- Barómetro: 768,5 (Variable)
- Termómetro: 19º
- Higrómetro: 53,1%
Navegando por el Mar de Papel Moneda, y otros mares... (Sailing at Sea of Banknotes, and others seas...)
Un argumento que nace de la adaptación libre del libro «Paesa, el espía de las mil caras», de Manuel Cerdán, y que podría haber sido una película de espías, pero que termina en una de encantadores farsantes que se llevan toda la pasta, aunque no al nivel de simpatía de los once de Ocean
Luis Roldán fue uno de los rostros con nombre propio de la España de la década de 1990. Un tipo que se elevó hasta lo más alto de la cúpula de mando de la Guardia civil y que protagonizó un escándalo tal que arruinó muchas carreras políticas y puso en jaque al gobierno de la nación. Aunque yo, como por aquella era un niño, apenas recuerdo nada de todo esto, salvo la sorpresa de mis padres porque un tío se burlara de todos, incluso inventándose títulos universitarios, y controlase una institución como la Guardia civil y la lucha antiterrorista. Otro recuerdo que tengo es el chiste del entonces dúo cómico Martes y Trece que, haciendo suya la canción de los anuncios de Turrones El Almendro, entonaba: “Vuelve… a casa vuelve… Vuelve, Roldán”, pues el amigo se había largado al extranjero con mil y pico millones de pesetas (nada comparado con lo que se roba en la actualidad), y era el hombre más buscado del planeta. (sigue leyendo)
Una cinta en la que Noomi Rapace pudo haber gastado todo su repertorio actoral interpretando siete personalidades distintas aunque unidas por un vínculo uterino
¿Qué tendrán las desasosegantes futuros distópicos que la Literatura y el Cine de ciencia-ficción caen rendidas a sus pies? Retratar a los supervivientes del colapso de una civilización tras una guerra nuclear, una invasión alienígena, un desastre medioambiental o una pandemia global, ha sido la obsesión de autores y directores, dejando tras de sí títulos tan memorables como «Mad Max», «El último hombre vivo en la Tierra», «Cuando la eternidad nos alcance», etc. Y esta misma película, con la que he cerrado la última frase, adaptación de la novela «¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!», de Harry Harrison, es la que nos puede servir de paralelismo con la que va a ser objeto de recensión a continuación, una que pasó desapercibida para mí durante años, protagonizada por la actriz Noomi Rapace, a quien conocimos a la hora de visionar las cintas del universo negro creado por Stieg Larson y de la que se perdió su pista tras «Prometheus» (sigue leyendo)
| Planeta Manga: Backhome nº 01/02 Planeta Cómic Colección: Manga europeo Serie: Planeta Manga: Backhome ISBN: 978-84-9174-936-3 Pág.: 200 |
Un trepidante seinen español que no os podéis perder. Todo un impacto visual
No sé si descubrí la publicación «Planeta Manga» gracias a «Backhome» o fue justo al revés, «Backhome» a través de «Planeta Manga». El huevo o la gallina. Lo mismo da. Lo que sí importa es que este seinen (manga destinado a público masculino joven-adulto), que ha ido apareciendo por entregas en dicha revista, me impactó desde la página número uno. Tanto es así que seguí comprando «Planeta Manga» por solo leerlo, aunque esta idea no cuajó mucho al saber que el éxito de público y crítica convenció a la editorial, justificándose de paso en que es una serie de larga duración, para compilar la historia en dos tomos. Para mí, aparte de un acierto de Planeta, fue la excusa perfecta para dejar de llenar mi casa con más mostrencos periódicos, pues no sabéis lo que ocupan. La cuestión, aparte de las dimensiones físicas de «Planeta Manga», no era el dinero (menos de 5 euros el ejemplar), sino que me di cuenta que, aparte de «Backhome» y «Gryphoon» (Luis Montes), el resto de obras no me llamaban para nada la atención a pesar de cubrir un abanico amplio de temáticas. Creo que eso es lo bonito del Manga: que hay para todos los gustos y disgustos.
Se ha tenido que esperar y mucho, hasta febrero de este año 2022, para que saliera a la venta el tomo 1 de 2 de «Backhome», y lo ha hecho en formato tradicional de 18x12,8, para que no difiera en nada a cualquier manga patrio o nipón, pero manteniendo toda la fuerza que me embelesó en su día. Porque si hay algo que destacar es el estilo de Toni Caballero, muy diferente a lo acostumbrado, muy cinematográfico, aunque habrá quien desprecie su trabajo por el, digamos, abusivo empleo de fotografías con efecto filtrado a modo de fondo, que son las que refuerzan buena parte del impacto visual que recibe el lector. Pero si hay mangaka de fama internacional, como Asano Inio, que lo hacen así y sin pudor, ¿por qué íbamos a ser tan puristas con Caballero? (sigue leyendo)
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Goleta Columbia |
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Diseño nº 236 de Burgess & Paine, Boston 137 pies de eslora 25,4 pies de manga 140 toneladas de desplazamiento Palo mayor: 92 pies de altura Palo de trinquete: 85 pies de altura 8.800 pies de velamen Capacidad: seis toneladas de carbón, cuatro pies de madera, 450 barriles de sal, velas de cera, veinte yardas de toalla, veinticinco yardas de mecha, una docena de linternas, cuatro boyas, jarcia, 700 libras de metal para fabricar anzuelos, treinta y seis pares de botas de goma, un ancla de 800 libras, treinta y dos anclas de diez libras, treinta galones de gasolina, veinte docenas de pares de guantes de algodón, cinco docenas de pares de mitones, cuatro docenas de trajes de agua engrasados, veintiocho colchones, utensilios de cocina y mantenimiento, etc. |
Astilleros de Arthur Dana Story, Essex (Massachusetts) Aparejador y constructor: George E. Roberts Perchas: George E. Thurston Velamen: Woodbury Duck, Turner Halsey Co, Boston Maquinaria: A. P. Stoddart & Co, Nueva York Equipamiento: a cargo de la Atlantic Supply Co Comandante de pesca: capitán Alden Geele Comandante de carrera: capitán Ben Pine. |
Diseñada por William Starling Burgess, quien a la postre pasó a la Historia como un audaz arquitecto e ingeniero naval, un inventor insomne y un pionero de la aviación, la goleta de pesca Columbia fue construida en los astilleros de Arthur Dana Story, Essex (Massachusetts), representando el máximo exponente y cénit de la línea pesquera de Gloucester.
