martes, octubre 15, 2013

Guardia de cine: Radio encubierta


Título original: “The boat that rocked” RU 2009. 129 Min. Género: Comedia. Director: Richard Curtis. Interpretación: Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Nick Frost, Rhys Ifans, Tom Sturridge y Kenneth Branagh.


Estamos en 1966, la era maravillosa de la música pop, y una panda de destartalados DJs se encargan de poner música rock y pop las veinticuatro horas del día, emitiendo desde Radio Rock, una famosa radio pirata localizada en un barco en el Mar del Norte.

Abordo llega Carl, de dieciocho años, que inmediatamente se mete en una serie de cómicas y desgraciadas aventuras que cambiarán la vida de todos. Su madre creía que el barco iba a enderezarlo, ¡un espectacular error!

De Richard Curtis (“Blackadder”, “Cuatro bodas y un funeral”, “Love actually) RADIO ENCUBERTA es una comedia brillante que presenta algunas de las mejores canciones del pop jamás grabadas y un reparto estelar encabezado por Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Nick Frost, Rhys Ifans, Tom Sturridge y Kenneth Branagh.” (Sinopsis de la contraportada del DVD que también puede cantar misa...).

Otra película cuyo tráiler nos ofrece algo muy diferente de lo que acabaremos viendo a lo largo de sus dos horas de metraje (si es que se aguanta tanto uno sentado) y no miro a nadie (ejem... “Percy Jackson y el ladrón del trueno”).

"Radio encubierta" va directa al rincón, cada vez más atestado, de las pelis que no me han importado dejar a medias y con las que me he ido a dormir como si nada. Es una producción que se jactaba de llevar alma de rock, pero que se queda en toque de perroflauta, por mucho maquillaje que le provea su banda sonora (interesante, pero demasiado trillada), unas pocas palabras malsonantes y alguna que otra teta suelta por ahí durante un par de segundos.

Actores desaprovechados que apenas dan un atisbo de brillo y que acaban por ser caricaturas de “pinchadiscos-estrellas del rock” sesenteros y consumidores convulsivos de condones, abocados a otra historia más, simplona como todas, del típico chico que viene a conocer a su papi. En ocasiones se me antojaba una especie de “Mamma mía” a lo masculino, pero ¿más patético aún? No. No. "Radio Encubierta" debería quedar un peldaño por encima, que tampoco hay que pasarse.

Para el minuto 70 apagué el reproductor de DVD y el disco acabó en su caja, que no tardaría mucho en volver a la olvidada y polvorienta estantería de la que nunca tuve que haberla removido.

Lo peor de todo son las apariciones de Kenneth Branagh. No sé si esta opinión es sólo mía, pero es que siempre parecía estar presenciando la misma escena una y otra vez. Siempre amenazas de despido y frotamiento de manos en plan pseudo-sádico, con un éxtasis rayano a un orgasmo mal llevado, ante cualquier atisbo de ilegalización de las radios piratas que tanto contaminaban las frágiles mentes de los súbditos de su Graciosa Majestad. Igual es que eso era lo que querían dar a entender: que era un disco rayado... Si es así, ¡mi enhorabuena! Porque lo han conseguido.

La BSO ya la he mencionado antes. Al menos, entre las inconexas escenas, muchas de ellas sin mucho acierto de post-producción, siempre hay música. Sería un contrasentido lo contrario. Estamos a bordo de un barco con una emisora pirata que lanza al éter 24 horas al día de rock y pop.

Un filme prescindible a todos los niveles.

Lectura de 15 de Octubre de 2013 a las 1200 horas


  • Barómetro: 753.5 (Variable). Encapotado y con lluvias débiles
  • Termómetro: 18º
  • Higrómetro: 48%

15 de Octubre de 2013

LA VERDAD


El Ayuntamiento acordó dar el nombre del inventor del primer submarino a la vía en 1889, pero la rotulación no existe

15.10.13 - 00:59 - JOSÉ MONERRI | CARTAGENA

Hay dos calles cartageneras, muy populares ellas, que no tienen regularizadas sus denominaciones: son la de Jabonerías -con placa y todo- a la que normalmente se la denomina de Sagasta, y la calle Mayor, a la que el Ayuntamiento acordó dar el nombre de Isaac Peral en 1889, pero la rotulación no existe. Vaya como compensación el que se haya rescatado el prototipo del Submarino y se le haya reivindicado en el 125 aniversario de su invención.
Ciertamente es extraño el de la calle Mayor cartagenera que oficialmente posee la denominación del inventor del submarino, y sin embargo casi nadie la conoce por ese nombre, lo que no deja de ser una lesa preterición de un cartagenero tan universal. Sólo existe una calle con su denominación en el barrio de la Concepción. Y en el barrio que lleva su nombre hay erigido un monumento en la plaza de Sánchez Doménech.
Quien fue cronista de Cartagena, Federico Casal, escribe que desde la más remota antigüedad se denominó a la Rúa Principal calle Mayor. Fue una calle siempre angosta. En febrero de 1582, el alcalde mayor y los caballeros capitulares, prohíbe el paso de vehículos y cherrones por la calle, so pena de mil maravedíes, pero no pudieron los vecinos hacer gran caso por cuanto el 11 de octubre de 1590 se promulga una ordenanza para impedir el paso y se encarga al regidor Pedro Bracamonte haga poner a la entrada de ella unos pilares de mármol. Con el tiempo, cambiarían las cosas.

