martes, abril 20, 2021

Entrevista a Olga Romay Pereira con motivo de la publicación de «Cuando fuimos dioses»

El pasado jueves, día 15, publicamos la reseña de la novela «Cuando fuimos dioses», de Olga Romay Pereira. Hoy hacemos otro tanto con una entrevista que tuvimos a bien hacerle, confiando plenamente que será de vuestro interés.

1. Consultando tu carrera como autora literaria, comprobamos que tu “área de confort” es la Antigüedad. Sin embargo, nos gustaría saber qué te empujó esta vez, para «Cuando fuimos dioses» a llevar tu narración hacia Ptolomeo, hacia el imperio de Alejandro Magno una vez fallecido.

Hacía tiempo que deseaba escribir una novela que transcurriese en Egipto, pero no encontraba un personaje que no estuviese manido. 

De forma casual encontré a Ptolomeo l, uno de esos héroes que me gusta novelar: tenía sus luces y sombras, era carismático y en general desconocido para el gran público. 

Me fascinó que pasase de la gloria de una vida militar a gobernar con éxito un país ajeno para la cultura helenística como era Egipto. De todos los generales de Alejandro Magno, fue el que más éxito tuvo y sólo hubo otro que murió de viejo en la cama, algo inusual en aquella época.

2.- «Cuando fuimos dioses» es muy coral. ¿Lo planteaste así desde un principio? ¿Y el que fuera una historia contada en dos novelas separadas?

Es coral porque la historia de Ptolomeo estaba rodeada de grandes enemigos, tuvo cuatro esposas y las mujeres tuvieron siempre gran importancia para él. Además, como la novela transcurre a caballo entre Egipto y Babilonia, quise ambientar la corte persa y la vida de los egipcios, nada mejor que incluir personajes verdaderos y mezclarlos con ficticios.

Fue la editorial la que sugirió dividir la novela en dos.

3.- ¿Puedes hablarnos un poco de los personajes, tanto históricos como ficticios?

No he modificado los hechos históricos de los personajes macedonios: los generales que rodeaban a Ptolomeo y sus ambiciones. Aunque parezca sorprendente tampoco hay muchas licencias en cuanto a la ajetreada vida amorosa de Ptolomeo con esposas y concubinas. 

Pero me he permitido varios personajes ficticios: una pareja de sacerdotes egipcios y un recaudador judío que vivía en Alejandría.  

4.- Sin duda, Ptolomeo es un gran personaje, pero no puedo hacer otra cosa que echar la mirada interrogante hacia el eunuco Bagoas y el sacerdote Nimlot. Me parece que tendrán aún mucho que contar.

Me reservo para la segunda parte de la novela el protagonismo de ambos. La mayor parte de los personajes secundarios acompañarán a Ptolomeo hasta el desenlace final, otros van desapareciendo en trágicas circunstancias como ocurre con la familia real de Alejandro Magno y sus generales. 

5.- ¿Ese Alejandro de ultratumba es una licencia o se reportó en la época supuestamente su intervención en la vida de varias personas?

La idea de un Alejandro Magno que se aparece a los generales después de muerto viene de un relato de Quinto Curcio: afirmaba que Alejandro se aparecía en sueños a su secretario Eumenes. 

Siempre me ha fascinado el elemento fantástico, los fantasmas y las apariciones, la historia antigua tiene una buena colección de hechos insólitos que hoy nos parecerían propios del realismo mágico.

6.- Un aspecto a destacar de ésta y tus anteriores novelas es una cuasiobsesión por hacernos detener la atención en casi nimios detalles cotidianos, costumbres, ritos, situación política, etc., del periodo y la zona. Si te digo la verdad, no tenía ni idea de lo que era una hetaira y tuve que buscarlo en la Wikipedia. 

Intento que el lector se vea inmerso en el ambiente de la época sin miles de datos que no vienen a cuento. Me limito a no interrumpir la narración dejando pequeñas pinceladas de costumbres, edificios, ropajes y ritos. Huyo de los tópicos e intento siempre sorprender al lector.

7.- ¿Cuál ha sido el mayor obstáculo que te planteó escribir «Cuando fuimos dioses»?

