- Barómetro: 758 (Variable)
- Termómetro: 14º
- Higrómetro: 64,4%
Navegando por el Mar de Papel Moneda, y otros mares... (Sailing at Sea of Banknotes, and others seas...)
| Planeta Manga: Backhome nº 01/02 Planeta Cómic Colección: Manga europeo Serie: Planeta Manga: Backhome ISBN: 978-84-9174-936-3 Pág.: 200 |
Un trepidante seinen español que no os podéis perder. Todo un impacto visual
No sé si descubrí la publicación «Planeta Manga» gracias a «Backhome» o fue justo al revés, «Backhome» a través de «Planeta Manga». El huevo o la gallina. Lo mismo da. Lo que sí importa es que este seinen (manga destinado a público masculino joven-adulto), que ha ido apareciendo por entregas en dicha revista, me impactó desde la página número uno. Tanto es así que seguí comprando «Planeta Manga» por solo leerlo, aunque esta idea no cuajó mucho al saber que el éxito de público y crítica convenció a la editorial, justificándose de paso en que es una serie de larga duración, para compilar la historia en dos tomos. Para mí, aparte de un acierto de Planeta, fue la excusa perfecta para dejar de llenar mi casa con más mostrencos periódicos, pues no sabéis lo que ocupan. La cuestión, aparte de las dimensiones físicas de «Planeta Manga», no era el dinero (menos de 5 euros el ejemplar), sino que me di cuenta que, aparte de «Backhome» y «Gryphoon» (Luis Montes), el resto de obras no me llamaban para nada la atención a pesar de cubrir un abanico amplio de temáticas. Creo que eso es lo bonito del Manga: que hay para todos los gustos y disgustos.
Se ha tenido que esperar y mucho, hasta febrero de este año 2022, para que saliera a la venta el tomo 1 de 2 de «Backhome», y lo ha hecho en formato tradicional de 18x12,8, para que no difiera en nada a cualquier manga patrio o nipón, pero manteniendo toda la fuerza que me embelesó en su día. Porque si hay algo que destacar es el estilo de Toni Caballero, muy diferente a lo acostumbrado, muy cinematográfico, aunque habrá quien desprecie su trabajo por el, digamos, abusivo empleo de fotografías con efecto filtrado a modo de fondo, que son las que refuerzan buena parte del impacto visual que recibe el lector. Pero si hay mangaka de fama internacional, como Asano Inio, que lo hacen así y sin pudor, ¿por qué íbamos a ser tan puristas con Caballero? (sigue leyendo)
|
Goleta Columbia |
|
|
Diseño nº 236 de Burgess & Paine, Boston 137 pies de eslora 25,4 pies de manga 140 toneladas de desplazamiento Palo mayor: 92 pies de altura Palo de trinquete: 85 pies de altura 8.800 pies de velamen Capacidad: seis toneladas de carbón, cuatro pies de madera, 450 barriles de sal, velas de cera, veinte yardas de toalla, veinticinco yardas de mecha, una docena de linternas, cuatro boyas, jarcia, 700 libras de metal para fabricar anzuelos, treinta y seis pares de botas de goma, un ancla de 800 libras, treinta y dos anclas de diez libras, treinta galones de gasolina, veinte docenas de pares de guantes de algodón, cinco docenas de pares de mitones, cuatro docenas de trajes de agua engrasados, veintiocho colchones, utensilios de cocina y mantenimiento, etc. |
Astilleros de Arthur Dana Story, Essex (Massachusetts) Aparejador y constructor: George E. Roberts Perchas: George E. Thurston Velamen: Woodbury Duck, Turner Halsey Co, Boston Maquinaria: A. P. Stoddart & Co, Nueva York Equipamiento: a cargo de la Atlantic Supply Co Comandante de pesca: capitán Alden Geele Comandante de carrera: capitán Ben Pine. |
Diseñada por William Starling Burgess, quien a la postre pasó a la Historia como un audaz arquitecto e ingeniero naval, un inventor insomne y un pionero de la aviación, la goleta de pesca Columbia fue construida en los astilleros de Arthur Dana Story, Essex (Massachusetts), representando el máximo exponente y cénit de la línea pesquera de Gloucester.
De nombre poco original, la Columbia fue botada el 7 de abril de 1923 y, debido a su gran navegabilidad y velocidad, en vez de dedicarse a lo que se suponía que era cometido principal, la pesca, pronto comenzó a hacerse notar en aquello para lo que había sido concebida: la competición. En el ánimo de sus armadores estaba el empeño de desbancar a la goleta canadiense Bluenose, de Canadá, una leyenda viva de las carreras entre pequeños navíos de pesca del Atlántico Norte.
Para el día 25 de abril de 1923 la Columbia estaba preparada para su primera marea, zarpando de su puerto base la tarde del día siguiente, rumbo a Shelburne, donde completaría la tripulación. Durante ese corto periodo de tiempo demostró su rapidez y maniobrabilidad, no obstante era la goleta con el palo mayor más alto de la flota, con la excepción de la Henry Ford.