Hospital y convento
En la rica historia de la calle Mayor figuraron el Hospital de Señora Santa Ana, más tarde de San Juan de Dios; el convento de Predicadores de Santo Domingo bajo la advocación de San Isidoro; la hermandad de la Virgen del Milagro; la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno que adquirió en 1696 una finca lindera con el convento de San Isidoro; el convento de Santo Domingo, tras su supresión, en 1875, fue declarado parroquia castrense; existía en la calle un frontón, que fue cerrado ante las protestas de los frailes dominicos, el 11 de diciembre de 1574.
En la calle Mayor estuvo instalada durante la segunda época constitucional (1820-1823) la célebre tertulia de Los Virtuosos Descamisados que tanto dieron que hacer a las autoridades por su exaltado fanatismo político. En el número 17 estuvo instalado el Ayuntamiento en 1837 mientras se aderezaban los desperfectos de la Casa Consistorial, casi en ruinas. En una farmacia, en una esquina con la calle de Medieras, se fraguó el alzamiento del 1868 y en un café lindero con esta botica, se reunían los santones que durante la revolución cantonal (1873) gobernaban los destinos de la ciudad. En resumen, fue punto de desfile de cuantas manifestaciones políticas, tumultuosas o tranquilas, se desarrollaban en la ciudad, que no fueron pocas, sobre todo en el siglo XIX.

Otros nombres
Con motivo del alzamiento revolucionario del 1868, la Junta Revolucionaria que regía la ciudad en sesión celebrada el día 5 de octubre cambió el nombre de calle Mayor por el de calle de la Marina Española.
Finalizaba el año 1889 cuando se recibieron en Cartagena noticias de las pruebas realizadas en San Fernando por el submarino inventado por Peral. El Ayuntamiento le envió un telegrama expresando la «entusiasta y cariñosa enhorabuena a su sabio y predilecto hijo», a la que Isaac Peral expresó su orgullo y alegría por haber nacido en nuestra ciudad. El entusiasmo popular se desbordó en una manifestación el 20 de diciembre y el mismo Ayuntamiento, en sesión celebrada el 21 de diciembre de 1889, acordó por unanimidad que la calle Mayor se rotulara y llevara en lo sucesivo el nombre de Isaac Peral, que en el salón de sesiones se colocara el retrato del insigne marino y que al populoso barrio de Los Molinos se le nombrara Barrio de Peral.
A pesar de este solemne acuerdo -lo que son las cosas- el Ayuntamiento anduvo remiso en colocar en la calle Mayor la rotulación, hasta que en el año 1915 unos cartageneros fervorosos entusiastas del inmortal marino, costearon y colocaron a sus expensas las lápidas que rotularon la calle Mayor. Una de ellas, junto con otra con el nombre de Marina Española, pudo verse algún tiempo a la salida de la calle de Medieras en la fachada de enfrente. Hoy, el nombre de Isaac Peral no aparece por ninguna parte, mientras que la calle Mayor ha recobrado oficialmente su nombre por acuerdo municipal de 27 de febrero de 1967, y, además, dicha denominación puede verse en el suelo, tanto a la entrada por la plaza de San Sebastián como por la del Ayuntamiento. El nombre de calle Mayor ha eclipsado inmerecidamente el nombre de uno de los cartageneros más famosos del mundo. No sería mala solución colocar, bien visiblemente, en uno de los laterales de la emblemática calle, los nombres de Calle Mayor-Isaac Peral, juntos, en plan reivindicativo y deshaciendo dudas. Que estamos en pleno cogollo de Cartagena.
Isaac Peral y Caballero nació el 1 de junio de 1851 en el callejón de Zorrilla, hijo de Juan Manuel Peral, primer condestable de la tercera brigada del Cuerpo de Artillería, natural de La Isla de San Fernando, y de Isabel Caballero, nacida en Cartagena. Fue bautizado en la iglesia de Santa María de Gracia, donde se le impusieron los nombres de Isaac Tomás José María Segundo. El 1 de julio de 1865 ingresó en la Escuela Naval de la Armada. En 1872 pasó a Cuba de segundo comandante del cañonero 'Dardo'. En 1882 sirvió en los apostaderos de Cuba y Filipinas, siendo nombrado ese mismo año profesor de Física y Química de la Academia de Aplicación de Marina. Contrajo matrionio con María del Carmen Cencio, hija del médico de la Armada Antonio Centenario. Tuvieron nueve hijos.

'Peral' y el 'Ictíneo'
Narciso Monturiol, en 1859, empezó sus experimentos de navegación con el 'Ictíneo'. Isaac Peral había concebido su proyecto de navegación submarina, pero lo mantuvo oculto hasta 1884, en que, ante el conflicto de las islas Carolinas, creyó llegado el momento de revelar su secreto. Se dieron principio a las obras del torpedero submarino 'Isaac Peral' en el Arsenal de La Carraca el 22 de octubre de 1887, botándose el 8 de septiembre de 1888. Los triunfos, las envidias, las vicisitudes por las que pasó el inventor ocuparían un largo y doloroso capítulo. En 1891 obtuvo la licencia absoluta cuando era teniente de navío. En 1895 se trasladó a Berlín donde fue operado de un tumor cerebral, falleciendo el 22 de mayo de dicho año. Sus restos fueron trasladados de Berlín a Madrid, recibiendo sepultura en el cementerio de la Almudena el 29 de mayo de 1895 y el 29 de abril de 1911 se exhumaron para que recibieran sepultura en Cartagena. El 1 de noviembre de 1927 pasaron al hermoso panteón existente en el cementerio de Nuestra Señora de los Remedios, donde la Marina Española le rinde homenaje anualmente.
Estos días, la Armada Española, el Ayuntamiento y otras instituciones le rinden homenaje con motivo del 125 aniversario de la botadura del submarino. El hito más significativo ha sido la restauración del submarino y su colocación en una sala específica, junto al Museo Naval, para la admiración de todo el mundo.

lunes, octubre 14, 2013

Audio de la conferencia sobre Blas de Lezo, impartida el 1 de Octubre de 2013




Conferencia de Blas de Lezo del 1 de Octubre de 2013 en el Cuartel General de la Armada a cargo del capitán de navío José María Blanco Núñez. Dicha presentación forma parte de los actos de la Semana Naval y vinculados a la exposición "Blas de Lezo, el valor de medio hombre". El evento fue organizado por el Instituto de Historia y Cultura Naval y el Órgano de Historia y Cultura Naval. Disfruten de la conferencia.

