- Barómetro: 766 (Variable)
- Termómetro: 24º
- Higrómetro: 49%
Navegando por el Mar de Papel Moneda, y otros mares... (Sailing at Sea of Banknotes, and others seas...)
Una historia en la que se une la alta tecnología espacial, las extrañas conjuras políticas entre las naciones supuestamente hermanadas en el proyecto de la ISS y ritos anteriores a la irrupción de la mahometismo en Kazajistán
Durante la maniobra de acoplamiento de un carguero en la Estación Espacial Internacional (ISS), inesperadamente (¿?), el Control de Tierra en Baikonur pierde la conexión con la cámara de vídeo frontal y procede a fiarse de los cálculos y datos con los que cuenta y recibe de los satélites vecinos. Uno de los astronautas a bordo, el estadounidense Anthony Kurz, advierte que el carguero está desviado, contradiciendo a Baikonur. En una acción desesperada, Kurz se sirve de la Soyuz para desviar la estación, pero no lo suficiente para evitar el impacto (sigue leyendo)
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| SALVAT EDITORES SA Traducción: R. Cansinos Assens Depósito legal: NA. 42-1971 224 páginas |
La lectura de «El difunto Matías Pascal» es exigente y no tan divertida como se anunció (tras la primera píldora de humor, la novela transita hacia el amargor del drama, de regusto intenso y filosófico), pero está dotada de suficientes elementos interés para que el libro ocupe un lugar preferente en la estantería de casa
Sobre la mesa de patas plegables estaba este «El difunto Matías Pascal», de un tal Luigi Pirandello, a quien conozco de oídas por ser en, no pocas ocasiones, nombrado durante el metraje de la serie de televisión «El comisario Montalbano»; un autor que se lo considera un maestro en su forma de escribir obras de teatro y que alcanzó fama durante los tumultuosos años 1920-1930.
Este «El difunto Matías Pascal» en concreto fue el que ocupó el nº 95 de la ecléctica colección de SALVAT de RTV (RTVE), que se editó entre los años 1969-1971, y que reunía obras de ficción, ensayo, etc., aspirando ser un revulsivo cultural en los hogares de los españoles (sigue leyendo)
Si tengo que decir que «Velma» es una mierda, lo digo, pero me ha entretenido aun cuando la mitad de los chistes no me hayan hecho especial gracia y me parezca una constante tontería
Parecía imposible, algo irrealizable, pero Mindy Kalling lo ha conseguido: parir un producto con el que wokistas y antiwokistas, progres y no progres, todos los colores vistos y por haber sobre el planeta Tierra, etc., se han puesto de acuerdo en calificarlo con la nota más baja jamás vista en la era digital (quizá ya batida), destronando la versión de acción real de Dragon Ball.
Como diría Jesulín: im-prezionante (sigue leyendo)