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Navegando por el Mar de Papel Moneda, y otros mares... (Sailing at Sea of Banknotes, and others seas...)
Por raro que parezca, me gusta. Es una forma de sondearme. De comprobar qué se revuelve por entre mis entrañas. De saber qué soy capaz de escribir y, en su caso, de transmitir.
Buena culpa la tiene el haber leído una antología de Leopoldo María Panero, un crack y un auténtico demente en el cuadro clínico y sobre los folios en los que quedaron atrapados sus poemas más profundos y crípticos. También la inquietud que me produce acudir a textos de Pizarnik, Villalta o Rimbaud pusieron su granito de arena en este desierto.
Poco más de treinta poemas que brotaron con violencia del compostero que es mi cerebro que he reunido en este «El mar derretido y otros poemas de agosto de 2024», un libro que podéis leer, si queréis, y de forma gratuita en el siguiente enlace:
https://archive.org/details/2-el-mar-derretido-y-otros-poemas-de-agosto-de-2024/
Uno de los platos fuertes de las fiestas de la Peregrina, convertido desde hace tiempo en plato combinado, también son las corridas de toros. Cuando aterricé en esta urbe hace ya más de diecinueve años, dichos festejos taurinos se celebraban a lo largo de cuatro días, durante dos fines de semana, infiltrándose de vez en cuando rejoneadores y siempre el ya extinto torero bombero.
(Pincha aquí para seguir leyendo)
Título original: «Dune». 1984. 145 min. EEUU. Dirección: David Lynch. Guión: David Lynch, basándose en la obra de Frank Herbert. Reparto: Kyle MacLachlan, Francesca Annis, Jürgen Prochnow, Patrick Stewart, Kenneth McMillan, Sting, Max von Sydow, Sean Young, Virginia Madsen, Brad Dourif, Sian Philips, José Ferrer, Everett McGill
Película con demasiados elementos para conducirla a la incomprensión y al fastidio para el espectador, pero que, a pesar de ello, es una pequeña joya del cine
«Dune» de 1984 fue un fastuoso proyecto que acabó en un estrepitoso fiasco para los Laurentiis y que, del olvido, resurgió gracias al VHS como filme de culto, a imagen y semejanza de otros fallos de la época en relación con la ciencia ficción, como es el caso de «Blade Runner».
Un fracaso bastante singular que afectó profundamente al director experimental David Lynch (pincha aquí si quieres seguir leyendo esta reseña)
El hastío ganaba enteros en mi seno. Sin embargo, me percaté de una obviedad, la cual da muestra suficiente de mi soberana estupidez: sin los blogs no llevaría la cuenta de todo cuanto llego a publicar, tampoco habría espacio para aquellos artículos que no consigo que me los publiquen o que considero que sería una pérdida de tiempo molestar a nadie con ellos. Tan solo llevo un impoluto curriculum vitae para apuntar aquello que aparece en lugares y plataformas pertenecientes a terceros y aquellos cada vez más espaciados libros que tengo el ánimo de empezar y de terminar de escribir.
Aparte de esto, las reseñas quedarían flotando en la nada. Reseñas que muchas veces representan una lacerante excusa para tomar el teclado y hurgar en él, arrancándome frases en medio de los cuantiosos baches creativos en los que me quedo dormitando como un bendito.
Así pues, todo el tinglado está de vuelta, aunque sea con mucho trapo recogido y sin un destino marcado en la carta náutica. Pretendo seguir a la caña, dejar que el sol y el salitre de alguna manera cuarteen mi piel; y escribir desde la soledad y en los ratos libres que mi trabajo maldito me conceda. Ratos en los que he de combatir contra los tentáculos invisibles del kraken del cansancio y la pereza.
Solo espero que, por un año más (y los que pueda aguantar), me sigáis la estela.
Por supuesto, el mes de agosto, como siempre, os lo dejaré tranquilo, con la extraña sensación de que puede que eche el cierre al blog. Estoy cansado de él, pues no deja de constituir una afición demasiado exigente eso de ir marcándome artículos, reseñas, fechas y demás; a todo ello, ¿la gente sigue leyendo blogs?
Ya veré con qué ánimo vuelvo del periodo estival, siendo que lo más seguro es que lo reconfigure de alguna manera o yo qué sé. En su día le quise dar pasaporte, hará unos doce años, y no tuve agallas y, ahora, que va para dieciocho años me empuja la simple inercia.
