martes, octubre 13, 2026

Guardia de literatura: reseña de «Babel Dos», de Juan José Plans (1978)

Ediciones Albia, Madrid

Albia Ficción

ISBN: 84-7436-309-8

118 páginas

Juan José Plans construyó en Babel Dos una fábula de destrucción y esperanza condenada

Durante una madrugada insomne, en mi adolescencia, busqué refugio en la radio. Moví el dial en medio de la oscuridad hasta recalar, sin saberlo entonces, en uno de los programas nocturnos más míticos de RNE. En aquella hora bruja e indeterminada me crucé por primera vez con Juan José Plans y su troupe de Historias, un espacio radiofónico donde se adaptaban grandes obras clásicas de la ciencia ficción y el terror, sin desdeñar otros géneros como la fantasía. Con el altavoz pegado al oído, fui redescubriendo los pasajes de Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne, de una forma muy distinta a la que estaba acostumbrado (pincha aquí para seguir leyendo)


Lectura de 13 de octubre de 2026 a las 1200 horas

                     


  • Barómetro: 770 (Buen tiempo)
  • Termómetro: 20º
  • Higrómetro:  79%

13 de octubre de 2026


EL DIARIO.ES

La Armada española desplegó fragatas en julio y agosto por la entrada de buques de guerra de Marruecos en aguas de Ceuta

INFODEFENSA

La Fupro de la Infantería de Marina utilizará un sistema de vigilancia con drones para proteger instalaciones de la Armada

MARCA.USA

Una enorme ola de 58 pies en el océano Pacífico fue la ola errante más extrema jamás registrada - MARCA USA

jueves, octubre 08, 2026

El regalo del hombre más rico de la Tierra


Perplejidad.

La maldita perplejidad amenazaba con alterar las facciones de hiena de Aaron S., quien había sido curtido en mil y una batallas de fusiones y OPAs hostiles sin arrugarse el traje de perfecto corte de sastre. Quien quemaba todas las naves en medio de un partido de golf a cambio de una más que sustanciosa comisión. Quien había aprendido a mirar a aquellos que trabajaban por debajo del piso 35 como si fueran hormigas que no importaba pisar.

La perplejidad. Brillaba en aquella inmensa sala de reuniones con más fuerza que el tibio sol de otoño. Y era porque, delante de Aaron S., estaba Manolo G., el hombre más rico del planeta.

Manolo G. semejaba un príncipe hemofílico rodeado de las mejores espadas del reino: sus abogados. Era el hombre más rico del planeta, aunque nada en su físico fondón, su apariencia ordinaria ni sus gustos de bazar chino lo confirmara. Pero era él, el rostro que había protagonizado, por sorpresa, la portada de la revista Forbes del año anterior.

Aaron S. intentó curvar los labios en una sonrisa.

Manolo G., apodado el rey Midas fontanero, fue acumulando su inconmensurable fortuna gracias a una inexplicable sucesión de golpes de suerte, movimientos bursátiles de locura y apuestas suicidas por determinadas empresas y proyectos. No era de extrañar que llamara la atención de comisiones de valores y de gobiernos. Pero estaba limpio. No tenía ningún muerto en el armario. Ni una mota de polvo bajo la alfombra. Ni siquiera una pequeña sociedad offshore. Incluso pagaba todos los impuestos sin pestañear.

Teniéndolo delante, Aaron S. no podía ceder. No podía creer a la simple idea que aquel hombre fuera un genio absoluto de las finanzas capaz de dejarlos a todos en ropa interior con solo repasar al vuelo las cifras del NASDAQ.

Manolo G. semejaba más una cucaracha de dos patas que un hombre. Era otro insecto de los que pululan por debajo de la planta 35. A Manolo G. le pegaba más hacer de asistente del tipo del carrito de perritos calientes que plantaba su puesto frente a la plaza de las torres cada día, con su inconfundible hedor a grasiento fracaso. Sin embargo, Manolo G. estaba allí para firmar un voluminoso contrato y autorizar una transacción con la que se podría mantener a millones de personas durante un largo tiempo. El número de ceros que se manejaron durante las negociaciones previas provocó tales vértigos que algunos intervinientes se negaban a comer para no vomitar sobre la mesa de reuniones. 