Lectura de 14 de Octubre de 2013 a las 1200 horas


  • Barómetro: 754 (Variable). Encapotado.
  • Termómetro: 18º
  • Higrómetro: 48%

14 de Octubre de 2013

EL PAÍS


Industria amplía la financiación para resolver el sobrepeso de más de 120 toneladas del primer sumergible de diseño español

MIGUEL GONZÁLEZ Madrid 13 OCT 2013 - 20:52 CET

El Ministerio de Industria aportará el año próximo 208,7 millones de euros para corregir el sobrepeso del S-80, el primer submarino de nueva generación de diseño íntegramente español.

 En teoría, se trata de un crédito reembolsable, a interés cero, que el astillero público Navantia deberá devolver cuando entregue el sumergible a la Armada. Lo más probable, sin embargo, es que los 15.000 millones adelantados ya por Industria para financiar los grandes programas de armamento acaben siendo condonados, pues ni en el escenario más optimista dispondrá Defensa a medio plazo de presupuesto suficiente para reintegrar esta cantidad al Tesoro.

Aún no se sabe cuánto costará subsanar el problema de diseño del S-80. Sí se sabe que la desviación en el peso es de aproximadamente el 7% del desplazamiento en rosca (sin combustible ni pertrechos), que estaba previsto en 1.700 toneladas. Es decir, unas 120, en vez de las 70 que se calculó inicialmente.

Según los expertos, el exceso de peso hace que el centro de gravedad del buque se aproxime al de empuje, lo que puede provocar un efecto peonza, además de impedirle emerger. Para evitarlo, hay que alargar el casco entre siete y 10 metros, lo que añade otras 20 toneladas y eleva el sobrepeso a un total de 140.

Lo habitual es que Industria prefinancie hasta el 60% de los nuevos programas de armamento, con el argumento de que se trata de subvencionar desarrollos tecnológicos. Sin embargo, dicho departamento ya había desembolsado más de 1.300 millones para el submarino S-80, por lo que estaría agotada casi toda la prefinanciación prevista, lo que ha obligado al Gobierno a aumentarla en más de 800 millones, hasta completar los 2.135 del presupuesto total del programa. Los primeros 208,7 se desembolsarán en 2014.

Esta fórmula permite mantener por el momento la ficción de que no aumenta el coste de los cuatro submarinos encargados por la Armada. Pero nadie duda de que, al final, se disparará el presupuesto muy por encima de los 2.135 millones previstos. Algunos expertos estiman el sobrecoste en unos 800 millones.

Defensa se niega a oír hablar de revisar el precio de los submarinos hasta que reciba el primero de ellos y compruebe que funciona. Sólo entonces decidirá si mantiene el pedido de cuatro unidades y a qué precio. Pero, dado el retraso del proyecto, eso no será antes de 2017.

Por indicación de la firma estadounidense Electric Boat, que ha firmado un contrato de asesoramiento con la Armada por valor de 14 millones, la construcción del primer submarino de la serie, el S-81 Isaac Peral, se ha paralizado, por lo que será el último en salir del astillero. La razón es sencilla: el S-81 está ya construido en más del 70%, por lo que habría que serrarlo para alargar el casco; mientras que la construcción del S-82, que se convertirá en el primero de la serie, va por menos de la mitad.

El S-80 no solo es el proyecto más costoso de la industria militar española, sino que puede convertirse en su mayor fiasco. De momento, ha dañado la imagen internacional de Navantia —que había alcanzado gran prestigio con la venta de fragatas a Noruega o Australia— y amenaza con dejar a España fuera del lucrativo mercado de submarinos.

Aunque Defensa insiste en que estos problemas son frecuentes en prototipos, el informe preliminar de Electric Boat señala graves deficiencias en los mecanismos de control y procedimientos de ingeniería. Fuentes de Navantia aseguran que los responsables del programa han sido sustituidos (incluido el director del astillero de Cartagena) y al frente del mismo se ha puesto al almirante retirado José Manuel Sanjurjo, bajo dependencia directa del presidente de la compañía, José Manuel Revuelta.

Estos cambios, fruto de la reorganización de la empresa, no suponen depuración alguna de responsabilidades. Y tampoco la ha habido en la Armada, que tenía la obligación de supervisar la marcha del proyecto.

Ni una auditoría pública, ni una comisión de investigación, ni una comparecencia parlamentaria. Algunos expertos señalan que si nadie pide responsabilidades es porque estas pueden estar repartidas: la jubilación forzosa de los ingenieros más experimentados de Navantia y la decisión de diseñar un submarino en solitario (tras romper con el astillero francés DCN) le corresponderían al anterior Gobierno.

viernes, octubre 11, 2013

Avonte Wrigth se presenta


Lectura de 11 de Octubre de 2013 a las 1200 horas


  • Barómetro: 753 (Variable). Despejado.
  • Termómetro: 19º
  • Higrómetro: 48%

11 de Octubre de 2013

ABC


MANUEL P. VILLATORO / MADRID

Día 11/10/2013 - 03.24h

Las aguas del Mediterráneo acogieron, hace 75 años, el hundimiento de este crucero franquista y la muerte de casi 800 de sus tripulantes en la batalla del Cabo de Palos

Hace ya 75 años que las aguas del Mediterráneo se tiñeron de rojo a la altura del Cabo de Palos, frente a las costas de Cartagena, cuando una flota franquista y otra republicana se enfrentaron en la que -a la postre- sería conocida como la mayor batalla naval de la Guerra Civil. Aquel 6 de marzo de 1.938, y tras la sucesión de una serie de complicadas maniobras navales, la marina gubernamental logró enviar al fondo del mar al orgullo de la Armada sublevada: el crucero «Baleares». Junto a este gigante metálico se hundieron además los cuerpos de casi 800 de sus tripulantes, un número que convirtió la tragedia de este buque en una de las más reseñables de la Historia española.