La trama ha sido pensada con detalle: cada personaje entra en la novela cuando debe de entrar y se muere cuando debe morirse. Si el personaje no se ha muerto, el lector ya sospecha que aparecerá en otro capítulo de la novela y esta vez tendrá más importancia. Eso me planteó muchas dificultades, la documentación fue fácil a su lado.

8.- «Cuando fuimos dioses» tendrá continuación con una segunda novela, que cerrará una bilogía. ¿Nos puedes adelantar algo de ella?

En la segunda parte Ptolomeo va a encontrar la horma de su sandalia: una mujer que llega desde Macedonia, Berenice. También irrumpirá un general a su altura, Demetrio, que intentará por todos los medios rivalizar con Ptolomeo. 

Todas las historias que quedaron inconclusas en la primera parte se retomarán, nunca dejo un personaje olvidado.

9.- Te hemos visto en distintos medios, ¿cómo está siendo la acogida de la novela?

Ha tenido buenas críticas de blogs independientes, lo cual me llena de orgullo. 

10.- ¿Qué opinión te merece el horizonte actual de la novela histórica española en concreto y de la ficción en general?

Competimos muchos escritores de novela histórica y escribimos para un público menguante. Existen pocas editoriales y mucha rotación de las novelas en las librerías. 

Me gustaría que el público leyese más y que los libreros dejasen reposar las novelas más tiempo en los estantes, pero esos tiempos ya no existen. Es difícil competir con la promoción brutal de las multinacionales, los escritores que publicamos con editoriales intermedias tenemos que esforzarnos el doble para destacar. 


Lectura de 20 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                                  



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lunes, abril 19, 2021

Lectura de 19 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                                  



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viernes, abril 16, 2021

Lectura de 16 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                                 



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jueves, abril 15, 2021

Guardia de literatura: reseña a «Cuando fuimos dioses», de Olga Romay Pereira

CORONA BOREALIS
Primera edición: 2020
ISBN: 9788412250817
410 páginas
Primera parte de una ambiciosa bilogía centrada en la figura de Ptolomeo que es capaz de transportarnos al Pasado

Lo que te queda bien claro cuando lees una novela firmada por Olga Romay, es que esta autora está en posesión de unos amplísimos conocimientos respecto a los periodos históricos en los que ambienta las tramas a las que dedica sus desvelos creativos. Ya me percaté del asunto con su obra «Los hijos del senador», con todo lo concerniente a la sociedad, cultura, costumbres, leyes, etc., de la antigua Roma, y también aquí, con la Macedonia de Alejandro y sus territorios conquistados. En los detalles está la punta del iceberg del estudio y ésta es una de sus fortalezas.

«Cuando fuimos dioses», primera parte de una bilogía dedicada al insigne Ptolomeo, parte de los últimos días de agonía de Alejandro Magno, aquejado por una terrible enfermedad y rodeado por sus generales en un palacio de Babilonia, muchos de ellos más preocupados por el pedazo de pastel imperial que les tocará en suerte tras la muerte de su líder que por llorarle. Pero también están las esposas de Alejandro y los supuestos herederos, legítimos e ilegítimos, pues el monarca conquistador no designó sucesor en vida; y otros tantos personajes ficticios que parecen de menor calado, pero que tienen su papel en la historia. (sigue leyendo).


Lectura de 15 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                                



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miércoles, abril 14, 2021

Sabiduría de viejo lobo de mar (51)

Cuando Dios quiere,

a todos los aires llueve.