Y es que Manolo G. iba a completar su particular colección adquiriendo Kanga, la última red social de Internet que no formaba ya parte de su conglomerado empresarial. Aaron S. se preguntaba cuál sería la próxima colección que Manolo G. iniciaría: ¿sería de países?

Una vez estuvieron todos sentados a la mesa, se leyeron las cláusulas que más había costado limar. Una hora después, Manolo G. ya era el legítimo propietario de Kanga. Parecía muy satisfecho, a pesar de la torpeza con la que había ido firmando cada página.

De la nada brotaron botellas de whisky y brandy. Y copas del mejor cristal de Bohemia. Y una gran cubitera de plata. Todos tenían mucho que celebrar. El alcohol destensaba los músculos e invitaba a las carcajadas.

Aaron S. se acercó furtivamente a Manolo G., quien gritaba en silencio por irse de aquella sala y respirar aire no reciclado.

—¿Me permite una pregunta?

Manolo G. se encogió de hombros y a punto estuvo de derramar parte del whisky que aún quedaba en su copa.

—¿Es una que ya haya respondido en alguna entrevista?

—Quizá sí, pero me gustaría que fuese sincero conmigo.

—Haré un esfuerzo.

—¿Por qué no ha parado hasta comprar todas las redes sociales, todas las patentes, todos los protocolos, todos los sistemas y plataformas? ¿Por qué controlar todo lo que la gente pueda decir, manifestar…?

—Se equivoca. Yo no quiero controlar nada.

Entonces sí que la perplejidad señoreó la faz de Aaron S.

—Yo solo quiero hacerle un regalo a la humanidad.

—¿Qué clase de regalo?

Manolo G. sonrió a Aaron S., apuró su copa y desapareció junto a sus escoltas abogados sin decir una palabra más.

Aaron S. se sirvió otra copa sin dejar de mirar la puerta por la que se había ido Manolo G. y su séquito. No merecía la pena molestarse. Estaba a punto de recibir una bonita comisión.  Prefirió olvidarlo. ¿Quién sabía qué se cocía en la cabeza de alguien como Manolo G.?

Tan solo se acordó de la críptica respuesta de Manolo G. cuando se anunció el cierre de todas las redes sociales. Ya no se podía subir contenido ni publicar comentarios, nunca más. Y la creación de nuevas redes alternativas supondría una demanda multimillonaria por parte del conglomerado de empresas de Manolo G.

Las bolsas cayeron en picado provocando un grave desequilibrio en la economía mundial, los gobiernos protestaron enérgicamente ante lo que tildaban de capricho monopolista, la gente de a pie gritaba y temblaba como drogadictos con síndrome de abstinencia.

Preguntado en plena calle por el motivo de su decisión, Manolo G. respondió a un periodista:

—Es un regalo para toda la humanidad. Volverá a aprender a hablar, sin una pantalla de por medio. Volverá a dejar de insultar amparándose en el anonimato. Volverá a la mesura. 

»Se cerraron todos los pozos de inmundicia.


Lectura de 8 de octubre de 2026 a las 1200 horas

                     


  • Barómetro: 771 (Buen tiempo)
  • Termómetro: 18º
  • Higrómetro:  65%

8 de octubre de 2026


EL CONFIDENCIAL

martes, octubre 06, 2026

Guardia de cine: reseña de la película «Backrooms» (2026)

Título original: Backrooms. 2026. 2h y 6 min. EEUU. Dirección: Kane Parsons. Guión: Willam Bromell, Kane Parsons. Reparto: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Finn Bennett, Lukita Maxell, Mark Duplass, Krista Kosonen, Avan Jogia, Philip Granger, Robert Bobroczkyi. Música: Edo Van Breemen, Kane Parsons