Con todo, y a pesar de que los combates navales durante la Guerra Civil han sido dejados de lado por parte de la Historia, lo cierto es que las aguas españolas acogieron multitud de contiendas en la que se enfrentaron, a base de sangre y torpedo, a republicanos y franquistas. Y es que, el control de determinadas rutas marítimas era de vital importancia, pues a través de ellas se podían hacer llegar hasta tierra firme cientos de soldados y toneladas de material bélico determinantes para la guerra.

El alzamiento en la Armada
Si se busca entender las causas que motivaron el combate en el Cabo de Palos es necesario retroceder en el tiempo hasta 1.936, una fecha clave en el porvenir de España. Aquel año, y después de que ascendiera al gobierno de la Segunda República el Frente Popular –una agrupación que aunaba a la mayoría de fuerzas izquierdistas-, varios militares decidieron iniciar la sublevación que, desde hacía meses, merodeaba por sus cabezas..

Para los rebeldes el objetivo estaba claro: debían hacer caer el Gobierno central ubicado en Madrid y, después, tomar el poder. Sin embargo, si pretendían llevar a cabo esta misión necesitaban transportar a sus tropas desde Marruecos –donde se había iniciado la sublevación- hasta la Península, algo que sólo podían hacer por mar y aire. Por ello, los instigadores decidieron iniciar varios contactos con la Marina.

«Parece que la primera toma de posición frente a una sublevación ocurrió durante las Fallas de Valencia de 1.936. Los primitivos conspiradores en el Ejército, es decir, los que conspiraban desde la victoria del Frente Popular del 18 de febrero de 1.936, pidieron a la Marina, varias de cuyas unidades estaban en períodos de maniobras, que permaneciese neutral y dejara pasar convoys de tropas desde África hasta la Península» afirma el doctor en Historia británico Michael Alpert en su obra «La Guerra Civil española en el mar».

Los sublevados pretendían que la Marina no atacara a sus navíos de transporte
Tal era la importancia de contar con la Marina que el general Emilio Mola, principal cabecilla de la sublevación, afirmó en 1.936 que era necesario «buscar el apoyo de la Armada en los puntos en que esto sea conveniente, e incluso su colaboración». Por ello, Francisco Franco puso todo sus esfuerzos en tratar de congraciar a los marinos con los ideales de la sublevación.
De hecho, el interés del futuro líder de la revuelta en tratar de captar a la Armada fue tal, que incluso llegó a celebrar una recepción para los jefes y oficiales navales de los principales navíos españoles. Allí, el entonces general pronunció el siguiente discurso: «La Patria está en peligro, y cuando eso sucede, el brazo armado de la Patria, el Ejército y la Marina, quedan obligados a salvarla, tanto de los enemigos exteriores como de los interiores; y dentro del Ejército y de la Marina son los jefes y los oficiales los encargados de que esa misión sagrada se cumpla».

Así, con un aroma a incertidumbre rondando en la Marina, el 17 de julio las amenazas se hicieron palpables y se inició la sublevación en Marruecos. Acababa de dar comienzo la Guerra Civil y, en lo que respecta a los soldados del mar, tocaba finalmente elegir bando.

Una escasa flota sublevada
Una vez dado el pistoletazo de salida a la revuelta, los ojos de Franco y del gobierno ubicado en Madrid se posaron temerosos sobre las principales bases navales españolas. De estas, se pusieron del lado del alzamiento la de Cádiz (debido, principalmente, a la cantidad de tropas sublevadas llegadas desde África) y la del Ferrol. Mientras, en poder de la República quedaron la de Mahón (ubicada en Menorca) y la de Cartagena.

En lo que respecta a la flota, varios oficiales se sublevaron y trataron de arribar a territorio franquista junto con sus buques. Sin embargo, en muchos de estos casos sus tripulaciones se amotinaron, lograron recuperar el control del navío y, finalmente, giraron el timón de vuelta a territorio republicano. Esto fue lo sucedido, por ejemplo, en la cubierta del destructor «Almirante Valdés».

Tras algunos días de desconcierto, el recuento final dio la ventaja en el mar a la República, que pudo contar a sus órdenes 44 buques bien artillados (algunos todavía en dique seco) por los 23 del ejército sublevado -5 de ellos todavía por ensamblar-. No obstante, y a pesar de que su flota era significativamente menor, Franco guardaba un par de ases en la manga: dos nuevos y modernos navíos que, una vez fueran construidos, marcarían la diferencia en combate gracias a su polivalencia y a su ingente armamento. Estos no eran otros que los cruceros «Canarias» y «Baleares».

El «Baleares», buque insignia de Franco
El «Baleares», incluso antes de ser terminado, se convirtió pronto en uno de los buques insignias de la Marina franquista. «El crucero “Baleares” fue construido en los Astilleros de la Sociedad Española de Construcción Naval de El Ferrol (…) Fue colocada la quilla el día 15 de agosto de 1.928, al mismo tiempo que la de su gemelo, el “Canarias”, siendo presidido el acto por el Excmo. Sr. D. Miguel Primo de Rivera. (…). Su botadura tuvo lugar el día 20 de abril de 1.932 y su construcción, lo mismo que la del “Canarias”, se vio muy retrasada a causa de las disposiciones del Gobierno de la República, encaminadas a disminuir lo más posible los presupuestos para atenciones militares», señala Manuel Cervera Cabello, uno de los pocos marinos que sobrevivió al desastre de este navío, en su obra «Crucero “Baleares”» publicada en 1.948.

