lunes, marzo 13, 2017

Náufrago

El viento agitaba con violencia las páginas del libro que reposaba sobre la mesa del porche. Él lo había arrancado de su polvoriento descanso en la estantería con el único propósito de volver a disfrutar de su lectura, pero abandonó la empresa en cuestión de minutos. Había paseado su mirada cansada tantas veces por aquellas escenas encadenadas a través de apretados párrafos que se sabía de memoria cada diálogo, cada descripción.

Lo había leído una y mil veces, al igual que todos y cada uno de los volúmenes que atesoraba la pequeña estantería de la salita de estar, la que ahora estaba a sus espaldas, al otro lado de la puerta acristalada que temblaba de miedo ante el creciente empuje de la brisa.

El frío le obligó a encogerse, a rodear el pecho con sus fuertes brazos, mas decidió no resguardarse dentro. Estaba relativamente cómodo, a gusto sentado en la silla de madera del porche, con los pies sobre la barandilla y con los ojos fijos en un mar gris salpicado de manchas blancas en la lejanía. Había estado en muchos otros sitios peores, más gélidos y desapacibles que aquel.

El barómetro le había susurrado hacía un rato qué iba a acontecer aquella tarde y, por alguna razón, no quería perderse la tempestad que se acercaba. Pero no subió a la torre del faro de aquella pequeña y olvidada isla rocosa. ¿Para qué iba a molestarse? Hacías meses que el combustible se había agotado y desde que naufragó allí… ya ni recordaba cuántos años llevaba solo en aquel islote, a cargo de un faro muerto. 

Una tormenta igual a la que se preparaba, sorprendió al velero mercante en el que estaba enrolado como gaviero cuando tenía tan solo veinte años y, a la mañana siguiente, su cuerpo machacado pero con vida apareció entre las rocas de aquella masa informe de roca, hogar de gaviotas y focas y donde se alzaba un faro sin farero. Ya apenas recordaba la desesperación de encontrarse solo en un lugar donde no crecía ni un triste árbol con el que construir una barca y volver al mundo; solo recordaba el frío que le atenazaba mientras se aferraba a las cortantes rocas para salir de agua y escupía y escupía el salitre con asco. Fue uno de los momentos mas horrorosos que podía recordar.

En aquella isla solo había un faro abandonado, de sólida piedra y escasos muebles, adornado con los detalles del paso de alguien que desapareció mucho antes de que él naciera.

Lectura de 13 de Marzo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 760,5 (Variable). Cúmulos
  • Termómetro: 14º
  • Higrómetro: 53%

jueves, marzo 09, 2017

Lectura de 9 de Marzo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 760 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 14º
  • Higrómetro: 53%

9 de Marzo de 2017




miércoles, marzo 08, 2017

Breve reseña biográfica a Jules LeBlanc Stewart

Jules LeBlanc Stewart (Philadelphia, 6 de Septiembre de 1855-París, 5 de Enero de 1919) es uno de los grandes nombres del arte pictórico francés de finales del s. XIX y de la Belle Époque, como artista y mecenas en la Escuela de Barbizon. Su acomodado origen, siendo hijo de un magnate del azúcar, le permitió entrar pronto en contacto con las Bellas Artes, más aún cuando la familia se traslada  en 1865, a París, donde el joven Jules se ganaría el cariñoso apelativo de El parisino de Philadelphia.

El talento pictórico de Jules se fue desarrollando bajo la severa y atenta dirección de Jean-león Gerôme y de Raimundo de Madrazo. Especializándose en retratos, el norteamericano llamaría la atención del público por medio de grandes obras que se asomaban a salones atestados de bailarines, celebraciones de bodas, etc. Cuadros en los que retrataba a sus familiares y amigos (y a sí mismo) en situaciones cotidianas de la alta sociedad burguesa de Francia e internacional (como es el caso de la familia Vanderbilt). Su círculo de amistades y conocidos abarcaba igualmente a aristócratas y a celebridades, que acababan inmortalizados en sus óleos.

Expuso en varias ocasiones desde 1878 con notable éxito y el tercio final de su vida lo dedicó a escenas religiosas tras haberse hecho mundialmente famoso con sus retratos de alta sociedad y desnudos.

Traemos a monsier LeBlanc a nuestro blog para referenciar una serie de retratos a bordo de barcos, entre los que destaca los del yate Namouna, del millonario James Gordon Bennet.





Lectura de 8 de Marzo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 760,5 (Variable). Estratos
  • Termómetro: 13,5º
  • Higrómetro: 53,5%

8 de Marzo de 2017



martes, marzo 07, 2017

Guardia de cine: reseña a «Los vikingos»

Título original: «The Vikings». 1958. EEUU. Aventuras. 116 min. Color. Director: Richard Fleischer. Guión: Calder Willingham y Dale Wasserman, de la novela de Edison Marshall. Elenco: Kirk Douglas, Tony Curtis, Erneste Borgnine, Janet Leigh

La historia de «Los vikingos» se configura como un relato fiel en cuanto a su ambientación y mantiene la firmeza argumental durante todo el metraje

Todo aquel que se precie de haber crecido al albur de la vieja televisión de tubo de rayos catódicos, con embellecedores dorados y paneles de imitación a madera; de un aparato que tan solo lograba sintonizar dos canales, recordará las tardes de aventuras clásicas de los fines de semana protagonizadas por lo más granado y reiterativo de Hollywood. Pocos habrá que no hayan retenido cómo un halcón atacaba a Kirk Douglas, dejándole ciego del ojo izquierdo, lo cual no le impidió ir dando saltos sobre los remos de su drakkar, o a Tony Curtis a merced de la marea y los hambrientos cangrejos.