El creepypasta salta a la pantalla grande por todo lo alto

Hay películas que llaman la atención por su argumento, otras por sus actores y algunas, cada vez menos, por la sensación de estar ante algo que no se parece demasiado a lo que hemos visto antes. Backrooms pertenece a esta última categoría. No soy especialmente aficionado al cine de terror, pero los avances de la película consiguieron despertar mi curiosidad desde el primer momento. Había algo en aquellos interminables pasillos, en esa arquitectura imposible que parecía salida de uno de los grabados de Escher y en una banda sonora extraña, casi hipnótica, que resultaba difícil de ignorar. (pincha aquí para seguir leyendo)


Lectura de 6 de octubre de 2026 a las 1200 horas

                     


  • Barómetro: 762 (Variable)  (aunque hay tormenta y lluvia)
  • Termómetro: 17º
  • Higrómetro:  89%

6 de octubre de 2026


EL ESPAÑOL

La Armada recibirá el despiece de los cinco Harrier comprados a EEUU antes de finalizar el año

MINISTERIO DE DEFENSA

Abierto el plazo para formar parte de los reservistas voluntarios - Ministerio de Defensa de España

lunes, octubre 05, 2026

Las supersticiones marinera recogidas por Astra Cielo en Signs, Omens and Supertitions (1918)

Tras el seudónimo de Astra Cielo se escondía el publicista, dramaturgo, traductor y escritor filadelfiano Milton Goldsmith (1861-1957). Más conocido por sus obras de ficción dirigidas a un público infantil y juvenil y por algunas novelas, a finales de la década de 1910 publicó dos títulos que se alejan mucho de su bibliografía más convencional: Fortunes and Dreams (1917), un manual práctico de adivinación y lectura de sueños; y Signs, Omens and Supertitions (1918), un ensayo sobre el peso cultural de las supersticiones, el cual nos va a servir para este artículo.

Entre sus páginas encontramos un corto capítulo dedicado a recopilar, de una forma anárquica, distintas supersticiones marineras que a continuación paso a relacionaros de una forma ordenada y desarrollada, por entender que es de nuestro interés común:

Rituales e invocaciones

Entre los marineros era frecuente la creencia de que un velero podía desarrollar una velocidad extraordinaria cuando huía de un enemigo, muy superior a la que alcanzaría en cualquier otra circunstancia. Del mismo modo, no eran pocos los que afirmaban que hablar a la embarcación del mismo que se habla a un caballo servía para estimularla y hacerla navegar más deprisa.

La búsqueda del favor sobrenatural ha acompañado a los navegantes desde tiempos remotos. Los marineros de tradición latina, por ejemplo, han confiado durante siglos en que una invocación a la Virgen podía apaciguar una tormenta y devolver la calma a las aguas. Asimismo, la costumbre de bendecir los barcos antes de hacerse a la mar hunde sus raíces en la Antigüedad y se considera una protección eficaz contra los peligros que acechan durante la travesía.

También el bautizo de las embarcaciones conserva el recuerdo de antiguos rituales paganos. Lo que hoy suele reducirse a una ceremonia simbólica fue, en sus orígenes, una ofrenda propiciatoria a Neptuno, dios del mar, a quien se entregaba vino para ganarse su favor y asegurar una navegación segura.

En otras culturas encontramos ceremonias similares. Cuando un junco chino estaba preparado para zarpar, es habitual que varios sacerdotes subieran a bordo para entonar plegarias y ofrecer sacrificios a Tien How, diosa protectora de los marineros. La ceremonia se acompaña del estruendo de gongs y tambores, cuyo sonido refuerza el carácter sagrado del rito.

Las tormentas, por su parte, también dieron lugar a creencias peculiares. Durante mucho tiempo se pensó que, cuando una embarcación se veía atrapada por un temporal especialmente violento, debía de haber a bordo alguna persona pecadora cuya presencia atraía la desgracia. Esta superstición hunde sus raíces en el relato bíblico de Jonás y su viaje por mar.

Finalmente, incluso en las maniobras más peligrosas pervive el recurso a la protección divina. Por ello, muchos marineros acostumbran a santiguarse antes de botar un bote en medio de un mar embravecido, confiando en que ese sencillo gesto les ayude a regresar sanos y salvos.