Lectura de 14 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                               



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martes, abril 13, 2021

Guardia de cine: reseña a «Puñales por la espalda»

Título original: «Knives Out». 2019. 130 min. EEUU. Dirección: Rian Johnson. Guión: Rian Johnson. Reparto: Daniel Craig, Ana de Armas, Chris Evans, Jamie Lee Curtis, Toni Collette, Don Johnson, Michael Shannon, Christopher Plummer, Lakeith Stanfield, Katherine Langford, Jaeden Martell, Riki Lindhome, Edi Patterson, Raúl Castillo, Frank Oz, M. Emmet Walsh

Un argumento bien desarrollado que satisface al típico consumidor del género de investigación policial y detectivesca. Siempre ocurre algo que mueve la butaca; siempre está ese giro que, en frío, no es para tanto, pero que nos ha dejado embobados frente a la pantalla

La premisa es la típica de una novela de Agatha Christie. Un escenario formado por una inmensa mansión que es habitada por un elenco de personajes unidos por la sangre, mal que les pese, y la fe inquebrantable de chupar del bote hasta el día del Juicio Final. Y lo que trastoca la normal convivencia será la inexplicable, en apariencia, muerte de Harlan Thrombey, el patriarca, un adinerado y famoso escritor de novelas de misterio que cambiara el signo de su testamento a última hora, y la irrupción en escena de un detective que irrita sin excepción a los flemáticos descendientes (sigue leyendo)


Lectura de 13 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                              



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lunes, abril 12, 2021

Durante el COVID-19: la guerra con la vacunación con AstraZeneca

¿No estáis ya un poco hartos incluso de esto? ¿De que cada día, entre la relación de contagios y muertes “oficiales”, se cuele los tiras y aflojas con las dichosas vacunas de AstraZeneca? Hoy tenemos la improbable relación con los efectos secundarios de causación de trombos, ayer la constatación inequívoca, mañana… Bailes de márgenes de edad e, incluso, de sexo. En un país esto, en otro aquello; en esta comunidad autónoma puede y en la otra quizá.

Tanto es así que dudo que desde la AEM y la OMS, como desde el resto de instancias, sepan de qué están hablando, aunque cobre fuerza en mi foro interno la hipótesis de que nosotros, los paganos, no somos otra cosa más que colaterales y prescindibles víctimas en una guerra (otra de las provocadas por la pandemia y que siguen socavando nuestra economía y salud), entre la Unión europea y la farmacéutica que, por ahora, es la única capaz de suministrar un mayor número de dosis para terminar, en teoría, con esta enfermedad que nos trae a todos de cabeza.

Una guerra encubierta, pero no silenciosa, surgida por el interés de AstraZeneca de atender pedidos más sustanciosos que los realizados por la Unión, por un importe económico mayor, recurriendo a tácticas vetustas en esto de los mercados: sospechosas averías, retrasos causados por “fuerza mayor”, etc. (solo falta una huelga general). Pues el incumplimiento contractual con la Unión resultará poco dañino en comparación con los beneficios que pueda reportar contentar a otras potencias y naciones más desprendidas y generosas.

Por supuesto, uno de los caballos de batalla favoritos, tanto para atacar a AstraZeneca como a la UE, ha sido el famoso contrato de compra y suministro lleno de manchurrones que el Sr. Antonio Miguel Carmona expuso supuestamente escandalizado (como si no lo hubiéramos podido descargar de Internet antes que él), el pasado 7 de abril en el programa de turno de HORIZONTE, donde, una vez más, al oírle hablar me pregunto cómo, con semejante “adalid” de la Democracia, la Justicia y los desprotegidos, así como atento y singular “vigilante” de estrado, puede subsistir en España problema alguno, pues tiene la voz, la opinión y la solución “para todo”. Sin embargo, como siempre, no es más que otro que “todo lo saber con abrir la boca”, pues es como aquel compañero de universidad que parecía, gracias a su verborrea, que tenía la nariz pegada a los libros las veinticuatro horas del día; pero que, en realidad, solo soltaba una gilipollez tras otra.

En su intervención semanal, el Sr. Carmona denunció otro nuevo atentado a la Democracia: la inaceptable falta de transparencia a la hora de facilitar el cacareado contrato con AstraZeneca, debidamente censurado. Como siempre, este señor juega sus cartas de niño rico jugando a servir a los proles y oculta una realidad que conoce a la perfección, y que no es la utópica del “amigo” Assange o Cebadilla Mantecona en su taberna del Poni Pisador. Juega sus típicas y tópicas cartas ocultando que sabe muy bien que este contrato (y tantos otros que he llegado a ver con mis propios ojos y hasta a redactar en mi trabajo), están sometidos a cláusulas de confidencialidad que afectan a parte o a todo su texto, debiendo el secreto mantenerse no solo entre las partes firmantes, sino que obliga directamente a las personas físicas directamente involucradas y a terceros vinculados (como son los empleados, asesores, abogados, etc.; por supuesto, yo mismo). Consecuencias siempre económicas y astronómica que, si en un supuesto normal pueden cifrarse en decenas de miles de euros de penalización, en este caso de AstraZeneca podemos estar hablando de millones de euros.