El trofeo de la Copa Internacional de pescadores de 1923, en Halifax, Nueva Escocia, a punto estuvo de ser ganado por la Columbia (capt. Ben Pine), pero la Bluenose era más maniobrable. Sin embargo, la Bluenose quedó descalificada por quebrantar la nueva normativa. Las reclamaciones de los patrones canadienses consiguieron que se declarara un empate y el premio fuera repartido entre el primer y segundo puesto.
La vida de la Columbia no fue longeva, pues naufragó y se perdió con toda la tripulación en la pérfida isla del Sable, “El cementerio del Atlántico”, el 24 de agosto de 1927, durante verano de constantes tormentas en la zona que también se cobró otras cuatro embarcaciones del mismo tipo. Parecía destinada a enfrentarse sin remedio contra esta media luna de arena que apenas sobresale de la superficie, pues, en el año de su botadura la Columbia ya se topó con la trampa de Sable, embarrancando y debiendo ser remolcada a puerto, hasta St. Pierre y Miquelón por el vapor francés La Champlain.
Desde 2014 navega una réplica casi exacta de la Columbia, construida en los astilleros de la Eastern Shipbuilding Group y botada en Panamá City, Florida. Una goleta que participa en la serie Superyacht de la Copa América.
La nota que le podemos dar a la película no es muy alta, más bien pobre, pero tiene el detalle brillante de ser fiel a la novela de Stoker
Antes de que el Studio Ghibli produjera la maravillosa «El viaje de Chihiro» (2001); antes incluso de que Mamoru Oshii dirigiera la fascinante «Ghost in the Shell» (1995), se dio a conocer un título procedente del País del Sol naciente que nos acuchilló la retina, acostumbrada a que desde tan lejanos parajes solo nos llegaran las historias de Marco, Heidi, Mazinger Z y paramos de contar; como si no existiera un mercado más adulto. Y ese título fue «Akira»
Tengo el vago recuerdo, no sé si inventado, de admirar un cartel de esta película en una marquesina, una de tantas, situada en la Gran Vía de Bilbao, en un momento no identificado de comienzos de la década de 1900. Difícil resultaba no quedar impresionado por ese enorme Kaneda que se eleva sobre un skyline futurista, arma de rayos en mano, bajo la leyenda incontestable de “Neo Tokio está a punto de E-X-P-L-O-T-A-R”. Por entonces no alcanzaba la edad mínima para visionarla y no sé si aquel anuncio era del estreno en cines o en el mercado del VHS. (sigue leyendo)
Título original: «Beneath the Planet of the Apes». 1970. 95 min. EEUU. Dirección: Ted Post. Guión: Paul Dehn. Historia: Paul Dehn, Mort Abrahams. Personajes: Pierre Boulle. Reparto: James Franciscus, Charlton Heston, Kim Hunter, Maurice Evans, Victor Buono, Linda Harrison
Un más que necesario regreso para satisfacer a aquellos que se quedaron con ganas de más ante la Estatua de la Libertad
Y tanto que teníamos que regresar, porque dejar a Taylor arrodillado ante los restos de la Estatua de la Libertad, con una Nova que aún no se enteraba de nada, necesitaba de una continuación. Sin embargo, esta segunda parte, aunque afianza el mito, propone un metraje que se nos hace excesivamente corto y con un argumento casi desnudo de matices. No hay que ser un lince para atrapar de nuevo y al vuelo la retórica antibelicista y el peligro más que palpable de un holocausto nuclear, muy presente en las fechas de filmación. Y resulta obvia la denuncia contra la guerra del Vietnam, con esos chimpancés que se oponen a la incursión en la Zona Prohibida por parte de Ursus y sus gorilas, una suerte de guerra santa contra el “enemigo” y en post de unas tierras que permitan el mantenimiento del sistema símico (sigue leyendo)
Este mes ha sido bien pobre. Si no llega a ser por lo que aún queda en la santabárbara y por cierto incidente que dio pie a una de mis “Otras reflexiones”, bien podría haberos ahorrado este comunicado mensual y haber hecho un bimensual.
Como siempre, aquí os dejo mis desvelos sobre el teclado, por si os es de provecho. Un saludo!