De nombre poco original, la Columbia fue botada el 7 de abril de 1923 y, debido a su gran navegabilidad y velocidad, en vez de dedicarse a lo que se suponía que era cometido principal, la pesca, pronto comenzó a hacerse notar en aquello para lo que había sido concebida: la competición. En el ánimo de sus armadores estaba el empeño de desbancar a la goleta canadiense Bluenose, de Canadá, una leyenda viva de las carreras entre pequeños navíos de pesca del Atlántico Norte.
Para el día 25 de abril de 1923 la Columbia estaba preparada para su primera marea, zarpando de su puerto base la tarde del día siguiente, rumbo a Shelburne, donde completaría la tripulación. Durante ese corto periodo de tiempo demostró su rapidez y maniobrabilidad, no obstante era la goleta con el palo mayor más alto de la flota, con la excepción de la Henry Ford.
El trofeo de la Copa Internacional de pescadores de 1923, en Halifax, Nueva Escocia, a punto estuvo de ser ganado por la Columbia (capt. Ben Pine), pero la Bluenose era más maniobrable. Sin embargo, la Bluenose quedó descalificada por quebrantar la nueva normativa. Las reclamaciones de los patrones canadienses consiguieron que se declarara un empate y el premio fuera repartido entre el primer y segundo puesto.
La vida de la Columbia no fue longeva, pues naufragó y se perdió con toda la tripulación en la pérfida isla del Sable, “El cementerio del Atlántico”, el 24 de agosto de 1927, durante verano de constantes tormentas en la zona que también se cobró otras cuatro embarcaciones del mismo tipo. Parecía destinada a enfrentarse sin remedio contra esta media luna de arena que apenas sobresale de la superficie, pues, en el año de su botadura la Columbia ya se topó con la trampa de Sable, embarrancando y debiendo ser remolcada a puerto, hasta St. Pierre y Miquelón por el vapor francés La Champlain.
Desde 2014 navega una réplica casi exacta de la Columbia, construida en los astilleros de la Eastern Shipbuilding Group y botada en Panamá City, Florida. Una goleta que participa en la serie Superyacht de la Copa América.
La nota que le podemos dar a la película no es muy alta, más bien pobre, pero tiene el detalle brillante de ser fiel a la novela de Stoker
Antes de que el Studio Ghibli produjera la maravillosa «El viaje de Chihiro» (2001); antes incluso de que Mamoru Oshii dirigiera la fascinante «Ghost in the Shell» (1995), se dio a conocer un título procedente del País del Sol naciente que nos acuchilló la retina, acostumbrada a que desde tan lejanos parajes solo nos llegaran las historias de Marco, Heidi, Mazinger Z y paramos de contar; como si no existiera un mercado más adulto. Y ese título fue «Akira»
Tengo el vago recuerdo, no sé si inventado, de admirar un cartel de esta película en una marquesina, una de tantas, situada en la Gran Vía de Bilbao, en un momento no identificado de comienzos de la década de 1900. Difícil resultaba no quedar impresionado por ese enorme Kaneda que se eleva sobre un skyline futurista, arma de rayos en mano, bajo la leyenda incontestable de “Neo Tokio está a punto de E-X-P-L-O-T-A-R”. Por entonces no alcanzaba la edad mínima para visionarla y no sé si aquel anuncio era del estreno en cines o en el mercado del VHS. (sigue leyendo)
Título original: «Beneath the Planet of the Apes». 1970. 95 min. EEUU. Dirección: Ted Post. Guión: Paul Dehn. Historia: Paul Dehn, Mort Abrahams. Personajes: Pierre Boulle. Reparto: James Franciscus, Charlton Heston, Kim Hunter, Maurice Evans, Victor Buono, Linda Harrison
Un más que necesario regreso para satisfacer a aquellos que se quedaron con ganas de más ante la Estatua de la Libertad
Y tanto que teníamos que regresar, porque dejar a Taylor arrodillado ante los restos de la Estatua de la Libertad, con una Nova que aún no se enteraba de nada, necesitaba de una continuación. Sin embargo, esta segunda parte, aunque afianza el mito, propone un metraje que se nos hace excesivamente corto y con un argumento casi desnudo de matices. No hay que ser un lince para atrapar de nuevo y al vuelo la retórica antibelicista y el peligro más que palpable de un holocausto nuclear, muy presente en las fechas de filmación. Y resulta obvia la denuncia contra la guerra del Vietnam, con esos chimpancés que se oponen a la incursión en la Zona Prohibida por parte de Ursus y sus gorilas, una suerte de guerra santa contra el “enemigo” y en post de unas tierras que permitan el mantenimiento del sistema símico (sigue leyendo)