«Los vikingos» es una de esas películas de infancia, vieja ya cuando la vimos por primera vez donde fuera y que nos transporta a los fiordos y enrola en las incursiones vikingas contra las costas inglesas. Una historia redonda en la que no puede faltar un triángulo amoroso por muy enclenque y deformado que fuera el mismo.

Lo primero que se puede admirar de esta película de Richard Fleischer, con el sosiego que dan los años, son los exteriores de rodaje: espléndidos paisajes naturales que quitan el hipo sesenta años después. Y lo segundo la cuidada ambientación histórica de los propios vikingos, mostrándonos su organización familiar y social, sus modos de vida, arquitectura, alimentación, vestimenta, tácticas de guerra y leyes, sin caer por ello en el error de perpetuar la estúpida barbaridad decimonónica de plantarles cuernos en sus duras y algo huecas cabezas. Pasando por alto los shorts de Curtis y que Janet Leigh (Morgana) luciera unos golosos conos de helado por pechos, a la moda de la década de 1950, es una película que brilla.

La historia, hiperviolenta para la época, con violaciones, asesinatos, ejecuciones y adulterios, se configura como un relato fiel en cuanto a su ambientación y mantiene lafirmeza argumental durante todo el metraje, sin que se creen lagunas o zonas de calma chicha. El guión, por otro lado, es lineal en su parte alta, llegando a su perfecto clímax con la toma del castillo del tirano inglés y el funeral vikingo (bastante light), privándonos de saber si el personaje de Curtis, al final, tendrá éxito (o si lo intentará acaso) en su reclamación al trono que le corresponde legítimamente.

Como hemos dicho ya, excelente película que aguanta el paso de los años sin que se le aprecie mella alguna gracias a su indiscutible calidad.

Lectura de 7 de Marzo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 760,5 (Variable). Nimbostratos
  • Termómetro: 13,5º
  • Higrómetro: 53,5%

7 de Marzo de 2017

jueves, marzo 02, 2017

«The Everlasting Gaze», Smashing Pumpkins



You know I'm not dead
Now you know where I've been
As you sleep
Torn I am
Weighted down
Patiently
Born of love
You know I'm not dead
I'm just living in my head
Forever waiting
On the ways of your desire
You always find a way
And thru it all
Into us all you move
Forgotten touch
Forbidden thought
We can never have enough
You know I'm not dead
Found below
The creatures scream
Stranglehold
A god machine
Begging to
Tear us out
Worn as hope
You know I'm not dead I'm just the tears inside your head
Forever waiting
On the ways of your desire
You always find a way
And thru it all into us all you move
Forgotten touch
Forbidden thought
We can never have enough
You know I'm not dead

We all want to hold in the everlasting gaze
Enchanted in the rapture of his sentimental sway
But underneath the wheels lie the skulls of every c.o.g.
The fickle fascination of an everlasting god
You know I'm not dead

I'm just living in my head
Forever waiting
Forever waiting on cruel death
You know I'm not dead
I'm just living for myself
Forever waiting
You know I'm not dead

Lectura de 2 de Marzo de 2017 a las 1200 horas



  • Barómetro: 754,5 (Variable). Nimbostratos
  • Termómetro: 13º
  • Higrómetro: 53%

martes, febrero 28, 2017

Resumen de publicaciones de Febrero 2017

Artículos
—¿Fueron los vikingos los fundadores de la casa mítica de los Señores de Vizcaya y de algunos de los seres más siniestros del folklore vasco? Pues puede que sí https://goo.gl/6I8hqM
—Referenciamos a Pedro el Siciliano o Ahmed el-Sikeli, un eunuco en la corte normanda de Sicilia que, durante el s. XII, llegó a comandar flotas cristianas y almohades. https://goo.gl/PlW6I6

Ficha de fauna
—Dedicaremos unas palabras al piquero patiazul https://goo.gl/MMJqDB

Reflexiones a la luz de la bitácora (columna de opinión)
—Hablemos un poco sobre el acoso escolar y la última incidencia: «Armando bulla con el bullying» https://goo.gl/5gcHEd

Reseñas 
—Recensión al manga «Barrio lejano» https://goo.gl/mQ12VC
—Recensión a la película western «Centauros del desierto» https://goo.gl/YQdA4T
—Recensión al libro «Enigmas sin resolver», de Iker Jiménez https://goo.gl/YxrFHM
—Recensión al volumen recopilatorio de relatos «El barco faro», de Sigfried Lenz https://goo.gl/4TsEfr