La encarnizada tragedia del «Baleares», el buque militar torpedeado por la República
Botadura del crucero «Baleares» / IHCM
«En julio de 1.936 su construcción, y particularmente el armamento, estaban todavía muy atrasados, tanto, que muchos dudaron que fuera posible terminarlo en un plazo útil para que pudiera tomar parte en la contienda. Febrilmente se trabajó para poner en servicio el buque, superando y venciendo la falta de piezas y material que debía proveer Inglaterra o las factorías situadas en la zona roja, y el día 15 de diciembre de 1.936, aunque faltaban muchas instalaciones, consideradas como indispensables en otros momentos, tales como dirección de tiro, piezas de artillería, etc., fue entregado a la Marina de Guerra (…) izándose la Bandera Nacional», completa el superviviente del hundimiento del «Baleares».

Este gigante del mar contaba con 194 metros eslora -unos 70 menos que el «Titanic»-, y 19,5 metros de manga. «Su desplazamiento sería de 10.600 toneladas, su potencia de 90.000 caballos, pudiendo desarrollar una velocidad de 33 nudos. Su capacidad de petróleo sería de 2.800 toneladas, lo cual suponía una gran autonomía de hasta 10.000 millas en régimen económico. (…) Con 8 cañones de 203 mm, 8 de 120 y 8 de 40, su potencial de fuego era enormemente superior a la de los cruceros precedentes», señala, en este caso, el historiador Michael Alpert.

Con todo, este navío no tuvo que esperar finalmente mucho para surcar las aguas debido, entre otras cosas, a la necesidad imperiosa de buques por parte de la Armada franquista. «Eran aquellos unos tiempos difíciles, y por eso mismo las tripulaciones de los buques se nutrían de voluntarios de todas las provincias españolas. (…) Su adiestramiento hubiera necesitado meses enteros de constantes ejercicios y, sin embargo, bastaron pocas semanas de incansable labor y sacrificio de los profesionales para que su comandante, el Capitán de Navío D. Manuel de Vierna y Belando, pudiera considerar que el buque se hallaba en condiciones de salir para la zona de operaciones. Así, en este estado y con su bisoña dotación, el 18 de diciembre de 1.936 salió el buque a la mar para hacer su primera singladura, dedicada a pruebas de los servicios y ejercicios de la dotación», completa el militar español.

La República, al asalto
Tras el inicio oficial de las hostilidades navales entre la República y el bando sublevado, quedó claro que, a pesar de contar con más buques y submarinos, los gubernamentales carecían de oficiales y hombres lo suficientemente experimentados a nivel marítimo. Esto, unido al constante envío de barcos a la flota franquista por parte de Italia y Alemania, provocó que la pequeña armada rebelde pudiera poner en aprietos a sus enemigos durante la guerra.

Por ello, en 1.938 la Armada gubernamental planeó una operación con la que elevar la moral de sus hombres y dar un golpe definitivo a la flota sublevada. Concretamente, el alto mando republicano pretendía atacar la bahía de Palma de Mallorca, lugar en el que, según diferentes informes, se encontraba una buena parte de la flota franquista.

La operación era, ya sobre el papel, dificultosa. En primer lugar, un pequeño grupo de lanchas torpederas rusas recién adquiridas (unos navíos de escaso tamaño y característicos por su velocidad, aunque también por su poca resistencia a los ataques) partiría desde su base en Portman (Cartagena) en dirección al puerto de Alicante. Allí, estos pequeños buques se encontrarían con la 1ª Flotilla de Destructores, la cual les abastecería de combustible y les escoltaría hasta la bahía de Palma, donde, finalmente, realizarían un ataque relámpago contra los buques franquistas allí fondeados.

A su vez, también se ordenó al grueso de la flota republicana (7 navíos al mando del Almirante Luis González Ubieta) que cubriera el avance de la 1ª Flotilla de Destructores y de las lanchas torpederas navegando a 75 millas (unos 120 kilómetros) del Cabo de Palos. De esta forma, se pretendía proteger a los asaltantes de posibles maniobras llevadas a cabo por la flota franquista.

Con el plan establecido, únicamente quedaba seleccionar la fecha en la que se abalanzarían sobre sus enemigos a sangre y cañón. «La Flota republicana, que desde hacía tiempo buscaba su oportunidad de ataque a los buques contrarios, la encontró en la noche del 5 al 6 de marzo. Al atardecer del día 5 (de marzo) se hizo a la mar una Escuadra (el grueso de la flota) formada por los cruceros “Libertad” y “Méndez Núñez”, escoltados por los destructores “Sánchez Barcáiztegui”, “Gravina”, “Lepanto”, “Almirante Antequera” y “Lazaga”. Su misión era la de proteger a las lanchas torpederas», señalan Ramón y Jesús María Salas Larrazábal en su obra «Historia general de la guerra de España».

No obstante, apenas una hora después de abandonar el puerto, Ubieta recibió una noticia demoledora: el mal tiempo había provocado que las lanchas tuvieran que regresar a la base. Con todo, el Almirante decidió continuar con la operación y ordenó mantener el rumbo a su escuadra para, de esta forma, proteger la retirada de la 1ª Flotilla de Destructores (la cual no disponía ya de objetivos al no tener que abastecer de gasolina a las torpederas).

El movimiento de la flota franquista
Pero lo que no sabía Ubieta era que le aguardaba una sorpresa en el trayecto, y es que, la suerte quiso que aquel día la flota «nacional» tuviera su propia misión. Concretamente, y en la misma tarde del día 5, los cruceros franquistas «Canarias», «Baleares» y «Almirante Cervera» habían salido de Palma con orden de escoltar a un convoy mercante desde Formentera hasta el Estrecho. Este itinerario se encontraba precisamente en aguas donde, en ese momento, navegaba el grueso de la flota republicana.

Los buques republicanos se encontraron de improviso con el convoy sublevado
«En la tarde del sábado, 5 de marzo, a las quince horas, los altavoces retransmitieron el toque de babor y estribor de guardia. (…) Se trataba de llevar a puerto seguro un convoy de dos grandes barcos, el Umbe-Mendi y Aiskori-Mendi, que llevaban material de guerra indispensable y de vital importancia para continuar con éxito la, en pleno desarrollo, “Batalla del Ebro”. (…) Una vez más, la Marina debía contribuir en silencio a la victoria de sus hermanos de los otros Ejércitos», recuerda Manuel Cervera Cabello –entonces Teniente de Navío a bordo del crucero «Baleares»- en su obra posterior.

