Marchito renacido
Sol deseado
Navegando por el Mar de Papel Moneda, y otros mares... (Sailing at Sea of Banknotes, and others seas...)
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| Título original: «Stone Mattress» Ediciones Salamandra 1ª edición: marzo de 2019 Traducción: Victoria Alonso Blanco ISBN: 978-84-9838-937-1 299 páginas |
Nueve cuentos interesantes, que atraen, pero que tienen la pega de dejar un sabor de boca agrio porque no están bien finalizados
Aunque lo que me movía era leer «El cuento de la criada», una novela que se deshizo de varias capas de polvo y olvido gracias a la serie de televisión, a falta de pan buenas son tortas y siempre resulta más acertado introducirse en la bibliografía de un autor a medio de obras más ligeras. Un recopilatorio de relatos resulta ideal para descubrir el estilo narrativo de un escritor cualquiera y poder retirarse a tiempo si no gusta.
«Nueve cuentos malvados», cuyo eje principal es la muerte, es una oportunidad deliciosa para conocer a Margaret Atwood, cuya prosa me ha gustado y mucho, y eso que algunos de estos relatos apenas me han interesado o no les he encontrado sentido o un final a la altura. Me he quedado con los ojos prendidos, página tras página, pues tiene una chispa que me resulta novedosa aunque es posible que Atwood acabe abusando de la misma.
Los tres primeros relatos (Alphinlandia, El aparecido y La Dama Oscura), forman una trilogía protagonizada por un triángulo amoroso que, ya en la vejez, se vuelven a encontrar de una forma inesperada.
Alphilandia es el mundo de fantasía que (sigue leyendo)
Tiros, coches volando y efectos variopintos que harán las delicias de aquellos que gustan de mezclar la acción y la ciencia-ficción sin prudencia
Luc Besson es un director que, no sé cómo se las arregla, siempre cuela un conato de artes marciales y una persecución a toda la velocidad por las calles de París en la que salen, a la fuerza, muy mal parados los coches K de la Police Nationale. Sello o abuso de la casa. Pero, para esta ocasión, nos ofrenda con un cuento de transhumanismo en el que ha mezclado, diría yo, una pizca de Tetsuo («Akira»), Makoto Kusanagi («Ghost In The Shell») y David Bowman (en el último inciso de «2001: una odisea del espacio»). Lo agitó todo, se tropezó con unos tacones de aguja y sirvió un cóctel templado con una Scarlett Johansson muy sexy en medio de un chute descomunal que le permite abrir todas las puertas del cerebro (gracias, Angelina Jolie, por rechazar el papel). Un chute mucho más provechoso que el de Jason Stathan en «Crank».
Lucy Miller es una chica norteamericana que vive y estudia en Seúl (sigue leyendo)
La caza de cetáceos fue fuente de riqueza en los pueblos del norte español hasta no hace tanto. Para ser exactos, hasta la década de 1980 en algunos casos muy específicos, como Bueu (Pontevedra).
En muchas de estas localidades del litoral cantábrico-gallego, esta dedicación fue tan importante que enraizó en sus escudos de armas. Ejemplos los tenemos en Fuenterrabía, Guetaria, Motrico, Lequeitio, Ondarroa, Zarauz, Castro Urdiales,… o incluso en Bermeo, donde me crié y crecí. Sin embargo, de este pasado sólo queda la piedra y algunos artículos en museos.
Más conforme a los estándares de la heráldica, el escudo de Bermeo se describe perfectamente en su composición mediante el Decreto del Ministerio de la Gobernación 1373/1968, de 6 de junio (BOE de 24 de junio), y la resolución de la Dirección General de Administración Local de 2 de octubre de 1981: “Escudo de oro, ballenera de sable a la diestra, con cuatro remeros bogándola, y a su proa un arponero erguido, en actitud de lanzar el arpón a una ballena, de sable, también a la diestra, puestos sobre ondas de azul y plata. En jefe, dos lobos de sable pasantes, a la diestra y en faja, superados de la cabeza barbada. Bordura de gules, cargada de la leyenda “Stemma Proderi in Primis Bermei”, en letras de sable”. Pero vamos a hacer un ejercicio de análisis comprensivo:
El motivo más destacable a ojos inexpertos, y al tema con el que abría el artículo, es la trainera que persigue a un cetáceo, con un arponero a punto de lanzarle el hierro. Sobre la escena de captura encontramos una cabeza barbada, que es la de san Juan Bautista, identificando a Bermeo como cabeza/capital de Vizcaya (condición que perdería en 1602), bajo la cual están los dos lobos de la casa de Haro (familia a la que se atribuye la fundación de Bermeo, siendo su primera referencia escrita del año 1051, aunque su carta fuero se retrasa hasta 1236).