Cláusulas de confidencialidad con las que los contratantes pretenden mantener sus tratos en una oscuridad que no beneficie a la competencia. Incluso conservar el equilibrio económico-financiero en una zona focalizada, como puede ser un pueblo, una región, una nación, un continente…

Es muy fácil ser el rey si uno es tuerto en el país de los ciegos, Sr. Carmona.

Pero sigamos con el asunto de una guerra que estalló cuando los máximos representantes de la Unión se sintieron como primos, no porque AstraZeneca “juegue sucio”; sino porque se las dan de listos, con sus paredes empapeladas de títulos, y son tan pardillos como aquellos que militamos en la tercera división: han quedado en ridículo, y lo que duele es que haya sido a nivel internacional, autoinfligiendo una nueva y ponzoñosa herida (otra más) al proyecto político europeo. Y, claro, luego se sorprenden de escuchar el «"aquí sálvese quien pueda", pues como estemos esperando nos quemaremos los pies».

Una guerra en la que la Unión, a través de rumores contradictorios e informes igualmente dudosos, ha plantado en la cabeza de sus ciudadanos la semilla de la desconfianza total contra el producto de AstraZeneca, una empresa farmacéutica de renombre que ve como su equilibrio en los mercados fluctuar de manera que ni un millón de Biodraminas nos salvarían del vómito. Tanto es así que es común escuchar, saliendo por nuestra boca, que la vacuna de AstraZeneca es la “mala” y la “buena” aquella de Pfizer o Moderna, más si cabe ahora con la polémica de los trombos como posible efecto secundario muy raro; un efecto grave, aunque de mínima incidencia, que soslaya aquellos que manifiestan las vacunas de las otras compañías y sobre los que se pasa de puntillas, pues no interesa.

Pero lo más gracioso del asunto es que se da una de cal y otra de arena: se destruye su imagen por otro lado, pero, por el otro, se reconoce la necesidad de su producto pues no hay otro clavo ardiendo.

Pero es que esta enfermedad es nueva y hemos exigido una respuesta farmacológica inmediata. Tanta urgencia ha sido satisfecha con unos estudios, resultados y productos que, en otras circunstancias, tardarían años en ver la luz. Necesitábamos la inyección o la pastilla que nos salvase y ya, pero sin efectos secundarios, sin contraprestaciones, sin consecuencias, sin precio a pagar, lo cual es una muestra de que el ser humano es estúpido hasta márgenes insospechados.

Deciros que, mientras os escribo estas notas, estoy siguiendo una medicación pautada para controlar y eliminar una otitis que tengo en un oído. El médico de atención primaria me ha recetado un antibiótico medicamente controlado y aprobado por la AEM, de nombre CIPROFLOXACINO. Leyendo el prospecto (tipo sábana), veo que estas pastillas pueden causar:

  • Aneurismas aórticos.
  • Disnea.
  • Shocks anafilácticos.
  • Fuertes dolores en varios puntos del cuerpo que pueden permanecer durante meses.
  • Disminución de la visión, así como del gusto, el olfato y la audición.
  • Depresión.
  • Disminución de la memoria.
  • Fatiga y trastornos del sueño.
  • Afección a tendones, hasta el punto de posibilitar su rotura.
  • Neuropatías.
  • Sensibilidad a la luz, etc.

Y, dependiendo de la condición general del paciente, otras cosas que paso de relacionar.

Es más, hace años tuve una afección pulmonar y se me recetó un jarabe. No recuerdo para nada su nomenclatura, aunque el medicamento era merecedor de semejante esfuerzo. Entre sus efectos secundarios se encontraba uno extremadamente raro, uno entre un millón: la muerte. Y si aparecía es porque a alguien le pasó.

