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Navegando por el Mar de Papel Moneda, y otros mares... (Sailing at Sea of Banknotes, and others seas...)
Título original: Willy Wonka and the Chocolate Factory. 1971. 98 min. EEUU. Dirección: Mel Stuart. Guión: Roald Dahl adaptando su propia obra. Reparto: Gene Wilder, Jack Albertson, Peter Ostrum, Roy Kinnear, Michael Bollner, Aubrey Woods, Julie Dawn Cole, Leonard Stone, Denise Nickerson, Nora Denney
Una hiriente sátira, una alocada maravilla que solo falla en el plano musical
Pocos habrá entre los que peinamos canas que no hayan leído durante su infancia Charlie y la fábrica de chocolate, una de las más obras destacadas (si no es la que más) de Roald Dahl. Pocos habrá que no conozcan a Charlie, un niño que vive prácticamente en la indigencia, en una casa que se cae a pedazos junto a su esforzada madre y a sus cuatro abuelos, todos encamados desde mucho antes de que siquiera el chaval naciera.
Como sucede con este tipo de niños, la humildad y los extraños destellos de ilusión son lo que marcan el ritmo de sus vidas. Pero resulta que sucede algo maravilloso: Willy Wonka, el confitero más famoso del mundo, quien tiene su fábrica en la misma ciudad en la que reside nuestro pequeño héroe, ha colado entre sus tabletas de chocolate cinco billetes dorados que permitirán una visita por las fabulosas y secretas instalaciones chocolateras. (pincha aquí para seguir leyendo)
¿Hace cinco milenios habría marineros tatuados? Buena pregunta. Sin embargo, todos tenemos en el imaginario al típico marinero luciendo algún símbolo tatuado en los brazos y en otras partes del cuerpo, y parece que sea consecuencia de los contactos con las civilizaciones polinésicas más que por otra cosa (si no, que se lo digan al infame Fletcher Christian), que acabó derivando en toda una cultura propia. Muchas veces nos hemos preguntado por el significado de dicha simbología y hoy, tras un breve estudio por Internet, trataré de satisfacer vuestra curiosidad con respecto a los tatuajes más habituales. Desgraciadamente, la mayoría de la información procede de fuentes británicas y estadounidenses, así que algo se habrá quedado por el camino.
Ancla: el portador ha recorrido el Atlántico y/o es marinero mercante. También simboliza la estabilidad y la esperanza.
Anclas
cruzadas: empleo de contramaestre. Se tatúa entre los dedos índice y pulgar
de la mano.
Arpón: ballenero
o pescador.
Cabo (liso o entrelazado): significa
que el portador es marinero de maniobra. Se suele tatuar en las muñecas.
Cañones
cruzados: el portador sirve o ha servido en una marina de guerra.
Caparazón
de tortuga: iniciado en la corte del rey Neptuno tras la ceremonia de
pase del Ecuador.
Caparazón
dorado de tortuga: pase simultáneo del ecuador y de la línea
internacional de cambio de fecha en el Pacífico.
Cerdo
y gallo: se tatúan en los pies y son amuletos que protegen al portador de morir ahogado en un naufragio. Se deben a que los cerdos y los pollos se transportaban en
cajas de madera que, en caso de hundimiento, les concedían muchas posibilidades
de sobrevivir al flotar. Se hicieron muy populares durante la Segunda Guerra
Mundial.
Chica
hula: el portador ha estado en Hawái.
Chica
pin-up: recordatorio de la chica que espera al marinero a su regreso a
casa.
Corazón: representación
del amor/familia que espera en casa.
Cruces
y crucifijos: se tatúan en los pies y se dice que sirven para
ahuyentar a los tiburones en caso de naufragio.
Dados: aficionado
al riesgo y a las apuestas.
Daga: advertencia
de que el marinero se tomará la justicia por su mano o que tiene la
habilidad de combatir con armas blancas.
Delfín: servicio
en el arma submarina.
Demonios
pequeños y rojos: servicio en máquinas. Tatuaje propio de los encargados de las salas de máquinas con la irrupción de la navegación a vapor.
Dragón
asiático: el portador ha estado en China.
Dragón
asiático dorado: el portador ha cruzado la línea internacional de
cambio de fecha en el océano Pacífico (UTC -7).
Estrella
náutica: es un talismán de buena suerte, protección y guía para que el
portador regrese siempre a su hogar. Se lo suele encontrar en los brazos.
Faro: luz,
esperanza y protección. Se lo asimila a Dios.
Golondrinas: Se
tatúan en el pecho.
Una
golondrina significa que el portador ha navegado 5.000 millas náuticas. Dos
golondrinas, 10.000 millas náuticas (aunque también cuando se cumplen 20 años
de servicio). Se tatúa una tercera a las 15.000 millas náuticas.
Si
la golondrina es azul, significa que el portador es superviviente tras haber
caído al agua o haberse perdido en el mar.
Si
la golondrina porta un cuchillo o puñal, es un homenaje a un compañero
fallecido.
También se dice que la golondrina sería la encargada de trasladar el alma del marinero a su muerte hasta su hogar o, más bien, hacia el otro lado de la existencia. Es decir, sería el tatuaje de un psicopompo.
