrito (hasta lo que he leído en este momento) en un lenguaje llano, de una simplicidad maestra y sin dejarnos perder entre aparejos y cabos en el plan O´Brian (cosa que ya estoy echando de menos al estar tanto tiempo alejado de Aubrey y Maturin) lo cual hace al relato accesible a todo lector.

Así, con sencillez que ayuda a devorar páginas, nos hacemos uno con Turnstile, el "Tunante", que acaba inscrito en el rol de la Bounty como paje del capitán, ofreciendo una nueva visión sobre el famoso motín y sobre los personajes que lo encarnaron en una sinfonía de humanidad, tanto en lo bueno como en lo malo.

Como nota negativa pongo las constantes referencias al establecimiento del Sr. Lewis, bajo cuyo techo dormía y comía junto a otros niños de la calle a cambio de un porcentaje en las prácticas diarias de carterismo y, también, con extrema sutilidad, al primer piso del mentado lugar al cual acababan aquellos niños cuando cumplían 11 años siendo carne de un burdel de pederastas de alto copete. Bueno, quizás no sea tan negativo, ya que consigue crear incomodidad ante el pasado del protagonista.

Desde aquí os lo recomiendo fervientemente.

miércoles, julio 09, 2008

La carta esférica


Coy es un desterrado de la mar por un accidente. Dos años a la espera de algún buen barco que le lleve lejos de la pérfida tierra firme infestada de mundanos problemas. De esa tierra firme en donde no es mas que un patán torpe. Así se le pasan los días en Barcelona, entre bares, tomando ginebra azul y acostándose con camareras cubanas, sin embargo, una enigmática mujer se cruza con él. Es Tánger Soto, miembro del equipo del Museo naval de Madrid y por la cual, desde el primer instante, se deja arrastrar hacia una peligrosa aventura por algo de lo que somos víctimas muchas veces los hombres: un instinto animal y sexual. Coy solo quiere contar todas las pecas del cuerpo de Tánger.

Hundiéndose en cartas náuticas y en historias de un misterioso bergantín jesuita hundido por un corsario, se acabará encontrando con un cazador de tesoros gibraltareño no muy recomendable llamado Nino Palermo y con su “ranita melancólica”, es decir, su guardaespaldas, un exmilitar argentino que añora sus viejos tiempos en las Malvinas y en la ESMA, que responde al nombre de Horacio Kiskoros.

Y como Coy, con sus “leyes”, nos dejaremos arrastrar también con Tánger por las calles de Barcelona, Madrid, Cádiz y Cartagena, además de sumergirnos en las aguas del Mediterráneo en busca de un tesoro oculto por el tiempo y que pone sus vidas en peligro.

Bien podría ser esta la sinopsis de “La carta esférica” de Arturo Pérez – Reverte, afamado autor de “Las aventuras del capitán Alatriste” entre otras novelas de gran éxito tanto dentro como fuera de España.

En términos generales me ha gustado la novela, aunque, al igual que otras muchas personas con las que he comentado sobre la misma, el final deja bastante de qué desear. Pérez – Reverte se lo pudo haber trabajado mas.

Resulta curioso ver los detalles que va dejando a lo largo de las páginas sobre otros autores de temática naval como el gran Joseph Conrad, como si fueran hojas secas en otoño. Decir primero que el accidente de Jim y Coy pueden relacionarse, ya que ambos meten la pata, pero se quedan para enfrentarse a las consecuencias. Por otro lado, los buques en los que Coy ha formado parte del rol tienen los mismos nombres que los barcos en los que Conrad estuvo embarcado (Palestine, Otago…).

Lo que mas me ha gustado de todo el libro han sido las anécdotas de la “tripulación Sanders” con el Torpedero Tucumán y el Gallego Neira. Sus peleas y sus correrías nocturnas por todo el globo. Por otro lado y en contra punto, la obsesión de Coy llega, en ocasiones, a cansar, aunque, la verdad, todos nos hemos sentido alguna vez atraídos por una mujer de la misma forma que él.

El gran error de la novela, en mi humilde opinión, y aparte del final, es la inclusión de un personaje extraño en los últimos compases de la novela que no sé a qué viene. Es un profesor de universidad (si no me falla la memoria, de cartografía en Murcia) que aparece en un capítulo, en primera persona, como si fuera un capitán Marlow contándonos la historia de Coy, Tánger, El Piloto, Nino y Horacio que no encaja para nada y que me parece un error. El capitán de Conrad aparece como narrador en varias historias, pero no tarda hasta el final en aparecer. La inclusión de dicho profesor narrador no aporta nada, sobre todo por que muchas veces los pensamientos de Coy inundan las páginas y se convierte en una especie de narrador junto al escritor.