Sí, amigos. Para quitarme una tos, me expuse a esa lotería.

Obviamente, nadie quiere el boleto ni acabar con un trombo en el cerebro de camino al cementerio. Pero menos acabar en el mismo lugar por culpa del SARS-COV 2, mucho más cabrón. Hasta ayer, conocía a gente a la que se le habían muerto familiares y conocidos por culpa de este bicho; hasta ayer, pues entonces supe de que se había muerto por coronavirus una persona que conocía y con la que había hablado hace menos de una semana y media. Fue ingresado en el hospital por otra cosa, se contagió allí mismo y la Parca cortó el hilo. Estaba a nada de que le tocara la vacunación.


Lectura de 12 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                             



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viernes, abril 09, 2021

Mi último libro: «Naves fantasma. Análisis de la oleada de airships acaecida durante los años 1896-97 y una hipótesis explicativa»

Aunque lleva disponible desde comienzos de esta semana en formato papel y electrónico, hoy os hago a todos conocedores de que he vuelto a publicar un nuevo ensayo: «Naves fantasma. Análisis de la oleada de airships acaecida durante los años 1896-97 y una hipótesis explicativa».

En esta ocasión he llevado a término un proyecto largo tiempo en el fondo del cajón, tras haber acometido, en aquella, una negligente tarea de búsqueda de información. Tras solo unos apuntes, el olvido más absoluto cayó sobre él, hasta que, tras varios guiños, me he puesto en serio con el asunto.

Con este sintético ensayo (marca de la casa), me adentro en el campo del Misterio, analizando un fenómeno que me llama poderosamente la atención desde el primer instante en el que supe de él: la oleada de los denominados airships que fueron avistados desde finales de 1896 a mediados de 1897 en distintos puntos de la geografía de los Estados unidos de América. Extraños objetos y luces que desvelaron el sueño de muchos ciudadanos y que dieron pie a alucinantes encuentros, fantasías, bulos y leyendas urbanas, que ocultan lo que entiendo como una realidad lógica.

No es un compendio pormenorizado de cada caso reportado, tarea que sería descomunal y complicada para una sola persona. Es un análisis escéptico, partiendo desde el primer e inaudito hecho, relacionando todo con un dato que ha pasado desapercibido para demasiados estudiosos y que bien puede ser la solución al escurridizo enigma. Puede sonar presuntuoso, pero yo me atengo a mi hipótesis.

¡Os invito a adentraros en este fascinante recoveco de la Historia!

PD: Muchas gracias a Antonio Gil por su exquisita labor a la hora de trasladar mi torpe boceto a la portada de este libro y a Juan Manuel Grijalvo por sus consejos.


Lectura de 9 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                            



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jueves, abril 08, 2021

Guardia de cómic: reseña a «El rastreador», de Jiro Taniguchi

Título original: «Sosakusha»
PONENT MON, Rasquera
2006
Traducción: Shizuka Shimoyama,
Miguel Ángel Ibáñez Muñoz
ISBN: 84-96427-26-9
334 páginas

Taniguchi presentó en su día un título atípico en el conjunto de su obra, aunque sin llegar a renunciar a la representación de la Naturaleza y el costumbrismo

Shiga es un hombre que cumple penitencia en el lugar donde mejor se siente, prácticamente aislado de la civilización en un refugio de montaña, en pleno pulmón verde del Japón, aunque no como un arisco ermitaño, claro. Allí arriba puede autoflagelarse o matizar el dolor que ha acopiado en torno a su Pasado reciente tras la muerte de Sakamoto, su mejor amigo, caído en una expedición al Dhaulaghiri, el Himalaya, años atrás. Shiga prometió a Sakamoto cuidar y proteger de Yoriko, su viuda, y de su hija de corta edad, pero el héroe de la narración siente una emoción hacia el fallecido que prefiere guardar para sí, pues le provoca vergüenza: rencor con su pizca de culpabilidad.