El escudo en sí se rodea con la leyenda “Stemma Proderi in Primis Bermei”, que se puede traducir como “El escudo de Bermeo va primero”, lo cual es una reminiscencia de su importancia durante la Edad Media en las Juntas del Señorío de Vizcaya.
1.- Usado por el ayuntamiento a fecha de publicación de la obra (1889)
2.- Usado por la alcaldía a fecha de publicación de la obra (1889)
3.- Usado por la alcaldía con anterioridad a la publicación de la obra
4.- Usado por la policía con anterioridad a la publicación de la obra
5.- Usado antiguamente por Sanidad
6.- Usado por la alcaldía a fecha de publicación de la obra (1889)
7.- En la sala de la casa consistorial
8.- El empleado durante los s. XV y XVI
9.- El ubicado en la fachada principal de la casa consistorial
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| Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona Prólogo: José María Guelbenzu Traducción: Amaya Lacasa Sancha 11ª edición: noviembre de 2020 ISBN: 978-84-9759-226-0 475 páginas |
Bulgákov se ceba con los gerifaltes del sector literario y teatral, así como en el concepto de vida de los rusos bajo el dominio de Stalin, siempre sometidos al control de las milicias, a la burocracia y a la corrupción
Tras la lectura de «Los huevos fatídicos» me comprometí a leer la obra más significativa de Mijail Bulgákov, una novela fantástico-romántica-bufonesca que fue cobrando forma entre 1929 y 1940, durante el periodo en el que fue vetado y expulsado de la vida cultural, y acabó falleciendo tras una larga enfermedad. Bulgákov sabía demasiado bien que nunca vería esta novela publicada y hasta es posible que, si la Parca no se lo hubiera llevado tan pronto, ésta tendría un cariz muy diferente en su necesaria corrección.
«El maestro y Margarita» nos lleva a Moscú en el momento en el que Satanás o Voland y sus tres secuaces y bufones, Asaselo, Fagot-Koróviev y Popota, hacen acto de aparición en la capital para revolucionarla con sus chanzas de mal gusto mientras organizan el baile anual satánico, para lo cual necesitan a una Margarita que lo presidia, la cual aparecerá casi mediada la novela, así como el maestro, estos últimos protagonizando su particular historia de amor.
A lo largo de cientos de páginas, donde prima el impacto del cuarteto diabólico, comenzando con sus interacciones con los humanos y llegando a la cúspide con el dúo actoral Koróviev y Popota en el Varietés, engañando, haciendo desaparecer a personas o mandándolas al psiquiátrico, asistiremos a la representación de (sigue leyendo)
El absurdo es constante, riéndose de la filosofía espacial y su metafísica, con unos hombres que van a la deriva en un bombardero sideral, sin reserva de papel higiénico, que cuenta con un navegante que es una inteligencia artificial y una bodega llega de ingenios termonucleares con su propia personalidad
Existen títulos de los cuales sólo se pueden encontrar en turbias webs o en el mismo Youtube, sin que nadie se preocupe por los derechos de autor u otras cuestiones legales. Esto mismo sucede con «Estrella Oscura», el primer largometraje firmado por John Carpenter como director, aunque muchos creíamos erróneamente que su debut fue con «Asalto a la comisaría del distrito 13» (sigue leyendo)
Lo que más destaca de esta serie es su tono relajado, divertido y hasta elegante, de buena factura que a los aficionados a las producciones de investigación nos ha sorprendido gratamente
¿Qué puede unir a tres completos desconocidos que viven en un enorme edificio de Nueva York? Para el caso de Charles, una estrella apagada de la televisión, Oliver, un director de Broadway arruinado, y Mabel, una veinteañera con demasiados secretos, es la pasión compartida por escuchar un popular podcast de True Crime. Pasión que descubren que comparten una noche en la que salta la alarma contraincendios del edificio y para cuando vuelven a sus pisos resulta que uno de los vecinos, el desagradable y odiado Tim Kono, un también veinteañero dedicado a la Bolsa, aparece muerto, supuestamente tras cometer suicidio; una muerte sospechosa que, a la fuerza, está relacionada con otra acaecida diez años atrás en el mismo Arconia (sigue leyendo)