Ya nos veremos si eso. ¡Un saludo!
Artículos
—Mi billete más curioso: Cupón de 1,60 marks de la Kraftverkehrsgesellschaft de Brunswick (1921) https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2024/07/mi-billete-mas-curioso-cupon-de-160.html
Galería del navegante
—«Era por la mañana» https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2024/07/galeria-del-navegante-era-por-la-manana.html
—Mi versión del cuadro «On the heights», de Charles Courtney Curran https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2024/07/galeria-del-navegante-mi-version-del.html
—El gran duque Leto Atreides, interpretado por Oscar Isaac https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2024/07/galeria-del-navegante-el-gran-duque.html
Otras reflexiones (Opinión)
—Destruyendo palabras por joder: poetisa https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2024/07/destruyendo-palabras-por-joder-poetisa.html
—El tormento de “eso” que es escribir https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2024/07/el-tormento-de-eso-que-es-escribir.html
Poemario del Navegante
—Vacío (en prosa poética): https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2024/07/poemario-del-navegante-1-vacio.html
Refranero
—Sabiduría de viejo lobo de mar (63) https://navengantedelmardepapel.blogspot.com/2024/07/sabiduria-de-viejo-lobo-de-mar-63.html
Reseñas
—Al ensayo «Elogio del imbécil: el imparable ascenso de la estupidez», de Pino Aprile https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2024/07/guardia-de-ensayo-resena-elogio-del.html
—A la segunda temporada de la serie «Slow Horses» https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2024/07/guardia-de-television-resena-la-segunda.html
—A la película «Verano de corrupción» (1998), adaptación de la novela corta de Stephen King https://guardiadeimaginaria.blogspot.com/2024/07/guardia-de-cine-resena-verano-de.html
Quizá allí resida el quid de la cuestión: una novela, que son 60.000 palabras abigarradas y las que salen a mayores, se puede escribir con facilidad en un mes si uno está acostumbrado a escribir unas dos mil palabras diarias. No parecen muchas, ¿verdad?, pero llegar incluso a las trescientas palabras de una tacada (este artículo tiene poco más de quinientas), es un trajín digno para muchos, entre los que me incluyo, de competir con los trabajos de Hércules, pues escribir siempre es rijoso, no digamos ya si hablamos de la ficción más pura. Justo al contrario sucede cuando evacuamos nuestras opiniones sobre un tema y acabamos pariendo una columna de opinión. Entonces las palabras fluyen con lujuriosa y húmeda facilidad. Incluso sucede cuando escribes un artículo especializado, pues compones un tapiz de retazos de investigación y documentación que has ido dejando a tus pies para que tus manos los recojan y compongan una imagen, incluso permitiéndote pequeños destellos e, incluso, una sobredosis de ingenio (o lo que crees que es ingenio), en una prosa a la que acabas colgándole un título rimbombante.
Pero escribir será siempre un tormento del que buscaremos librarnos de la forma más peregrina, por cuanto, insisto, es costoso y pocas veces llega a satisfacer a quienes no nos conformarnos con ello como vicio solitario.
Sin embargo, superados los primeros escollos, el escritor hace callo y llega a un punto de irrealidad cuando atisba el término de su historia, cuando sabe que le quedan contadas páginas en blanco que violentar con letras de imprenta. Garabatea o teclea por inercia, impulsado por la fuerza descomunal de los cien remeros de sus neuronas que no han dejado de bogar. Es entonces cuando no hay dolor ni frustración, tan solo una singular sensación de relajación, pero también de miedo, pues en la lejanía aparece un caballero de negra armadura y carcajada odiosa: el heraldo de la primera revisión de texto, a quien seguirá otro y otro más. Faltas de ortografía y gramática, así como olvidos, despistes y sinsentidos, son las armas con las que nos arremeten que, encima, se las hemos dado nosotros de forma inconsciente. En entonces, tras varios y distanciados combates singulares en los que no sales muy bien parado, cuando te descubres pensando que preferirías estar escribiendo y no leyendo lo que has escrito.
Vacío.
Así es como llamaré al espacio que dejas cuando te vas.
Un vacío que crece a medida que se pierde el rumor de tu mirada
Y la sal de tu piel.
Vacío nada más.
Hasta que regresas y me vuelves a llenar.
Vacío.