Animales 

Los marineros han observado durante siglos a los animales del mar y de la costa en busca de señales que les permitieran anticipar la suerte de una travesía. De esta manera surgió un extenso repertorio de creencias que atribuía a aves, peces y mamíferos marinos la capacidad de anunciar vientos favorables, tormentas o incluso la muerte.

Entre las aves consideradas de buen augurio destaca el albatros, al que tradicionalmente se atribuye la facultad de atraer vientos propicios para la navegación. Su muerte era vista como un acto funesto capaz de desencadenar terribles desgracias sobre la embarcación y su tripulación, una creencia inmortalizada por Samuel Taylor Coleridge en La balada del viejo marinero (The Rime of the Ancient Mariner). Del mismo modo, se consideraba favorable la presencia de una paloma sobre el barco, pues anunciaba vientos beneficiosos para la travesía.

Otras aves también desempeñaban un papel importante en el imaginario marinero. La aparición del alca gigante (Pinguinus impennis), una gran ave marina incapaz de volar y hoy extinguida, era interpretada como señal de una navegación rápida y afortunada. Si además el animal llegaba a posarse sobre la cubierta, el presagio era aún más favorable. También las urracas tenían su significado: ver tres ejemplares era anuncio de éxito y buena fortuna, mientras que encontrarse con una sola se consideraba señal de mala suerte.

El martín pescador gozaba igualmente de un lugar especial entre las supersticiones náuticas. Algunos marineros colgaban uno disecado del mástil, convencidos de que podía indicar la dirección del viento mediante la orientación de su cuerpo.

Los mamíferos marinos también eran objeto de interpretación. La presencia de focas se consideraba un augurio favorable y, por ello, dar muerte a una de ellas era visto como una acción particularmente perversa. En cambio, cuando delfines y marsopas se mostraban especialmente activos alrededor de una embarcación, muchos marineros creían que estaban anunciando la llegada de una tormenta.

No todas las criaturas marinas despertaban confianza. El calamar de ocho brazos era tenido por un símbolo de mal agüero, mientras que un tiburón siguiendo persistentemente la derrota de un barco se interpretaba como una señal inequívoca de que pronto moriría alguno de sus pasajeros o tripulantes.

La imaginación popular llegó incluso a atribuir propiedades extraordinarias a ciertos organismos marinos. Así, durante mucho tiempo se creyó que los percebes adheridos al casco de una embarcación podían transformarse en aves después de que el barco hubiera permanecido navegando durante seis meses.

Duendes y cargas indeseadas

Las supersticiones marineras no se limitaban a los animales. Entre los marineros franceses existía el temor a unos duendes o espíritus burlones que, según la tradición, visitaban los barcos durante la noche para gastar bromas y provocar pequeños contratiempos mientras la tripulación dormía.

También determinadas circunstancias eran consideradas especialmente desfavorables. Zarpar en viernes (en nuestra cultura, sería el martes) era tenido por un riesgo innecesario y una invitación a la mala fortuna, creencia que se mantuvo durante siglos, aunque fue perdiendo fuerza con la llegada de la navegación a vapor.

Por último, pocas cargas inspiraban tanta inquietud como los cadáveres. Transportarlos a bordo era visto como un mal presagio, razón por la que los marineros procuraban evitarlo siempre que era posible. Cuando alguien fallecía durante una travesía, lo habitual era concederle sepultura en el mar, alejando así de la nave la sombra de la desgracia.


Lectura de 5 de octubre de 2026 a las 1200 horas

                     


  • Barómetro: 764 (Variable) 
  • Termómetro: 21º
  • Higrómetro:  68%

5 de octubre de 2026


LIBERTAD DIGITAL

Cien años de leyenda en alta mar: así celebrará la Armada el siglo de vida del buque escuela Juan Sebastián Elcano - Libertad Digital

DEFENSA.COM

Armada despliega fragatas Navarra y Cristóbal Colón en Mediterráneo y Atlántico - Noticias Defensa España

EL CONFIDENCIAL DIGITAL

Blas de Lezo y Patiño, nuevos buques del grupo OTAN nº 2