Es una novela entretenida y en la que los lugares son reales. Quien me la dejó para leer me dijo que aparecían los bares de Cartagena nombrados tal y como son, al igual que las calles y las playas. A pesar de todo no se la recomiendo a todo el mundo ya que igual esperan otra cosa de ella. Tenéis que saber que os enfrentáis a una novela que trata muchos géneros y que solo alguien que siga de cerca de Reverte pueda parecerle una obra maestra.

martes, julio 01, 2008

Official programme

Lleva ya un tiempo en mi posesión aunque he tardado en ponerlo aquí. Yo diría que debo de ser de las pocas personas en este país que tienen esta curiosidad para el aficionado que no es ni mas ni menos que el programa oficial de festejos del 200 aniversario de la Batalla de Trafalgar editado por la Royal Navy donde, aparte de la celebración, podemos leer artículos sobre el Victory y su restauración, sobre la Isla de Wigth, la vida a bordo, la Royal Navy en la actualidad...

Os dejo algunas capturas:

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martes, febrero 19, 2008

Sartine y el caballero del punto fijo

JUAN GRANADOS
EDHASA
NARRATIVAS HISTÓRICAS
502 Págs.

En un momento clave en la historia europea, cuando empieza a agriarse el enfrentamiento entre Francia e Inglaterra que culminará en las guerras napoleónicas, España no se resigna a perder protagonismo. Nicolás Sartine, intendente de la Marina Real de oscuro y un tanto accidentado pasado, recibe órdenes de Fernando VI de trasladarse a Galicia con una misión más arriesgada de lo que parece: proteger la construcción de un arsenal que ponga freno a las ambiciones británicas. (Sinopsis de la contraportada)

El coruñés Juan Granados inicia, con esta novela, una saga dedicada a la Marina Real en el s. XVIII y de la mano de su protagonista estrella, el brigadier Nicolás Sartine, intendente del Rey, de carácter cambiante e impredecible como un gato siamés, que siempre anda añorando el mar y la Italia heredera del Renacimiento, además de siempre estar perseguido por la figura de su rencorosa amante, Catalina Lassaletta, tanto en su imaginación como en persona, y que ahora es mujer de Juan José Navarro, Marqués de la Victoria, con el cual no tiene muy buenas relaciones el bueno de Nicolás.

Por encargo real, mejor dicho, del Marqués de la Ensenada, Nicolás Sartine es destinado a una misión, al parecer, un tanto rutinaria que es la de echarle un ojo a las obras del nuevo arsenal en Ferrol, impulsándolas, e investigar la extraña muerte del ingeniero encargado, un tal Salomón que falleció al despeñarse en compañía de un sirviente de nombre Petruccio y de desagradable recuerdo para el propio Sartine.

El poderío naval de España, con arcas casi agotadas tras las guerras de Flandes y con un basto territorio colonial, ha de resurgir siguiendo las directrices y anhelos del ya fallecido Patiño, pero hay muchos intereses contradictorios en la propia Corte del pacífico rey Fernando VI. Si Ensenada, seguido de muchos como Sartine, aboga por la creación de arsenales y la construcción de un gran número de navíos de guerra, otros consejeros reales abogan por una alianza con el Inglés (que igual, a la larga y viendo lo que pasó según los libros de Historia, quizás habría sido mejor, aunque sin descuidar la construcción de barcos ya que España siempre mire al mar), y preparar un ejército poderoso para repeler a Francia.

Acompañado por su corte de comisarios, de entre los cuales destaca el comisario ordenador O´Conry (cuya boca le puede causar mas de algún malentendido y problemas varios, aunque se gana la simpatía del lector desde el primer momento), parte de la Corte para recoger al nuevo ingeniero, Cosme Ábalos, que desde el principio se muestra tan eficaz en sus cometidos, como sabio y petardo en palabras del comisario ordenador. Aunque su físico no se parezca en nada, en alguna de sus intervenciones, Ábalos se deja confundir con el propio doctor Stephen Maturin, ganándose también la estima y aprecio del lector.

El camino por Castilla camino a Galicia se hace tortuoso, lleno de trampas creadas por los pasajeros de un carro de posta negro, llegando incluso a ser atacados por una banda de ladrones, aunque no consiguen frenarlos.