Hélices: tiene un significado o finalidad similar a los del cerdo y el gallo. Como si esas hélices impulsaran al portador hasta casa en caso de naufragio.
HOLD
FAST: se tatúa en los nudillos y “da” fuerza al portador para agarrar
con firmeza los cabos.
Imaginería
pornográfica: tatuajes que servían a muchos para evitar el
reclutamiento en marinas de guerra por ir claramente en contra de las
ordenanzas y el decoro.
Jolly
Roger: la calavera y las tibias cruzadas informan que ese marinero dará
problemas porque no le gusta acatar las órdenes.
Navío
de vela de tres mástiles: el portador ha doblado el Cabo de Hornos. Se suele tatuar en el pecho.
Oso
polar: significa que el portador ha cruzado la línea del Círculo polar
ártico.
Palmera: representa
el servicio en el Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial.
Rey
Neptuno: por haber cruzado la línea del Ecuador.
Rosa
atravesada por un puñal: da a entender que el portador es un marinero
en el que se puede confiar incluso en la peor de las situaciones.
Rosa
de los vientos: talismán para encontrar el rumbo de regreso a casa o no perder el Norte y no desviarse del camino elegido.
Muy similar al de la estrella náutica.
Sirena: amuleto
de buena suerte a la vez que un recordatorio de los peligros de la mar, pues
todos sabemos que es una amante peligrosa y caprichosa.
Tiburón: otro
amuleto de protección y, a la vez, recordatorio de los peligros que acechan en
el océano.
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| Título original: The Queen's Gambit ALFAGUARA, Barcelona Traducción: Rafael Marín Primera edición: 2021 ISBN: 978-84-204-6028-4 311 páginas |
Acudí a la biblioteca pública con el ánimo de llevarme algo de Tevis, aunque lo que tenía en mente era ponerme a leer Sinsonte o El hombre que cayó a la Tierra, pero todos estaban pillados a excepción de este Gambito de dama. Me dije: “No es ciencia ficción, pero, ¿por qué no?”, y lo cargué hasta casa y, luego, a mi lugar de retiro espiritual como lector.
La sensación que me ha dado terminar de leer esta novela, que resurgió momentáneamente de las cenizas gracias a la serie de Netflix, es un tanto confusa, aún cuando soy aficionado al ajedrez. Es como si estuviera convencido de que Tevis no contara una historia muy para allá pues se sabe que Beth Harmon ganará, incluso rodeada por torneos de ajedrez casi insondables y noches solitarias de alcohol y tranquilizantes, y alguna que otra relación sexual esporádica, pero que no puedes dejarla de lado. Vamos, no pasaba por mi cabecita la idea de abandonar la lectura por la simple razón de que Tevis me tenía atrapado.
Gambito de dama, para aquellos que no lo sepáis, relata la historia de Elizabeth (Beth) Harmon, una chica que quedó huérfana a muy corta edad y que fue ingresada en el orfanato Methuen, donde primero se hizo adicta a los tranquilizantes que administraban con suma alegría (por eso de tener controlados a la chavalería) y, segundo, aprendió los rudimentos del ajedrez gracias al taciturno bedel, el señor Shaibel. Entre montones de pastillas verdes para tomarlas a puñados, noches repasando mentalmente partidas de ajedrez, enfrentamientos con Jolene (la única chica que se describe y que termina siendo su mejor amiga), así como la extraña relación con los adultos del centro y los años que se tirará sin poder jugar al ajedrez con Shaibel como castigo, la vida de Beth va consumiéndose. (pincha aquí para seguir leyendo)
Quisieron transmitir el impacto de la quietud y atmósfera pictórica de Stålenhag; no obstante, la pantalla de televisión, por muy pequeña que sea, no deja de ser un medio dinámico.
Conozco la obra de Simon Stålenhag desde hace bastantes años. Prueba fehaciente de ello es que su página web está entre lo más antiguo de la lista de favoritos de mi navegador de Internet de referencia. La conozco desde los tiempos en los que trabajaba e iba subiendo imágenes de la serie The Electric State (2017), cuyos derechos televisivos adquirió Netflix y que ha cristalizado en un proyecto dirigido por los hermanos Anthony y Joe Russo y protagonizado por la insufrible Millie Bobby Brown. Un producto que, si es fiel a su avance promocional, podría resultar descafeinado en comparación con el impacto visual y emocional de los cuadros de Stålenhag. Sin embargo, tendrá el lado positivo de que la chiquillería y no tan chiquillería fanática de Stranger Things (por eso de que está implicada la Brown), podrá descubrir a este genial autor sueco y su singular arte gráfico narrativo (pincha aquí para seguir leyendo)
Si nos molestamos en buscar en Internet, no tardamos mucho en encontrar el folleto informativo de este curso 2024-25 y en profundizar en sus cuarenta y seis páginas. Para responder a la pregunta que nos hemos hecho, basta con recalar en la página 21, donde se detalla el vestuario a adquirir por el alumno con anterioridad a su entrada en la ENM:
Obviamente, habrá otra serie de elementos permitidos como libros y material escolar adquirido en otros establecimientos ajenos a la ENM, y otros de los que el folleto nada nos dice, pero que podemos suponer: ordenadores portátiles, cargadores, medicamentos pautados, etc.