Un inesperado encuentro
Unas horas después, en la madrugada del 5 al 6 de marzo, la flota franquista navegaba cerca del Cabo de Palos bajo un cielo totalmente negro que impedía discernir lo que ocurría a poca distancia de las cubiertas de los navíos. Fue aproximadamente a las 0:38 cuando ambas armadas se divisaron. Curiosamente, ninguna tenía constancia de que el enemigo se hubiera hecho a la mar, por lo que el desconcierto reinó pronto entre los marineros y oficiales.

«El “Baleares”, (…) el “Canarias” (…) y el “Cervera” (…), con el contralmirante Manuel de Vierna, jefe de la división, a bordo del primero, navegaban entre el convoy que escoltaban y la costa, a once nudos (20 km/h aproximadamente) sin ninguna protección de destructores ni de submarinos, ignorantes de los movimientos del enemigo. Rumbo opuesto iba la escuadra enemiga», completa, en este caso, Alpert.

Al parecer, el primero en vislumbrar al contrario fue el destructor republicano «Sánchez Barcáiztegui», cuyo capitán, tras calcular que los buques franquistas se encontraban a menos de 2.000 metros -y aún sorprendido por el increíble encuentro-, ordenó lanzar contra ellos dos torpedos. No obstante, la premura provocó que los enemigos no fueran fijados adecuadamente y los proyectiles no dieron en el blanco.

El «Baleares» recibió dos torpedos que acabaron con su vida marítima
Por su parte, estupefacto como estaba por el inesperado encuentro con los barcos republicanos, Vierna ordenó a sus cruceros cambiar radicalmente de rumbo para alejarse de la flota gubernamental. Y es que, el contralmirante, que sostenía bajo sus hombros nada menos que treinta años de experiencia en la marina, sabía que la potencia de fuego de sus navíos no serviría de nada durante la noche, mientras que, por el contrario, su flota sería blanco fácil de los torpedos enemigos.
Tras el ataque, el convoy gubernamental patrulló durante media hora la zona sin encontrar enemigo alguno. Por ello, Ubieta, con la sensación del deber cumplido, ordenó poner rumbo a Cartagena, pues su misión de dar cobertura a la 1ª Flotilla de Destructores había sido desempeñada ampliamente. «Parecía que ambas Escuadras habían decidido ignorarse y marchar cada una por su lado», añaden los autores de «Historia general de la guerra de España. Sin embargo, la suerte todavía tenía reservada una última sorpresa para estas dos flotas.

El error que condenó al «Baleares»
Casi una hora después, a las dos de la madrugada, Vierna decidió volver al rumbo original y completar su labor de protección a los cargueros. Para ello, cambió el timón de dirección y cayó a estribor con la intención de adaptar la marcha de su flota a la de los transportes.

Sin embargo, el destino quiso sobresaltarle de nuevo e hizo que vislumbrara, por segunda vez, la figura borrosa de uno de los navíos republicanos en medio de la oscuridad; y es que, los rumbos de ambas flotas se habían vuelto a cruzar por jugarretas del destino. Todavía incrédulo por lo extraño de la situación, Vierna prefirió adelantarse a sus enemigos y ordenó lanzar varias granadas luminosas para indicar a sus compañeros donde se encontraban los barcos gubernamentales. No pudo haber cometido un error más grave, pues el «Baleares» se iluminó en medio de la noche quedando a la vista del convoy republicano. De esta forma, el contralmirante firmó la sentencia de muerte del buque insignia de Franco.

La situación fue bien distinta para el republicano Ubieta quien, en su marcha hacia la base, se encontró repentinamente y a muy corta distancia con un iluminado «Baleares». Casi al instante, y sin dudarlo dos veces, el Almirante se dispuso a llevarse al fondo del mar al moderno navío y a sus casi 1.100 tripulantes. «El crucero presentaba un blanco excepcional para los tres destructores “Sánchez”, “Antequera” y “Lepanto”. Entre las 2:17 y las 2:20 horas lanzaron doce torpedos a una distancia de entre 2.000 y 3.000 metros», añade Alpert en su obra.

Derecho al fondo del mar
Sin posibilidad de virar, el «Baleares» recibió el estruendoso impacto de dos de los torpedos, los cuales hicieron que su casco se tambaleara y coparon la clara noche de esquirlas y restos desvencijados del buque. Minutos después de la explosión la situación era dantesca: el crucero, anteriormente el orgullo de los franquistas, se había quedado sin luz y comenzaba a adentrarse en el mar, hundiéndose sin remedio.

«En breves momentos se asignaron a cada grupo de gente y Oficiales graves y difíciles misiones (…). Se apagaron incendios en pañoles de urgencia, arrojando sus proyectiles al mar, algunos de los cuales se encontraban ya envueltos en llamas. Se destruyeron los documentos secretos. (…) Los Médicos se desvivían tratando de atender a los innumerables heridos, sin más luz que la de sus linternas, más agua que la que momentáneamente quedaba en las tuberías y con el escaso medicamento existente en el puesto de urgencia. Y así transcurrieron cuatro horas (mortales), durante las cuales los compartimentos estancos, cediendo uno tras otro, hacían inclinar el buque cada vez más», destaca Cabello en su texto.