Pero unos acontecimientos inesperados forzarán la salida de Shiga al mundo exterior. Megumi, la hija de Sakamoto, ha desaparecido sin dejar rastro y sin que la Policía se vea capaz de actuar ante la saturación de casos de similar naturaleza que asola Tokio. Shiga descenderá de la montaña y se enfrentará a la capital, a un entorno más hostil que cualquier otro paraje. Se sentirá abrumado por el llanto desconsolado de Yoriko y por el mutismo que rodea la aparente huida de la chiquilla de catorce años, mientras va recogiendo pistas en una investigación particular en la que hallará extraños pero amables aliados a medida que se acerca a la verdadera “montaña”, al desafío final. (sigue leyendo)


Lectura de 8 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                           



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miércoles, abril 07, 2021

Breve semblanza de Domingo de Bonechea y de Andonaegui

No cabe duda de que Guetaria fue la cuna de grandes marinos, aunque todos muy afectados por la larga sombra proyectada por el insigne Juan Sebastián de Elcano.

Me atrevería a decir que uno de tantos respondía al nombre de Domingo de Bonechea (o Boenechea) y de Andonaegui (Guetaria, 23 de agosto de 1713-Tahití, 26 de enero de 1775), capitán de navío de la Real Armada y miembro de una conocida familia guipuzcoana de armadores balleneros

Hijo del también capitán de navío Juan Bautista de Bonechea y de Francisca de Andonaegui, ambos naturales de Guetaria, Domingo fue bautizado en la iglesia local de San Salvador. Su carrera al servicio del Rey se iniciaría a muy corta edad, al ser enviado a Ferrol como guardiamarina, ocupando plaza después de piloto entre los años 1732 y 1740, cuando fue ascendido a alférez de fragata. Entre 1749 y 1754 debió despuntar sobremanera, pues alcanzaría el grado de teniente de navío.

Navegando por el Mediterráneo y el Atlántico norteamericano, con la siempre provechosa oportunidad de enfrentarse al enemigo Inglés, quedaron patentes los amplios conocimientos náuticos de Bonechea, así como cierta falta de capacidad o ánimo para ejercer la autoridad; aún así, siguió subiendo de escalafón, obteniendo las charreteras de capitán de fragata en 1766 y el mando la fragata Águila, bajo la advocación de Santa María Magdalena (hay dos fragatas de idéntico nombre, advocación y pabellón, de construcción ferrolana la una y francesa la otra, por lo que no hay concordia entre los expertos a la hora de determinar sobre la cubierta de cuál de ellas se paseó el de Guetaria).

Una vez aprestada la fragata, ésta zarpó de Ferrol teniendo Montevideo por escala, para seguir camino doblando el Cabo de Hornos y fondear definitivamente en El Callao, donde capitán y tripulación quedarían a las órdenes de Manuel de Amat y Junyent, virrey del Perú, bajo cuyos auspicios se efectuaron varias expediciones al Pacífico Sur a partir de 1770.

La primera de las dos exploraciones en las que participó Bonechea, ya con sesenta años sobre la casaca, dio comienzo en septiembre de 1772 y lo llevaría a Tahití, donde echaría el ancla el 12 de noviembre del mismo año. 

En los despachos españoles se tenía la sospecha de que la nombrada por los ingleses como la Isla del Rey Jorge o San Jorge debía ser una de las que descubrió Pedro Fernández de Quirós en su último viaje a las conocidas como tierras australes del Espíritu Santo (Tierras de Quirós, reconocidas en 1606); y se dice que la expedición de Bonaechea encontró en una de las islas que inspeccionó una antiquísima cruz, que se entiende como indicio más que suficiente de que la carabela San Lesmes llegó a tal punto. 

Las órdenes eran las de identificar el lugar, conforme la cartografía de la Real Armada, y reclamar su soberanía.

Gracias a las cordiales relaciones con los nativos (algo que destaca el propio comandante, sorprendido por su afabilidad, sobre todo al referirse a los habitantes de la isla llamada San Cristóbal), Bonechea dio cuenta de que aquellas costas habían sido barajadas por navíos ingleses en años anteriores (hacía diez lunas (tres años) que un barco con la enseña inglesa, sin duda el de James Cook, había echado el ancla allí), así como describe a los isleños como “[…] de color mulato, buenas facciones de cara y pelo corto por estar cortado, pintados por los muslos y manos, de cuerpo regular y traían taparrabos”.