Durante el camino se nos muestra geografía, tanto de la zona como de los personajes que, poco a poco, van aumentando en número como con la inclusión María Falcón, una joven rescatada por los comisarios de su asqueroso tío y que termina siendo apadrinada por Sartine y Ábalos. Incluso sacan de la cárcel a Melchor Macanaz (la parte en la que conversa con el brigadier sobre su estudio sobre los impuestos de castilla y demás es la mas lenta de todo el libro, suspiré de alivio cuando lo pasé (siempre queriendo saber en qué aventuras se meterán nuestros amigos a continuación), al igual que el propio Sartine).

Los días y semanas pasan en Ferrol lentamente y en rutina, con alguna escapada a una famosa mancebía del lugar, acabando siempre en los brazos de Betsy, y con la tortura de tener cerca a su aún amada Catalina y a su despreciable marido que no para de poner trabas a la voluntad real. Sin embargo, la trama no cae y hasta se enriquece con la captura de un barco pirata y con la intervención del capitán (gourmet) de las Cuevas, una personaje divertido y entrañable que tendrá su protagonismo en el futuro de la trama.

Sin embargo, la parte mas importante es cuando tienen que poner rumbo a Inglaterra para contactar con el mas que célebre Jorge Juan de Santacilia, uno de nuestros Ilustres que está de misión secreta en la isla para reclutar personas cualificadas para los nuevos arsenales. Llegar a donde él y volver será tarea mas que ardua y peligrosa.

A muy grandes rasgos os he hecho un resumen de la novela, aportando algunas impresiones. A mi me ha enganchado desde el primer momento, dedicándome a leerla durante horas sin descanso. Es una literatura muy agradable y con sabor de novelas de otros autores con salitre, pólvora y ruido de sables. Está bien construida y posee un hilo lógico y claro. El único momento donde se aburre uno es en la parte donde Melchor Macanaz suelta todo su conocimiento tributario y es que, damas y caballeros, seamos sinceros, a mí el Derecho tributario nunca ha sido de mi agrado (de ahí esas notas en la facultad), sin embargo, dicha parte no sobra en la novela. Es un libro muy recomendable para los aficionados al género histórico centrado en la Armada.

Espero volver a tener la suerte de releer este gran relato y otros nuevos que salgan de la versada pluma del ya amigo del Navegante MP, Juan Granados.

jueves, enero 24, 2008

El puerto de las brumas

Cuando lo encontraron solo, con el cráneo trepanado y con miles de francos en los bolsillos, todos en el Quai des Orfrevres, el cuartel general de la Policía judicial de París le llamaban “El Hombre” ya que no respondía a lo que se le preguntaba en varios idiomas. Al final se descubrió que aquel hombre mayor era un exoficial de la Marina mercante y capitán del puerto del pueblo norteño de Ouistreham, no muy lejano de Caen, apellidado Joris.

El caso es encargado al comisario Maigret (protagonista de la serie de novelas detectivescas creada por Georges Simenon) y desde el primer momento se encuentra con medias verdades, silencios y evasivas. Empezando por Julie, la criada del capitán Joris, siguiendo por las extrañas conversaciones tabernarias con los escluseros y, terminando, con un demagogo alcalde burgués. En medio de todo aparecerá el hermano de Julie, un expresidiario llamado Grand-Louis, la goleta Saint Michel y un extraño individuo con dinero pero que prefiere pasar la noche en una litera a bordo de una draga semihundida. Medias verdades, vergüenzas y el sonido del mar se entrelazan en una misteriosa aventura que encierra un drama familiar.

Este podría ser una buena sinopsis para esta novela escrita en 1932 (la serie de novelas va desde 1931 a 1972) bajo el título de "El puerto de las brumas" que encontré una tarde de sábado en la estantería de mi capitán, todavía sin quitarle el plástico que la envolvía, nuevecita (tanto que cuando pasé por delante del “Kiddy´s class”, que estaba con la reja puesta, sonó a mi paso la alarma antirrobo). Me pareció un título interesante y me la llevé a casa y así desechar la idea de seguir leyendo “Persuasión” de Jane Austen. Llevaba ya días leyendo dicha obra y me daba la impresión de estar leyendo una y otra vez lo mismo, siempre con el rollo de la posición social y el qué dirán, que me acabó aburriendo de forma notoria. No hay muchos libros que hayan producido dicho efecto en mí, obligándome a abandonarlos.