Otras reflexiones (opinión)
—«El cabrón del Peugeot» https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2022/02/el-cabron-del-peugeot.html
Reseñas
—Reseña a la película «El planeta de los simios» (1968) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2022/02/guardia-de-cine-resena-el-planeta-de.html
—Reseña a la novela «Harry Potter y el cáliz de fuego», de J. K. Rowling https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2022/02/guardia-de-literatura-resena-harry.html
—Reseña a la película «Harry el sucio» (1971) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2022/02/guardia-de-cine-resena-harry-el-sucio.html
—Reseña a la película «No mires arriba» (2021) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2022/02/guardia-de-cine-resena-no-mires-arriba.html
—Reseña al cómic «Puerto estelar» (2021) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2022/02/guardia-de-comic-resena-puerto-estelar.html
—Reseña a la película «Azumi» (2003) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2022/02/guardia-de-cine-resena-azumi-2003.html
—Reseña a «Harry Potter 20th Anniversary: Return to Hogwarts» (2022) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2022/02/guardia-de-television-resena-harry.html
—Reseña al capítulo piloto y la primera temporada de «Twin Peaks» (1989-1990) https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2022/02/guardia-de-television-resena-al.html
Lo más atractivo de «Twin Peaks» no son los sueños del agente especial Cooper y los momentos ridículos (que también), sino las líneas cruzadas de los personajes, todo ellos con secretos inconfesables y muy turbios, sobre todo Laura Palmer
A comienzos de los años 1990 no estábamos preparados para el tsunami que traería hasta nuestras costas las primeras cadenas privadas de televisión, terminando así con la unidireccionalidad pública. Para mí, que por entonces tenía 9 años, fue una explosión multicolor progresiva, al igual que para el resto de mis compañeros de quinta, con unas tardes que se irían cargando de contenido principalmente protagonizado por la familia Aragón (Miliki y sus hijos, Rita Irasema y Emilio Aragón Milikito, quien, como un tiburón en frenesí, aparecía por todos lados y estaba hasta en la sopa y en las tiendas de discos, ya sabéis: “cuidado con Paloma que me han dicho que es de goma”). Eran los tiempos para series como «Caballeros del Zodiaco», «X-Men», etc. Y si había material vespertino infantil, también lo había adulto y noctámbulo que fue a lo que los ojos menos indicados se asomaban por el impulso acelerado y arrítmico de la preentrada en la adolescencia. No hablo de las Mamachicho o la saga «Porky’s», sino de aquel producto que puso la misma pregunta en boca de todos, incluso de los que no sabíamos nada de nada: ¿Quién mató a Laura Palmer? No recuerdo haber visto un solo minuto de la serie por aquel entonces, como tampoco me consta que en casa la vieran mis padres, pero todo el mundo parecía conocer a Laura Palmer y se prestaba a otros cuarenta minutos de televisión incomprensible. La primera emisión de «Twin Peaks» en España data de noviembre de 1990, aunque llegaría hasta mis oídos y los de todos con la reposición de 1993 (sigue leyendo)
T
Apenas habré realizado la maniobra de aparcamiento en línea una docena de veces en más de veinte años, pues estoy más apegado a hacerlo en batería y siempre de frente, nunca de culo. Y la plaza de garaje que tenemos se da a una particularidad que obliga a que haya de salir con las luces de emergencia activadas y contorsionando mi poco cimbreante cuerpo como una serpiente contra el asiento, pues no hay manera de hacerlo de otra manera que no sea marcha atrás por culpa de una pared enorme y un raquítico espacio común de maniobra.
Pues el pasado sábado me vi en una de estas cortas y extrañas salidas. Procedí como siempre. Subí abordo, ajusté el asiento, puse punto muerto, arranqué el motor, pulsé el botón rojo de emergencia, seleccioné la marcha atrás y destrabé el freno de mano. Y, hala, al asunto de acercarse hasta el portón y hacer dos giros de volante para enderezar el vehículo y salvar los estrechos marcos. Con el trasero citroëniano asomando a la acera (que no calzada) custodiada siempre por un sinfín de vehículos estacionados que anulan cualquier correcta visión —aunque, como diría Fernando de Librería Baroja, sea una de esas calles por las que no pasan ni las gaviotas a cagar—, fui acometiendo la operación con la delicadeza de costumbre. Pero siempre que me pongo al volante me sucede algo, y esta vez fue un tremendo bramido dragontino que me hizo atravesar el bajo de nuestro coche, con el pedal del freno y todo, y a lo Pedro Picapiedra.
Quedé sorprendido pues, durante esa millonésima de segundo, no vislumbré ningún vehículo cuya bocina me estuviera entonando su canción de amor. Pero no tardé mucho en verlo: un Peugeot de estos novísimos, enorme, a toda leche, me dedicaba su sonata a más de treinta metros de distancia, al comienzo mismo de la calle. La mole oscura (azul, negra, lo mismo da), pasó como una exhalación, como si fuera por la recta de Conrod Straight en el circuito de Mount Panorama, muy por encima del límite de la vía. Tuve el dudoso privilegio, de esos prodigiosos, de quedarme con el gesto hosco y hostil del ogro-conductor, que me afeaba, engreído, el atreverme a sacar a la calle nuestro pequeña castaña roja y, de paso, estar a punto de entorpecer su marcha, la cual tendría, por cojones, más urgencia.
Esto (y otras cosas), es más común que me suceda con propietarios de vehículos teutones. Es como si la marcialidad prusiana se les subiera a la cabeza y les rezumara por las orejas como la cera a modo de licencia para saltarse las mínimas tonterías del Código de circulación. No lo sé. Es flipante. Es… Es de estudio psicológico. Un fenómeno paranormal que está superando las barreras fronterizas y ya llega a marcas francesas.
Pero supongo que a los cabrones les da igual la marca y el modelo. Muchos caballos de motor y un burro al volante, y váyase un poquito a la mierda.