Fallecieron 800 marinos, además de una gran cantidad de destacados oficiales
Tras el ataque, los dos restantes cruceros franquistas -el «Canarias» y el «Cervera»- decidieron abandonar el lugar a toda máquina a sabiendas de que la carga de los mercantes que escoltaban era de vital importancia para el desarrollo de la guerra en la Península. Por su parte, y debido al daño que podían sufrir ante el gran armamento de los cruceros sublevados, los republicanos tocaron a retirada y no persiguieron a los derrotados.
«El “Baleares” se hundió a las 5:00 de aquella mañana. Murieron 788 hombres, incluido Vierna (…), el jefe de Estado Mayor de la división, el segundo y el tercer comandantes, el segundo jefe de Estado Mayor y más de 25 tenientes y alféreces de navío», añade, en este caso, el historiador británico.

Rescate de los supervivientes
Tras la marcha de las dos flotas parecía que los supervivientes del ataque únicamente podrían esperar hasta que las aguas hicieran mella en ellos y se fueran al fondo junto con los restos del crucero. En cambio, recibieron la ayuda del «Boreas» y el «Kempenfeld», dos destructores ingleses que, tras observar la batalla, se acercaron al buque siniestrado para ayudar en las tareas de rescate. Ambos navíos lograron recoger aproximadamente a 470 supervivientes.

A las ocho de la mañana, cuando ya no quedaba del «Baleares» más que un tenue recuerdo, volvieron al lugar el «Canarias» y el «Cervera» ya con su misión cumplida. Pero, con las tareas de salvamento ya realizadas, únicamente pudieron enviar varios mensajes de agradecimiento a los británicos. Uno de ellos, el que remitió el «Canarias» al «Kempenfeld», fue recogido por Cabello en su obra: «Thank you by your humanitarian service. The Spanish national fleet never forget the kindly behavior of the english fellows».

La República informa de un nuevo ataque por aire para acabar con el «Baleares»
M. P. VILLATORO MADRID
Una vez que los navíos republicanos informaron del combate, el mando decidió enviar varios bombarderos para, en primer lugar, acabar definitivamente con el «Baleares» y, en segundo, asegurarse de que el buque se había ido al fondo del mar. Así lo informó, al menos, el propio ministerio de Defensa gubernamental:
«Durante el día, aviones de defensa de costa han hecho varios bombardeos sobre el buque torpedeado por la flota republicana y sobre otros barcos facciosos que acudieron en socorro, de todos los cuales se han obtenido fotografías».
«A las 7:18 horas de hoy se efectuó el primero de estos servicios. Al buque incendiado, del que salía una gran columna de humo, le rodeaban entonces dos destructores, que se encontraban muy próximos a su popa, y otros algo más alejados. Muy cerca se hallaba un buque del mismo tipo y tonelaje, que al acercarse nuestra escuadrilla aérea se alejó a toda marcha».
«El bombardeo se hizo, en dos pasadas, a 3.500 metros de altura, cayendo als bombas en un lugar muy inmediato al buque torpedeado».
«A las 12:40 se repitió el servicio por cuatro aviones rápidos. Junto al buque cañoneado había a estas alturas otro de igual tonelaje y otros dos más pequeños. Los aviadores aseguran que algunas de las bombas de 250 kilos lanzadas por nosotros desde 3.000 metros de altura alcanzaron al buque incendiado y al otro grande, del que también se vio salir una columna de humo».
«Posteriormente se han hecho cuatro bombardeos más, cuyos resultados no pueden precisarse por haber disminuido considerablemente la visibilidad a causa de la niebla»

miércoles, octubre 09, 2013

Primer programa de "Con 29 Letras"


En este bisoño programa literario, -nacido desde la editorial De Librum Tremens pero que da cabida a todos, al cual por supuesto damos nuestro apoyo-, ha tenido su hueco Historia Rei Militaris, pero también Luis Zueco con su última obra "Tierra sin Rey".

¡Apuntároslo!

Lectura de 9 de Octubre de 2013 a las 1200 horas


  • Barómetro: 755,5 (Variable). Despejado.
  • Termómetro: 19º
  • Higrómetro: 48,5%

9 de Octubre de 2013

EL CONFIDENCIAL


DEFENSA

Es una estampa no muy común: dos de las más modernas fragatas de la Armada española amarradas en el Puerto de Barcelona. Ambas permanecerán allí hasta el domingo de octubre, para posteriormente relevarse como buque de mando de una misión de la OTAN.

La ‘Blas de Lezo’ y la Álvaro de Bazán’, dos de las modernas fragatas clase F-100 españoles, llegaron ayer martes al puerto de Barcelona, donde permanecerán hasta el próximo domingo 13 de octubre.

La ‘Blas de Lezo’ acaba de cumplir su misión de buque de mando de la Agrupación Permanente de Escoltas de la OTAN SNMG-2, tarea en la que el domingo le sucederá la ‘Álvaro de Bazán’.

Durante toda la semana, los dos buques permanecerán amarrados en el puerto de Barcelona. Los visitantes que quieran podrán acceder a ellos gracias a las jornadas de puertas abiertas que ha establecido la Armada. Del día 8 al12 de octubre, día de la Hispanidad, en horario de 16:00 a 20:00 horas.

Junto a los dos buques españoles, han llegado a Barcelona la fragata turca "Salihreis" y la fragata alemana "Sachsen", que forman parte del operativo de la OTAN, y que partirán rumbo al Mediterráneo oriental el domingo junto a la ‘Álvaro de Bazán’. La ‘Blas de Lezo’ volverá a su base de Ferrol.

Polémica ausencia del ‘Juan Carlos I’

La presencia de estas fragatas de la Armada en Barcelona contrasta con la polémica surgida tras la entrega de la bandera de combate al buque ‘Juan Carlos I’, el mayor de toda la marina española.

La Armada llevaba años tratando de organizar este evento en el muelle de Barcelona, pero las autoridades del Puerto, las de la ciudad y las de la Generalitat ponían trabas para su celebración en la capital catalana.