Los tripulantes de la Águila trabaron amistad con los isleños y se escenificaron intercambios de todo tipo, siendo que lo más notable de entre lo que los nativos recibieron fueron semillas de trigo, maíz, calabaza, melón  y patata.

La visita de Bonechea fue corta, pero intensa, pues se descubrieron islas como las de Tauere (Santos Simón y Judas) y Haraiki (San Quintín) y se reconocieron las islas llamadas Anaa (Todos los Santos), Mehetia (San Cristóbal), Otaheti (Amat o Tahití) y Moorea (Santo Domingo). El de Guetaria debía identificar Otaheti como la Isla del rey Jorge y, después, regresar para avituallarse y dar con la isla de San Carlos o de Pascua (anteriormente Tierra de David y de efectiva soberanía española desde 1770), así como volver a la Polinesia para obtener el sometimiento voluntario de los notables isleños al rey Carlos III. Cumpliendo la encomienda, en febrero de 1773 Bonechea se lo vio en Valparaíso, donde reportó la existencia en las islas inspeccionadas del árbol del pan y su consumo por los naturales del archipiélago polinesio.

En 1774 Bonechea encabezaría una última expedición al mando de la Águila, siendo esta vez acompañada por el paquebote Júpiter, al mando de José de Andía y Varela, con el objetivo de tomar posesión efectiva de la isla de Pascua. Ambos barcos zarparon de El Callao en septiembre y el 26 de octubre se separaron, para llegar a Tahití a comienzos de noviembre, tras errar los cálculos de derrota; no obstante, se aprovechó la oportunidad para inspeccionar quince islas y descubrir las de San Narciso (Tatakoto), de las Ánimas (Amanu), de los Mártires (Tekokoto), San Juan (Hikueru), San Julián (Motutunga), San Blas (Faaite y Tahanea), San Diego (Makatea), Tres Hermanos (Tetiaroa), Pelada (Maiao), de los Pájaros (Maiao), Hermosa (Huahine), Princesa (Raiatea), isla próxima a la Princesa (Tahaa), San Pedro (Borabora) y San Antonio (Maupiti). El 5 de enero de 1775, Bonechea, además, conseguiría la firma de la Declaración o Convención de Tautira, por la que los tahitianos juraron lealtad y vasallaje al rey Carlos III.

Podría decirse que Bonechea “ya podía morirse en paz”, fatal y natural desenlace que le aguardaba ese mismo mes de enero de 1775. Tras su sepelio, el de Guetaria fue enterrado en el puerto de Tautira, mismo lugar donde se levantaría una misión franciscana de corta duración y, más adelante, la iglesia de Nuestra Señora de la Paz.


Lectura de 7 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                          



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martes, abril 06, 2021

Guardia de cine: reseña a «Amanecer rojo»

Título original: «Red Dawn». 1984. 114 min. EEUU. Dirección: John Milius.  Guión: Kevin Reynolds, John Milius (historia de Kevin Reynolds). Reparto: Patrick Swayze, C. Thomas Howell, Lea Thompson, Charlie Sheen, Darren Dalton, Ben Johnson, Harry Dean Stanton, Powers Boothe, Jennifer Grey

Es la historia de una madurez apresurada e impuesta por la violencia, que hace añicos la tranquilidad onírica de una vida humilde pero acomodada, típica de la american way of life

Título destacado entre aquellos muchos que nos dio la década de 1980 o, al menos, muy recordado. Una mezcla dura en la que John Milius, guionista de «Apocalypse Now» y director de «Conan el Bárbaro», remoza el libreto original de Kevin Reynolds, aunque compartieran ambos cierta idea antibelicista. Es difícil de creer que Milius lo consiguiera, más si cabe cuando ésta fue la primera película en la historia cinematográfica de los EEUU con la calificación PG-13 y batió un récord Guinness, con más de 2 escenas violentas de media por minuto de duración. (sigue leyendo)


Lectura de 6 de abril de 2021 a las 1200 horas

                                                                                         



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