Cogí la novela de George Simenon, volviendo a dejarme arrastrar en el torbellino del género de detectives, el cual no tocaba desde que estaba en el instituto y leía a Ágatha Christie. Lo cogí como un alivio tras lo de Jane Austen y me enganché desde el principio, paseando con Maigret entre las dunas, por el puerto, en el salón de la casita del capitán Joris o en la del mismísimo alcalde.

Aunque tiene un buen ritmo, una vez pasado el ecuador uno empieza a notar cierto cansancio y que la trama se paraliza casi del todo. Las ansias de seguir se explican simplemente en el deseo de que ésta vuelva a coger ritmo. Los silencios de los personajes no dejan de exasperar hasta que al fin alguien habla y termina de aclarar todo el asunto, momento en el cual, terminamos despidiéndonos con tristeza de los paisajes de Ouistreham.

Aunque le tomas simpatía a Maigret y, sobre todo, al brigada Lucas, el resto de personajes no se muestran casi al lector salvo por descripciones físicas o determinados momentos en los que expresan sus sentimientos. De estos últimos personajes destaca la joven Julie, aunque debido a lo que le sucede al capitán Joris se echa de menos no saber mas sobre él.

Es una buena novela para entretenerse sin mas.

jueves, noviembre 15, 2007

La vuelta al mundo en 80 días

Debido a que me leí Capitán de navío y La fragata Surprise seguidos acabé con una confusión de fin y comienzo de uno y de otro libro. Además, tenía tanto “mono” de Patrick O´Brian que decidí dar un respiro a Jack Aubrey y a Stephen Maturin y decidí releer un antiguo libro. Lo busqué con ahínco entre esos oscuros recovecos de la librería del salón, los cuales permanecieron en paz durante casi dos años. Aunque he leído varias novelas de Julio Verne durante mi infancia, de La vuelta al mundo en 80 días casi no tenía ningún recuerdo, no así de Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la luna o Viaje alrededor de la luna. No sé por qué razón me decidí por él, pero lo cogí y, tras vencer los obstáculos de la librería y del propio polvo almacenado durante años en sus hojas, me puse a leerlo con avidez. No encontré mejor manera para estar un buen rato en la bicicleta estática. Sin darme cuenta, en el momento en que ya mis piernas empezaban a mostrar evidentes señales de “hasta aquí hemos llegado”, ya iba por la página 100.

El gran Verne nos hace seguir las aventuras y desventuras de un excentrico y muy metódico caballero inglés y su mayordomo, en aras de cumplir con una apuesta. Phileas Fogg en aras de la defensa de un mundo cada vez mas comunicado y por honor, arriesga su fortuna en un proyecto que hasta la llegada de la mente del autor francés (y de los aviones) parecía imposible. Un proyecto que intentará abortar una y otra vez el inspector de policía Fix al creer que el ladrón del Banco de Inglaterra y Fogg son la misma persona.

Como bien dicen algunos críticos de las obras de Verne, este libro no pretende retratar un viaje alrededor del Mundo, sino una medición del mismo usando el tiempo y los mas modernos medios de transporte de la época (además del recién abierto Canal de Suez). Como si quisiera demostrar que el Hombre ya dominaba al planeta, al menos, geográficamente en dicho aspecto. Esto es constante en estas novelas como la conquista del espacio en "De la Tierra a la Luna" o "20.000 leguas de viaje submarino". Pero, a su vez, no olvida los medios de transporte mas tradicionales o arcaicos como el elefante en la India y el trieno en América.

Es una medición, sin duda. Ya que, debido a la rapidez del viaje, uno echa en falta que la ventana a lugares lejanos y desconocidos no permanezca un rato mas abierta; pero eso no nos impide sentirnos atrapados por la ágil y privilegiada pluma de Julio Verne.

Maribel Carbonell dijo que "Phileas Fogg no viaja, describe una circunferencia, la figura cíclica de un tiempo y de un espacio sobre sí mismos".

Me resulta gracioso que pusieran en la portada un globo (la escena pertenece a "5 semanas en globo"), aunque seguro que es debido a la película protagonizada por David Niven y Mario Moreno "Cantinflas", en la escena inventada para el cine en la que sobrepasan los pirineos en globo (la verdad es que se desconoce qué pasó con los aventureros desde que salen de Londres hasta su llegada a Brindisi) y que se ha convertido en una de las míticas de la Historia del Séptimo arte.