Finalmente se realizó en Cádiz, en un acto que contó con la presencia de la reina Sofía. En ciertos sectores de la Armada, tal y como pudo saber entonces El Confidencial Digital, se entendió este gesto como una “cesión política”.

martes, octubre 08, 2013

El coleccionista de pecios en Sidney: el SS "Ayrfield"










De entre todos los pecios que nos podemos encontrar a lo largo y ancho de nuestra perla, cada día menos azul, los que pueden destacar por su singularidad son los que encontramos en la isla-continente de Australia. Uno que es fabuloso es el del SS Ayrfield. Lo encontraremos en la llamada Bahía de Homebush, en Sidney, por donde se levantaron las estructuras de los JJOO. Esta bahía se encuentra en la desembocadura del río Parramatta y sirve de reposo y de vida para este viejo vapor.

Su construcción data de 1911, con un arqueo de 1.140 toneladas. Su vida la inició como la de otro cualquier ferry en Sidney. Los años se fueron abrazando a sus cuadernas, años sin contratiempos hasta que estalla la segunda guerra mundial y es requisado por la Marina de guerra australiana.

Finalizada la contienda, realizaría la línea de transporte de carbón entre Reino Unido y Australia y, en sus últimos años de servicio, fue un astillero flotante de desguace. Dado de baja definitiva en 1972 (una larga vida para un buque de estas características) quedó embarrancado en Homebush, haciéndole silencioso compañía el HMAS Karangi y otros no identificados. Estos buques son conocidos como los Mangrove ships.

Estos datos no parecen despertar mucho interés, cierto, pero no el hecho de que sobre la cubierta herrumbrosa del Ayrfield haya crecido un verdadero bosque, que es un espectáculo para la vista.

Cierto es que este pecio resulta ser bastante conocido, pero no por ello va a dejar de tener hueco en la colección.

Coordenadas:
Latitud: 33º49’59.62” S
Longitud: 151º04’35.88” E


El Ayrfield tres años antes de ser dado de baja.


Esto es lo que se puede encontrar el coleccionista si se encuentra en Homebush.

Lectura de 8 de Octubre de 2013 a las 1200 horas


  • Barómetro: 756 (Variable). Despejado.
  • Termómetro: 19º
  • Higrómetro: 48,5%

lunes, octubre 07, 2013

Mi recopilación de relatos gratis!

Estimado amig@s,

Paso a comunicaros que hasta este próximo miércoles, día 9 de octubre, volvéis a tener la oportunidad de descargaros gratis mi recopilación de relatos de aventuras, misterio y terror en ebook desde AMAZON. 175 páginas de mar con zombies, combates y espías… Siempre con un toque de paranormal en su mayor parte. Ya sabéis que mi autor de cabecera es un tan Stephen King…


Os agradecería cantidad que, después de bajároslo y leerlo, puntuaseis el libro.

Como siempre, también podéis descargar las aventuras de Oskar y mi primera novela por un módico precio.

Para los que pululáis por Pontevedra y estáis todavía interesados en tener un ejemplar en papel de “Los últimos años de mi primera guerra”, mi primera obra publicada en formato tradicional y por una editorial, creo que aún los tienen en Librería Paz y, si además lo queréis firmado, ya sabéis donde estoy.

Un saludo!

Lectura de 7 de Octubre de 2013 a las 1200 horas


  • Barómetro: 756 (Variable). Despejado.
  • Termómetro: 18,5º
  • Higrómetro: 48,5%

7 de Octubre de 2013

LA INFORMACIÓN.COM


lainformacion.com

domingo, 06/10/13 - 14:26
[ 0 ]

La Fiscalía española pedirá este lunes 23 años de prisión para cada uno de los seis somalís detenidos en enero de 2012 y acusados de atacar al buque de la Armada "Patiño" en aguas del Índico, según documentos judiciales a los que EFE tuvo acceso.

Madrid, 6 oct.- La Fiscalía española pedirá este lunes 23 años de prisión para cada uno de los seis somalís detenidos en enero de 2012 y acusados de atacar al buque de la Armada "Patiño" en aguas del Índico, según documentos judiciales a los que EFE tuvo acceso.

El juicio contra los seis somalís comienza este lunes en la Audiencia Nacional de Madrid. Los acusados se encuentran en prisión provisional desde el 13 de enero de 2012.

En sus conclusiones provisionales, la fiscal Teresa Sandoval considera que los procesados "formaban parte de una organización criminal dedicada a la obtención de un lucro ilícito derivado de los actos ilegítimos de abordaje y asalto a buques, y secuestro de sus tripulantes" en aguas próximas a la costa de Somalia.

Según la fiscal, Hamou Elfaf Mahou, Mohamed Abdullah Hassan, Mohamed Said Ahmed, Abdillah Mohamed Gouled, Issa Absullah Issa y Mohamed Aden Mohamed se dirigieron "a bordo de un esquife, dotado de un potente motor, y armados con fusiles de asalto", un lanzagranadas y otras armas que no han podido ser determinadas, "al buque de aprovisionamiento para el combate de la Armada española".

"Al llegar a la altura del buque procedieron a pegarse al costado de babor, preparando una escala y dejándose caer hacia popa, con la clara intención de proceder a su abordaje", sostiene la representante delMinisterio Público.

Los presuntos piratas fueron descubiertos cuando se disponían a abordar el buque de la Armada y tras mantener un fuego cruzado huyeron de la zona en su embarcación y a gran velocidad, siendo poco después localizados y detenidos.

El juez Eloy Velasco ordenó el ingreso en prisión de los seis detenidos tras decretar su traslado a España, al considerarse competente para investigar los hechos después de constatar que no podía aplicarse ningún convenio internacional en el marco de la misión Atalanta de la UE contra la piratería en el océano Índico.

El mismo magistrado procesó a los seis acusados por 218 delitos de detención ilegal (el número de tripulantes) por lo que hubieran podido enfrentarse a penas de hasta 1.122 años y medio de cárcel, pero la Fiscalía discrepó de esta calificación y les acusa de pertenencia a organización criminal (6 años), piratería (13 años) y tenencia y depósito de armas de guerra (4 años).

(Agencia EFE)